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Vínculos entre la naturaleza de Comala y personajes en Pedro Páramo, de Juan Rulfo

lunes 23 de diciembre de 2019
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Juan Rulfo
Juan Rulfo (1917-1986).

Introducción

En Pedro Páramo los elementos de la naturaleza que componen el paisaje de Comala se relacionan con los personajes de diversas maneras. Las voces de los muertos circulan a través del viento, como medio que mantiene sus recuerdos más allá de la vida o la muerte. El calor de los cuerpos se funde con el del amanecer. La lluvia golpea la tierra debajo de la cual los muertos sienten como si les caminaran por encima. Cada una de estas relaciones es posible gracias a la armonía que existe entre los personajes y la naturaleza de Comala. Se complementan en la idea de “pueblo”, como un paisaje de ánimas que incluso puede percibir y ser percibida por el mundo de los vivos.

Desde el comienzo de Pedro Páramo, el paisaje de Comala parece guardar una profunda y compleja relación con los personajes.

Los muertos son fantasmas dentro de un pueblo también fantasmagórico, forman parte de él. Son inseparables. Esta vinculación se dará a lo largo de toda la obra y tendrá su clímax en el momento de la muerte de Juan Preciado. En esa escena confluyen tierra, viento, lluvia y el único personaje vivo hasta ese momento de la novela. Comala ahoga a Juan Preciado, quien es sepultado en esa misma tierra. Luego la lluvia golpea la tierra y el personaje siente como si le caminaran por encima. Esto es posible porque la naturaleza en Pedro Páramo es lo que une a los vivos con los muertos, para dar como síntesis un pueblo fantasma.

Es también importante destacar la escena final de la obra, donde Pedro Páramo se desmorona como un montón de piedras. Tomaré la relación entre el nombre del personaje y la naturaleza misma que Daniel Link establece en su ensayo: “Pedro es padre y es piedra, Páramo es desierto” (2009: 358). Por lo cual propongo que esta última escena se piense como otro momento donde personaje y paisaje se funden, donde las piedras en las que Pedro se transforma caen sobre el desierto, sobre el Páramo.

 

Desarrollo del trabajo

A partir de ahora desarrollamos y analizamos puntualmente las escenas mencionadas en la introducción.

Desde el comienzo de Pedro Páramo, el paisaje de Comala parece guardar una profunda y compleja relación con los personajes. Dolores Preciado, antes de morir, le dice a su hijo Juan: “Allá me oirás mejor. Estaré más cerca de ti. Encontrarás más cerca la voz de mis recuerdos que la de mi muerte…” (Rulfo, 1989: 12). Así se introducen los murmullos o voces de los personajes muertos, es la forma que tienen estos fantasmas de expresar sus recuerdos. Y el medio en el que circulan esas voces es el viento de Comala. Voces y aire confluyen entonces, y su movimiento trasciende el espacio: “Este pueblo está lleno de ecos. Tal parece que estuvieran en el hueco de las paredes o debajo de las piedras” (Rulfo, 1989: 45).

También podemos pensar a la naturaleza como refugio de algunos personajes:

A centenares de metros, encima de todas las nubes, más, mucho más allá de todo, estás escondida tú, Susana. Escondida en la inmensidad de Dios, detrás de su Divina Providencia, donde yo no puedo alcanzarte ni verte y adonde no llegan mis palabras (Rulfo, 1989: 17).

En este caso se ve cómo el cielo es lugar de trascendencia, de encuentro con Dios. Es también un espacio que sólo un personaje alcanzará, Susana. Los demás mirarán hacia el cielo con vergüenza. Allí no llegan las palabras de la tierra, ni los murmullos del pecado que se esparcen por la Comala terrenal.

Pero también los personajes mismos parecen formar parte de la naturaleza de ese paisaje:

Aquella mujer, de pie en el umbral; su cuerpo impidiendo la llegada del día; dejando asomar, a través de sus brazos, retazos de cielo y debajo de sus pies regueros de luz; una luz asperjada como si el suelo debajo de ella estuviera anegado en lágrimas (Rulfo, 1989: 28).

Aquí el cuerpo del personaje está permitiendo el paso de la naturaleza, al día entendido como amanecer. Pero también forma parte de ese paisaje, se funde en la luz que se proyecta desde el sol hacia la tierra, donde la mujer está de pie. Otro ejemplo claro es: “Ibas teñida de rojo por el sol de la tarde, por el crepúsculo ensangrentado del cielo” (Rulfo, 1989: 24). Aquí se ve cómo la naturaleza puede formar el color de los cuerpos y hasta qué punto se funde en ellos.

Desde que Juan Preciado llega a la casa de Donis y su hermana, las relaciones naturaleza-personajes se potencian.

Estas relaciones también aparecen en los caminos de Comala. Esos lugares donde transitan los fantasmas y Juan Preciado al principio de la novela: “Y lo seguí tratando de emparejarme a su paso, hasta que pareció darse cuenta de que lo seguía y disminuyó la prisa de su carrera. Después los dos íbamos tan pegados que casi nos tocábamos los hombros” (Rulfo, 1989: 17). Los caminos son entonces puntos de contacto entre naturaleza, vivos y muertos.

