Excelente.
Cómo lector puedo identificarme perfectamente con el relato y el sentimiento de nostalgia que surge al ver cómo un lugar cambia con el tiempo.
El cementerio, lejos de ser un lugar sombrío, se  convierte en la narración en un espacio vibrante para la comunidad de entonces, con juegos y aventuras de niños y adolescentes, despojados de los temores infundados de ciertas culturas, tradiciones, tabúes y leyendas.
Las líneas finales, que citan las palabras del poeta sobre la soledad de los muertos, son particularmente conmovedoras. Encapsulan la memoria y comprensión de que incluso los más queridos entre nosotros, deben enfrentar la inevitabilidad de la muerte.
No solo se debe existir, sino vivir, y luego para la posteridad, ser la persona que fué.
Felicitaciones Norma Karamán!

Responder