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La representación del mal en Estrella distante, de Roberto Bolaño

lunes 22 de julio de 2024
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Roberto Bolaño
En Estrella distante, Bolaño desplaza los límites entre conceptos de verdad y de falsedad.

La entrevista de Mihály Dés a Roberto Bolaño publicada en la revista Lateral (Nº 40, abril de 1998) ofrece un testimonio sobre la experiencia del escritor durante los días del golpe militar en Chile, concretamente sobre los bombardeos aéreos: “Cuando bombardearon La Moneda, desde el barrio donde yo estaba, lo oías y de vez en cuando veías a los aviones”. Bolaño narra, además, cómo lo apresaron durante ocho días, en noviembre del 73, dos meses después del asalto, cuando le hicieron bajar del autobús en el que viajaba desde Los Ángeles a Concepción y fue detenido acusado de ser “terrorista extranjero”: “Me asusté: ‘Estoy frito, me matan’”.

El contexto en el que se inserta este recuerdo es el último cuarto del siglo XX, en el marco de las dictaduras del Cono Sur americano, donde los ejércitos construyeron espacios para la deshumanización y para el mal, con miles de personas torturadas y desaparecidas. El testimonio de Bolaño evocando la sensación de peligro nos devuelve el eco de Walter Benjamin: “Articular históricamente lo pasado no significa conocerlo ‘tal y como verdaderamente ha sido’. Significa adueñarse de un recuerdo tal y como relumbra en el instante de un peligro” (2008: 40).

La escritura de Roberto Bolaño (1953-2003) aborda la problemática que supone la relación con la historia, en el sentido “del reconocimiento y la memoria del mal” (Bernat Castany, 2018). Porque la historia demuestra que la violencia que ejercen las formas de Estado totalitarias vuelve una y otra vez. La llamada “literatura del Holocausto” ofrece testimonios de escritores que fueron víctimas de una de las experiencias más trágicas de la Europa del siglo XX. Son voces preocupadas por el modo de contar lo vivido, como las de Primo Levi, Jorge Semprún, Paul Celan o Imre Kertész, entre otros. En la narrativa contemporánea latinoamericana, la llamada “novela de dictadura” (que en el caso de Estrella distante se manifiesta más por lo que se elude que por lo que se dice), vuelve la dificultad de literaturizar el horror, pensar con qué estrategias narrativas reproducir la angustia, el miedo, la desazón de sufrir la violencia de Estado. Y de nuevo cobra sentido la cita de Theodor Adorno: “Escribir poesía después de Auschwitz es un acto de barbarie”.

Roberto Bolaño fue un escritor con una trayectoria errática y nómada, paradigma de autor que vive su condición de exiliado. Chile, México y España influyeron en su formación como escritor y le otorgan cierto grado de extraterritorialidad para explorar el exilio y las dictaduras y articular literariamente una reflexión sobre el mal y sobre la muerte en un marco que enfrenta al sujeto con instancias de poder totalitario. La reflexión sobre el poder se mimetiza a través del ambiente angustioso, inquietante, representado en la forma de narrar. Los episodios históricos no se recrean a partir de fuentes oficiales sino de testimonios no fidedignos del narrador, de los personajes e incluso del autor.

Como escritor de la posmodernidad, Bolaño subvierte los géneros, anula modelos de la tradición y reinventa su relación con el canon. Patricia Espinosa, en el estudio preliminar de Territorios en fuga: estudios críticos sobre la obra de Roberto Bolaño, señala: “La escritura de Bolaño se inserta en la llamada metaficción que manipula una y otra vez la perspectiva narrativa, incorporando figuras históricas actuales o pasadas, poniendo en cuestión la identidad subjetiva, unificada y jugando continuamente con la diferencia entre realidad y ficción” (2003: 20).

En Estrella distante (1996), Bolaño desplaza los límites entre conceptos de verdad y de falsedad; dialoga con la tradición del género policial, aborda la desautomatización de motivos de la tradición del boom y el post-boom y sus personajes encarnan la imagen de los poetas de vanguardia que, como Nicanor Parra, creador de un fenómeno llamado antipoesía, rechazan los cánones de la poesía tradicional. Los versos que en la ficción traza en el cielo Carlos Wieder con el humo del avión como acción poética reivindicativa aluden a los que, en la realidad, escribió Raúl Zurita en 1982 con cinco aviones sobre el cielo de Nueva York y quince versos que versaban sobre cómo el sufrimiento del sujeto anula cualquier manifestación del arte y compusieron el poema “La vida nueva”. Formó parte del Colectivo de Acciones de Arte (Cada). Tras el golpe, en 1973, Raúl Zurita fue detenido y torturado por las fuerzas militares del golpe de Estado en un barco-prisión. El paralelismo entre los dos actos poéticos evidencia un antagonismo de los valores éticos de ambas propuestas.1

