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Del mito al arquetipo de vampiro:
Drácula, el villano perfecto y la revolución femenina

lunes 11 de mayo de 2026
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Bela Lugosi como Drácula
El mito del vampiro surgió de la necesidad de llenar los vacíos del conocimiento médico y científico del siglo XVIII, evolucionando hasta convertirse en el icónico personaje del conde Drácula. 📷 Bela Lugosi como Drácula (1931)

Origen y arquetipo del vampiro

El vampiro que evoca la creencia popular de un ser inerte que succiona sangre de seres vivos tiene su origen en un informe oficial austríaco emitido por el médico Johann Flückinger el 7 de enero de 1732 en Serbia, tras una supuesta epidemia de vampirismo, en el que se describen cuerpos sin señales de descomposición, empleando por primera vez la palabra alemana vampyr, que significa “sanguijuela” o “chupasangre” (Flückinger, 1732).

Según Edgar Toribio-Hernández,1 a partir de este acontecimiento surgieron diversas leyendas sobre criaturas semejantes a los vampiros en diferentes partes del mundo, entre ellas los Ekimmus de la cultura sumeria,2 demonios o espíritus de personas fallecidas que succionaban sangre en los desiertos, posiblemente representando la deshidratación como causa de muerte. En las antiguas Babilonia y Jerusalén se creía que Lilith, un demonio femenino, devoraba y succionaba la sangre de los recién nacidos, tal vez para encontrar explicación a lo que hoy se conoce como muerte súbita en lactantes. Cabe aclarar que en Grecia se sostenía una creencia semejante, pero con la Lamia o Striges (búho en griego), y con la diferencia de que los búhos eran los que chupaban la sangre de los bebés (Summers, 1960).

Fuera de Europa se comparten creencias semejantes como el Jiang Shi (cadáver rígido) de China, que surgió a fines del siglo XVII durante la dinastía Qing; se decía que cadáveres caminaban con los brazos extendidos por los campos, posiblemente basándose en su costumbre de trasladar a los fallecidos de noche; no obstante, nunca se menciona la sangre hasta el siglo XX debido a la influencia europea.

A fines del siglo XVII se instala el concepto que se tiene en la actualidad sobre los vampiros, sumándole la creencia de que cuando se producía una peste se debía a algo semejante a una “maldición” por un cadáver excomulgado, y que al cortarle la cabeza se erradica el mal, lo cual coincide con el método utilizado para matar vampiros. Ocurrió algo similar con los “brucolacos” en la isla griega de Mikonos en 1701, donde se escuchaban ruidos extraños de noche, aparentemente causados por el cuerpo de un excomulgado, que según algunos lugareños se encontraba sin señales de putrefacción, por lo que decidieron cortarle la cabeza; no obstante, los ruidos no cesaron hasta que se quemó el cuerpo, aunque De Tournefort3 señala la posibilidad de que los responsables de los ruidos nocturnos fueran unos mendigos que fueron arrestados como sospechosos por un breve período de tiempo.

En este mismo siglo en Medveđa, Serbia, se encontraron cadáveres en ataúdes sin hallarse en descomposición y repletos de sangre; lo mismo ocurrió en Hungría, Rusia, Silesia y Polonia; por ende, se corrió el rumor de que estos “seres-cadáveres” salían de sus tumbas para conseguir su alimento; de hecho, el diccionario de la RAE lo define como “Espectro o cadáver que, según cree el vulgo de ciertos países, va por las noches a chupar (...) la sangre de los vivos hasta matarlos”.4

Se fomentó la creencia de que podían adoptar forma de lobo, murciélago o perro, con una fuerte atracción por las mujeres y extraña relación con el agua y los espejos. La explicación científica a estos hechos es que una enfermedad contagiosa se propagó en ciertas zonas; la misma procede de una mordedura de un perro rabioso y al fallecer5 la sangre no se coagula y permanece líquida, aun después de la muerte; además, el frío y la humedad pueden conservar los cadáveres por más tiempo. A este aspecto sumémosle el hecho de que durante la peste los muertos se enterraban con prisa y muchas veces en estado cataléptico, por lo que se levantaban de sus tumbas improvisadas; además, esta enfermedad aumenta el crecimiento desmesurado del vello y la sensibilidad al sol y, según el vulgo, sólo se podía aplacar la enfermedad con transfusiones de sangre o bebiendo sangre, siendo esto último dudoso.

