“El amor fingido del comandante Antúnez”, de P. G. de la Cruz
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El pensamiento político de Mario Vargas Llosa a través de su obra El pez en el agua

lunes 27 de junio de 2022
Mario Vargas Llosa y Alberto Fujimori
Mario Vargas Llosa y Alberto Fujimori se enfrentaron por la Presidencia del Perú en junio de 1990.

Los críticos han derramado mucha tinta acerca de la producción literaria de Mario Vargas Llosa por ser uno de los nombres insignes de la literatura peruana y universal contemporánea, pero al lado de su carrera literaria se destaca también su carrera política, que culminó con su candidatura a las elecciones presidenciales de 1990 frente a Alberto Fujimori. La derrota del Nobel peruano le conmovió de tal manera que decidió dejar su país para vivir en España, pero al lado de su voluntaria expatriación, su conmoción le condujo a narrar alternativamente su experiencia electoral junto con sus recuerdos de la infancia y de la juventud en forma de memorias tituladas El pez en el agua. Mediante estas memorias procuraremos delimitar la trayectoria política del escritor peruano inspirada esencialmente en sus convicciones ideológicas, resultado de muchas lecturas, y en su militancia efectiva en varios partidos en función de la coyuntura sociopolítica y económica del Perú y de América Latina en general. Asimismo, intentaremos arrojar luz sobre su cambio ideológico del marxismo al liberalismo siendo la ideología apoteósica de su carrera que procuró aplicar en su candidatura a la Presidencia del Perú.

Aparte de algunas tendencias literarias que buscan el deleite estético y la ornamentación estilística, la literatura barroca por ejemplo, el compromiso social y político de los escritores es visceral y se cristaliza mediante el ojo analítico que escudriña la realidad circundante criticándola desde una perspectiva ficticia y creativa. En Latinoamérica, la efervescencia sociopolítica y la cuestión identitaria se imponen en el movimiento del Boom literario y constituyen el esqueleto de la mayoría de las obras literarias. Los factores social e identitario se manifiestan principalmente mediante las sociedades variopintas que, a pesar de ser una riqueza humana, acallan un subrepticio clasismo y discriminación. Se suma a ello la seguridad social, que se ve quebrantada por la pobreza y los actos terroristas de las guerrillas y los narcotraficantes que llegan a crear Estados dentro del Estado. Los disturbios sociales son producto de las élites políticas que hacen fraguar regímenes concomitantes con la coyuntura internacional regida en los años de la Guerra Fría. En este sentido, vale subrayar el papel primordial de la Revolución cubana en avivar la ideología socialista que dio lugar a regímenes, generalmente, populistas, ansiosos por nacionalizar las empresas y resucitar el concepto del presidente/caudillo, frente a regímenes neoliberales propensos a la liberalización de la economía y el libre comercio. En muchas ocasiones, los países latinoamericanos se sometieron a regímenes militares y totalitarios después de golpes de Estado incruentos o sangrientos; en cambio, las experiencias democráticas en este subcontinente no tuvieron mucho éxito sobre todo con la intervención estadounidense en la zona.

Mario Vargas Llosa sostiene que la literatura no es la herramienta idónea para difundir ideas políticas.

