Poema sin poema
Decidí escribir un poema sin casa.
Sin madre ni padre.
Huérfano.
Sin amanecer ni ventana.
Sin flor ni silencio.
Sin trayecto, sin eco, sin prisa.
Un poema sin tiempo ni dolor.
Sin esperanza ni amigos.
Sin infancia ni mudanza.
Que no proteste ni sueñe.
Sin paraguas ni rutina.
Sin memoria, sin cuerpo, sin viento.
Sin ansiedad ni vacío.
Sin culpa, sin deseo, sin ira.
Sin fractura.
Sin trauma ni terapia.
Recuperado.
Pero la casa gotea,
desciende por la escalera
y cuelga del último peldaño.
El temblor.
El poema sobre flores
que no quise escribir,
huye.
El derrumbe.
Se niega a pronunciar
las palabras que ahora uso
para escribir este poema
que se resiste
a ser mujer.
Inventario
Las flores que dejé en el camino
terminaron en un florero.
No me digas
que no soy de aquí.
Ya probé tu miel,
resistí el diluvio,
convertí en verso
la tormenta,
dejé que el mar
me llevara a la orilla.
Fui el canto de tus niños
cuando el hambre
los aturdía.
Acaricié tus miedos
como quien limpia
una herida antigua.
Madrugué detrás de la puerta
a la espera de una promesa
que cumpliste a tu modo.
Sobre la arena ardiente
seguí la curva
de una luna hecha ola
que no logró tocarme.
Me diste.
Te di.
Estamos en paz.
Del verde al polvo
Tengo un nuevo hogar
que me lo recuerda
cada vez que un dedo
golpea sus esquinas.
También tengo un nuevo vecino,
que late cerca
en su patio rosa,
que antes fue naranja.
Esto es el desarraigo:
ser una y otra vez,
siempre nueva,
oscilar del verde al polvo,
entregada al viento.
Flor,
hoja,
rama,
nada.
- Tres poemas de Glenda Galán - miércoles 25 de marzo de 2026


