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Personajes opuestos desde una perspectiva de género en Blanca Sol, de Mercedes Cabello de Carbonera

lunes 29 de marzo de 2021
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Mercedes Cabello de Carbonera
La protagonista de la novela Blanca Sol (1888), de la escritora peruana Mercedes Cabello de Carbonera (1845-1909), rompe el estereotipo de la mujer tradicional con sarcasmo y crudo cinismo.

Introducción

¿Qué función cumple o qué aporta la teoría de género? Antes de acercarnos a la respuesta, debemos aclarar que para abordar la perspectiva de género se tiene que estudiar las diferencias entre lo masculino y lo femenino en un contexto determinado y no tomar conceptos universales, puesto que cada sociedad tiene sus propios discursos y significados. Hecha la aclaración, podemos decir que la función de los estudios o teoría de género es la “desnaturalización”, al demostrar que no es “natural” la subordinación hacia la mujer (Lamas 1998).

Los estudios de género tienen aportes pasados y actuales de las teorías feministas, ya que “es precisamente en el debate feminista de los años setenta (1970) donde se plantea por primera vez la distinción entre sexo y género” (Huamán 2003: 9). Por eso, al hablar de teoría o estudios de género, se habla también de teoría feminista, pues “están involucradas en sus orígenes y sus propuestas” (Huamán 2003:13).

Las diferencias de género son un constructo cultural y no biológico (natural); sin embargo, no podemos dejar de lado los aportes biologicistas, porque la teoría de género no se hubiera desarrollado si antes no se cuestionaba la idea de que las desigualdades entre los sexos son naturales, “venidas de fábrica”; o sea, biológicos. A partir de estos debates, de lo biológico y lo cultural, es que surgen los estudios de género, que afirman que la valoración del hombre, en desmedro de la mujer, es un constructo social hecho desde un punto de vista masculino sin tener en cuenta lo femenino.

Blanca Sol (1888) y El conspirador (1892), las mejores novelas de Mercedes Cabello de Carbonera, inauguran el realismo social en la literatura peruana.

Por otro lado, la teoría de género no es una disciplina autónoma; en ella emergen diversas disciplinas como la antropología, la sociología, la historia, el psicoanálisis, etc. Todas estas y aun otras más contribuyen a los estudios de género, y “han aportado nuevos e interesantes puntos de vista acerca de cómo han sido moldeadas las experiencias de las mujeres con relación a los hombres, y de cómo se han establecido las jerarquías sexuales y las distribuciones desiguales de poder” (Lamas 1998:24). La existencia de distinciones socialmente aceptadas entre hombres y mujeres es justamente lo que da fuerza y coherencia a la identidad de género.

El arte, por su parte, no queda exento de ser un fiel colaborador de los estudios de género. Entonces, la lectura de la novela Blanca Sol, de Mercedes Cabello de Carbonera, como obra literaria, nos permite realizar un análisis e interpretación desde una perspectiva de género. En esta novela, encontramos personajes que no asumen el rol de género que les corresponde de acuerdo a lo asignado por la sociedad en la cual viven. El personaje protagonista, Blanca Sol, es una mujer que rompe el estereotipo de la mujer tradicional con sarcasmo y crudo cinismo. Asimismo, su esposo, don Serafín Rubio, no cumple a cabalidad su rol de género. Con todo lo dicho líneas arriba, podemos decir que en el presente ensayo se propone una interpretación de género en la obra Blanca Sol.

Mercedes Cabello1 nació en una familia acomodada en 1845 en Moquegua, Perú. Debemos considerarla autodidacta, ya que su formación dependió de sus lecturas e intereses personales. Su educación formal, deficiente, siguió las normas vigentes para la educación femenina de la época. Hacia los veinte años se traslada a Lima, donde contrae matrimonio con Urbano Carbonera, médico de renombre, de quien enviuda en 1884. Para esos años, la capital peruana se había constituido en un centro cultural de gran relevancia. Sus salones, clubes y periódicos estaban animados por la doble intención de discutir y divulgar ideas y planes de toda índole.