Esta literatura que emana de factores múltiples relacionados con la realidad sociopolítica corrobora los lazos entre la literatura y la política, de manera que se cuestionan los límites entre ambas vertientes. La negación de estos lazos pone en duda el motivo de escribir, puesto que la retroalimentación del escritor y su entorno es indiscutible, pero la dosis de realidad y ficción puede suscitar polémica acerca del género literario en cuestión. En este aspecto, Mario Vargas Llosa sostiene que la literatura no es la herramienta idónea para difundir ideas políticas, y afirma que la literatura es la creación de una realidad paralela distinta a la realidad real y no puede estar motivada por la pura actualidad, porque la literatura trasciende la realidad y si no la trasciende no es literatura, es periodismo o es propaganda (Vargas Llosa, 2017). No obstante, esta realidad paralela ornamentada con recursos estilísticos, ¿no es acaso la realidad misma encubierta en paradigmas ficticios? A modo de ejemplo, Vargas Llosa, en su novela La ciudad y los perros, vuelve a dibujar su experiencia en el colegio militar con pinceladas imaginarias, criticando la vida brutal de los cadetes y la crueldad de la vida castrense, cosa que afirma el compromiso del autor con su entorno sociopolítico. De hecho, la estrecha relación de la creación literaria con la realidad sociopolítica latinoamericana, y sobre todo con la izquierda política, es una de las características fundamentales del Boom literario y el secreto del éxito de esta tendencia entre los lectores. Dicha realidad se presenta estilísticamente de modo descompuesto mediante una inconstancia espaciotemporal, de tal manera que se conjuga la realidad con la ficción, y se presentan varias tramas con nuevas estructuras narrativas arrojando luz sobre las dictaduras que reinaban en aquella época e ipso facto en sus consecuencias nefastas sobre los ciudadanos; de ahí que el objetivo principal de esta amalgama es abarcar la totalidad de la realidad circundante.

Si la involucración indirecta de Vargas Llosa en el mundo de la política se ha hecho patente mediante sus obras literarias, su incipiente contacto con la política empezó muy temprano:

Descubrí la política a mis doce años, en octubre de 1948, cuando el golpe militar en el Perú del general Manuel Apolinario Odría derrocó al presidente José Luis Bustamante y Rivero, pariente de mi familia materna. Creo que durante el ochenio odriísta nació en mí el odio a los dictadores de cualquier género, una de las pocas constantes invariables de mi conducta política (Vargas Llosa, 2018, p. 2).

Mientras, su inmersión efectiva en los trajines políticos comenzó en la Universidad San Marcos, cuando se incorporó a un círculo estudiantil de vocación marxista durante el mandato dictatorial del general Manuel Arturo Odría, que tuvo lugar entre 1948 y 1956. La propagación de las ideas socialistas-marxistas entre los universitarios y los intelectuales se debía esencialmente a las repercusiones de la Guerra Fría manifestadas en la Guerra de Corea (1950-1953), la guerra civil china y luego las reformas notables del partido comunista chino en la época de Mao Zedong (1893-1976), la Guerra de Indochina y más tarde en la Revolución cubana.

“El pez en el agua”, de Mario Vargas Llosa
El pez en el agua, de Mario Vargas Llosa (Seix Barral, 1993).

A partir de 1954, la relación de Vargas Llosa con el círculo comunista se fue enfriando pese a la inanidad de sus hazañas y a las ideas de Jean-Paul Sartre que influyeron nítidamente en su pensamiento de tal manera que le crearon discrepancias ideológicas con el resto del grupo. No obstante, su interés por el marxismo volvería a resucitar después de la Revolución cubana, que impactó enormemente al escritor peruano, quien confesó, tras una visita a Cuba en 1962, haber visto un país que parecía vivir en el fervor de la igualdad. Era “una revolución libertaria” (Vargas Llosa, 2016). El entusiasmo político del escritor arequipeño lo llevó a aterrizar paradójicamente en el partido de la democracia cristiana, lo que explicaba la frivolidad ideológica de un joven que, fascinado por las ideas libertarias, buscaba una guarida institucional para luchar contra el régimen dictatorial de Odría. Aparte del factor ideológico, se imponía también el papel de este partido, puesto que participó en la caída de Esparza Zañartu, el hombre fuerte de la dictadura odriísta, tras una huelga general en la ciudad de Arequipa, cosa que limitaría la vida del régimen despótico. Estos factores parecen razones maquiavélicas para justificar la incorporación de Vargas Llosa, de tendencia agnóstica, a un partido de referencia cristiana; el mismo Vargas Llosa se vio incapaz de justificar dicha incorporación:

¿Qué demonios hacía yo ahí, entre esa gente respetabilísima a más no poder, pero a años luz del sartreano comecuras, izquierdoso no curado del todo de las nociones de marxismo del círculo, que me seguía sintiendo? No sabría explicarlo (Vargas Llosa, 1993, p. 154).