Todas las leyendas mencionadas hasta el momento tienen algo en común: son un intento de encerrar un hecho inquietante que demandaba una respuesta y un contexto histórico sin las herramientas para aportar una explicación científica, recurriendo a las leyendas para aportar un esclarecimiento como medio para “aliviar” una inquietud de origen ancestral: el miedo a lo desconocido. Como se ha visto hasta el momento, lo desconocido ha desencadenado el miedo, ya que la existencia de lo conocido es una cosa o ente definida, que tiene una explicación científica y da certezas; en cambio, a lo largo de la historia de la humanidad lo desconocido ha sembrado el miedo y el caos, siendo algo sublime6 cuya existencia no se puede encerrar ni clasificar, siendo ajeno al entendimiento y rebasando las fronteras de lo conocido y científicamente explicable.

 

Antecedentes de Drácula

La primera novela de vampiros en la historia fue escrita muchos años antes que la publicación de Drácula (1897), ya que el médico John William Polidori publicaría El vampiro en 1819. Nacido en Londres el 7 de septiembre de 1795, fue un médico apasionado por la literatura que, por petición del poeta Lord Byron, lo acompañó a un viaje por Europa como su médico personal. Según J. M. Sadurní,7 al principio Polidori lo admiraba como autor, pero con el tiempo descubrió que Byron lo despreciaba como amigo y como escritor, llegando a humillarlo públicamente en círculos sociales, tanto a sus espaldas como frente a él, como la ocasión en la que se burló de una obra de Polidori junto a otros escritores: “(...) tras entregarles mi obra de teatro, tuve que escuchar cómo se reían de ella (...)” (25 de abril de 1816)8 refiriéndose a él como “el pobre Polidori” o “Polly Dolly”. Además, Polidori repudiaba el estilo de vida de Byron, lleno de libertinaje desmedido, rumores y escándalos sexuales, como el que menciona en su diario: “Tan pronto como llegó a su habitación, Lord Byron cayó como un rayo sobre la camarera” (26 de abril de 1816), lo cual, lejos de importunarlo, parecía disfrutarlo al igual que su estilo de vida corrupta.

En verano de 1816, conocido como “el año sin verano”, Byron alquiló una finca junto al lago Leman y, debido a un clima oscuro de tormenta que les impedía salir, propuso un juego a sus amigos9 que consistía en que cada uno escribiera un cuento de terror, producto de lo cual nacieron Frankenstein o el moderno Prometeo (1818), de Mary Shelley, y El vampiro, de John William Polidori (1845), novela en la que su autor vertió su resentimiento por Lord Byron. En la novela “Polidori no menciona a Byron, pero en el retrato que hace de su vampiro se refleja, sin duda, la imagen del mencionado poeta, reconocible para sus contemporáneos (...)” (Sadurní, 2023), pues su vampiro Lord Ruthven es un aristócrata frío, distinguido, canalla, ocioso e indispuesto a ayudar a otros, pero siempre dispuesto a beneficiar a aquel que buscara hundirse en la lujuria y la depravación; por otra parte, el autor se representa a sí mismo mediante un joven inglés llamado Aubrey, que se ve obligado a ser el compañero de viaje del vampiro. Si bien John William Polidori no fue creador de la figura del vampiro, sí creó la figura del vampiro romántico que serviría “(...) como fuente de inspiración para los grandes relatos vampíricos posteriores de autores como Edgar Allan Poe (...), Joseph Sheridan Le Fanu o el propio Bram Stoker, el autor de la famosa novela Drácula” (Sadurní, 2023).

Otro antecedente relevante en la literatura de vampiros es Carmilla, de Joseph Sheridan Le Fanu, nacido en Irlanda al igual que Stoker, pero en el año 1814; estudió en el Trinity College y ejerció como periodista en el Evening Mail; no obstante, fue más conocido como el padre de las “ghost stories” escritas en un lenguaje llano, de manera que pudieran ser fácilmente leídas por el pueblo. Carmilla, publicado en el año 1871, trata de una joven llamada Laura, que vive de forma apacible en un castillo en Austria junto a su padre, hasta que un carruaje en el que viajaban una dama y su hija tiene un accidente en la puerta de su casa, por lo que Carmilla es invitada a pasar unos días en el castillo, tiempo en el que se revela la extraña conducta de la joven huésped, al igual que la repentina desaparición de varias jóvenes de la zona.

