XXXVII Premio Internacional de Poesía FUNDACIÓN LOEWE 2024 Saltar al contenido

Las estrofas 972 y 973 del Libro de buen amor: reconstrucción del arquetipo

lunes 13 de mayo de 2024
¡Comparte esto en tus redes sociales!
“Libro de buen amor”, de Juan Ruiz, Arcipreste de Hita
El Arcipreste es un gran poeta y no recurre al absurdo como técnica de construcción de su obra literaria: son los malos copistas los que descabalan el buen sentido de sus palabras corrompiéndolas cuando no las entienden.

Un verdadero enigma histórico recae sobre el significado de la estrofa 972 del Libro de buen amor, que recogen los manuscritos S y G, incardinada en el episodio titulado “De lo que contesçió al Arçipreste con la serrana”. En la estrofa 973, que considero también mal transcrita del original, se encuentra una de las claves para desentrañarla.

Según la edición de Blecua, que sigue la lectura del manuscrito S, el texto de la estrofa 972 es el siguiente:

Después d’esta ventura fuime para Segovia, (972)
non a comprar las joyas para la chata troya:
fui ver una costilla de la serpiente groya,
que mató al viejo Rando, según dize en Moya.

Fragmento del “Libro de buen amor”, del Arcipreste de Hita
Imagen en el manuscrito S.

Poco difiere esta versión de la que se puede transcribir a simple vista en base al manuscrito G. Apenas cambia el primer hemistiquio del verso inicial (“luego después de esta venta…”), sin que ello arroje luz alguna para desentrañar el significado de este galimatías que ha traído de cabeza a todos los filólogos desde que apareció la primera edición del Libro en 1790:

Fragmento del “Libro de buen amor”, del Arcipreste de Hita
Imagen en el manuscrito G.

Existe entre los editores conformidad en aceptar que lo que el Arcipreste nos relata es que se marchó a Segovia, pero no a comprar joyas para la serrana Chata —con la que acababa de tener una forzada aventura amorosa— a la que llamaba “troya” (¿ruin?) o acaso “novia”, ya que prefería irse a contemplar una dovela (“costilla”) caída del Acueducto (“la serpiente groya”) que había matado a un hombre llamado “Rando”, según había escuchado en Moya (Cuenca)… ¿Se puede añadir algún disparate más a esta colección?

Descifrar esta extraña jerigonza dándole un sentido coherente y fácilmente comprensible para el común de los mortales es posible, pero para ello hay que partir de la base de que el Arcipreste es un gran poeta y no recurre al absurdo como técnica de construcción de su obra literaria: son los malos copistas los que descabalan el buen sentido de sus palabras corrompiéndolas cuando no las entienden. Partiendo de esta consideración, se hace preciso analizar debidamente la estrofa observando directamente su imagen en ambos manuscritos para encontrar en su extraña grafía alguna pista que nos permita ir desentrañando paulatinamente su misterio. Comencemos nuestro proceso deductivo:

 

1

La idea general que informa el contenido de la estrofa es que el poeta transita por una sierra. Por lo tanto, debemos pensar en conceptos que podamos asociar al campo semántico del montañismo.

 

2

Como principio debemos descartar, considerándolas lecturas erróneas, todas las palabras que no podemos leer correctamente, las carentes de significado conocido y las que, pareciendo que se entienden, no tienen un encaje coherente en el texto sin recurrir a extravagancias.

 

3

En la cuaderna vía, y por un poeta que se precie, no es fácilmente admisible que utilice una palabra determinada para rematar su primer verso si no existen en su vocabulario palabras que rimen consonantemente con ella en los tres versos siguientes. Así, si el poeta quiere decir que se fue a Segovia pero no encuentra palabras que rimen bien con el nombre de esta ciudad para cumplimentar debidamente el resto de la estrofa, lo que hará es nombrar a la ciudad en otra posición del verso, rematándolo con otra palabra de más fácil rima. Por ejemplo, aquí podía decir: “Me fui para Segovia después de esta aventura”, y ya tendría un camino fácil para no tener que desmerecer la calidad de su estrofa. Por lo tanto, como terminar sus demás versos en “-obia” u “-ovia” es muy difícil, debemos colegir que la palabra con la que finaliza el primer verso no es “Segovia”. El copista se encontraría ante un nombre desconocido e ininteligible para él y lo transformaría en el nombre de esa ciudad, condicionando con ello la rima de los tres siguientes versos, que tuvo que alterar para convertirlos, al menos, en asonantes con el primero.