La tibieza en defender la Revolución cubana hizo que Vargas Llosa, desde Europa, rompiera sus lazos con el Partido Demócrata Cristiano que, gradualmente, empezó a decaer hasta su desaparición total de la escena política peruana. A finales de los años sesenta, el autor peruano cambió asombrosamente sus convicciones ideológicas pasando de la izquierda a la derecha, cambio que fue resultado de dos motivos principales: el motivo directo es inherente a la detención del poeta cubano Heberto Padilla por el régimen de Fidel Castro, mientras el motivo indirecto se asoció con las teorías de los economistas liberales que influyeron en su pensamiento. El caso de Padilla provocó la reacción de Vargas Llosa junto con muchos intelectuales, quienes protestaron contra su detención, lo que supuso la ruptura de la relación de idilio con los líderes de la Revolución cubana y con otros intelectuales latinoamericanos tales como Gabriel García Márquez y Julio Cortázar. De igual modo, releyó a Adam Smith, Friedrich von Hayek y Karl Popper. Estos tres autores marcaron el camino de su nuevo pensamiento liberal (Carlos Rojas, 2018). Su conversión al liberalismo trajo consigo nuevas convicciones acerca del compromiso político del escritor, ya que con Camus adopta la visión de la literatura como un fin en sí mismo que sólo puede ser valorado por su calidad formal como obra literaria y no por su finalidad política (Escárzaga Nicté, 2002, p. 10).

Vargas Llosa se convirtió en gran enemigo del régimen castrista y se aferró rigurosamente a sus convicciones neoliberales.

Convencido de la eficacia del liberalismo como concepto político que se puede aplicar para favorecer la economía del mercado, Vargas Llosa se convirtió en gran enemigo del régimen castrista y se aferró rigurosamente a sus convicciones neoliberales de tal manera que procuró aplicarlas a la hora de presentarse a las elecciones presidenciales en 1990.

En efecto, las elecciones de 1990 y los recuerdos de la infancia y la juventud son los temas que se presentan alternativamente en El pez en el agua, libro de memorias que consta de 544 páginas y que se publicó en 1993. Es una obra clave para comprender la narrativa de Vargas Llosa, ya que la mayoría de sus novelas se inspiran directamente en su propia vida. A diferencia de la autobiografía, el libro no se contenta con narrar acontecimientos pasados sino que los comenta y justifica desde la perspectiva de un adulto experimentado que analiza las cosas desde un ángulo relativamente subjetivo. Esta dosis de subjetivismo se nota en la justificación de la derrota en las elecciones, enfocando el juego sucio de Fujimori y de sus aliados, principalmente Alan García, el ex presidente del Perú y su partido el Apra que, para Vargas Llosa, es el impulsor de una campaña de desprestigio contra su partido, el Movimiento Libertad. Esta técnica de bifurcación de dos tendencias opuestas en el mundo de la política tiene explicación en las aportaciones del académico holandés Teun van Dijk, quien sostiene que el portavoz da énfasis a las características positivas del propio grupo, el propio partido, o el propio país (Van Dijk, 2005, p. 33). Este procedimiento se basa en la autopresentación positiva frente a la deslegitimación de los adversarios, técnica que se usa frecuentemente en el discurso político. Su autopresentación positiva se esboza mediante la imagen del político decente que ofrece programas palpables a favor del pueblo peruano, frente a políticos perversos capaces de acudir a cualquier falacia para conseguir sus objetivos. Otra estrategia que presenta Van Dijk en el marco del discurso político es la victimización, que se trata de la bipolarización ideológica basada sobre el par binario nosotros-ellos de los grupos endógenos y exógenos (Van Dijk, 2005, p. 44). Por una parte, esta estrategia está presente en la parte dedicada a las elecciones y tiene como objetivo arrojar luz sobre las argucias de sus rivales; por otra parte, acudió a la victimización para manifestar la severa educación que recibió de su padre, recordando el cambio que se registró en su vida cuando descubrió que su padre aún estaba vivo. De ahí que las ideas libertarias surgieron muy temprano en la vida de Vargas Llosa; fue una reacción contra la figura del padre, luego contra el régimen de Odría y más tarde contra los resultados decepcionantes de la Revolución cubana. Su vituperio va dirigido también al sistema corrupto arraigado en el Perú y al mismo tiempo a los peruanos que, supuestamente, no supieron valorar sus iniciativas a favor de la modernidad y fueron manipulados por las mentiras de los políticos, mostrándose incapaces de aceptar el cambio. Entre los motivos de su derrota, el escritor peruano habla de su honestidad al preparar durante tres años un programa consistente de base liberal para competir en las elecciones; en contrapartida, sus rivales tergiversaron sus propuestas presentándolas en detrimento del pueblo. El sistema liberal propuesto por Vargas Llosa se basaba esencialmente en privatizar el mercado y acabar con la estatización de los sectores vivos, amén de finalizar la gratuidad del sistema educativo sustituyéndolo con:

