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Origen e identidad en la narrativa sobre inmigración: el caso de Najat El Hachmi

lunes 11 de junio de 2018
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Najat El Hachmi
El cuestionamiento de la mismidad es un tema muy recurrente en las obras de la escritora marroquí Najat El Hachmi. Fotografía: Albin Olsson

Introducción

En los últimos años, el tema de la inmigración ha ido adquiriendo una notable relevancia tanto en el debate político como en los medios de comunicación y los estudios sociológicos. Asimismo, este fenómeno se ha ido integrando en el discurso literario, creando una nueva forma de hacer literatura, con una serie de características que promueve otra percepción de los movimientos migratorios.

Si bien es cierto que los movimientos migratorios suponen una oportunidad para los individuos de mejorar su situación, el proceso de adaptación e integración en la sociedad de acogida representa un conjunto de obstáculos, de desencuentros y de choques culturales y sociales que conlleva, muchas veces, la exclusión de los inmigrantes de la sociedad receptora, situándoles en condiciones de vulnerabilidad que se traducen en términos de xenofobia, racismo, exclusión social y explotación laboral.

La literatura de la inmigración no sólo trata los temas del racismo, la diversidad cultural, las injusticias políticas y sociales, entre otros, sino que también destaca la descripción del fenómeno migratorio desde una perspectiva personal.

En ese sentido, conforme la realidad de los inmigrantes iba adquiriendo tintes de una verdadera tragedia social, a ambos lados del estrecho de Gibraltar, los escritores, comprometidos con relatar las vivencias de este colectivo desde diferentes perspectivas, han procedido a publicar creaciones literarias de diversa índole en un intento de comprender y reflexionar sobre este fenómeno desde la sensibilidad literaria de sus obras.

En esta línea, consideramos que el hecho migratorio, una vez ficcionalizado, adquiere un nuevo enfoque y un plus significativo. Esta forma de hacer literatura, denominada literatura de la inmigración, además de reflejar los desajustes y las injusticias políticas y sociales, y servir como vehículo para reivindicar la diversidad cultural, la identidad y la interculturalidad, pretende desnudar la falsedad y la deformación oficiales. Por ello, creemos que la inmigración vista desde este nuevo enfoque pone al descubierto la cara oculta del fenómeno; esto es, el aspecto humano.

Entre la incipiente producción literaria que abarca este género destacan autores como Najat El Hachmi, Said El Kadaoui, Lorenzo Silva, Antonio Lozano, Andrés Sorel, Encarna Cabello, Laila Karroch, Lourdes Ortiz y un largo etcétera.

Partiendo de lo dicho anteriormente, podemos decir que la literatura de la inmigración no sólo trata los temas del racismo, la diversidad cultural, las injusticias políticas y sociales, entre otros, sino que también destaca la descripción del fenómeno migratorio desde una perspectiva personal. Todo ello resalta una cosa, y es que se intenta construir, a partir de la representación del fenómeno migratorio, un dialogo o un discurso sobre el otro. En este discurso subyace también el cuestionamiento de la mismidad. Un tema muy recurrente en las obras de Najat El Hachmi, la autora que vamos a tratar a continuación.

 

1. La reivindicación de la identidad en la literatura de Najat El Hachmi

La trayectoria escritural de Najat El Hachmi se inicia con Jo també sóc catalana, publicada en 2004. La obra pretende aportar una reflexión sobre el proceso evolutivo que supone la construcción identitaria. La autora aborda el tema de la integración de los inmigrantes en la cultura occidental y reivindica su pertenencia a la identidad catalana, tal como muestra el título de la novela. La narradora es huésped de una cultura que considera también propia.

En este sentido, la novela es portadora de un mensaje fundamentado en la idea de que, a pesar de las diferencias culturales, la autora se reivindica como catalana.

Cuatro años después, su vocación de escritora la lleva a publicar su segunda novela, El último patriarca, que le valió el reconocimiento de las letras catalanas, siendo galardonada con el Premio Ramón Llull. En la novela, la narradora, única hija de Mimoun, rememora la historia de los Driouch, en particular la historia de su padre como último eslabón dentro de una cadena patriarcal. El relato desarrolla la historia de la liberación de una mujer y de cómo sale de un entorno familiar opresivo, representado por un padre negativo y patriarca, y pasa a ser libre.1

A través de esta novela, la autora se adentra, desde su mismidad, en el estudio de la representación que hace de sí el ser inmigrante, individual y colectivamente, entre dos mundos y dos coordenadas culturales, entre el componente cultural materno marroquí, rifeño, y el aprehendido o adquirido catalán, español, occidental.

