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Karra Maw’n, de Clemente Riedemann: otra historia

lunes 31 de agosto de 2015
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Clemente Riedemann.
Clemente Riedemann. Noticias Uach

Introducción

En este trabajo analizaremos Karra Maw’n, de Clemente Riedemann. En primer lugar haremos una breve presentación del poeta y de su obra. Luego reflexionaremos sobre las razones que nos permiten definir como poesía esta obra y las funciones que llega a tener la poesía en el contexto histórico del Chile de la dictadura y de las décadas siguientes. Hablaremos de la poesía etnocultural, de la que Karra Maw’n es un ejemplo. En fin, enfocaremos nuestra atención en la obra y en las técnicas posmodernistas que el autor utiliza para lograr deconstruir la historia oficial.

 

Clemente Riedemann

Esta es la función primaria del lenguaje poético de Riedemann: quiere construir una alternativa a la historia oficial.

Clemente Riedemann nació en Valdivia en 1953, descendiente de colonos alemanes. Es poeta, escritor y antropólogo. La literaria no es su única forma de arte, también se ha dedicado al teatro (ha publicado La hija de Lot y La hamaca), ha colaborado con los músicos Nelson Schwenke y Marcelo Nilo, y con el pintor Roberto Arroyo Ríos. Su formación literaria empezó en el grupo Murciélago junto con Jorge Ojeda y Jorge Torres. El golpe militar de 1973 interrumpió bruscamente esta experiencia, Riedemann fue encarcelado y torturado por los militares hasta 1974. Muchas son sus publicaciones: Primer arqueo (1989), El viaje (1990), Rito de pasaje (2000), Gente en la carretera (2001), Isla del Rey (2003) y Mapa poético territorial, muestra nacional (2012), entre otras. En 1990 fue distinguido con el Premio Pablo Neruda y en 2006 recibió el Premio Casa de las Américas de Cuba. Su obra es representativa de la que ha sido definido como “poesía etnocultural” por el crítico Iván Carrasco.1

 

Karra Maw’n, poesía contra el poder

Karra Maw’n es un poemario publicado en 1984. Se trata de un retrato de la historia del sur de Chile, a partir del período precolombino hasta los acontecimientos históricos contemporáneos a la época en que se escribió la obra. Así que a lo largo del texto encontramos las diferentes lenguas de las poblaciones que se han cruzado en esa región de Chile: el mapudungun, el castellano y el alemán, incluso hay unas palabras en lengua inglés, símbolo de la actual globalización que no ha dejado indiferente esa zona del mundo. A partir del título encontramos términos en mapudungun; Karra Maw’n, que significa “el lugar de la lluvia”. Siempre el autor mantiene una actitud crítica hacia las invasiones que han llegado de afuera a corromper y a imponer una homogeneización que no ha respetado las culturas locales.

Karra Maw’n ha sido definido como un poemario, pero hay que decir que en su interior encontramos no solo versos, sino también textos en prosa y unas ilustraciones de Roberto Arroyo Ríos que acompañan las palabras escritas.

Estas características de poesía innovadora se reflejan en la obra en mínima parte, si la confrontamos con los textos de poetas del mismo período como Zurita o Martínez. Esa innovación en la poesía de la dictadura es debida por un lado a la necesidad de escribir textos no fácilmente descifrables por el poder, y, por otro lado a una necesidad de romper con la poesía tradicional como metáfora del romper y contestar el “discurso oficial”.

El arte en general, y la poesía en el caso que nos interesa, se vuelve campo de intervención. Ya no es arte por el mismo gusto de ser arte, sino tiene fines y estrategias determinadas que miran a luchar contra un poder y a subvertir los “discursos oficiales” que normalmente aceptamos de manera pasiva. Con estas palabras Oscar Galindo abre su ensayo cuyo tema es la poesía de Clemente Riedemann:

En ciertas circunstancias el lenguaje poético suele servir como una manera de reafirmar una existencia individual y colectiva a la que se ha negado su dimensión pública, por medio de la imposición de otro lenguaje y de otra fuerza. Vista así la poesía constituye un espacio de intervención, mostrando su condición de alternatividad…2

Esta es la función primaria del lenguaje poético de Riedemann: quiere construir una alternativa a la historia oficial, representa el pasado pero con el intento de hablar del presente de la dictadura, quiere dar voz a los mapuches que, como los otros indígenas, siempre han sido relegados a una posición de población de grado inferior que según la ideología dominante tuvo la suerte de ser civilizada por los europeos.