A pesar de su abundante producción ensayística, sus obras más importantes pertenecen al género narrativo. Los amores de Hortensia (1886) desarrolla la función social de la mujer; Sacrifico y recompensa (1886), romance pasional de índole psicológico, recibe el primer premio del Ateneo de Lima. Ambas novelas pertenecen marcadamente al romanticismo. Las consecuencias (1889) marca un período de transición entre el romanticismo y el realismo. Escrita a partir de la conocida tradición de Ricardo Palma, “Amor de madre” —cuyo tema la autora ya había desarrollado en un relato anterior, “Eleodora”— traslada la situación a la época contemporánea y transforma el drama de Palma en un caso ejemplar moderno. Blanca Sol (1888) y El conspirador (1892), sus mejores novelas, inauguran el realismo social en la literatura peruana y señalan un cambio tanto estético como ideológico en su producción.

Debido a circunstancias financieras adversas, Cabello debió desempeñar también actividades comerciales. Después de enviudar, habiendo perdido la herencia de su familia, luchó hasta recuperar una situación económica holgada que le permitió vivir con comodidad. En 1893, Mercedes Cabello empezó a mostrar síntomas de una enfermedad mental diagnosticada como “parálisis general progresiva”. Actualmente, después de la revisión de los documentos del caso, se cree que se trató de una sífilis, adquirida del marido. La enfermedad requirió su internación en el manicomio del Cercado, donde permaneció confinada hasta su muerte, en 1909.

 

“Blanca Sol”, de Mercedes Cabello de Carbonera
Blanca Sol, de Mercedes Cabello de Carbonera.

Travesuras de la “niña” mala: lo público (calle) / lo privado (casa)

Mercedes Cabello emplea un narrador omnisciente para narrar los pensamientos, sentimientos, sensaciones, inquietudes de los personajes de su obra Blanca Sol.2 Nos atrevemos a decir que emplea este narrador para ocultar la voz femenina, ya que criticar el sistema social creado por el hombre, por esos años, se consideraba como exclusividad de las mujeres. Por ello, para evitar ese lastre, y como la literatura es un medio para difundir críticas y promover cambios, las escritoras se veían obligadas a emplear una voz neutra, ocultando su voz. Es por ello que preferían utilizar un narrador externo omnisciente, en lugar de un narrador personaje protagonista, para poder captar la atención de hombres y mujeres.

Blanca ponía al dinero sobre todas las cosas porque así lo percibió desde niña.

Blanca Sol es un personaje que desestabiliza todo el sistema social que fija a la mujer en su rol tradicional: lo privado (casa), donde tiene que cumplir el rol de madre abnegada, esposa amorosa y ángel del hogar; hacer prevalecer el honor del grupo, pues “socialmente el adulterio de la mujer es infinitamente más sancionable que el del hombre, cuya poligamia es una práctica social reconocida y fomentada” (Barrig 1979: 32), mientras que la mujer ha sido educada para guardar la honra y el prestigio de la familia. Pero Blanca tuvo una mala educación, rodeada de monjas que lo único que les interesaba era el dinero, de “donde dedujo que el dinero no sólo servía para satisfacer las deudas de la casa, sino además para comprar voluntades y simpatías en el colegio” (p. 34). Asimismo, su madre le decía que la belleza y la elegancia son lo más importante en la vida, y que sin dinero no se consigue nada de eso.3 Entonces, ella debía conseguir un novio rico, aunque no lo amara y éste no tuviera cultura ni buenos modales.

Blanca aprendió esta y muchas cosas; “aprendió, por ejemplo, a estimar el dinero sobre todos los bienes de la vida: hasta vale más que las virtudes y la buena conducta, decía ella, en sus horas de charla y comentarios con sus amigas” (p.33). Nuestra protagonista tuvo una educación equivocada y nada seria. Por consiguiente, es victimaria y víctima a la vez, ya que termina en la miseria y con un final abierto nada alentador.

¿Qué culpa tenía ella, si en vez de enseñarle la moral religiosa que corrige el carácter y modera las pasiones, sólo le enseñaron la oración inconsciente, el rezo automático y las prácticas externas de vanidosas e impías manifestaciones? ¿Qué culpa tenía ella de haber aprendido en la escuela de la vida a mirar con menosprecio las virtudes domésticas, y con admiración y codicia las ostentaciones de la vanidad? (Cabello 2004:204).