Para Najat El Hachmi, la literatura es una forma de evasión, pero también una herramienta para reivindicar su pertenencia a una identidad determinada: la catalana.

También publica otra obra, La filla estrangera (2015), con la que obtiene el premio Sant Joan de literatura catalana. Se trata de un largo monólogo en el que la protagonista, una chica recientemente salida del instituto, relata sus vivencias junto a su madre en una ciudad del interior de España. Preocupada por el devenir de su futuro incierto, la protagonista se encuentra frente a dos opciones: mudarse a Barcelona o quedarse con su madre y asumir el compromiso de casarse con su primo. A lo largo de la narración, se percibe a una protagonista que va tomando conciencia de las enormes diferencias, sobre todo ideológicas y culturales, que existen entre ella y su madre.2

Los desencuentros y choques que se dan en la relación que existe entre madre e hija constituyen una muestra clara de la no integrabilidad —por factores de diversa índole— de una parte del colectivo migrante en el país de destino, representado por la figura de la madre de la narradora. En cambio, la protagonista, una joven que ha crecido en Cataluña, que se expresa con más fluidez en catalán, constituye una imagen en miniatura de la inmigrante integrada en la nueva sociedad de acogida.3

Para Najat El Hachmi, la literatura es una forma de evasión, pero también una herramienta para reivindicar su pertenencia a una identidad determinada: la catalana, y denunciar la realidad social de los inmigrantes y las condiciones de vulnerabilidad a las que se ven sometidos por la sociedad a la que llegan para establecerse. Parafraseando a Mercè Pérez Pons, cabe destacar que su literatura está destinada a todas las mujeres, las de su familia, las que conoció en Marruecos y las que conoció en Vic, sean o no inmigrantes, que se encuentran en el olvido y sufren las repercusiones de una sociedad caracterizada por el machismo y la exclusión.4

En esta misma línea, en el prólogo de Yo también soy catalana, la autora, refiriéndose a la finalidad de su proceso de escritura, afirma lo siguiente:

(…) en realidad sólo escribo para superar mis propias barreras, para navegar entre los recuerdos (y no sólo en este relato de tipo autobiográfico, sino que en todos los relatos que empiezo hay un pedazo de mí). Lo confieso: escribo para sentirme más libre, para deshacerme de mi propio enclaustramiento, un enclaustramiento hecho de denominaciones de origen, de temores, de esperanzas a menudo truncadas, de dudas continuas, de abismos de pioneros que exploren nuevos mundos.

La escritura para Najat El Hachmi es un lugar de pensamiento, reflexión y descubrimiento para superar fronteras entre el aquí y el allá en un intento de abrirse al mundo mediante el que invita a una reflexión sobre lo cultural desde la mismidad y los parámetros culturales del Otro, con el propósito de crear un espacio intercultural en el que sea posible la construcción identitaria.

 

2. La cuestión identitaria en El último patriarca

Un tema significativo en El último patriarca es el de la inmigración y su impacto, que se inaugura con la llegada de Mimoun (el padre de la narradora) a España. La narradora plasma, mediante secuencias descriptivas, en nuestra modesta opinión, bastante logradas, las diferentes actitudes que adoptan tanto inmigrantes como españoles frente al fenómeno migratorio y la realidad social.

De este modo, lejos del dramatismo que caracteriza muchas novelas escritas sobre los inmigrantes y el fenómeno migratorio, El último patriarca se interesa por relatar el desplazamiento y las vivencias de un inmigrante en una sociedad diferente y todo lo que conlleva este hecho, a saber: el choque entre la sociedad receptora y la sociedad de origen, la dificultad que supone el proceso de integración, en parte, por los prejuicios que subyacen en el imaginario tanto marroquí como español, y la adquisición de un nuevo idioma, así como el desequilibrio entre las costumbres de su familia y de su nuevo entorno social. En relación con el tema de las vivencias del inmigrante, podemos señalar el uso de un lenguaje de carácter violento por parte de los españoles, presentándose como personas superiores a los inmigrantes.