Al hablar de resistencia al discurso oficial, cabe citar las ideas del filósofo francés Michel Foucault (1926-1984) y sus teorías sobre la estrecha conexión que existe entre poder y discurso. Para Foucault el discurso es una construcción por medio de la que se ejercita un poder, a fin de defenderlo hay técnicas y procedimientos como la prohibición de hablar de unos temas, es decir la creación de tabúes, o la marginación de lo que se considera diferente, tomando como término de comparación una normalidad que también es creada según los cánones de la ideología dominante. La sociedad, la economía, el saber son instrumentos y efectos del poder, pero también microsistemas de poder que controlan y crean el hombre, que sigue en su ilusión de creador de un sistema del que en realidad es producto. Así que el poder es según el filósofo una organización reticular que invade cada nivel de la vida del ser humano, llegando a producir su identidad, y es exactamente eso lo que lo vuelve fuerte, porque un poder únicamente represor pronto mostraría su fragilidad. El poder a través del uso del saber y de otros microsistemas modifica la percepción que un individuo tiene de sí mismo. Este concepto parece adaptarse perfectamente a lo que aconteció en América, donde los indígenas siempre han sido víctimas de una ideología dominante que ha borrado su historia, sus tradiciones y su cultura. Es interesante ver hasta qué punto estos sistemas de poder han modificado la percepción que las poblaciones autóctonas tienen de sí mismas, por ejemplo aún hoy en muchos de los países colonizados del continente americano se celebra el 12 de octubre el día de la llegada de Colón, el Día de la Raza; esa parece una de esas demostraciones de poder de las que habla Foucault, una pérdida de conciencia causada por las modificaciones culturales del discurso dominante.

La única solución para luchar contra este sistema de poder es la de crear discursos alternativos y el arma que tienen los poetas es el poder del arte. Con sus obras intentan revisionar la historia pasada para iluminar el presente o registrar el presente cruel para que las generaciones futuras conozcan otra historia, que no sea la que dictará el próximo sistema dominante. Es en este sentido que la poesía es “espacio de intervención”; su función es la de ser participante activo en la historia para contribuir a destruir los discursos oficiales.

 

Karra Maw’n, de Clemente Riedemann.
Karra Maw’n, de Clemente Riedemann.

Karra Maw’n y la poesía etnocultural

Además de ser una tentativa de deconstrucción de la historia, Karra Maw’n, como ya hemos anticipado, es considerada una obra ejemplar de la llamada “poesía etnocultural”. Según el crítico Iván Carrasco, esta tendencia poética se inauguró en 1963 con Los rayos no caen sobre la yerba, obra escrita en español y mapudungun por el poeta Luis Vulliamy, descendiente de colonos europeos, igual que Riedemann. Este género de poesía tiene sus raíces en la zona centro-sur de Chile, donde la cultura de los mapuches se ha mezclado con la de los conquistadores primero y luego con la de los colonos europeos llegados a principios del siglo XIX. A partir de este conjunto heterogéneo los poetas etnoculturales enfrentan temas como la discriminación y los conflictos producidos por el contacto intercultural y la aculturación unilateral impuesta a los indígenas. El afán de estos poetas es el de romper los discursos etnocentristas que han dominado la historia de Chile, pero también quieren oponer resistencia a las nuevas amenazas que llegan desde el mundo de la globalización y los riesgos de una masificación que no tiene en cuenta las peculiaridades culturales de cada población. La poesía etnocultural tiene unos rasgos en común con la poesía lárica, en primer lugar ambas nacen en el sur de Chile, en la periferia, lejos de los grandes centros urbanos; por eso las dos exaltan las tradiciones locales, tratan de la relación del hombre y del ambiente que lo rodea y reflejan las mismas sensaciones y emociones, ya que el medio inevitablemente influye en la poesía. Sin embargo el larismo está superado por esta nueva tendencia que ya no usa el tono nostálgico al hablar de un paraíso perdido, más bien su preocupación es la de denunciar esta pérdida y el tono más que nostálgico podríamos definirlo crítico.