(…) un sistema de becas y créditos, a fin de que, quienes estuvieran en condiciones de hacerlo, financiaran en parte o en todo su educación. Nadie que careciera de recursos se quedaría sin colegio ni universidad, pero las familias de medios o altos ingresos contribuirían a que los pobres tuvieran una educación que los preparara para salir de la pobreza. Los padres de familia intervendrían en la administración de los centros escolares y en determinar las contribuciones de las familias (Vargas Llosa, 1993, p. 181).

Esta iniciativa fue aprovechada ávida y astutamente por sus rivales y sus esfuerzos fueron inútiles. “Prevalecieron quienes me acusaban de querer dejar al pueblo en la ignorancia” (Vargas Llosa, 1993, p. 183).

Cabe recordar que la tendencia neoliberal en América Latina se inscribía en el marco de la coyuntura internacional caracterizada por el derrumbe de la Unión Soviética y la caída del Muro de Berlín, y también respondía a la debilitante crisis de la deuda de la década de los ochenta, la llamada “década perdida”. La supremacía del neoliberalismo estadounidense llegó al subcontinente con la adopción de las estrategias de liberalización económica bautizadas con el nombre del Consenso de Washington. Esta nueva política neoliberal consiguió, pues, estimular las economías capitalistas siguiendo las recomendaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI) que consistían en privatizar los sectores públicos y abrir los bancos a la inversión extranjera.

Vargas Llosa procuró enfatizar que su presentación a las elecciones era por una razón moral.

Se puede dividir la reacción de Vargas Llosa en tres vertientes. La primera tiende a criticar su egocentrismo, que se basa en crear paradigmas casi ideales sobre sus posturas personales y profesionales: al lado de su supuesta honestidad en las elecciones, Vargas Llosa procuró enfatizar que la misma presentación a las elecciones era por una razón moral. “Porque las circunstancias me pusieron en una situación de liderazgo en un momento crítico de la vida de mi país” (Vargas Llosa, 1993, p. 24). Se suma a ello la consistente justificación de la derrota, que se atribuyó tanto a los rivales como a la mentalidad peruana resistente a la modernidad propuesta por el escritor, ya que la idiosincrasia imperante se dejaba llevar por el lenguaje populista mientras Vargas Llosa considera que “fue candoroso (…) creer que los peruanos votarían por ideas. Votaron, como se vota en una democracia subdesarrollada, y, a veces, en las avanzadas, por imágenes, mitos, pálpitos, o por oscuros sentimientos y resentimientos sin mayor nexo con la razón” (Vargas Llosa, 1993, p. 44). Se alega también que en esta imagen positiva que esboza sobre sí se intuye un cierto narcisismo que se plasma en su pretendida salvación del Perú lejos de todo interés personal, y la justificación de su fracaso electoral tiene como objetivo suavizar el impacto del resultado y dar razones consoladoras. Al lado de la justificación ideológica, dicha consolación llegó a manifestarse mediante un alejamiento físico, puesto que decidió dejar su tierra natal para pedir la nacionalidad española y seguir su carrera literaria, lo que fue interpretado como venganza personal o reacción por la decepción que le causó la decisión en las urnas. Este egocentrismo iba más allá de sus límites, de modo que se consideró como aire de superioridad u ostentación al describir el hastío que sentía en los mítines electorales, y más precisamente cuando entraba en contacto físico con las masas:

No tenía —no tengo— apetito para esos baños de multitud y debía hacer milagros para ocultar el desagrado que me producían aquellos jalones, empujones, besos, pellizcos y manoseos semihistéricos, y para sonreír aun cuando sintiera que esas demostraciones de cariño me estaban triturando los huesos o desgarrando un músculo (Vargas Llosa, 1993, p. 251).

