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La arquetípica del yo: máscara y sombra en la poesía de Joaquín Balaguer y Jeannette Miller

lunes 6 de abril de 2026
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Joaquín Balaguer y Jeannette Miller
Balaguer, con el poema “Yo”, y Miller, con “Yografía”, dramatizan a través de la “personalidad de la voz” dos fases complementarias e inevitables del proceso de individuación: la construcción de una persona social y el enfrentamiento con la sombra personal.

1. Introducción

“Yo soy de hierro, la fuerza toda en mí se resume”, sentencia una voz. “Yo / que necesito plantas, luz / palabras de ternura / que me siento a pensar en mi desgracia a plena tarde”, susurra otra. En el panorama de la poesía dominicana del siglo XX, pocos contrastes resultan tan reveladores como el que ofrecen las voces líricas de Joaquín Balaguer y Jeannette Miller. Mientras la primera se erige como un monumento de fortaleza indomable, la segunda se presenta como un territorio de fragilidad e introspección. La crítica literaria ha solido transitar estos caminos por separado —analizando la retórica política en Balaguer o la confesionalidad existencial en Miller—, pero rara vez los ha puesto en diálogo para explorar lo que su antagonismo sugiere sobre la psique humana y su expresión poética.

El presente artículo sostiene que la aparente oposición entre estas dos voces constituye, en realidad, la manifestación de una misma entidad profunda: el arquetipo del yo (el Selbst) en la psicología analítica de Carl Jung. Para abordar esta cuestión, resulta crucial examinar no sólo los mecanismos arquetípicos, sino también la naturaleza del discurso que los articula. Como plantea Laura Scarano, la escritura autobiográfica —y, por extensión, la poesía que se construye desde el yo— emerge de dos preocupaciones nucleares: “la construcción de la subjetividad en el discurso y la naturaleza de la referencia como operación constructiva de los textos” (Scarano, 1997). Ambas cuestiones se instalan en el “dilema del borde” entre la vida y el texto, una fisura que resulta fundamental para comprender cómo Balaguer y Miller construyen sus voces. El problema que se busca resolver es, precisamente, la ausencia de un marco teórico que explique cómo ambos poetas, a través de la “personalidad de la voz”, dramatizan dos fases complementarias e inevitables del proceso de individuación: la construcción de una persona social y el enfrentamiento con la sombra personal, al tiempo que negocian la compleja relación entre su yo empírico y su yo textualizado.

El objetivo central de este trabajo consiste, por tanto, en desarrollar un modelo interpretativo que, partiendo del texto poético, revele las dinámicas arquetípicas subyacentes y su interacción con los protocolos de la escritura del yo. Para ello, se analizarán en detalle los poemas “Yo”, de Balaguer (1999), y “Yografía”, de Miller (1967, 2017). La estructura del artículo es la siguiente: en primer lugar, se establecerá un diálogo crítico con los antecedentes teóricos (Jung, Campbell, la crítica literaria de tradición junguiana y los estudios sobre el sujeto autobiográfico de Scarano). En segundo lugar, se procederá al análisis comparativo de los poemas a la luz de los conceptos de persona y sombra, así como de las categorías scaranianas —las fisuras del yo, el simulacro referencial, el incipit. Finalmente, se discutirán las implicaciones de esta dialéctica para una comprensión más integral de la subjetividad en la poesía y se ofrecerán las conclusiones.

 

2. Desarrollo

2.1. La dialéctica del yo poético

2.1.1. El yo, la persona y la sombra en la literatura

La aplicación de la psicología analítica a la literatura no constituye una novedad. Como ha sido documentado, el enfoque arquetípico permite examinar la “interioridad del ser” en la experiencia mítica de la literatura. Carl Jung concebía los arquetipos como “propiedades formadoras de imágenes”, patrones primordiales que emergen en la cultura y se convierten en material generativo para la creación literaria. En este sentido, el acto de escribir poesía no sería una simple catarsis individual, sino una canalización de estas energías universales. La crítica junguiana se ha ocupado de figuras como el arquetipo de Dionisos o el proceso de individuación en la narrativa, entendido como la realización del arquetipo del yo para alcanzar la “totalidad psíquica”.

Dentro de este marco, dos conceptos resultan centrales para nuestro análisis. En primer lugar, la persona (del latín, “máscara”) designa el arquetipo que configura el rol que un individuo presenta ante la sociedad. Se trata de una máscara funcional, necesaria para la interacción social, pero cuya identificación total con ella conduce a una vida falsa y, en última instancia, a la neurosis. En segundo lugar, la sombra comprende aquellos aspectos del psiquismo que el sujeto reprime o niega —tanto instintos negativos como potenciales positivos no desarrollados. La madurez psíquica, o individuación, no consiste en eliminar la sombra, sino en reconocerla e integrarla en la totalidad de la personalidad.