Las estrategias textuales que destacan la poesía etnocultural son tres: la enunciación sincrética, la intertextualidad transliteraria y la doble codificación del texto. La enunciación es sincrética porque el sujeto enunciador es él mismo sincrético, de momento que su perspectiva es plural, no solo es la de su propia cultura, sino también la del grupo étnico al que pertenece o del que habla; de igual manera la perspectiva del receptor tiene que ser sincrética, con un acervo cultural mixto que le permita recibir este tipo de mensaje. La estrategia de la intertextualidad transliteraria consiste en la presencia dentro del texto de citaciones o alusiones a otros textos, los intertextos, que pertenecen a campos no literarios, por ejemplo a la antropología o a la historia. La doble codificación del texto se puede obtener de dos maneras: con el uso del doble registro, es decir reproduciendo el texto en dos lenguas; esto es lo que hace en sus obras el poeta Elicura Chihuailaf escribiendo dos versiones de sus poemas, en español y en mapudungun; la otra posibilidad es el collage etnolingüístico, el poeta mezcla diferentes idiomas en el mismo texto; esto lo veremos mejor más adelante; de hecho Clemente Riedemann usa este procedimiento en su obra, mezclando mapudungun, español, alemán e inglés.

 

La estructura de la obra

La obra se divide en cinco secciones, que vamos a analizar en los siguientes párrafos.

La primera parte está formada por seis poemas, el tema central es la llegada de los colones españoles en un espacio descrito con connotaciones edénicas, en el que el estado de vida coincide con un estado de poesía permanente:

No era baldía aquella tierra.
Bastaba con mirarla, sostenidamente
durante tres o cuatro lunas
y reventaban en los tallos
las metáforas.

Así se abre la obra, con el poema “Calidad del suelo, del agua y del aire en Karra Maw’n”. El primer verso hace referencia a The Waste Land, de Thomas S. Eliot, publicado en 1922, en el que la sociedad moderna está descrita como un infierno fragmentado, y la tierra de Chile, que antes era el lugar de la lluvia, se ha vuelto baldía con la llegada de los colonos, ha perdido su fertilidad; este encuentro forzado con una civilización europea ha producido una “modernización” que sólo ha afectado negativamente la sociedad mapuche en que la poesía y la vida se alimentaban de manera recíproca:

Apenas con poner
un gramo de roja tierra en la palma de la mano
acontecían cerezas.
Hablar en mapudungun,
murmurar apenas la lengua de la tierra
era hacer vibrar en el aire
la canción de la tierra.

El lenguaje tenía el poder de crear las cosas. Mientras que ahora:

La vaca, echada, ya no mastica el pasto seco
cobijado en los galpones y los cachorros de trapial
(felis concolor) gimen porque la lluvia
se ha quedado sin poeta.

El paralelismo es claro: la naturaleza sufre porque el poeta ha perdido los instrumentos que le permitían crear la vida: las palabras. Así que la pérdida del lenguaje coincide con la pérdida de la vida, pero ¿cómo se ha determinado esta afasia?

Otra vez encontramos una respuesta recurriendo a Michel Foucault que, en su obra Las palabras y las cosas, analiza cómo el lenguaje se ha modificado en las tres diversas épocas en que divide el curso de la historia. Foucault afirma que un gran cambio ocurrió durante el pasaje de la edad media a la edad moderna, es decir a finales del siglo XVI, cuando el lenguaje dejó de “residir al lado del mundo, entre las plantas, las hierbas, las piedras y los animales”.3 La relación entre las palabras y las cosas se hizo más abstracta; parece que Riedemann se refiere a esta mutación, que ha alejado las palabras de las cosas y que no permite al poeta contar y crear como lo hacía antes.

El tercer poema de esta sección se titula “La maldad del Wekufe”; aquí un ejemplo del uso de la técnica del collage étnolingüistico para representar el contacto entre las dos culturas:

¡WINKA! —dijeron,
¡KIÑE PATAKA WINKA PIKUNPÜLE! —dijeron,
y fueron a consultar al guardador de secretos
y leyendas:
“NIELOL DUGUTUM TRALKAN”
y sintieron temor.