En cambio, la segunda vertiente mantiene una postura positiva y se basa esencialmente en las buenas intenciones del escritor, quien intentó transmitir un programa tangible que abarcaba todos los sectores vivos del país. La misma vertiente pretende que su derrota se atribuye a su desprecio para con la politiquería y el lenguaje populista, y a su “castidad” de cara al poder que no le permitió involucrarse en el juego sucio. En este juego, se puede hablar de la vida personal de Vargas Llosa, siendo un detalle muy significativo que fue aprovechado por sus contrincantes. En medio de la campaña, se hablaba de su agnosticismo, inaceptable en un país muy aferrado a la Iglesia católica, y se hablaba también de su primer casamiento, calificado de incestuoso y cuyos detalles fueron narrados en su novela La tía Julia y el escribidor. Asimismo, se mencionaba su antimilitarismo manifestado en La ciudad y los perros y en Pantaleón y las visitadoras, amén de sus convicciones neoliberales, rechazadas en un país socialista, y que se asociaban recurrentemente con el imperialismo estadounidense. En efecto, sus críticas a los regímenes socialistas fueron vehementes, y los asociaba muy a menudo con la represión y la violencia, mientas hacía caso omiso de algunos regímenes de la ultraderecha a pesar de sus violaciones a los derechos humanos. El caso más sorprendente lo representa su apoyo incondicional a Estados Unidos cuando invadió Irak en la Guerra del Golfo, y que desarrolló en el libro Diario de Irak, cosa que pone en tela de juicio la neutralidad de sus concepciones idealistas para con el neoliberalismo.

La tercera vertiente considera que su intento de crear, igual que en la ficción, conceptos utópicos, y aplicarlos al mundo pragmático y arribista de la política, emana principalmente de su inexperiencia política; en la ficción, se puede dominar, cambiar y fantasear igual que el teatro de títeres, mientras que la realidad es distinta, y el juego lo permite todo; a veces es difícil estar en armonía incluso con los propios aliados, cosa que, efectivamente, le ocurrió al Nobel peruano.

Mario Vargas Llosa
La figura del Presidente es muy trascendental y Vargas Llosa no consiguió la confianza de los peruanos ya que no se identificaron con él.

Estos detalles impidieron que las masas se sintieran identificadas con el candidato que, aparte de su programa, parecía un criollo perteneciente a la élite burguesa. El mismo Fujimori, aprovechando este detalle, enarboló durante la campaña el lema de “candidato como tú” con el objetivo de desacreditar a su rival y al mismo tiempo identificarse con los peruanos, siendo descendiente de japoneses, que sufrían una subyacente discriminación igual que los indios y los mestizos.