“Estrella distante”, de Roberto Bolaño
Estrella distante, de Roberto Bolaño (Anagrama, 2010). Disponible en Amazon

El objeto del presente estudio es abordar cómo Bolaño tematiza la representación del mal en Estrella distante, y para ello proponemos un acercamiento progresivo al texto. Así, en primer lugar, cabe observar los paratextos de la novela, que, según señala Gérard Genette en Umbrales (1987), son señales, pistas o marcas que anteceden o preceden a la narración y que nos predisponen a leer la novela de una manera u otra.

En el título, la palabra “estrella” es un símbolo relacionado con Chile, ya que forma parte de la bandera del país. El adjetivo “distante” connota la idea de exilio, y presenta un Chile en la distancia, en relación con la salida forzosa de Bolaño tras la caída de Salvador Allende y la implantación del régimen militar. El título presenta, además, una posición determinada que tiene que ver con la focalización del narrador. La novela narra hechos del pasado, pero desde un tiempo futuro, y lo hace desde una voz, la de Arturo B, que asume el papel de testigo superviviente y cuya visión es restrictiva. Su narración de los recuerdos a menudo se pierde en el olvido: “A partir de aquí mi relato se nutrirá básicamente de conjeturas” (1996: 29). El mismo Arturo B. reconoce la dificultad de narrar y enuncia sus dudas ante lo narrado (“Tal vez”, “no sé si creer o no”). La memoria es articulada por medio del lenguaje y, por lo tanto, se vacila entre lo vivido y lo que se recuerda, que se verbaliza, plagado de conjeturas, con trazas de ficcionalización. Esta falta de certezas se hace más evidente, como veremos, en escenas donde la violencia ejercida por Wieder se erige como centro.

Como si se tratara de un detective, el narrador va tras las pistas y las informaciones de otros testigos para desentrañar diversos enigmas, entre los cuales destaca la indagación sobre la vida y la obra del poeta vanguardista y aviador del ejército Alberto Ruiz-Tagle/Carlos Wieder. La voz, falsamente omnisciente, ante la falta de certeza y convicción, se abre a otras voces informantes, resaltando así el carácter fragmentario de la novela. El resultado es un cruce entre las informaciones de su amigo, también poeta, Bibiano O’Ryan, las suyas propias, las de otros testigos, como Marta, la gorda. Se trata de un aplazamiento de sentido, una narración que va adelantando lo que va a ocurrir: “que por entonces ninguno imaginaba que iban a ser lo que después fueron” (1996: 13). Este aplazamiento va generando expectativas en el lector, quien acaba asumiendo también el rol de detective.

Otros enigmas son el crimen de las hermanas Garmendia o el seguimiento de los poetas directores de los talleres universitarios Diego Soto y Juan Stein tras el triunfo del golpe militar. En el capítulo final, con la resolución del “enigma” sobre el paradero de Wieder, la distancia entre el narrador, la estrella y el inicio de lo narrado es de orden temporal (varios años después) y espacial (“mi casa de Blanes”).

El segundo paratexto de la novela es el epígrafe, una cita de William Faulkner: “¿Qué estrella cae sin que nadie la mire?”, que aporta la noción de caída, una metáfora del desplome del país. La imagen de la estrella vuelve a aparecer cuando Carlos Wieder “dibujó, justo pocos minutos antes de que la noche lo cubriera todo, una estrella, la estrella de nuestra bandera, rutilante y solitaria sobre el horizonte implacable” (Bolaño, 1996: 41).

Pero el paratexto más determinante para una lectura hermenéutica de la novela es, sin duda, el prefacio, que genera en el lector ilusión de vida y la sensación de que lo que vamos a leer es una experiencia vivida. Se articula mediante un proceso de intertextualidad; un diálogo con otros textos y, más concretamente, un ejercicio de lo que Genette, en Palimpsestos: la literatura en segundo grado (1989), denomina hipertextualidad, por cuanto la novela se presenta como un desprendimiento de otra.

