
El transcurso del tiempo hilvana un diario imaginario de Elizabeth Schön, escrito de la mano del célebre escritor venezolano Fedosy Santaella. Este imaginario diario, o anotaciones de una libreta imprecisa, es lo que le da forma al libro La ruta de lo lejano (2016), publicado por LP5 Editora. La voz original de la poeta se deja escuchar y es amorosamente completada dentro de un contexto recreado, imaginado, aunque arraigado en lo real, en Puerto Cabello, sobre todo, y también en Caracas.
Memoria, poesía, filosofía y ars poetica acompañan una vida contada en buena parte a través de fotos que sólo vemos reflejadas en palabras. El lector se encuentra así con una biografía recorrida no usando el violento bisturí del análisis (parafraseando al autor), sino dejando caer delicadamente el velo del misterio que tanto se menciona en el libro y dejando operar su alquimia de iluminación. Así dice el personaje de la poeta: “A diferencia de la filosofía, de la violencia de bisturí que es el intelecto, la poesía permite apropiarse con amor, con calma, del Ser y del mundo desde el misterio”. Se penetra así en la esencia de esa vida sin desgajar su pulpa. La semilla de la muerte, presente desde el nacimiento de la historia, deviene “el árbol blanco de la espera”. La muerte se anuncia, aparece en sueños y va impregnándolo todo con su olor a mar. Pero esta muerte no es temida, no produce rechazo ni en la poeta ni en el lector. Todo lo contrario, esperamos ese momento y, cuando llega, no decepciona: todas las imágenes convergen como ríos en esa magnífica desembocadura.
En La ruta de lo lejano el autor no se impone, sino que se esconde entre bambalinas. Es decir, no desaparece del todo: en el escanciado del mar de Puerto Cabello en todos los mares del mundo se intersectan Elizabeth y Fedosy; ahí se entrelazan las dos enredaderas literarias: “Ya no era el mar de Puerto Cabello, pero yo siempre que me sentaba sobre la arena de otras playas, traía el mar del puerto y lo escanciaba sobre aquel otro horizonte que tenía frente a mí; y así tenía dos, dos mares siendo uno solo”. Ambos se hacen eco del quehacer poético en una especie de ensayo conjunto que es otro de los hilos del finísimo hilvanado del texto. Leemos: “La poesía (...) es una criatura insatisfecha”. También: “Entiendo (...) a esos poetas que comprenden el lenguaje como si éste fuese una máquina de escribir rota que hay que juntar para decir la poesía”. Sí, la poeta los entiende, pero en ella la poesía es diferente, en ella el lenguaje es una fuente inagotable.

La ruta de lo lejano
Fedosy Santaella
Novela
LP5 Editora
Santiago de Chile, 2026
ISBN: 979-8250880596
107 páginas
En este libro, cercano, íntimo, sentimos al autor sumergido en esa voz particular de la Schön, tanto, que la deja hablar por sí misma a través de sus páginas. Cuando él habla por ella, uno se deja llevar por una confortante sensación de naturalidad y autenticidad: no es una voz femenina forzada. Santaella no es un titiritero que manipula una marioneta vacía: se deja poseer por el espíritu de Elizabeth y la deja expresarse a través de su pluma.
Lo fantástico aparece para completar este retrato: los ojos de la poeta están empapados en la muerte y pueden ver más allá del “círculo de la resurrección” y acompañar a los muertos en su soledad: “Los poetas estamos un poco muertos, y posiblemente esa es la causa, quién sabe, por la que percibimos algo más. Porque una parte de nosotros está en la muerte, al borde de este mundo”.
Fedosy Santaella nos ha traído a Elizabeth Schön de vuelta a la vida, para que la acompañemos a morirse de nuevo de la manera más bella posible, y a seguir viviendo en la resurrección de la memoria, en las fotos, en las letras: “Yo voy yendo hacia esa noche, hacia ese silencio. Como decía Rilke, Dios es un mar al que le surgen tierras. Yo soy una isla que brota en Él, una flor exuberante bajo las estrellas”.
- La resurrección de Elizabeth Schön
o la isla de las letras en La ruta de lo lejano, de Fedosy Santaella - sábado 28 de marzo de 2026