No cabe duda de que la mujer que desea salir de la opresión masculina tenga que incursionar en lo público, pero para ello debe educarse cultural y moralmente (Bourdieu 2000). Blanca ponía al dinero sobre todas las cosas porque así lo percibió desde niña, y como para conseguir dinero uno tiene que relacionarse en el ámbito público, ella lo hizo, pero con malicia, con picardía, pensando siempre en su conveniencia. Nuestra protagonista no permitió que la destinaran a fregar, limpiar, amar, criar a los hijos y cuidar la moral. Se equivocaron con Blanca. La señora Rubio era mujer del gran mundo.4 Sin embargo, sus desenfrenos, derroches, coquetería, vicios y vanidad la llevaron a sucumbir en la miseria y, tal vez, en la prostitución:

¿Qué pierdo esta noche? Y se contestaba a sí misma: ¡Nada; puesto que el honor y mi reputación los he perdido ya! Pero si no pierdo nada, puedo ganar mucho, mucho… ¡Mañana habrá dinero para pagar mis deudas!… Y después de la cena hubo algazara, loca alegría, cristales rotos, palabras equívocas y Blanca llegó hasta… ¡Silencio!… No se debe describir el mal sino en tanto que sirva de ejemplo para el bien (Cabello 2004:211).

Blanca Sol es el ejemplo de mujer que al romper lo establecido por el hombre no tuvo en cuenta que la buena educación y una correcta formación moral son imprescindibles para acceder al poder (que se encuentra en lo público) de modo correcto y mantener su influencia de manera continua. La solución para que la mujer se libere del yugo patriarcal5 no es imitándolo, sino encontrando el origen de esos discursos, ponerlos en tela de juicio para luego deconstruirlos; pero “si la mujer imita al hombre por querer imponérsele, está ayudando a que el yugo sea aún más inquebrantable, porque está siendo partícipe de éste” (Greer, como se cita en Laks, revista Hechos Mundiales. “¡Mujeres del mundo, uníos!”, p. 35).

Blanca es, entonces, el ejemplo de lo que una mujer independiente y dominante, como lo es ella, no debe hacer si es que desea quebrantar lo establecido por el hombre, acceder al poder y mantenerlo. En cambio, Josefina es todo lo contrario, porque ésta, al cumplir los roles que su género le asigna: abnegada, sumisa, sacrificada, moral, virtuosa, en resumen, ángel del hogar; características del ámbito privado y que la sociedad ha adjudicado a lo femenino, logra adquirir jerarquía en la sociedad. Esta oposición Blanca Sol/Josefina, demonio/ángel, público/privado, inmoral/moral, reafirma que la mujer adquiere poder en su esfera, en lo privado, como sucede con Josefina, porque ésta, al mantenerse alejada de los vicios del mundo y fortalecer su honra y virtud, adquiere el poder necesario para escalar socialmente, pero siempre detrás de un hombre, en este caso Alcides Lescanti, pretendiente de Blanca Sol en un inicio, ya que los discursos patriarcales imponen a la mujer casarse, ser madre y guardar la honra, porque si ella falla, no sólo se desprestigia a sí misma, sino también a todo el grupo. Por lo tanto, la mujer adquiere poder sobre el hombre en este ámbito: lo privado.

La mujer para adquirir poder en lo público, aparte de recibir una buena educación y mantener una moral intachable, tiene que sacrificar irremediablemente algunos roles en lo privado.

Blanca Sol realiza el papel que la sociedad ha adjudicado a lo masculino: progresar, generar dinero, tener poder; ser adulador, infiel, convenido, malicioso; luchar en lo público para escalar socialmente, aunque para ello tenga que perder hasta la dignidad. Pero como ella es mujer, al adjudicarse estos roles es rechazada y juzgada cruelmente por la sociedad: “Ella tiene todos los vicios de un hombre corrompido y además, todos los defectos de la mujer mala” (p. 178). La juzgaban de adúltera, aunque ella “jamás le fue infiel a don Serafín Rubio” (p. 205). Sólo por el hecho de ir contra el sistema establecido la sociedad descalifica a la mujer. No obstante, cuando Blanca se ve en la ruina, empieza a tomar aprecio a lo que siempre trató de huir: lo doméstico.