La figura del Presidente es muy trascendental y Vargas Llosa no consiguió la confianza de los peruanos ya que no se identificaron con él; además, el ciudadano latinoamericano, en general, no cree en programas, sino en la misma figura del Presidente, y ambos construyen una especie de pacto moral basado en una tradición arraigada en la historia del subcontinente. Es una tendencia histórica inspirada en la cultura del caudillo, quien desempeña el rol del padre de la nación, que aparte de su carisma y su elocuencia discursiva constituye el hombre reacio a la colonización y a la modernidad considerada ajena y alienante. El apego a la figura del jefe/caudillo supone un cierto aferramiento al Estado que monopoliza todos los sectores y se encarga de la gestión, cosa que se opone al programa neoliberal que aspira a la modernidad para llevar a cabo transformaciones políticas y socioeconómicas; en fin, es una revolución incruenta en todo el sistema. Con la figura del caudillo se identifican los presidentes populistas, que gobiernan con una mano de hierro y construyen una dictadura blanda e incluso llevan a cabo programas a corto plazo para mantener un permanente contacto con los ciudadanos como si se tratase de una imperecedera campaña electoral. En cambio, el motor del programa neoliberal es la economía, por lo cual el Nobel peruano insiste en la necesidad de acabar con el estatismo de las empresas que inhibe el desarrollo del libre mercado y apela a privatizarlas con el objetivo de promover la economía e incentivar las inversiones. No obstante, la privatización no es la solución mágica para impulsar la rueda de la economía si el sistema carece de los elementos necesarios capaces de crear un ambiente de competitividad económica, a saber, la transparencia y la buena gobernanza, entre otros. Para justificar dicha aserción basta con mencionar la experiencia de Fujimori, quien pretendió privatizar muchas empresas públicas, pero en realidad las convirtió en monopolios privados para favorecer a un círculo cercano. Es una especie de capitalismo tramposo y defectuoso que no pudo liberarse de esta hegemonía patrimonialista, más bien es un escaparate que refleja la política neoliberal con especificidades puramente latinoamericanas y esconde una política basada en el autoritarismo y el monopolio de una clase elitista. En medio de este acaparamiento de las riquezas, los pobres optan por la economía informal por ser una alternativa eficiente para emanciparse de la tutela estatal, por eso Vargas Llosa propone estructurar este sector, siendo “una respuesta creativa de los pobres a las barreras discriminatorias que imponía esa versión mercantilista del capitalismo que conocía el Perú” (Vargas Llosa, 1993, p. 91).

Fujimori anunció el estado de excepción en el discurso del 5 de abril de 1992.

Durante veinte meses de mandato, Fujimori consiguió acabar con el grupo terrorista Sendero Luminoso, estimular la iniciativa individual, extender la propiedad privada, desestatizar la economía, etc. La aplicación de estas reformas pudo impulsar la economía peruana y dio a los ciudadanos una chispa esperanzadora que no tardó en apagarse cuando Fujimori anunció el estado de excepción en el discurso del 5 de abril de 1992 para entablar una reforma global que se convirtió posteriormente en un sistema dictatorial. En este contexto, Vargas Llosa señala:

(…) en el Perú y en muchas partes comenzó a decirse que, aunque derrotados en las urnas, ya había ganado vicariamente las elecciones —los famosos triunfos “morales” que encubren los fracasos peruanos—, porque el presidente Fujimori se había apropiado de mis ideas y ponía en práctica mi programa de gobierno (Vargas Llosa, 1993, p. 271).

No obstante, esta tendencia se inscribe en el marco de una ola de liberalización conforme con la hegemonía estadounidense y las instrucciones del FMI, y también debido al fin de la era de las dictaduras y de un decenio caracterizado por su inercia económica.

La derrota electoral de Vargas Llosa y su vuelta a su oficio de siempre que es la escritura, refleja su relación visceral con el mundo de la literatura, que viene resumida en el título de la obra: El pez en el agua. De hecho, la literatura para el escritor peruano es como el agua para los peces: una necesidad para vivir; así que el período transcurrido en las elecciones y en el mundo de la política es un tiempo perdido e incontable, este mundo lo arrebató de su fuente de respiración y le acarreó resultados decepcionantes y hasta traumáticos. La reanudación de su misión supuso el regreso a la vida donde se podía crear mundos utópicos y mezclar la realidad con la ficción, criticar, divertirse y producir deleite, en fin, inventar un mundo idealista lejos del juego sucio de la política. Volver al mundo literario con una obra titulada El pez en el agua supone un nuevo bautizo literario y una ruptura con el mundo de la política, y la misma estructura del libro, que presenta en alternancia capítulos dedicados a las memorias desde la infancia con otros que cuentan exclusivamente la experiencia electoral, tiene como objetivo ofrecer una especie de balance y tomar la decisión de seguir en el mundo literario.