 

4

Partiendo de la anterior conclusión se comprende que las palabras que rematan los restantes versos de la estrofa carezcan de sentido: troya, groya y moya. Son adaptaciones de las palabras originales para un fin espurio. Por lo tanto, tenemos vía libre para encontrar cualquier palabra bisílaba con pleno sentido que se adapte como anillo al dedo a alguno de estos tres versos.

 

5

Respecto del segundo verso, a la vista de los dos manuscritos no podemos deducir que termine en la extraña palabra “troya”. En el manuscrito S se lee “noya” y en el G parece leerse “gaya”. En la primera edición del Libro, realizada en 1790 por Tomás A. Sánchez, se transcribe la palabra como “novia” únicamente para rimar con “Segovia” (estrofa 946), lectura que mantiene la edición de Janer de 1864 y aceptan Ducamin y Criado de Val-Naylor. Corominas opta por la lectura “croya” aunque no aporta una explicación convincente acerca de su posible significado. Cejador adopta “Troya”, con la inicial mayúscula, como si se tratara del nombre de la serrana, pareciendo que “chata”, con la inicial en minúscula, es sólo un adjetivo calificativo para la misma. Chiarini, Joset, Gibbon-Monnypeny y, como vemos, Blecua, optan por “troya” con la “t” minúscula, entendiendo que debe ser un sinónimo de “ruin”. Por ahora, concluiremos que ninguna de estas lecturas aclara su significado, por lo que debemos descartarlas, si bien podemos considerar la posibilidad, amparándonos en el manuscrito G, de que la palabra que buscamos no termine en “-o[-]a” sino en “-a[-]a”.

 

6

En cuanto al verso tercero, lo primero que tenemos que hacer es poner en duda la lectura “costilla”, por ser ésta una palabra totalmente ajena al campo semántico del montañismo. Y es que en el manuscrito G parece leerse “estrella” aun cuando la primera letra resulta algo confusa. Pero “estrella” encaja a la perfección en este contexto. Los viajeros que realizaban largas travesías por la sierra, en las que se les hacía de noche, debían intentar orientarse mirando a las estrellas. Por lo tanto, la aceptaremos como lectura correcta.

 

7

Partiendo de la consideración anterior, al no existir “costilla” tampoco existe el animal al que pertenece. Podemos desechar “serpiente” y su disparatado significado como “acueducto”. La palabra que más se le parece en su grafía es “siguiente”, que tendría un encaje muy lógico en el relato de una larga travesía, compuesta por etapas. Así que la enigmática “groya”, palabra inexistente, podría ser una deformación de “etapa”.

 

8

Si aceptamos “etapa” como final del tercer verso, encontraríamos una lectura totalmente coherente y plena de significado en el final del cuarto verso. El poeta para orientarse en la sierra no sólo consultaría las estrellas sino que llevaría un mapa. Por lo tanto “según dize en moya” sería en realidad “según dize un mapa”.

 

9

Las dos terminaciones en “-apa” nos llevarían a encontrar sentido al segundo verso. El calificativo que correspondería a “la Chata” sería un sinónimo de “fermosa” adjetivo que ya empleó el poeta para dirigirse a ella en la estrofa 964; es decir, “guapa”.

 

10

Al encajar en el contexto estas tres palabras que terminan en “-apa” tenemos la suficiente información como para encontrar un topónimo que designe a la ciudad a la que el Arcipreste supuestamente se dirigió, palabra que empezaría con la letra “s” —muy difícil de confundir cuando es la inicial de una palabra por su estilizada figura— y que sería trisílaba. El problema es que este topónimo no existe, al menos en el entorno geográfico del que nos habla el poeta. Tenemos, por lo tanto, que retroceder nuestros pasos y analizar todo el hemistiquio en el que se encuentra esta enigmática palabra, pues si no se trata de un topónimo debemos buscar otros vocablos terminados en “-apa” que encajen en el contexto, revisando las lecturas que dábamos por válidas. Por otra parte, si el poeta no iba “para” Segovia ni para ningún otro lugar, la sílaba “pa” que precede en ambos manuscritos al nombre de aquella ciudad, y que se ha interpretado como un apócope de “para” podría ser simplemente una deturpación del artículo determinado “la”.