La pregunta que guía esta investigación es la siguiente: ¿cómo se manifiestan estos dos polos arquetípicos en la construcción de la voz poética en la lírica dominicana? Para abordar esta cuestión, es necesario considerar, como apunta Scarano, que al “yo empírico que ha vivido y vive (el autor como ser biográfico) se le añade un yo creado en la experiencia de la escritura, un yo textualizado” (Scarano, 1997). Este espectro de subjetividades introduce una problemática relación entre texto y vida, entre sujeto histórico y sujeto textual, que el poema en primera persona explota de manera particular. La máscara junguiana encuentra así un correlato en la “impostura” que, según Scarano, define el espacio autobiográfico: “El lugar donde un yo, prisionero de sí mismo, proclama para poder narrar su historia, que él o ella fue aquello que hoy escribe” (Scarano, 1997).

 

2.1.2. Máscara de hierro y sombra confesa

A partir de este marco, proponemos leer los poemas “Yo” y “Yografía” como dos caras de una misma moneda arquetípica. No como opuestos irreconciliables, sino como las dos mitades de un diálogo necesario sobre la condición del ser, donde el “simulacro referencial” juega un papel clave: se simula construir una vida y un sujeto postulando la representabilidad de la historia en el lenguaje, aunque el lector sea consciente de la naturaleza construida de ese yo (Scarano, 1997).

 

2.1.2.1. La persona heroica: el “yo de hierro” de Joaquín Balaguer

El poema de Balaguer constituye una declaración de principios de la persona en su estado más puro y monolítico. El yo que en él se enuncia es una construcción destinada al espacio público, una máscara que no admite fisuras. Scarano señalaría que en este poema se opera una “fijación” de la identidad, una “pulsión de inmovilidad” que busca consolidar un mito del yo a través del lenguaje (Scarano, 1997). La potencia del poema reside, precisamente, en su capacidad para crear una imagen de solidez inquebrantable.

La construcción del yo en el poema de Balaguer se funda, en primer lugar, en una identificación total con el arquetipo de la persona heroica, cristalizada en el verso inicial: “Soy de hierro, la fuerza toda en mí se resume”. Esta declaración opera como una fórmula de autodefinición que excluye cualquier matiz, ambigüedad o posibilidad de cambio. La metáfora del hierro no es fortuita: evoca dureza, inflexibilidad y una resistencia a la corrosión que trasciende lo meramente físico para instalarse en el orden de lo psíquico y moral. En este universo simbólico no hay espacio para la oxidación que supondrían la duda, la emoción o la vulnerabilidad. El sujeto se presenta a sí mismo como una esencia inalterable, un monolito cuya solidez parece situarse más allá de las contingencias del tiempo y de la experiencia, estableciendo así las bases de una voz que se concibe como un punto fijo e inmutable en el devenir.

A partir de esta base de inquebrantabilidad, la voz poética se sitúa en una posición de poder absoluto y autosuficiencia moral. La hipérbole alcanza su clímax cuando el hablante se compara con una entidad capaz de “resumir todas las maldades”, aludiendo a la figura de Satán. Lejos de constituir una confesión de maldad, esta comparación representa una reivindicación de un poder que se sitúa deliberadamente más allá de los juicios convencionales del “populacho” y de las categorías simplistas del bien y del mal. La voz lírica asume con orgullo su diferencia: su jardín puede carecer de perfume y permanecer sordo a los “quejidos de pan” del mundo, pero esta carencia no se percibe como una falta, sino como la condición misma de su misión superior: ser un “fuerte trovador de alma macho”. De este modo, el poema construye un sujeto cuya fuerza reside precisamente en su capacidad para prescindir de lo humano común, erigiéndose como una figura trágica y solitaria.

