Esta tristeza que sube y baja por las escaleras, se resbala y se oculta bajo los muebles, deja charcos de agua por donde caminan mis pies descalzos.
Estas lágrimas atrapadas en el nido de mi pecho. Harían crecer un árbol más grande que mi casa. Atravesarían el techo las ramas, romperían los cristales de las ventanas.
Esta tristeza que de noche deambula por mi habitación, desordena los cajones, saca la ropa del armario. Cuando llega la medianoche, se acuesta conmigo, se mete entre las cobijas y sueña con el mar. Al amanecer, la encuentro una vez más posada sobre mi pecho.
Soy abono para las plantas. Poco a poco me cubre la hojarasca. Las raíces de los árboles me abrazan; toman mi cuerpo desvanecido y lo jalan hacia la oscuridad y el silencio. Aquí me siento protegida. Soy abono para las plantas.
Córtame la cabeza, Jacinto, porque pesa como dos bultos de cemento.
Córtame la cabeza, Jacinto, porque está hirviendo y me está consumiendo.
Córtame la cabeza y entrégala a la tierra, regálasela a los gusanos.
Que hagan orificios en ella para que entre el airecito y por ahí puedan escapar los pensamientos.
- Tres poemas en prosa de Daniela Gándara Quiroz - viernes 17 de abril de 2026