Identificamos a Roberto Bolaño, autor, que, en un juego metaliterario, enmarca en primera persona la historia que vamos a leer dentro de su proyecto literario. La presenta como una prolongación de la anterior, La literatura nazi en América (1996), su tercera novela, en la que lleva a cabo un ejercicio de experimentación al componer, a modo de catálogo, una nómina de treinta escritores nazis americanos. El resultado es una composición fragmentaria e híbrida entre enciclopedia o diccionario de autores, crónicas, prólogos, libro de viajes, necrológicas, retratos, historias familiares... Una de las biografías literarias es la del poeta, y teniente de las Fuerzas Aéreas de Chile, Ramírez Hoffman, torturador que aspira a demostrar el vínculo entre el nuevo régimen político y el arte de vanguardia. Se trata de una ficción, la biografía apócrifa de R. Hoffman, personaje que se convierte, en Estrella distante, en Ruiz-Tagle/Carlos Wieder, para el que Arturo/Bolaño “deseaba una historia más larga, no espejo ni explosión de otras historias sino espejo y explosión en sí misma” (1996: 11).

Otro aspecto intertextual del prefacio es la aparición, por primera vez, del nombre Arturo B, “veterano de las guerras floridas y suicida en África”. En obras posteriores se presenta con su apellido, Belano. Se trata de una autorreferencia que aparece en otros textos y que encarna la imagen del escritor latinoamericano, nómada, cuya vida gira en torno a la literatura y que se corresponde con la imagen que proyecta el propio Roberto Bolaño.

Por último, del prefacio cabe destacar la cita muy reveladora del “fantasma cada día más vivo de Pierre Menard, la validez de muchos párrafos repetidos”, esto es, del escritor copista creado por Borges, como alusión a que se va reproducir una historia ya contada, pero en su propia versión. Es un reto que supone una nueva lectura o la reformulación de una obra ya escrita y comprobar el resultado. En el sentido borgiano aparecen personajes reales como Sophie Podolski o Enrique Lihn, que conviven con personajes de ficción. Podemos interpretar la cita como un guiño a la idea de metaficción, en cuanto crítica a la idea de originalidad y a la omnipresencia del autor, cuando la idea de sujeto ha entrado en crisis. Pero además nos ofrece pistas sobre el giro subjetivo que llevan a cabo las novelas sobre dictaduras. Ahora abordan la relación entre la maldad que destila el sistema y que es tematizada en las tramas y el lenguaje con la posición de un narrador algo indolente.

En relación con el mal y con Estrella distante, Roberto Bolaño afirma que intentó “una aproximación, muy modesta, al mal absoluto”.2 Es relevante la ironía que encierra el adjetivo “modesta” y su oposición semántica al grado superlativo que sugiere “absoluto”. A pesar de quedar desplazado del centro, con maniobras de digresión y pesquisa detectivesca, el mal queda representado bajo la forma de una paradoja inquietante, entre la estética (arte poético) y la maldad. La novela propone una reflexión sobre el arte y el horror.

Para una aproximación al tema de las formas de representación del mal en la novela nos centramos en dos secuencias, particularmente perturbadoras, de Estrella distante, en las que destacan algunas de las estrategias intensivas y elusivas para narrar el mal. La primera secuencia narra las muertes de las hermanas gemelas Verónica y Angélica Garmendia. La segunda aparece más avanzada la novela, en el capítulo seis: la escena de la exposición fotográfica en Providencia, Santiago, en la casa de un compañero de promoción de Wieder. Son dos escenas reveladoras, por cuanto en la primera descubrimos que Alberto Ruiz-Tagle es el piloto asesino Carlos Wieder, y en la segunda queda la absoluta constancia de que ha asesinado a otras mujeres.

En cuanto a las estrategias intensivas para mimetizar el exceso, en la primera escena aparece un registro minucioso y una enumeración de posibles acciones (conjeturas) que estaban realizando las hermanas antes de la llegada de Ruiz-Tagle a la casa: “Un auto aparece por el camino de tierra pero las Garmendia no lo escuchan porque están tocando el piano o atareadas en el huerto o acarreando leña en la parte de atrás de la casa junto con la tía y la empleada” (Bolaño, 1996: 29). Aparece también una aceleración del ritmo con la escena de ilusión mimética de la tertulia poética entre las hermanas Ruiz-Tagle y la tía de éstas. El narrador también opina sobre gustos poéticos y utiliza la ironía al imaginar un pensamiento de la mente del aviador: “Yo les voy a dar poesía civil” (31). El discurso también se acelera con el recurso de la parataxis en el momento del recorrido del asesino hasta las habitaciones de las víctimas. Y utiliza la elipsis para referirse a los miembros de la policía secreta de la Dina,3 omitiendo su identidad: “Les franquea la entrada a los cuatro hombres que han llegado. Éstos saludan con un movimiento de cabeza (...). Pero no son ellos los que se van a esconder. Ellos son los que buscan a quienes se esconden” (32).