Sin embargo, la fuerza performativa de este discurso monolítico reside, paradójicamente, en aquello que intenta silenciar. En el momento mismo de afirmar su invulnerabilidad —“por eso no ha flaqueado mi cuerpo miserable”—, el poema introduce de manera subrepticia la posibilidad de la flaqueza, sólo para negarla de inmediato. La mención del “cuerpo miserable” constituye un lapsus revelador, una fisura por donde la sombra se asoma brevemente antes de ser violentamente reprimida por el orgullo de la “raza indomable”. Esta momentánea irrupción de lo negado es, como lo expresaría Scarano, la marca de una “disyunción” imposible de sellar por completo entre el yo que se quiere ser (la persona de hierro) y el yo que se es (un cuerpo miserable y falible). Este yo se configura así como una fortaleza sitiada que no puede mostrar debilidad alguna bajo pena de derrumbarse, erigiéndose en un monumento textual a la autosuficiencia que, no obstante, lleva inscrita en sus pliegues la huella de lo que reprime: la sombra de su propia humanidad negada.

 

2.1.2.2. El descenso a la sombra: la “Yografía” de Jeannette Miller

Si Balaguer construye un monolito, Miller realiza una excavación arqueológica en los cimientos de su ser. “Yografía” —la escritura (grafía) del yo (yo)— constituye un ejercicio de introspección que expone lo que la persona social normalmente oculta. Scarano hablaría aquí de un texto que privilegia las “fisuras del yo”, el “desplazamiento y la disyunción”, y que se interna en el “topos de lo privado” como forma de anclaje del yo en la historia a través de la narración de lo secreto e íntimo (Scarano, 1997).

La escritura de “Yografía” se inaugura con la emergencia de un yo radicalmente escindido, cuya autodefinición no procede de una afirmación de esencia, sino de una constatación de carencia: “plantas, luz, palabras de ternura”. Estos elementos no se presentan como posesiones, sino como necesidades, como aquello de lo que el sujeto carece. La identidad se construye así desde la falta, desplegándose a través de una serie de términos contradictorios y vulnerables que desestabilizan cualquier pretensión de unidad: “medio masoquista / fea / profesora”. La yuxtaposición de lo íntimo y lo público —ejemplificada en el paso abrupto de “fea” a “profesora”— opera como un golpe retórico que desarticula cualquier máscara profesional estable, impidiendo que el lector se refugie en una imagen social consolidada. Este yo se presenta, en palabras de Lejeune que Scarano recupera, como un ser “prófugo”, en constante huida de toda definición unívoca y totalizante, habitando precisamente los intersticios entre las múltiples y contradictorias versiones de sí mismo que el poema va desplegando.

Ahora bien, esta fragmentación no se presenta como un hecho gratuito o meramente abstracto, sino que hunde sus raíces en una genealogía concreta de la herida. Miller no se limita a enumerar sus miedos —“miedo a la locura, al vino, al entregarme”—, sino que los inscribe en una historia personal que remite a la infancia, al recuperar la imagen de “una niña gorda, inútil, solitaria / casas de muñeca y tacitas de té”. Este retorno a la escena primigenia constituye el núcleo de la sombra, esa imagen infantil que la persona adulta normalmente entierra bajo los estratos de la socialización y la represión. Se configura así lo que Scarano, siguiendo a Nicolás Rosa, denomina la “escena arcaica” que “funda el acto autobiográfico”, funcionando como la unidad operativa de la memoria que motoriza el desplazamiento temporal desde ese pasado constitutivo hacia el presente de la enunciación (Scarano, 1997). En este viaje retrospectivo, la ausencia del padre y la figura enigmática del abuelo (“mi abuelo no abuelo”) no hacen sino esbozar un origen de la herida, construyendo lo que la teórica argentina denomina una “peculiar trama simbólica” de la filiación, donde los vacíos y las ambigüedades resultan tan significativos como las presencias.

Finalmente, el poema propone el acto de escritura como el mecanismo privilegiado para la catarsis y el autoconocimiento: “sólo con palabras me presumo / me palpo / me proyecto”. La palabra se erige en el instrumento que permite al sujeto tantear los contornos de su propia identidad, explorarse y, en última instancia, proyectarse hacia una posible intelección de sí. Sin embargo, esta misma palabra levanta “largos muros de metal frío, devorante / entre otros y / yo”, introduciendo una ironía fundamental: el “metal” que en Balaguer simbolizaba la fortaleza inquebrantable de la persona, en Miller se transforma en un muro defensivo que aísla y devora, subrayando la paradójica condición de una escritura que, al tiempo que acerca al yo a sí mismo, lo separa irremediablemente de los otros. La conclusión del poema —“Yo / estoy harta de mí”—, lejos de significar una derrota, señala el agotamiento de cargar con una sombra no integrada, pero constituye también, y fundamentalmente, el primer paso hacia su aceptación. Al nombrar su propio hartazgo, al hacerlo explícito, la autora inicia el proceso de hacer consciente lo inconsciente, transformando la queja en conocimiento. Scarano interpretaría este gesto final como la evidencia de que “el yo se entera de que era otro distinto del que es ahora”, un conocimiento que sólo es posible gracias al hiato temporal, a la distancia crítica que media entre la experiencia vivida y su reelaboración a través de la escritura (Scarano, 1997).