No obstante, podemos afirmar sin miedo a equivocarnos que El último patriarca, lejos de querer resaltar los estereotipos fosilizados en el imaginario occidental, los utiliza como pretexto para expresar la dificultad que entraña el proceso de adaptación y lucha del inmigrante, representado tanto en la figura del padre como en la de la hija, para romper las barreras culturales. En su lucha, la narradora intenta reafirmar su cultura desde su mismidad, la identidad rifeña.

Cabe señalar, por otro lado, las continuas referencias al tema del machismo (en la figura de Mimoun) y el impacto que tiene en la narradora, siendo una joven que sólo quiere elegir su propio camino.

Asimismo, las referencias y reflexiones en torno a lo cultural, representado en los valores, las tradiciones y las costumbres de la cultura de origen de la narradora, tienen una gran presencia en el relato. Lo cultural se representa a través de la figura de personajes como el abuelo, la abuela y las tías, en primer lugar, y más tarde, en la figura de la madre y la de Mimoun, cuando la narradora crece y se convierte en una adolescente.

No faltan las ocasiones en las que la narradora hace gala del uso de su lengua para resaltar su deseo de inclusión en la cultura de la nueva sociedad.

 

Las reflexiones en torno al uso de la lengua adquieren mucha importancia en El último patriarca y son utilizadas como fundamento y base de la construcción identitaria del inmigrante. Este tema se presenta desde una doble perspectiva: primero, desde la del padre, Mimoun, y, en segundo lugar, desde la perspectiva de la narradora.

En contraposición al deficiente nivel lingüístico que presenta Mimoun, la narradora manifiesta su buen dominio de la lengua extranjera. En la novela se deja sentir el anhelo de la narradora por apropiarse de la otra lengua como una forma de autoafirmarse como una ciudadana catalana, y soldar, de este modo, su pertenencia a la cultura occidental.

No faltan las ocasiones en las que la narradora hace gala del uso de su lengua para resaltar su deseo de inclusión en la cultura de la nueva sociedad. Un claro exponente de su constante interés por reivindicar su identidad catalana se refleja a partir del cuarto capítulo de la segunda parte de la novela, en la que al final de todos los capítulos que la componen realiza un cierre citando, en orden alfabético, varias palabras del diccionario catalán. Se trata de vocablos pertenecientes a diferentes campos semánticos tales como la flora, la lectura, la religión, la vestimenta, etc.

La exposición de esta amalgama de términos pone en evidencia el afán de la narradora de impregnar su discurso de una cierta transculturación en su intento de tender puentes entre las dos lenguas. Se trata de una especie de aproximación, de diálogo y negociación, con el fin de romper las barreras culturales, siendo la lengua uno de los parámetros de la cultura y de la identidad.

Por último, cabe mencionar que la obra posee una carga erótica, haciendo de este aspecto cultural un tema muy representativo, sobre todo en la figura de Mimoun, en primer lugar, cuya sexualidad se ve revelada de forma rigurosa, y en segundo lugar con la de la narradora, cuya vida sexual está descrita, a su vez, con mucho interés.

Si bien el abanico de temas es variado, todos los motivos de la novela confluyen en una misma línea, esto es: la búsqueda y construcción de la identidad de la narradora. Este tema central cobra una gran trascendencia en la obra. La narradora realiza un viaje desde los orígenes de su cultura materna hacia lo propio, en un intento de soldar su pertenencia a otra cultura, la occidental-catalana.

En el transcurso de la obra, nos encontramos con una joven motivada por descubrir su propia identidad, por saber quién es ella, buscando un territorio donde ser y asentarse. Esta identidad reivindicada se halla entre dos mundos extraños, dos sistemas de representación donde la narradora no se reconoce. Entonces, se encuentra en una incoherencia en cuanto a su persona, proyectada sobre la interpretación del mundo occidental y la representación del mundo norteafricano y rifeño.

En su descubrimiento de esta dualidad, la narradora intenta encontrar un equilibrio ante la situación de incoherencia identitaria en la que se encuentra. De este modo, tiene que aceptar que hay una diferencia entre lo indicado por la documentación que tiene y la mirada de los otros hacia ella.5 Como consecuencia, la narradora siente una impulsión por decantarse hacia una determinada identidad, ¿la del país de acogida o la de su país de origen?