El poeta sigue con tono ásperamente irónico:

No mejores, ni peores
sólo diferentes,
como lo son entre sí, el Martini on the Rocks
y la chicha de maki.
No pudo Karra Maw’n con sus leyendas
(gran superioridad la de los siglos)

La superioridad es la de los conquistadores que confían en un proceso de evolución histórica y que por eso presumen ser mejores que los indios. Una evolución falsa, ya que ni siquiera les consintió darse cuenta de que simplemente estaban frente a una cultura diferente y que de este encuentro cultural podían enriquecerse, pero su tipo de “evolución” sólo les permitió pensar en la riqueza material.

En “El árbol del mundo” el poeta nos relata con sus versos los cambios culturales y sociales impuestos por los conquistadores. El punto de vista es el del indio que mira al europeo que tiene “ropas extrañas / costumbres extrañas”, las torres de piedra asumen un valor simbólico:

Las torres
árboles catatónicos
en la estructura de un bosque defensivo.
Una torre
EL ÁRBOL DEL MUNDO
“agredir para no ser agredido”

El poeta asocia la imagen de la torre a un árbol, pero son árboles catatónicos, que quedan inmóviles, que han perdido la vida, que no son naturaleza. El último verso, agredir para no ser agredidos, guió como máxima a los conquistadores en sus actos de crueldad y suena tan actual hoy en día, en nuestros tiempos de guerra preventiva, que en serio tendríamos que dudar de este “progreso” en la historia del hombre.

Paralelamente a las violencias que sufren los nativos, se despierta la violencia de la naturaleza, un acto de rebelión contra la ruptura de la armonía de esa sola entidad que eran mundo humano y mundo natural.

En “De cómo la indiada le perdió el respeto a los caballeros”, Riedemann cuenta un episodio que llevó a los indios a dejar de creer que los españoles eran seres divinos demoníacos, que sus cuerpos también “caían al suelo / y se podrían”:

Entonces los indios construyeron
el siguiente silogismo:
“TODOS LOS WINKAS SON MORTALES”

“Winkas” es la palabra con que se indica a los conquistadores. En estos versos hay una clara referencia al silogismo socrático, es decir al mundo griego antiguo. Para criticar la cultura occidental, el poeta usa elementos que son fundamentos de esa cultura; esta técnica podríamos definirla deconstruccionista, en el sentido que atribuye el filósofo Jacques Derrida (1930-2004) al término. De él y del deconstruccionismo hablaremos brevemente más adelante, pero aquí cabe evidenciar esta técnica de Riedemann: habla de algo que el receptor conoce muy bien, pero desmonta su significado habitual; al actuar de esa manera rompe una “verdad”, o mejor dicho algo que había sido siempre aceptado como tal.

En “Un blue mapuche” la denuncia de la violencia es muy fuerte, la repetición de la palabra “sangre” da fuerza a la denuncia del largo etnocidio y de la constricción de los indios a irse hacia la frontera, temas de este breve e intenso poema.

Hasta aquí el orden cronológico está respetado, pero al empezar la segunda sección del libro nos encontramos en otro período histórico, es el comienzo del siglo XIX, cuando a Chile llegan otros colonos especialmente del norte de Europa.

“El hombre de Leipzig”, un texto escrito en prosa, abre esta parte. Se trata del hombre que llega de Alemania. El migrante que llega despojado a la nueva tierra, que sólo lleva consigo sus ilusiones.

El hombre de Leipzig, el carpintero, me trajo a tierra en el lápiz de su oreja, de donde he bajado para organizar el mundo con palabras.

El poeta habla en primera persona, declara su papel que es el de organizar el mundo y eso puede hacerlo gracias a su capacidad de manejar la energía de las palabras. Él puede reescribir la historia, puede dar una versión diferente de los hechos que sea una alternativa a la de la ideología oficial, el papel del poeta y de la poesía asume una gran importancia.

El segundo texto es un poema, “De por qué los nativos no eran perezosos según se creía”, que vuelve a la situación de los indígenas en el período en que llegaron los conquistadores. Riedemann cita las palabras del antropólogo Milan Stuchlik:

los Mapuche están aquí: no son ellos culpables si la sociedad los evalúa y los trata con diferentes enfoques y de diferentes maneras.

Es la sociedad que, desde el exterior, impone una identidad a los nativos. Siguiendo sus estereotipos atribuye rasgos al otro, la perspectiva es única y no acepta otras ideas que incluso podrían acrecentar la identidad de quien se limita a mirar.