 

3. Implicaciones teóricas: hacia una totalidad dialéctica

La lectura conjunta de ambos poemas permite superar la visión de la subjetividad como una entidad unificada y homogénea. La propuesta de Balaguer es la de un yo heroico, autosuficiente y público, que se sostiene sobre la represión de la vulnerabilidad —esto es, sobre su sombra. La propuesta de Miller, por el contrario, es la de un yo herido, fragmentado y privado, que se construye precisamente desde la exploración de aquello que el discurso heroico niega.

La teoría junguiana nos permite proponer que la verdadera voz poética, entendida como manifestación del arquetipo del yo (el Selbst), no reside en uno de estos polos de manera exclusiva, sino en la tensión dialéctica entre ambos. La totalidad psíquica no es la fortaleza de hierro ni la herida confesa por separado, sino la capacidad de contener ambas dimensiones: el reconocimiento de que la fortaleza pública (la persona) se alimenta y se sostiene sobre las heridas privadas (la sombra), y que la exploración de la sombra no anula la necesidad de una máscara para enfrentar el mundo.

Las reflexiones de Scarano sobre el “simulacro referencial” enriquecen esta visión. Al leer estos poemas, el lector se enfrenta a un doble juego: sabe que el yo poético no constituye una transcripción directa de la biografía de Balaguer o Miller, pero acepta el “pacto” de leerlo como si lo fuera. La fuerza elocutiva de ambos poemas reside precisamente en ese simulacro que, como apunta Scarano, oculta una cadena de disyunciones, pero que paradójicamente dota al texto de su poder autentificador (Scarano, 1997). Balaguer y Miller, cada uno a su manera, explotan este pacto: el primero para erigir un mito de fortaleza; la segunda para deconstruir cualquier mito y exponer la fragilidad constituyente del ser. En ambos casos, la “máscara” y la “impostura” se constituyen en el vehículo necesario para la expresión de una verdad más profunda.

 

4. Discusión general y aportaciones

El presente artículo ha logrado construir un puente conceptual significativo entre la psicología analítica de Carl Jung y la crítica literaria dominicana, enriqueciendo este diálogo con los aportes fundamentales de la teoría del sujeto autobiográfico desarrollada por Laura Scarano. A lo largo del análisis, se ha demostrado que los conceptos junguianos de persona y sombra trascienden la condición de meras etiquetas teóricas para constituirse en herramientas analíticas de gran potencia, capaces de desentrañar las complejas estrategias mediante las cuales se construye la subjetividad en el discurso poético. La persona permite comprender la construcción de máscaras sociales y voces públicas aparentemente monolíticas, mientras que la sombra posibilita el acceso a esas zonas de fractura, negación e intimidad que todo discurso del yo lleva inscritas en sus pliegues.

Paralelamente, las categorías propuestas por Scarano —las fisuras del yo, el simulacro referencial, el incipit como escena fundacional y el topos de lo privado— han permitido afinar la mirada analítica para observar con mayor precisión cómo esos arquetipos universales se textualizan, se encarnan en el lenguaje y se negocian en la materialidad misma del poema. Este doble movimiento analítico revela así la inextricable vinculación entre la dimensión arquetípica de la psique, tal como la concibe Jung, y las convenciones discursivas del género autobiográfico que Scarano ha sistematizado, demostrando que toda construcción del yo en poesía es simultáneamente un hecho psicológico y un hecho de lenguaje.

En cuanto a la contribución específica de este trabajo al campo de los estudios literarios, cabe destacar su doble naturaleza. Por una parte, ofrece una lectura novedosa y comparada de dos poemas canónicos de la literatura dominicana —“Yo” de Joaquín Balaguer y “Yografía” de Jeannette Miller— que tradicionalmente habían sido abordados por la crítica desde compartimentos estancos, ya sea desde una perspectiva política o desde una óptica existencialista, pero rara vez puestos en diálogo para explorar lo que su antagonismo sugiere sobre la psique humana y su expresión poética. Esta aproximación comparada permite iluminar zonas de sentido que permanecían ocultas en la lectura aislada de cada texto.