¿Por qué no había seguido los consejos de su esposo, cuando le decía que debía consagrarles más atención a sus hijos y un poco menos a la sociedad? Y después de estas tristes reflexiones, estrechaba contra su corazón y acariciaba con mayor fervor a su hijito, el menor, el que más frecuentemente estaba con ella. [El que contaba sólo un año y nueve meses] (Cabello 2004:202).

En resumen, podemos afirmar, tomando como ejemplo a nuestra protagonista, que la mujer para adquirir poder en lo público, aparte de recibir una buena educación y mantener una moral intachable, tiene que sacrificar irremediablemente algunos roles en lo privado (ámbito destinado socialmente a la mujer) como el afecto en el hogar.

 

El prestigio como factor elemental en las diferencias de género

Las estructuras o creencias de prestigio originan una imagen en el hombre y en la mujer donde el hombre se lleva la mejor parte y sus acciones son más valoradas con relación a las realizadas por las mujeres, de ahí que las estructuras de prestigio afecten directamente en las relaciones sociales. En consecuencia, estas estructuras o creencias han hecho que el hombre controle el funcionamiento social en sus niveles de mayor envergadura, mientras que los horizontes de las mujeres se encuentran restringidos a la estrecha gama de sus parientes cercanos y a sus necesidades inmediatas. Son estas creencias las que influyen en las ideas culturales de género; son éstas las que estructuran el género; son éstas las que ordenan y moldean las relaciones sociales con el riesgo de menguar aún más el potencial humano entre ellos, por ende, el progreso social al retroalimentar una realidad construida sólo desde una perspectiva que subordina lo femenino. Esto nos lleva a definir todo en forma binaria: hombre = prestigio, éxito, autónomo, bien particular, cultura, inmoralidad, público; mujer = desprestigio, fracaso, dependencia, bien común, naturaleza, moralidad, privado.

Sin embargo, el prestigio masculino no se estructura en total independencia de la mujer. La gran mayoría de los casos de prestigio masculino parecen estar profundamente vinculados con las relaciones intersexuales. Es evidente que volvemos a la esfera del parentesco y el matrimonio pero desde la perspectiva del prestigio, puesto que éstos, en la mujer, predominan mayormente en las ideas relativas al parentesco por afinidad y por el énfasis en el valor de su sexualidad. Por eso, las categorías de madre, esposa, hija y hermanas son las que tienen mayor prestigio en la sociedad en oposición a las categorías de prestigio que los hombres desempeñan como guerrero, cazador, estadista6 y muchas otras similares, que poco tienen que ver con relación a las mujeres (Fuller 2001).

Pero como dijimos líneas arriba, si la mujer depende de su relación de parentesco para adquirir cierto grado de prestigio, el hombre también depende de ella para acrecentar el suyo. La mujer juega un rol importantísimo. Ella tiene el poder de opacar o abrillantar el prestigio masculino, como sucede con don Serafín Rubio, esposo de Blanca Sol, porque el comportamiento de Blanca desprestigiaba a éste, igual o más que a ella misma, ya que la conducta moral y sexual de la mujer debe ser vigilada por la figura masculina según las estructuras de género. Si la mujer falla es porque no hubo guardianes masculinos o éstos no cumplieron su rol a cabalidad. La honra de la figura femenina bien puede desmoronar el prestigio masculino o jerarquizarlo aún más.7

Entonces, tanto el hombre como la mujer se necesitan para adquirir prestigio en la sociedad. Así sucede con Alcides y Josefina, porque al casarse ambos construyeron una jerarquía en lo público, pues cuando un hombre se casa tiene mayor prestigio con relación al soltero, y aún más si la mujer es virtuosa. Pero no debemos valorar sólo lo masculino en desmedro de lo femenino por el simple hecho de la existencia de creencias, ideologías de prestigio que se inclinan más para lo masculino, sino que debemos valorarlos en conjunto, como un todo.