Desde el punto de vista de las estrategias escriturales este es un caso de intertextualidad transliteraría; el autor recurre a otro texto escrito no propiamente literario, sino antropológico, pero que queda pertinente al tema y lo enriquece.

En “Importancia económica de los cabezas amarillas en el valle de Karra Maw’n” el momento histórico cambia, una vez más estamos ante la llegada de los colonos alemanes, los “cabezas amarillas”, que discriminan a los mapuches e imponen valores e ideales que no pertenecían a la cultura indígena. Aquí, al collage etnolingüístico que caracteriza toda la obra, se añade el uso de la lengua alemana:

Los niños nacían con las cabezas amarillas:
kurilonkos: “AUF WIEDERSEHEN!”

Los alemanes traen la idea de propiedad privada (“germinaron los cercos / Karra Maw’n se pobló de cercos / con alambres de púas”); el eurocentrismo siguió con su pretensión de superioridad, justificando sus actos de intolerancia y violencia como misiones de civilización.

Así rezan los versos de “Shalamankatún”, un poema que es más bien un diálogo entre los nativos y los conquistadores españoles:

la escuela de la maldad vino de afuera:
vino de España
con su espada y su cruz de hierro,
vino de Alemania y después de los propios
chilenos

Los invasores que se han sucedido a lo largo de los siglos han traído únicamente maldad, incluso los chilenos tienen esta culpa, porque se han adecuado al sistema dominante que arrincona a los diferentes. Las voces de los mapuches y de los españoles se alternan, los primeros intentan reivindicar sus derechos, los segundos imponen reglas económicas, sociales y religiosas que han destruido el sistema de vida mapuche:

No planificáis vuestra economía.
No hacéis marketing.
(…)
¿Decís que vuestros ritos son sagrados?
¿Dónde están las iglesias?

Y esta la respuesta de los mapuches:

Nuestro dios es un árbol
(…)
Dios presencia viva in situ a cada rato.
Y no en los templos,
únicamente los domingos.
La naturaleza es nuestro templo.
(…)
Queremos comer, no queremos
hacer dinero.

En su reescritura de la historia Riedemann asume el punto de vista de los vencidos, es la voz de los indios que nunca han sido interpelados, pero que ahora tienen la posibilidad de expresarse y de criticar el mundo ideológico que se les ha obligado aceptar. La crítica aquí es contra la religión católica y contra el sistema económico occidental que sólo se preocupa de hacer dinero, de acumular bienes materiales olvidándose de lo que es vivir.

En “Pacificación y angustia” estamos frente a un texto en prosa, es una denuncia contra los conquistadores que han estropeado el paraíso Karra Maw’n. El autor mezcla diferentes lenguas, el español, el mapudungun, el alemán y el inglés con una cita de Kissinger.

La tercera parte es formada por un poema, “Destrucción de Karra Maw’n”. El tema es el terrible terremoto de 1960; la temible rebelión de la naturaleza aún no se apacigua, el poeta cuenta en primera persona los hechos como testigo directo de lo que ocurrió.

Yo estaba allí
podía cortarse el aire en rebanadas
y vi que el sol
dibujado en la superficie del estanque
enrojecía (…)

El poema concluye con la imagen de la reconstrucción, “Karra Maw’n enterró sus muertos / y levantó sus casas”. Hay elementos de la cultura de Chile y de Suramérica que nos ayudan a contextualizar los acontecimientos: Carlos Haverbeck y Libertad Lamarque, el primero fue senador en Chile, la segunda fue una cantante argentina que tuvo éxito en muchos países de América del Sur en esos años.

La cuarta sección es “El sueño de Wekufe”, espíritu dañino de la cultura mapuche. Mientras este espíritu duerme, el Ngënechén, ser divino para los mapuches, da vida a la tierra de Karra Maw’n. En algunos de estos versos se aclama la lluvia, símbolo de la fertilidad, del renacimiento y de la vuelta a vivir; sin embargo la constatación de la condición de los indígenas lleva amargura:

Pero no hay mapuches.
Lo que hay
es medio millón de arrinconados.
La ley dice: “No hay mapuches. Somos todos
chilenos”

Es esta una declaración de la pérdida de identidad: No hay mapuches. Su identidad ha sido sustituida por otra que no entienden, que no saben lo qué es, porque ha sido impuesta por parte del poder central.

