
En mi contribución anterior a este mismo ejercicio, en 2014,1 defendía la idea de que la semiótica debía dotarse de una estrategia para el diálogo con otras disciplinas, con el fin de participar activa y legítimamente en los grandes programas de investigación multidisciplinarios que abordan los grandes desafíos contemporáneos.2
Pero este enfoque conlleva ciertos riesgos. En efecto, en el diálogo con otras disciplinas, el principal peligro que enfrenta la semiótica es lo relacionado con la indiferenciación y la banalización científicas: ante las demás disciplinas, la semiótica puede integrar con tanta facilidad sus aportes que termina por volverse indistinguible; puede convertirse en una variante de la teoría biológica, de la teoría informática o de las ciencias cognitivas y antropológicas; se confunde con el análisis de los medios, con la descripción etológica de los comportamientos humanos y animales, con los estudios de comunicación, con los estudios culturales, etc. ¿Cómo reconocer la semiótica dentro de este entramado de ciencias del sentido a las que se asimila?
Invocar, como en las contribuciones precedentes de 2014, la necesidad de la autodescripción para afirmar una identidad científica, ya no es suficiente, pues la confusión y la indiferenciación siguen avanzando. Para existir frente a otras disciplinas, no basta con absorber sus aportes; es necesario comenzar haciendo su examen crítico. Desde sus orígenes en Europa, más allá de su anclaje lingüístico o filosófico, la semiótica ha sido un proyecto científico de naturaleza crítica. Frente a lo que otras disciplinas nos dicen sobre las imágenes, los discursos sociales, los comportamientos humanos, la transición climática o la inteligencia artificial, la primera manifestación de identidad de la semiótica debe ser el examen crítico de lo que éstas proponen. Sin embargo, para desempeñar plenamente su papel, una ciencia crítica no puede esperar a que todas las investigaciones de las otras disciplinas estén concluidas, pues entonces sería inaudible e invisible. En los procesos y programas colaborativos multidisciplinarios, una ciencia crítica es una ciencia de la anticipación, no de la reacción.
La semiótica es una ciencia crítica porque se interesa por las especificidades de las culturas y las naturalezas, y no pretende ser una ciencia de la cultura o de la naturaleza en general. En la expresión “ciencia crítica” debe entenderse una capacidad crucial para suscitar alternativas, para imaginar y generar la diversidad de los escenarios y relatos posibles. La crítica semiótica es, ante todo, la búsqueda de los fundamentos de la diversidad. En consecuencia, la semiótica puede reencontrar su estatus crítico comenzando por el examen crítico de su propia diversidad. En su búsqueda de una identidad más clara y mejor diferenciada, los semióticos deberían preguntarse qué fundamenta la diversidad de las semióticas, en lugar de esforzarse en vano por imitar a las ciencias exactas y experimentales, cuyo objetivo es lo universal y los universales. Porque es precisamente en esta tendencia universalizante en donde la semiótica pierde pie y degrada su identidad.
El primer desafío que debe afrontarse en el futuro es, por lo tanto, una investigación sobre las especificidades culturales de las semióticas en cada uno de los continentes y subcontinentes representados en la Asociación Internacional de Semiótica, y, dentro de cada uno de ellos, en la profundidad histórica en la que dichas especificidades se han constituido. Las primeras investigaciones por recopilar o por iniciar podrían centrarse en las diferentes concepciones o aprehensiones del sentido que están y han estado operando en el mundo, y que hoy generan preocupaciones semióticas y modos de hacer semiótica que son muy diferentes en América del Norte y del Sur, en Europa y en África, en China y en el Sureste Asiático.
Entenderíamos entonces “la” semiótica como un bienvenido plural, “las” semióticas, y mucho más allá de la simple confrontación entre un pequeño número de paradigmas teóricos que se disputan los caminos de lo universal, y asumiríamos numerosas prácticas semióticas inspiradas por una gran diversidad cultural y antropológica. La epistemología de la diversidad es la marca de las ciencias humanas y sociales del siglo XXI, cuya vía han mostrado la sociología y la antropología contemporáneas. Bajo la bandera de la epistemología de la diversidad, las semióticas también pueden aprender a conocerse y a describirse mejor, a fundamentar y a mantener un diálogo crítico, sin vasallaje ni mimetismo, con las otras ciencias del sentido.
Referencia bibliográfica
- Kull, Kalevi, y Ekaterina Velmezova (2014). “What is the main challenge for contemporary semiotics?”, en Sign Systems Studies, 42 (4), 530-548.
- Semiótica crítica de la diversidad - lunes 24 de marzo de 2025
Notas
- Nota del traductor [NT]: En 2014 se publicó el artículo “What is the main challenge for contemporary semiotics?”, de Kalevi Kull y Ekaterina Velmezova, quienes solicitaron a varios semióticos de renombre que ofrecieran respuestas breves a esta pregunta: “¿Cuál es el principal desafío de la semiótica contemporánea?”. Entre los textos recopilados en el artículo de Kull y Velmezova, se incluyó la respuesta de Jacques Fontanille.
- NT: A continuación, se presenta la traducción de la respuesta de Jacques Fontanille sobre el principal desafío de la semiótica contemporánea: “Uno de los principales desafíos de la semiótica en la actualidad es su interacción con otras áreas de investigación científica. Eero Tarasti ha señalado con frecuencia las dificultades que enfrenta la semiótica para ser reconocida como una disciplina. Hoy en día, los campos científicos sólo tienen fronteras claras dentro de las instituciones académicas. En cambio, en los programas internacionales de investigación, una disciplina sólo es reconocida como tal si es capaz de participar en el tratamiento de problemas científicos colectivos, con una contribución original que complemente la de otras disciplinas y, en la medida de lo posible, que resulte necesaria para la resolución del problema común. Para ser reconocida como disciplina y tener un lugar en los programas internacionales de investigación, la semiótica debe ser capaz de colaborar con otros campos científicos, incluidas las ciencias tecnológicas, y ofrecer soluciones creativas y pertinentes a las grandes cuestiones que preocupan a la humanidad y a las sociedades. Para consolidarse como disciplina y garantizar oportunidades de alto nivel para los semióticos, ésta ya no puede permitirse abordar únicamente cuestiones que interesan a los propios semióticos. Debe, al mismo tiempo, comprender y responder a los problemas que enfrentan nuestros contemporáneos en todo el mundo. Y estos problemas son, en esencia, los que afectan al futuro de nuestras sociedades y de nuestras culturas”.