Volviendo a nuestros personajes opuestos, esta novela, también, nos muestra a dos personajes varones claves: don Serafín Rubio y el caballero Alcides Lescanti. Ambos enamorados de Blanca Sol, pero sólo don Serafín Rubio es dominado por ella. Prácticamente Blanca hace lo que quiere con su esposo, al que ella misma llamaba “manso cordero”: “—Yo —decía ella— ambiciono encontrar por esposo un hombre que me ame apasionadamente y que sea esclavo de mi voluntad” (p. 46).

Alcides muestra a Blanca Sol la valentía que ella no encontraba en su esposo cuando apuesta los cuatro mil soles que ella ofrecía con petulancia.

Blanca, incluso, convirtió a su esposo en ministro, a pesar de que él estuvo en contra, sólo por escalar un peldaño más en la burguesía. No lo hizo por amor a él; ella sólo pensaba en su vanidad. Don Serafín hacía gala de ser lo que la sociedad actual llama criollamente pisado: “Quince días después, Blanca prometía su linda mano a su apasionado pretendiente, que, ebrio de amor, jurábale que sería toda la vida su más sumiso y amante esclavo” (p. 47).

Este dominio de Blanca Sol sobre su esposo trae consigo consecuencias, porque éste tiene la obligación (según lo manda su género) no sólo de mantener a su mujer e hijos económicamente, sino hacer que le guarden respeto. Si don Serafín no logra este propósito, es tildado por hombres y mujeres como cobarde, pelele, poco hombre, desprestigiándolo por no realizar lo que ordena cumplir lo masculino. Por tanto, don Serafín Rubio, por su falta de carácter, está prácticamente excluido de su categoría de género, ya que no cumple los roles que la sociedad le manda por ser varón. Por el contrario, Alcides Lescanti es lo opuesto a don Serafín Rubio, pues éste sí cumple los roles que su género le impone: conquistador de mujeres, valiente en los duelos, ser caballero con una dama, jugar con las mujeres frívolas como se juega con las cartas, y lo principal, no ser controlado por una mujer ni mucho menos ser cobarde ante las adversidades de la vida. No olvidemos que Blanca Sol es una novela de 1888, cuando los duelos entre caballeros se tenían que cumplir para demostrar valentía.

Alcides muestra a Blanca Sol la valentía que ella no encontraba en su esposo cuando apuesta los cuatro mil soles que ella ofrecía con petulancia, cantidad que podía perder; cuando acepta ir a verla aun sabiendo que podía ser descubierto por su esposo; cuando es descubierto por su esposo y acepta el duelo del que don Serafín, al final, desistió: “La mujer perdona fácilmente al hombre sus vicios, sus rudezas, hasta sus depravaciones, pero no le perdona jamás su cobardía (…). El hombre cobarde le produce a la mujer el mismo efecto que debe producirle, al hombre delicado y humano, la desalmada y cruel mujer” (p. 126).

Alcides no sólo era valiente y conquistador, y el único que logró enamorar a Blanca Sol hiriéndola en su amor propio; también era un caballero, ya que valoró la virtud intachable de Josefina, costurera por siete años de la señora Blanca Sol. Estas virtudes que muestra Alcides son admiradas por el género al cual él pertenece; por ende, lo enaltecen en lugar de desprestigiarlo, pero este reconocimiento no sucede con don Serafín, que al no poder hacerse respetar por su cónyuge o, mejor dicho, al ser dominado por Blanca Sol, aparte de perder prestigio terminó en la ruina absoluta; incluso, perdió la razón: enloqueció no de amor, sino de rabia por las acciones de su esposa, la mujer de mundo, como se hacía llamar ella ante la sociedad exhibiendo los mejores vestidos y alhajas que Lima podía tener en esa época.