Según Patricia Millán,10 en esta novela Sheridan Le Fanu “inaugura” el género hoy conocido como historias de fantasmas, destacado por la recreación de una atmósfera espeluznante, en la que Laura representa la ingenuidad y el amor inocente y Carmilla la experiencia, el amor arrebatador y enfermizo, mezclado con posesión y anhelo: “(...) ese aroma erótico que llena la relación entre vampiro y víctima y cuyo clímax, será el acto de posesión y entrega, placer exquisito para las dos, como la más satisfactoria de las cópulas” (Cardona, 2011, pág. 6), dándole un tinte lésbico. Esto fue algo innovador, pero que desafiaba las normas de la sumamente conservadora época victoriana, la cual curiosamente no censuró la novela legalmente, quizás porque “(...) Le Fanu se las arregló para lograr reflejar una relación que, más que de amor, podríamos llamar de tormento amoroso. Sin llegar a un plano físico pero rozándolo (...)” (Millán, 2025), aunque sí hubo una “censura social” de la novela.

 

Bram Stoker: el creador de Drácula

Nacido el 8 de noviembre de 1847 en Dublín, Irlanda, debido a una enfermedad11 no pudo caminar hasta los siete años, no obstante lo cual logró convertirse en un atleta destacado en la universidad de Trinity College, donde se licenció en matemáticas; creció cerca de un cementerio para suicidas, que eran enterrados con una estaca atravesándoles el corazón, por la creencia de que así el espíritu no podría escapar y molestar a los vivos (Cardona, 2010). Tras diez años de servicio civil en Dublin Castle,12 fue crítico teatral13 para Dublin Evening Mail y desde 1878 se volvió representante del actor sir Henry Irving hasta su muerte. En 1875 publicó sus primeros cuentos de “estilo gótico”, que transcurrían en castillos medievales con un argumento terrorífico y estilo posromántico, lo cual observaríamos en la novela Drácula años más tarde, cuyo protagonista posiblemente surgió gracias a los padres de su amigo Oscar Wilde, quienes le permitían consultar la biblioteca de su castillo, y sir Wilde le enseñó mucho sobre leyendas de vampiros irlandeses. En relación con esto último, en 1890 Stoker viaja con su familia al pueblo de Whitby para unas vacaciones, lugar donde al consultar una biblioteca encuentra un libro de William Wilkson sobre Transilvania y los Cárpatos; en el mismo, un nombre llamó su atención, Drácula, y a partir de ahí iniciaría la novela que terminaría siete años más tarde. Además de Drácula publicó otras de sus novelas bajo el nombre Bram Stoker, entre ellas El misterio del mar (1902), La joya de las siete estrellas (1903) y La dama del sudario (1909).

Los últimos años de su vida Stoker padeció problemas económicos y de salud, falleciendo el 20 de abril de 1912 en Londres, Reino Unido. La noticia de su muerte se vio opacada por la noticia del hundimiento del Titanic. Moría por ataxia locomotora,14 consecuencia de su vida libertina mientras estuvo casado, “(...) ni más ni menos a semejanza de la conducta del ‘inmortal’ protagonista de su novela” (Cardona, pág. 9, 2011).

 

El origen del conde Drácula

Tras el fallecimiento de Bram Stoker, su esposa Florence Balcombe15 publica la novela de su marido Drácula el 26 de mayo de 1914, en la que el autor plasma su vida gris al servicio del actor Henry Irving, detonante que hizo explotar todas las fobias y represiones de una época llena de tabúes e hipocresías, donde se condena en público lo que se consume en privado,16 contradiciendo los valores conservadores de la sociedad victoriana, que protegía el honor de las mujeres de sus familias de día, velando por mantener su buena reputación y recato, pero salían de noche para saciar sus deseos mundanos en otras mujeres, incluso estando casados, al igual que Stoker, situación que no escapaba del conocimiento de su esposa sino que, al igual que muchas mujeres victorianas, lo aceptaba y sufría en silencio. Esta situación se verá reflejada en la novela, principalmente en lo que se refiere al rol tiránico del actor y su relación con Stoker, manteniendo cierto paralelismo con el conde Drácula y Jonathan Harker, un abogado obligado a servir al conde, siendo testigo de los horrores que éste lleva a cabo.