 

11

Todos los editores admiten que el poeta dice en este primer verso “fuime”, es decir, la primera persona del singular del pretérito indefinido del modo indicativo del verbo “ir” junto al pronombre personal enclítico “me”, formando una sola palabra. Sin embargo, en ambos manuscritos estas dos sílabas están bien separadas en vez de juntas, lo que constituye un indicio de que nos hallamos frente a una lectura errónea del texto original. En el manuscrito G la primera sílaba parece incluso que está acentuada, lo que tampoco encajaría con la pronunciación correcta de un verbo con pronombre enclítico. Esto nos lleva a pensar que “fui” no es una forma verbal del verbo “ir” sino de “huir”. Y entonces nos debemos preguntar: ¿tiene sentido que el poeta diga en este verso que estaba huyendo de alguien?

 

12

Para contestar a la pregunta anterior tenemos que retroceder unas pocas estrofas y analizar el episodio titulado: “De como el Arcipreste fue a probar la sierra e de lo que le contesçió con la serrana”.

El poeta cuenta su aventura por el puerto de Lozoya cuando le sorprende una tormenta de nieve y granizo. Buscando quien le pueda dar refugio se encuentra con una vaquera que se presenta como “la Chata”, que guarda el portazgo y cobra un peaje a los viajeros. Esta mujer le deja bien claro que es de armas tomar: respeta a quien acepta pagar sus servicios pero se comporta furiosamente con aquellos que se resisten. Confiado y temeroso al mismo tiempo, le hace (o acaso le promete) un regalo creyendo que con eso se dará por contenta, y ella acepta transportarlo a hombros por la sierra. Lo que ocurre a continuación lo relata en versos octosílabos en una “cántica de serrana”. Según este poema, parece que a mitad de camino la Chata le exige en tono amenazante más dinero, y que él promete traerle varios regalos. Ella parece aceptar su promesa, se lo vuelve a cargar a hombros llevándolo hasta una venta y le da de comer y beber hasta dejarlo aturdido, momento en que abusa de él debido a su superioridad física pues, como dice el poeta, le cogió por la muñeca y le obligó a “fazer cuanto quiso”.

Según termina este relato comienza la estrofa que estamos comentando. Por lo tanto, encaja a la perfección que el Arcipreste huyera de aquella mujer con el pretexto o “socapa” de ir a comprarle las joyas prometidas, que en este contexto parece tratarse de regalos de cierto valor como prendas de piel, y no necesariamente gemas u objetos de metal precioso. El hecho es que al huir de la venta en la que se encontraba con la Chata debió encontrarse perdido en la sierra y tendría la necesidad de guiarse por las estrellas y por algún mapa, como suelen hacer los montañeros.

 

13

Aunque el primer hemistiquio del segundo verso según el manuscrito S dice “non a comprar las joyas”, en el manuscrito G se inicia con lo que parece la abreviatura de la conjunción “que”, seguida de dos letras ininteligibles y de la expresión “para comprar las joyas”. Esta lectura necesariamente sería hipermétrica y no creo que el poeta tuviera necesidad de incurrir en este defecto formal para su estrofa, por lo que podemos partir de que esta construcción sea producto de un error de copista y que el arquetipo dijera “que iba a comprar joyas”.

 

14

Aunque el poeta escapó de una venta y el manuscrito G menciona esta palabra en el primer hemistiquio del primer verso, la lectura de éste es hipermétrica a la par que redundante (“luego después”), por lo que entiendo más correcto el comienzo del verso según el manuscrito S que habla de “ventura” y que quizás originalmente fuera “aventura”.

 

15

La palabra “viejo” del verso cuarto sólo podría tener sentido referida a un concepto propio del paisaje de una sierra como un puente, un camino o una cabaña. En tal caso, el sustantivo al que califica sería fácilmente identificable, pues existirían pocas alternativas para encontrarlo. Podría también referirse a un hombre que se encontrara en su camino, pero en ese caso tendría algún protagonismo y se advertiría por el contexto, lo que no ocurre aquí. Por lo tanto, debemos entender que “viejo” es una errónea transcripción de “viaje”, lo que tendría un perfecto encaje en el campo semántico en el que nos movemos.