La última sección tiene un título, “Otros escritos de suyo pertinentes en el plan jeneral desta obra”, que remite a las crónicas de la época de la conquista. El mismo Riedemann se define cronista en el poema “Infancia del cronista”, en el que cuenta una serie de acontecimientos propios de su vida, empezando por el año de su nacimiento:

1953
aquí comienza la Edad Dorada
la época de la más lúcida locura, molino
de oscuridades que iluminan
las musgosas vastedades del otoño.

Igual que los primeros cronistas que permitían conocer el nuevo mundo y las poblaciones que vivían ahí, con esos códigos que estaban al límite entre la etnografía y la historia, el poeta quiere ser cronista, contar la misma historia, describir las mismas poblaciones desde otro punto de vista.

En esta parte de la obra encontramos muchas referencias a acontecimientos y personajes que han caracterizado el siglo XX: Watson y Crick, los biólogos que descubrieron la estructura del ADN, premiados con un Nobel en 1962, el astronauta Edwin Aldrin que en 1969 llegó a la luna y la misión rusa Vostok 1 de 1961 que llevó a Gagarin al espacio, la política Lady Astor, John F. Kennedy y otras caras y episodios que según la lógica dominante son hechos representativos del desarrollo de la sociedad occidental, pero vuelve a ponerse crítico e irónico el tono del autor:

CA CO CU
el burro sabe más que tú
que todos nosotros juntos
con nuestro refinamiento intelectual
y nuestra bomba de neutrones.

Parece preguntarnos para qué sirven nuestra “evolución” y nuestra “democracia” si el resultado es tener un mundo con guerras y con hambre. ¿Es este el refinamiento intelectual que nos enorgullece?

La Historia sólo recolecta
monedas falsas.
Es la sangre que corre
a nuestras espaldas.
Es un esqueleto colgado
en el closet como un traje.
La chapa de gaseosa
que perfora los zapatos.
La Historia no es esta historia
ni la vuestra se supone.

La historia oficial es falsa, así que no se puede hablar de evolución y progreso si sólo se documentan como verdades históricas los hechos que sirven al poder dominante. Lo único que se puede hacer es usar el poder de la energía vital de las palabras para crear otra verdad:

¡Oh 1953!
Destruidos están para siempre
los negativos de la aurora.
Sólo se tienen las palabras
para defenderse de la muerte.
Se envidia a las locomotoras
porque saben a dónde van.

Las locomotoras que se mueven en su curso lineal pueden conocer su destino; lo mismo no puede pasar a los hombres, su historia no es lineal, o por lo menos este no es el único punto de vista.

Unas últimas reflexiones merece el papel del lector en esta obra, cuya participación tiene que ser activa. Tiene que reconocer las muchas referencias culturales, tiene que aceptar su papel de “receptor plural” abierto a este tipo de mensaje sincrético y tiene que hacer un trato con el autor, o sea aceptar la posibilidad que su punto de vista es dominante pero no necesariamente verdadero y dejarse guiar por el poeta dentro de nuevas alternativas. Estos rasgos que caracterizan el papel del lector, juntos a otras técnicas escriturales aplicadas por el autor, como el montaje, la superposición y la alusión, el uso de la ironía y de la parodia del género de las crónicas (por ejemplo en la manera con que titula sus poemas), el collage interétnico, la enunciación sincrética, nos permiten aceptar Karra Maw’n no solamente como un texto canónico de la poesía etnocultural, sino indicarlo como un válido ejemplo de escritura postmodernista.

 

Deconstruyendo la historia

Hemos visto cómo a lo largo de su obra Riedemann no respeta un orden cronológico de los hechos históricos, porque su concepción de la historia no le permite contarla como una secuencia de acontecimientos lineales. Lo que quiere hacer, aunque disfrazado de cronista, es deconstruir la historia oficial.