Se trata de recursos que, junto al silencio y las elipsis, contribuyen a crear incertidumbre. El silencio domina el final de esta escena cuando, por un lado, no se adelanta nada sobre uno de los cadáveres: “Y nunca se encontrarán los cadáveres, o, sí, hay un cadáver, un solo cadáver que aparecerá años después en una fosa común, el de Angélica Garmendia, mi adorable, mi incomparable Angélica Garmendia, pero únicamente ése, como para probar que Carlos Wieder es un hombre y no un dios” (Bolaño, 1996: 33). Por otro lado, se produce una ampliación de sentido por cuanto evoca a miles de desapariciones de personas jamás retornadas, como extensión de una tortura peor que la muerte. La exposición fotográfica de Wieder dejará constancia, en un aplazamiento de sentido, de la aparición del cadáver de Verónica Garmendia.

La escena de la exposición artística de Carlos Wieder tiene su antecedente en una escena “gemela” de La literatura nazi en América (1996): una exposición de fotos de Ramírez Hoffman en Santiago, con unos pocos asistentes, entre los que se encuentra también el padre del poeta y una mujer, además de algunos “reporteros surrealistas”. Pero, a diferencia de la de Wieder, allí no se hace ninguna referencia explícita sobre el contenido de las fotografías.

En Estrella distante, esta escena viene precedida por la construcción de una atmósfera que dispara las expectativas respecto al contenido de la muestra. El narrador expresa y asume la falta de certezas sobre lo que está narrando: “Todo lo anterior tal vez ocurrió así. Tal vez no. Puede que los generales de la Fuerza Aérea Chilena no llevaran a sus mujeres (...). Puede que... (...) Tal vez (...). Pero tal vez todo ocurrió de otra manera” (92). Así, la vacilación y las conjeturas se acumulan en esta secuencia.

El acto de poesía visual está rodeado de misterio. Se prohíbe la entrada a la sala hasta el momento de la inauguración. “Sobre la naturaleza de las fotos, el dueño del departamento dijo que Wieder pretendía que fueran una sorpresa y que sólo adelantó que se trataba de poesía visual, experimental, quintaesenciada, arte puro, algo que iba a divertirlos a todos” (87). La habitación donde se va a exponer la obra es descrita con todo detalle en cuanto a iluminación y disposición del espacio, con abundante adjetivación. Pero la descripción de las imágenes de las fotografías nos viene dada según la interpretación de algunos de los visitantes en una nueva estrategia de distanciamiento: “Según Muñoz Cano, reconocemos a las hermanas Garmendia y a otros desaparecidos. La mayoría eran mujeres (...). Las mujeres parecen maniquíes, en algunos casos maniquíes desmembrados, destrozados, aunque Muñoz Cano no descarta que en un treinta por ciento de los casos estuvieran vivas en el momento de hacerles la instantánea” (97). El material artístico se compone de una serie de cuerpos exhibidos tras ser modificados en su naturaleza, víctimas de Wieder expuestas como objeto de arte que engarzan un relato en orden “cronológico y espiritual”. Contrastes semánticos en las referencias: epifanía de la locura, tono elegíaco. Son cuerpos fuera del contexto del crimen para articular una obra de poesía visual. Y una última referencia, con el foco en un miembro: “La foto del dedo cortado, tirado en el suelo gris, poroso, de cemento” (98). Asistimos a las imágenes de una violencia previa a la desaparición de los cuerpos.

Cerramos el círculo de esta aproximación a la novela con la reflexión de Bernat Castany sobre Roberto Bolaño como un escritor situado más allá de la posmodernidad:

En este sentido, su obra no es meramente testimonial o política, sino que es una propuesta epistemológica de reconstrucción de la verdad que ha marcado a toda una generación posterior, en la que podemos contar a autores como Patricio Pron, Alejandro Zambra, Abad Faciolince o Javier Cercas, quienes también se replantean en su obra el estatuto de la verdad (Castany, 2018).

 

Referencias bibliográficas

Herminia Meoro

Notas

  1. La comparación entre la acción poética de Carlos Wieder y Raúl Zurita aparece mencionada en “El reverso poético en la prosa de Roberto Bolaño”, de Helena Usandizaga, artículo incluido en Jornadas Homenaje Roberto Bolaño, Barcelona: ICCI-Casa América a Catalunya, 2005, pp. 85-87.
  2. Roberto Bolaño. “Preliminar. Autorretrato”, en Entre paréntesis: ensayos, artículos y discursos (1998-2003). Edición de Ignacio Echevarría. Barcelona: Anagrama, 2004: 20.
  3. Policía secreta de la dictadura militar de Pinochet: Dirección de Inteligencia Nacional.
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