 

16

Aceptando “viaje”, la siguiente palabra debe ser “raudo”, es decir, rápido. El viajero, que había escapado de la venta y trataba de regresar a su casa en medio de una sierra desconocida, estaba tratando de orientarse para no perder su rumbo y regresar lo más rápido posible a su lugar de origen.

 

17

Por todo ello, la lectura “mató” del mismo verso tiene que ser una deformación de “marca”, que el copista debió leer abreviada con virgulilla: “mãca”.

 

Desenlace

Con todas las conclusiones anteriores me atrevo a reconstruir el arquetipo con el siguiente texto, cuya grafía actualizo para su mejor comprensión:

Después de esta aventura hui con la socapa
que iba a comprar las joyas para la chata guapa:
hui por una estrella a la siguiente etapa,
que marca el viaje raudo según dice un mapa.

Sin embargo, admitir la lectura “socapa” en vez de “Segovia” encuentra un obstáculo en la estrofa siguiente, que reseño mezclando el texto de ambos manuscritos y corrigiendo alguna errata de copista para su mejor comprensión:

Estuve en esa cibdat y espendí mi caudal:
Non fallé pozo dulce ni fuente perennal.
Desque vi la mi bolsa que se paraba mal
dije: mi casilla y mi hogar cien sueldos val.

Fragmento del “Libro de buen amor”, del Arcipreste de Hita
Manuscrito S.

Fragmento del “Libro de buen amor”, del Arcipreste de Hita
Manuscrito G.

Lo primero que resulta chocante al leer esta estrofa es que si el Arcipreste acababa de salir de una aventura amorosa de la que podía deducirse que había sido despojado de sus bienes por la ávida vaquera, de la cual había conseguido zafarse con la falsa promesa de regresar con “joyas” para casarse con ella, ¿qué sentido tiene que se fuera directamente a Segovia a gastarse todo su “caudal” alegremente en vez de regresar de inmediato a su casa para reponerse de sus pérdidas? Por otra parte, ¿es creíble que en una ciudad de tal importancia como Segovia no hallara “pozo dulce ni fuente perennal”?

Si nos fijamos bien, la palabra con la que se inicia el primer verso no es exactamente “estuve”, pues contiene una letra “d” en su última sílaba, lo que deja abierta la puerta a entender que en el arquetipo se dijera “estando”, acaso escrito con abreviatura: “estãdo”. Y con toda probabilidad a continuación no se decía “en esa cibdat” sino “en neseçidat”, o cualquier otra variante gráfica de la misma palabra, lo que daría pleno sentido a la estrofa en el contexto de las anteriores. En consecuencia, el segundo hemistiquio “y espendí mi caudal” podría interpretarse no como “dilapidé una fortuna” sino como “me quedé absolutamente sin dinero”.

Probablemente, el copista que escribió “en esa cibdat” dio pie a otro posterior a buscar el nombre de una ciudad en la estrofa anterior, lo que le llevó a convertir “socapa” en “Segovia”, ciudad cercana al entorno geográfico mencionado por el poeta (Lozoya, Fuenfría), transformando él mismo (u obligando a los sucesivos copistas a hacerlo) las palabras originales en que se remataban los tres siguientes versos por otras creadas artificialmente para que al menos rimaran asonantemente con el primero sin dejar espacios en blanco que desmerecieran el trabajo que se les había encomendado.

Por lo tanto, según la nueva lectura de esta estrofa, coherente con el lamentable estado económico en que debía hallarse el Arcipreste tras su desafortunado lance con la Chata, el poeta no se encontraría en una ciudad dilapidando su dinero sino deambulando por la sierra o por descampados donde no hallara pozos o fuentes con los que saciar su sed. Y viendo que su bolsa se encontraba en tal mal estado se puso a añorar las comodidades impagables del propio hogar y decidió regresar al mismo.

Alberto González Fernández de Valderrama
Últimas entradas de Alberto González Fernández de Valderrama (ver todo)

¡Comparte esto en tus redes sociales!
correcciondetextos.org: el mejor servicio de corrección de textos y corrección de estilo al mejor precio