 

Conclusión

En conclusión, estos personajes opuestos desde una perspectiva de género nos muestran que las estructuras sociales impuestas para el hombre como para la mujer son creadas sólo desde el punto de vista masculino, y si uno no cumple con los estereotipos y roles ya establecidos, es criticado por el grupo que pertenece a su categoría de género (femenino/masculino) y, además, desprestigiado socialmente. Por otro lado, no nos cabe duda de que Blanca Sol es una novela moral, porque nos dice implícitamente que la mala educación, la inmoralidad, los excesos, la inclinación hacia los vicios y juegos de azar traen consigo el deterioro personal y social. En cambio, la buena educación, la prudencia, mesura, virtud, honor conservado implican el progreso no sólo personal, sino también el de una nación.

 

Referencias bibliográficas

  • Barrig, Maruja. Cinturón de castidad. La mujer de clase media en el Perú. Lima: Mosca Azul, 1979.
  • Bourdieu, Pierre. La dominación masculina. Traducción: Joaquín Jorda. Barcelona: Anagrama, 2000.
  • Cabello, Mercedes. Blanca Sol. Madrid: Iberoamericana-Vervuert, 2004.
  • Editorial Océano (2004). Océano Uno, Diccionario enciclopédico ilustrado. Barcelona: Océano.
  • Fuller, Norma (compiladora).Estudios de género. Curso de verano. Lima: Red para el Desarrollo de las Ciencias Sociales en el Perú, 2001.
  • Huamán Andía, Bethsabé. Esa flor roja sin inocencia: una lectura de Valses y otras falsas confesiones de Blanca Varela (tesis de licenciatura en Literatura). Lima: Universidad Nacional Mayor de San Marcos, 2003.
  • Laks, J. (s/f). “¡Mujeres del mundo, uníos!”. En: revista Hechos Mundiales, p. 35.
  • Lamas, Marta. “Usos, dificultades y posibilidades de la categoría género”. En Lamas, Marta (compiladora). Para entender el concepto de género. Quito: Ediciones Abya-Yala, 1998, pp. 9-69.
    —. “La antropología feminista y la categoría ‘género’”. En: Fuller, Norma (compiladora). Estudios de género. Curso de verano. Lima: Red para el Desarrollo de las Ciencias Sociales del Perú, 2001, pp. 97-125.
  • Otner y Whitehead. “Indagaciones acerca de los significados sexuales”. En: Fuller, Norma (compiladora). Estudios de género. Curso de verano. Lima: Red para el Desarrollo de las Ciencias Sociales en el Perú, 2001, pp. 127-179.
Carlos Milton Manrique Rabelo
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Notas

  1. La biografía de la autora la hemos extraído de Cabello, Mercedes: Blanca Sol. Madrid: Iberoamericana-Vervuert, 2004. En esta edición, María Cristina Arabel-Guiñazú escribió la introducción del libro, en la que se presenta la biografía de la autora de Blanca Sol.
  2. Blanca Sol fue editada por primera vez en 1888 en la imprenta de Torres Aguirre, en Lima. La segunda edición, de 1889, fue hecha en la Imprenta del Universo de Carlos Prince, en Lima. La presente edición, publicada por las editoriales Iberoamericana y Vervuert (Madrid, 2004) y que vamos a citar continuamente en el presente trabajo, está hecha con base en la segunda, ya que incluye por única vez “un prólogo que se ha hecho necesario”, en el que la autora insiste en su propósito regenerador y en la necesidad de corregir la interpretación de algunos lectores que veían en ella a personajes conocidos de la sociedad limeña.
  3. Cfr. Cabello 2004: 33.
  4. Acá, la voz narrativa de Blanca Sol se refiere al mundo de lo público, donde los hombres imperan por adjudicación de los discursos culturales hechos por ellos mismos.
  5. Nombre que se le da algunos personajes del A. T. por haber sido cabezas de dilatadas y numerosas familias. Editorial Océano. Océano Uno, Diccionario enciclopédico ilustrado. Barcelona: Océano, 2004. Pero desde un punto de vista de género, este término se refiere al dominio masculino sobre lo femenino.
  6. Persona con gran saber y experiencia en los asuntos del Estado.
  7. Sherry, B. Orther y Harriet Whitehead, “Indagaciones acerca de los significados sexuales”, en Norma Fuller (compiladora): Estudios de género. Curso de verano 2001. Lima: Red para el Desarrollo de las Ciencias Sociales en el Perú, 2001, p. 152.