La naturaleza, en algunos pasajes, se manifiesta según lo que ocurre en el pueblo: “Había estrellas fugaces. Caían como si el cielo estuviera lloviznando lumbre” (Rulfo, 1989: 33). Esto sucede tras la muerte de Miguel Páramo y uno de los personajes afirma que en el cielo están celebrando la función del reciente muerto. Es decir que los fantasmas conocen los signos con los que la naturaleza los interpela. Por lo que no hay unidireccionalidad en esta doble relación paisaje-personajes.

Ahora analizamos la escena que elegí como la más paradigmática para entender estas relaciones que vengo estableciendo.

Desde que Juan Preciado llega a la casa de Donis y su hermana, las relaciones naturaleza-personajes se potencian. “La madrugada fue apagando mis recuerdos” (Rulfo, 1989: 52), dice Juan Preciado apenas entra en la casa. La luz del día le da sueño, y ya las palabras no tienen sonido, nadie habla. A partir de aquí aparece el otro elemento fundamental en las relaciones: la luz asociada al calor. “Puedo ver a ese hombre desde aquí, y si puedo es porque hay luz bastante para verlo” (Rulfo, 1989: 52), dice la hermana de Donis al ver a Juan Preciado dormir. La luz funciona como puente entre vivos y muertos, lo que les permite percibirse el uno al otro.

El cuarto donde duerme Juan Preciado empieza a calentarse con el calor propio de los cuerpos. Esta sensación es provocada por la luz: “A través de los párpados me llegaba el albor del amanecer” (Rulfo, 1989: 54). La hermana de Donis le dice que por dentro de su cuerpo está hecha un mar de lodo y al mismo tiempo se acerca al sol para que la vea. La luz es necesaria para que Juan pueda ver lo que el fantasma le dice, aunque él vea un rostro normal.

En la escena final de la novela vemos cómo Pedro Páramo también se fundirá en la naturaleza, formando parte de ella.

En este punto de la escena aparece la figura de la luna y de la estrella más grande de la tarde. Me parece interesante destacarlo ya que son elementos de la naturaleza de Comala que parecen estar vinculados uno con Donis y otro con su hermana. Esto es así porque, cuando ellos salen de la casa, Juan puede ver la luna y la estrella en el cielo, como en una noche despejada. Sin embargo cuando los dueños de casa están allí, Juan no mira al cielo. Incluso en un momento se funden ambos elementos: “Después salió la estrella de la tarde, y más tarde la luna. El hombre y la mujer no estaban conmigo (…) la estrella de la tarde se había juntado con la luna” (Rulfo, 1989: 58). Así se establece una relación entre el incesto de los hermanos, con la superposición de la luna y la estrella.

Así llegamos finalmente a la escena en la que Juan Preciado acepta dormir con la hermana de Donis:

El calor me hizo despertar al filo de la medianoche. Y el sudor. El cuerpo de aquella mujer hecho tierra, envuelto en costras de tierra, se desbarataba como si estuviera derritiéndose en un charco de lodo. Yo me sentía nadar entre el sudor que chorreaba de ella y me faltó el aire que se necesita para respirar. Entonces me levanté. La mujer dormía. De su boca borbotaba un ruido de burbujas muy parecido al del estertor (Rulfo, 1989: 62).

Aquí ella exterioriza su mar de lodo que llevaba dentro. El paisaje como naturaleza sale del interior de uno de los personajes para expandirse en la tierra misma. Y a su paso se encuentra con Juan Preciado, quien deberá nadar en ese charco para intentar salvarse. Le falta el aire, el calor lo persigue. Respira el aire que sale de su boca, pero éste es tan escaso que se filtra por sus dedos. Juan está muriendo, o más bien se está fundiendo con la naturaleza, con las nubes del cielo. Es como si se volatizara en el aire que luego se transformará en lluvia para golpear la tierra donde yace el mismo Juan Preciado. Se establece así un circulo entre naturaleza y personaje, entre vida y muerte.

Allí uno quisiera vivir para la eternidad. El amanecer, la mañana, el mediodía y la noche, siempre los mismos; pero con la diferencia del aire. Allí, donde el aire cambia el color de las cosas; donde se ventila la vida como si fuera un murmullo, como si fuera un puro murmullo de la vida (Rulfo, 1989: 66).

La naturaleza es creadora de los fantasmas, a través de la lluvia que le cambia de color a la tierra. Pero también es fantasmagórica en sí misma, al estar compuesta por los murmullos, las sombras y los caminos de los fantasmas.

Por último, en la escena final de la novela vemos cómo Pedro Páramo también se fundirá en la naturaleza, formando parte de ella: “Dio un golpe seco contra la tierra y se fue desmoronando como si fuera un montón de piedras” (Rulfo, 1989: 131). Podríamos pensar entonces a Pedro Páramo como personaje y pueblo de esta novela, en el sentido de las relaciones naturaleza-personaje. Páramo, como paisaje desértico en el que caen las piedras en las que se transforma el personaje. Pedro como el fantasma mismo convertido en piedra.

A modo de conclusión podríamos afirmar que las relaciones entre naturaleza y personajes en Pedro Páramo son de intervinculación. Se definen unos a otros y en sí mismos como un paisaje-personaje fantasmagórico, fragmentario y superador de límites temporales y espaciales.

 

Bibliografía

  • Link, Daniel (2009). Fantasmas (imaginación y sociedad). Eterna Cadencia; Buenos Aires.
  • Rulfo, Juan (1989). Pedro Páramo. Planeta; Barcelona.
Diego Fernando Font
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