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Poemas
Jorge Gabriel Tula
El río del lenguaje
Las palabras que escribo
hacen girar la rueda de la noche
como un inmenso río.
Me miro en ese cauce del lenguaje
y no hay espejo,
no hay signo
que describa mejor al mundo.
Este momento alto e iluminado
tiene del día un sol
igual a la palabra oro.
Oro que transforma en lenguaje
todo aquello que toca.
Midas al revés,
que nombra y construye
la frase en la que el signo es síntoma.
Los signos que se tejen
se nombran a sí mismos.
Se acusan, acaso, objetos
de una referencia que los hará bellos.
Si nombro la palabra
caballo,
el aire hace crecer crines al viento.
Si nombro la palabra noche,
el universo es una luz azul
como la del pensamiento.
Si nombro la palabra boca
me sabe a la tuya, amor, y no muero.
Si nombro la palabra muerte
estoy y no me encuentro.
Si nombro la palabra siempre
es eterna la noche de tu cuerpo.
Hablo desde un país de humo
Hablo desde un país de humo y sin subibajas
andenes
enamorados para subir al futuro.
Quizá conocés uno mejor,
yo no sé más que de éste:
mirá tiene pájaros enrarecidos
de tanto respirar campanas y pésames
y hay cielos enjabonados donde resbalar
la mirada hacia el valleazul del río.
Yo quiero en este país un poema
no de humo.
¿No hueles conmigo tanto apestoso humo?
Busco una escritura redonda honda lironda
sin hormigas que se coman mis palabras.
Es que hablo desde un país de humo y
sin subibajas
y sin embargo sé que hay
andenes enamorados para subir al futuro.
Cuerpo textual
Quiero tener a mano en la noche
el diccionario de tu cuerpo, digo
por esas dudas de amor que me asaltan
a veces:
¿cómo escribo el bienamado diptongo de tus piernas?
La palabra se espesa en lo umbroso de tu pelo.
Con qué intuición detallo este deseo:
asaltarte en tus islas con mi corazón bucanero
rasgar la mediasombra del olvido
de un sablazo inmenso de risa y robarte el sueño
(de dónde llegas Chabe con tu canción de aurora
que hasta haces girar mi corazón y sus planetas)
Quiero tener a mano palabras esenciales,
que de la noche surja el poema
como un lirio del profundo limo
de tu cuerpo.
Las plantas del jardín están floreciendo
Carta a mi hermano en la Patagonia,
querido hermano:
te escribo con la mejor pluma de mis alas
dedálicas, te diré que nos separan
antenas parabólicas centrales telefónicas
aviones nostálgicos un silencio esdrújulo.
Me cuentas en tu última carta
que los pingüinos
se mueren de frío en Ushuaia.
Los Antiguos es un pequeño valle
de cerezas recónditas en ese país
de ovejas que se llama Santa Cruz
(por donde el verano se olvidó de pasar)
Ayer mamá lloró la largadistancia de tu voz
y te dice que cuides el dinero,
las plantas del jardín están floreciendo,
posdata recibimos el giro postal
de tu corazón.
Epigramas
I
Si por cada beso tuyo naciera
la noche y naciendo no muriese,
te diera yo la luz de mi alegría
que por tu amor jamás desaparece.
Y si el sueño que llega con la muerte
y tu ausencia son mayores que el día
espero ya entonces que mi suerte
sea morirme soñando tu vigilia.
II
Ah el oleaje, palabras.
Todo yo estoy oliendo a escritura.
El poema es una mar salada.
III
a Federico
Llorás y el mundo carga
su pesado collar en mi cuello de perro.
Te reís y la larva de la alegría
abre en mi corazón sus alas.
El combatiente
a Ernesto Guevara
Comandante:
no han muerto aún
las flores
depositadas en el alma
asilo de su corazón
combatiente de la tiniebla
en el furor del siglo.
Bajo las raíces del invierno
aún sobrevive el árbol.
(En Vallegrande desentierran
una lámpara para alumbrar al mundo
un ángel con las manos cortadas
un estigma en la frente
para los asesinos)
Comandante:
ahora descubro
que todas las revoluciones
son una sola
y se suman
a la evolución total del hombre.
El combatiente ideal
el hombre nuevo
el padre de todas las ternuras
está naciendo.
Su luz es un fusil de panes
su voz nombra a la mujer infinita
sus ojos de futuro
recién comienzan.