Jacques Derrida, el filósofo francés, nacido en Argelia, teorizó el concepto de deconstrucción. Empieza sus reflexiones ocupándose de la tradición filosófica, y de cómo todo pensamiento filosófico occidental se ha creado basándose en parejas de opuestos: naturaleza/espíritu, cuerpo/alma, bien/mal, sujeto/objeto. Lo que quiere hacer Derrida es deconstruir esta tradición. Para hacer esto parte de la idea de que la verdad no puede ser una definición, sino es algo en movimiento. Esto porque cualquier entidad al pronunciarse a través del lenguaje pierde algo, se vuelve otra cosa. El lenguaje no nos da el “ser” ni la verdad, lo que consideramos verdad sólo son sus huellas. Entre entidad y lenguaje hay una relación de différance, término que incluye los dos significados del verbo diferir: por un lado el signo es diferente de la entidad que indica; esta diferencia entre entidad y signo no se puede colmar, sólo tendremos huellas de esta entidad que inevitablemente producen varias interpretaciones; por otro lado, diferir es también retrasar, aplazar: hay una distancia entre nosotros y la cosa ausente en el texto, no hay presencia en la producción por medio de un código de un signo que indica una entidad. La différance es dinámica, el producto-signo no es entidad presente, sino huellas del “ser”, cada cosa existe porque difiere de otra, de la misma manera funciona el concepto de identidad, no existen identidades fijas, podemos comprender y conocer nosotros sólo en relación con el otro. Se crean así procesos dinámicos infinitos en que un elemento envía a otro elemento del que se diferencia. Por esa razón no puede existir simplemente el presente o el ausente, siempre hay huellas y diferencias.

Esta es la teorización de la deconstrucción; en la práctica se intenta “desmontar” el discurso oficial subvirtiendo el orden esperado de las cosas. Eso es lo que hace Riedemann en su obra, existe una historia que hasta ahora ha sido aceptada, pero es la historia contada por los vencedores. Hay que contar otra historia, que no tiene por qué tener curso lineal, ya que por ejemplo en las culturas precolombinas el tiempo era circular, todo depende de la mirada. Cabe decir que la idea que tiene el poeta no es la de la circularidad del tiempo, él da una visión de un conjunto de hechos que pertenecen a un pasado pero que se reflejan en el presente, en la condición de Chile del momento en que escribe, o sea de la dictadura de Pinochet; parece preguntarse y sugerir al lector que se pregunte si esta era la única forma de presente que Chile podía esperar o si un pasado diferente habría llevado a un presente diferente. La respuesta no es explícita, sin embargo el tono crítico y de denuncia parecen aludir a un presente que ha sido negado por los procesos de aculturación obligada. Para esperar un futuro mejor la solución es contar otra historia, deconstruir la oficial y de esta manera dar la posibilidad a las generaciones venideras de liberarse de las ideologías y de los discursos impuestos, entrenándolas en el espíritu crítico y en la alternancia de los puntos de vista. A pesar de lo utópico que parezca, nada podría ser más deseable.

 

Bibliografía

  • Carrasco, Iván. “Literatura del contacto interétnico”. Estudios Filológicos 27 (1992): 107-112.
    — “Tendencias de la poesía chilena del siglo XX”. Anales de Literatura Hispanoamericana 28 (1999): 157-169.
    — “La antropología poética como mutación disciplinaria”. Estudios Filológicos 38 (2003): 7-17.
  • Galindo Villarroel, Oscar. “La poesía de Clemente Riedemann: el espacio de la historia”. Paginadura 2 (1994): 17-30.
  • González Cangas, Yanko. “Karra Maw’n y otros poemas: La antropología poética de Clemente Riedemann”. Revista Austral de Ciencias Sociales 2 (1998): 47-58.
  • Mansilla, Sergio. El paraíso vedado. Ensayos sobre poesía chilena del contragolpe. Fucecchio: European Press Academic Publishing, 2002.
  • Quintana, Hugo. “Poesía mapuche. Una posibilidad de revitalizar el lenguaje poético”.
  • Riedemann, Clemente. Karra Maw’n. Valdivia: Editorial Alborada, 1984.
  • Tornatore, L. et al, La filosofia attraverso i testi. Torino: Loescher Editore, 2001.
Sabrina Filippello
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Notas

  1. En el ensayo “Literatura del contacto interétnico”, Carrasco, en Estudios Filológicos 27 (1992).
  2. En “La poesía de Clemente Riedemann: el espacio de la historia”, Galindo.
  3. Foucault citado por Hugo Quintana en “Poesía mapuche. Una posibilidad de revitalizar el lenguaje poético”, p. 3.