Narrar la vida personal y profesional es un pretexto para contar la historia contemporánea del Perú desde una óptica subjetiva, aclarando la influencia del legado histórico y explorando las preocupaciones sociopolíticas y económicas del presente y del futuro. En esta hibridez de ideas y conceptos, vincular las memorias “autobiográficas” con la historia del país es un fuerte mensaje que muestra que lo que relaciona Vargas Llosa con su país no se puede reducir en papeleos de identidad, es una relación de pertenencia y de historia inquebrantable. En este contexto, Vargas Llosa afirma:

Quizá decir que quiero a mi país no sea exacto. Abomino de él con frecuencia y, cientos de veces, desde joven, me he hecho la promesa de vivir para siempre lejos del Perú y no escribir más sobre él y olvidarme de sus extravíos. Pero la verdad es que lo he tenido siempre presente y que ha sido para mí, afincado en él o expatriado, un motivo constante de mortificación (Vargas Llosa, 1993, p. 25).

El pensamiento de Vargas Llosa está estrechamente relacionado con la historia del Perú y con la efervescencia ideología imperante en Latinoamérica; sus compromisos sociopolíticos son indispensables para comprender su obra, que se inspira esencialmente en su vida personal y en el acontecer sociopolítico del país. El pez en el agua es una obra clave para comprender muchos detalles de su vida y para descubrir los recovecos de su aventura electoral de 1990. En este libro se supone la delimitación de fronteras con la inmersión efectiva en el mundo de la política sin aborrecerlo por completo, puesto que siguió escribiendo y analizando los asuntos políticos tanto de España como de América Latina. En 2018 volvió a escribir sobre el liberalismo para rendir homenaje a los pioneros de esta tendencia, Adam Smith, José Ortega y Gasset, August von Hayek, Karl Popper, Raymond Aron, Isaiah Berlin y Jean-François Revel, y al mismo tiempo para culminar un vuelo ideológico que duró más de sesenta años.

Narrar exclusivamente la experiencia de 1990 hubiera dado un ensayo aburrido.

Total, la experiencia electoral de Vargas Llosa fue el motivo estimulador que hizo fraguar El pez en el agua, libro, en forma de memorias, de suma importancia para comprender el itinerario personal y profesional del Nobel peruano, y sobre todo para descubrir los detalles de su aventura electoral. En este libro no se contenta con narrar cosas de la infancia y de la juventud, como ocurre en las autobiografías, sino que se trata de una lectura actual de asuntos remotos, lo que da al libro esta especie de reflexión meditativa con explicaciones e incluso con justificaciones que aspiran a crear un toque emotivo capaz de atraer al lector para seguir el hilo de los acontecimientos hasta llegar a la época de las elecciones presidenciales, objetivo principal del libro. Narrar exclusivamente la experiencia de 1990 hubiera dado un ensayo aburrido, por lo cual el toque emotivo que subyace en los recuerdos distantes de la infancia y de la juventud fue esencial a fin de reivindicar su peruanidad después de haber obtenido la nacionalidad española, y también para conseguir “esta revancha” de cara a los votantes que le fueron ingratos mientras él ejercitaba “con buena fe” para con el país donde había crecido y sentido los altibajos de la vida. Vargas Llosa había militado paradójicamente en partidos de ideología marxista y cristiana antes de aterrizar en el liberalismo, para concluir una trayectoria polémica de muchos años de investigación y trajines políticos. Su fracasada experiencia política le prohibió aplicar realmente sus convicciones liberales, pero no le impidió defenderlas en sus obras literarias.

 

Obra estudiada

  • Vargas Llosa, Mario (1993). El pez en el agua. Editorial Seix Barral. Barcelona (España).

 

Fuentes bibliográficas

  • Escárzaga Nicté, Fabiola (2002). “La utopía liberal de Vargas Llosa”. En: Política y Cultura, Nº 17 (pp. 217-239). Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco. Ciudad de México.
  • Van Dijk, Teun (2005). “Política, ideología y discurso”. En: Quórum Académico, volumen 2. Universidad del Zulia. Maracaibo (Venezuela).
  • Vargas Llosa, Mario (2018). La llamada de la tribu. Editorial Alfaguara, Madrid, España.

 

Fuentes multimedia

Youssef Msahal
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