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Carlos Fuentes: ¿una estética pasada de moda?
(sobre la novela Cambio de piel)

sábado 7 de marzo de 2026
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Carlos Fuentes
Cuando Fuentes utiliza la cultura del mundo para acercarnos de modo más profundo a sus personajes, lo que hace no es un planteamiento meramente cultural.

Hace poco terminé de leer Cambio de piel (1967). Aquella novela que Fuentes escribiría quizá para rendir homenaje a su amistad con Julio Cortázar y Aurora Bernárdez. Pero la novela es mucho más que una amistad que se teje entre dos parejas. Es también mucho más que los saltos en el tiempo que nos llevan de México a Alemania y de ahí a toda Europa.

La novela es un largo y frenético diálogo con la cultura de los años 60 y 70. Todo en su interior nos remite a la música, al cine, a la pintura y a la escultura que ha formado el bagaje cultural de varias generaciones de latinoamericanos que por una u otra razón tuvieron que refugiarse en Europa desde mediados del siglo XX. Cuando Fuentes utiliza la cultura del mundo para acercarnos de modo más profundo a sus personajes, lo que hace no es un planteamiento meramente cultural para demostrar cuánto conoce y cómo es capaz de organizar esos materiales para romper la simpleza del presente.

El movimiento estético y narrativo que genera Fuentes en esta novela es casi una poética que nos remite al presente. Nos habla de un modo particular de entender la humanidad desde su complejidad. Al usar técnicas como el monólogo interior libre, los saltos de tiempo, las instantáneas que recrean la Segunda Guerra Mundial o el acto sexual y la invasión española a México, lo que sucede es que Cambio de piel se transforma en la gran novela de aprendizaje para un escritor por tres razones.

“Cambio de piel”, de Carlos Fuentes
Cambio de piel, de Carlos Fuentes (DeBolsillo, 2022). Disponible en Amazon

Cambio de piel
Carlos Fuentes
Novela
DeBolsillo
Barcelona (España), 2022
ISBN: 978-6073810210
496 páginas

La primera de ellas es que la novela se convierte en un gran laboratorio donde el habla y el lenguaje narrativo se conjugan para confeccionar una novela compleja en sus dimensiones morales, artísticas y sociales. Es una novela que habla de la intimidad de dos parejas pero, al hablar de la intimidad, narra sus distintas facetas políticas e ideológicas.

La segunda razón tiene que ver con la libertad como principio metodológico al momento de escribir una novela. A él como autor no le importa mezclar el francés, el inglés, el alemán y el italiano con el español. Todos los idiomas que cruzan la novela lo hacen porque la trama así lo requiere y porque, de ese modo, la historia se enriquece y el tiempo histórico dialoga consigo mismo a través de pliegues de repetición y reiteración idiomáticas y culturales.

La tercera razón nos da cuenta de una novela que ha sido poco entendida por las nuevas generaciones. Una novela como Cambio de piel significa un camino hacia la constitución de una novela compleja como la vida misma. Escribir desde la vertiente que abre este libro es considerar al escritor como un intelectual y fabulador, y además como alguien lo suficientemente libre que es capaz de controlar los materiales con los cuales trabaja al tiempo que desbarata las convenciones.

Establecer que Cambio de piel es una novela que responde a otro tiempo es decir poco sobre ella. Lo que importa es que este libro no significa un momento aislado en nuestra cultura literaria. Es una novela que se emparenta con Conversación en La Catedral, de Mario Vargas Llosa; El obsceno pájaro de la noche, de José Donoso; Pedro Páramo, de Juan Rulfo, e incluso Tres tristes tigres, de Guillermo Cabrera Infante. Cuatro novelas muy distintas entre sí y casi imposibles de pensar de manera comparativa, pero ocurre que hay algo que las conecta.

En principio, un afán de estilo. Novelas donde la historia, la trama y el estilo van de la mano, pero es el estilo el que resignifica la trama, la historia y los personajes involucrados. Luego, son novelas que apuestan por postular un mundo propio y autosuficiente. Después, son libros en los que el habla y el lenguaje forman parte de la costura del mundo que habitan.

Así, estos libros nos dicen más de Latinoamérica que muchos tratados de sociología, ciencia política e historia, porque apuestan por dar cuenta de momentos en nuestra historia, desde el reverso de la historia oficial, a través de un esfuerzo continuo por hacer de la historia cronológica una historia cíclica. Y cuando eso sucede, lo que tenemos es un artefacto de cultura que nos demuestra cómo, al mirarnos a través de nuestros impulsos, deseos e ideologías, el mundo parece mucho más difuso.

Al leer Cambio de piel me encontré con la sensación extraña de que el boom latinoamericano había dejado muchos pendientes por resolver sobre el arte de la novela como ejercicio de vocación literaria. No se puede escribir desconociendo esta tradición; incluso para ir en contra de ella hay que reconocerla e integrarla al saber hacer del oficio del escritor del presente.

Y es por ello que puede parecer que todo el esfuerzo que demanda, primero, la escritura de una novela de estas características, y luego su lectura, es algo que este presente no procura. Por ello puede parecer que estas novelas están pasadas de moda. Porque en la época de la inmediatez y del discurso de la simplificación, lo que se desea son objetos culturales rápidos de consumir y olvidar.

Novelas como Cambio de piel nos interpelan y demandan otra forma de escribir, de leer y de consumir cultura. Requieren un esfuerzo porque ahí radica el crecimiento espiritual y vital. Porque el arte también debe ser un trabajo intelectual. Y no sólo una apuesta por el entretenimiento y el adormecimiento.

Ahora mismo, cuando Cambio de piel está a punto de cumplir sesenta años de haberse publicado, vale la pena pensar el rol de la literatura en nuestras vidas y en ese espacio, el ámbito en el que juegan las novelas difíciles y complejas. Y cómo ellas, al final, son las que van a formar nuestro modo de entender el mundo. Porque cuanto más conocemos el mundo exterior, mejor entendemos nuestro mundo interior.

Así que, cuando pensamos que una novela es un esfuerzo que quizá no merece la pena, no estaría mal recordar que la literatura no está hecha para complacer, sino para desmontar y desnaturalizar lo que damos por sentado.

Pensar en Cambio de piel es quizá un modo de organizar la cultura desde una batalla contra la normalidad que imponen ciertos discursos. Remontar el estado de situación es posible. Lo único que hay que hacer es encontrar libros y materiales culturales que sean capaces de tener una visión múltiple del mundo. Desde ahí encontraremos la verdadera resistencia y se podrá sostener un mundo que se cae a pedazos.

Pero no lo haremos porque conviene, sino porque hacerlo es ineludible, como ineludible es enfrentarnos de tanto en tanto a libros difíciles y complejos que vienen de otro tiempo y nos hablan tan profundamente sobre el presente que es imposible no escucharlos ni sentirlos.

Christian Jiménez Kanahuaty
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