Finalmente, la narradora acaba emprendiendo su viaje hacia la liberación de las ataduras que supone identificarse con una cultura que considera diferente. Entiende que esta cultura que menosprecia los derechos de la mujer, por muy arraigada que pueda resultar, es en sí “una traición a toda la sociedad”. De ahí que la narradora acabará traicionando los principios del patriarcado, el honor, la castidad, etc., adoptando la identidad catalana.

 

Conclusión

Esta literatura comprometida con la realidad social de los inmigrantes ha suscitado la curiosidad de un gran número de críticos y estudiosos que se han interesado por la obra literaria de sus autores.

Cuando se lee a estos escritores se entiende en profundidad al colectivo marroco-magrebí que vive en Europa, su desarraigo, su hibridez, su mestizaje, sus tradiciones y sus choques culturales.

Si bien es cierto que una escritura transcultural es interesante y que su estilo es totalmente elección del autor, sus lectores se ven divididos en dos grupos: los que no conocen el árabe y los que sí conocen los dos idiomas.

 

Si bien es cierto que existe una importante cantidad de motivos temáticos tratados por los escritores en sus obras, es imprescindible señalar que éstos lo hacen a partir de un tema central —que es el de la inmigración en sus diferentes vertientes, en general, y la búsqueda identitaria y el desarraigo, en particular—, y es el que cobra la mayor trascendencia en su escritura.

La variedad de personajes a los que recurren los narradores en sus discursos —dándoles voz, en muchas ocasiones, convirtiéndolos en narradores— son portadores de una voz y representan los diversos colectivos que pueden existir, así como las distintas situaciones en las que se puede encontrar una persona u otra ante el fenómeno migratorio.

Son también importantes las diversas relaciones existentes, en esta producción literaria, con respecto a las interferencias que se dan entre el árabe y el español. Pues, a lo largo de la narración, nos encontramos con palabras o incluso frases del árabe que, de un modo u otro, encaminan el aumento del sentido de estas secuencias dependiendo de la representación que se les dé por parte del lector bilingüe.

Los narradores multiplican los espacios en los que un personaje se sitúa pasando de la barrera invisible de la cultura magrebí-africana a la española-occidental. Lo hacen mediante la recepción y la aceptación de los personajes inmigrantes de una cultura ajena a la suya a pesar de dejar persistir la cultura oriunda. Con ello, los narradores consiguen hacer posible, así, una transculturación en sus escritos y en sus personajes pertenecientes a este grupo social.

Es preciso señalar que el uso deliberado del léxico árabe encerrado en el español, el uso del dialecto marroquí alternado con el árabe clásico, o el uso de neologismos, da lugar a una escritura mestiza e híbrida y además puede aportar ciertas modificaciones en el discurso del narrador.

En esta misma línea, cabe destacar que si bien es cierto que una escritura transcultural es interesante y que su estilo es totalmente elección del autor, sus lectores se ven divididos en dos grupos: los que no conocen el árabe —en éstos el narrador hace crear la duda y la curiosidad— y los que sí conocen los dos idiomas —para éstos la lectura se convierte en un vaivén de una cultura a la otra. De este modo, el lector que sí entiende ambos idiomas, mediante una sola palabra o frase, se le remite, en ocasiones, a un campo semántico árabe bastante amplio o, en otras, al idioma y su cultura en su conjunto.

Kamelia Temsamani
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Notas

  1. Entrevista por Miguel Pato: “La escritora marroquí presenta Cazadora de cuerpos. Najat El Hachmi: ‘Las mujeres seguimos buscando el afecto en las relaciones sexuales… y los hombres también’”, 18 de abril de 2011. En: Periodista Digital (consultada: 21/02/18).
  2. Mercè Pérez Pons: “Najat El Hachmi gana el premio Sant Joan de literatura catalana”, 16 de junio de 2015. En: El País.
  3. Ibíd.
  4. Ibíd.
  5. Nathalie Hadj Handri, “La identidad mutante. La construcción de la identidad en los hijos de inmigrantes” (2008). En: revista Documentación Social, Nº 151.
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