Por otra parte, y quizás más importante, el artículo propone un modelo teórico integrador que, superando la especificidad de los textos analizados, se ofrece como una herramienta aplicable a otros autores, géneros y tradiciones literarias. Este modelo invita a explorar cómo diferentes poetas —de distintas generaciones, adscripciones estéticas o posiciones de género— negocian su relación con los polos arquetípicos de la persona y la sombra, así como con las convenciones del discurso autobiográfico que Scarano ha sistematizado, abriendo así un amplio campo de indagación comparativa para futuros estudios en el ámbito de la poesía dominicana y caribeña.

Las implicaciones de este enfoque se despliegan en dos direcciones complementarias. En el plano práctico, el modelo analítico aquí desarrollado puede enriquecer significativamente la enseñanza de la literatura en niveles superiores, ofreciendo a los estudiantes una herramienta conceptualmente rigurosa para comprender la complejidad de la voz lírica más allá de las tentaciones biografistas que aún persisten en ciertas tradiciones críticas. Al mostrar que el yo poético no es un simple trasunto del autor empírico, sino una construcción que es a la vez psicológica y discursiva, arquetípica y textual, se dota al lector de una mirada más matizada y compleja para abordar el fenómeno literario, fomentando una comprensión más profunda de los mecanismos de subjetivación que operan en el texto poético.

En cuanto a las líneas de investigación futura, el modelo abre un abanico de preguntas sugerentes que pueden orientar nuevos trabajos críticos. ¿Cómo se manifiesta y transforma el arquetipo del yo en la poesía de la diáspora dominicana, donde la noción misma de “yo” se enfrenta a un desplazamiento geográfico y cultural que remite a lo que Scarano denomina la “diáspora del sujeto”? ¿Qué otros arquetipos junguianos —como el ánima, el ánimus o la figura del viejo sabio— pueblan nuestra tradición poética y narrativa? Y, finalmente, ¿podría aplicarse este marco dialéctico, que tan fructífero ha resultado para el análisis de la lírica, al estudio de la narrativa dominicana contemporánea, explorando cómo los personajes novelescos también negocian su identidad en la tensión entre la máscara social y las sombras que los constituyen?

 

5. Conclusión

Los poemas “Yo” de Joaquín Balaguer y “Yografía” de Jeannette Miller, lejos de constituir meros testimonios personales, se revelan como poderosas dramatizaciones del arquetipo del yo en la poesía dominicana. Balaguer encarna la máscara de la persona heroica, un “yo de hierro” que se define por la fuerza y la negación de la fragilidad. Miller, por su parte, desciende a los dominios de la sombra para exponer las heridas, los miedos y la fragmentación que constituyen la otra cara de la psique. Juntos, conforman una dialéctica fundamental que nos acerca a una comprensión más total de la subjetividad humana.

Al poner en diálogo estas dos voces, y al hacerlo a través del doble prisma de la psicología analítica y la teoría del sujeto autobiográfico, este artículo aspira a demostrar que la poesía es, en su esencia más profunda, un viaje hacia la totalidad. Un viaje que no rehúye ni la forja del carácter público ni la exploración de las cavernas íntimas, y que se construye en la tensión misma entre la vida vivida y la vida escrita. Como sugiere Scarano, el sujeto autobiográfico —“impostor”, “prófugo” y “otro”— “no se realiza sino en su diáspora; traza una parábola que lo revela y oculta, lo inscribe en su imaginario cultural y lo legaliza como individuo en su discurso” (Scarano, 1997). Al hacerlo, nos recuerda que, como seres humanos y como comunidad, estamos hechos tanto de hierro como de ternura, de fortaleza y de miedo, y que sólo en el reconocimiento de esa dualidad y en su continua negociación a través del lenguaje reside nuestra verdadera autenticidad.

 

Referencias

  • Balaguer, Joaquín (1999). “Yo”. En Antología poética dominicana. Sociedad Editorial Dominicana.
  • Jung, Carl Gustav (2009). Arquetipos e inconsciente colectivo. Paidós (trabajo original publicado en 1934/1954).
  • Miller, Jeannette (1967). “Yografía: El viaje”. Cuadernos Hispanoamericanos.
    (2017). “Yografía: El viaje”. En Testigo de la luz (Poemas 1962-2016). Banco Central de la República Dominicana.
  • Rowland, Susan (2018). “Jung and literary forms: Archetypes, individuation, myth”. En Jung and Literary Theory.
  • Scarano, Laura (1997). “El sujeto autobiográfico y su diáspora: protocolos de lectura”. Orbis Tertius, 2(4).
Edward Félix Valentín Duarte
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