Además de la posible inspiración en Henry Irving para la creación del emblemático vampiro, Stoker también se basó en la historia de Vlad Tepes, nacido en el año 1431 en Transilvania, hijo de Vlad II, apodado “Dracul”, que significa “diablo”, quien consiguió la corona de Vlaquia eliminando a su rival. Según Covadonga Valdaliso,17 Vlad Tepes III reinó desde 1456 a 1462 en su temible castillo, heredando el apodo de su padre con una ligera modificación, “Drácula”, traducido como “hijo del diablo”, siendo conocido como “el empalador”, por ser la forma en la que sacrificaba a sus enemigos, esto sumado a la teoría de que padecía una enfermedad hematológica poco común,18 cuyos síntomas eran similares a lo que hoy asociamos con las características de un vampiro; esto y las supersticiones de la zona ocasionaron que se propagaran leyendas sobre el príncipe de Valaquia relacionadas con la sangre, el vampirismo y sus ya conocidos métodos para castigar a quienes se le oponían o amenazaban su territorio, combinando la realidad y la ficción ante una posible enfermedad desconocida hasta el momento.

Según Manuel Peña, Vlad Tepes III tenía síntomas como encías retraídas,19 anemia con rubicundez labial, palidez facial, fotosensibilidad en la piel, que pudo llegar a provocar fotofobia.20 En cuanto al consumo de sangre animal o humana, “probablemente el organismo para tratar de cubrir su necesidad fisiológica de hem despertó en el individuo enfermo (...) la ingestión de sustancias que no son alimento. Así el paciente porfírico en etapa terminal podría haber ingerido sangre (...)” (Peña, 2023). Cabe aclarar que actualmente las transfusiones de sangre pueden ayudar a aliviar los síntomas; por ende, se asemeja a la leyenda del vampiro como consumidor de sangre. En cuanto al uso de ajo para repeler vampiros, puede que tenga su origen en una práctica de la Edad Media, pues “los enterradores utilizan un collar de ajo para protegerse de los efluvios fétidos de los cuerpos en descomposición” (Peña, 2023), práctica que se popularizó entre el vulgo, con la creencia de que ahuyentaba los malos espíritus; además “los pacientes con porfirias sienten repulsión al ajo porque el disulfuro de alilo, un componente que tiene el ajo, provoca destrucción del grupo hem” (Peña, 2023), por lo tanto el comer u oler ajo podía agravar un ataque de porfiria.

 

El conde Drácula y la Bestia: la receta para el villano perfecto

Si bien la palabra villano tiene su origen en el latín villānus y refiriéndose a la zona rural denominada villa, desde la Edad Media se comenzó a dar un segundo significado a esta palabra, asociándola con el mal comportamiento y la tosquedad; por ende, entre los diferentes significados que el diccionario de la Real Academia ofrece se encuentra la siguiente definición: “Personaje de ficción malvado, antagonista del héroe” (RAE, 2026). Desde que se produjo este cambio en su significado la literatura y los medios audiovisuales21 han tenido muchos villanos a lo largo de su historia, entre ellos el conde Drácula, uno de los más destacados en la literatura, y la Bestia de la miniserie Más allá del jardín (2014), creada por Patrick McHale y Katie Krentz y producida para Cartoon Network; la serie tiene como protagonistas a los hermanos Wirt y Greg, quienes están perdidos en el bosque de Lo Desconocido e intentan encontrar el camino a casa, mientras son acechados por la Bestia, una criatura humanoide que convierte en árboles de Edelwood a aquellos que pierden la esperanza durante el viaje.

La importancia del villano se debe a que este es el motor de la historia, pues “(...) un héroe sólo es tan bueno como perverso sea su villano” (Delgado, pág. 14, 2025), ya que sin un villano que represente un desafío para el héroe, éste no tendrá la necesidad de superarlo para vencerlo y por lo tanto carecería de objetivos. Después de todo, si el conde Drácula nunca hubiera existido, Jonathan Harker y sus compañeros jamás habrían tenido la necesidad de unir fuerzas para buscar la forma de derrotar al vampiro, y sin la Bestia amenazando el bosque, los hermanos nunca se habrían perdido, no existirían los arboles de Edelwood y Wirt no habría estrechado la relación con su medio hermano, ni logrado su desarrollo personal.

Otro aspecto a destacar es que el villano es un ser retorcido que representa lo más oscuro del ser humano: “(...) aquello que todo el mundo puede llegar a sentir, pero que no debe guiar sus actos” (Delgado, pág. 15, 2025), como la codicia, la obsesión o un objetivo egoísta que el villano desea cumplir, incluso a costa de otros, como ocurre tanto en el caso del conde Drácula como en el de la Bestia: la obsesión por la inmortalidad. El primero se alimentaba de la sangre de los vivos para vivir eternamente, incluso convirtió a otras mujeres en vampiresas para su propio deleite, como hizo con las tres mujeres que habitan en su castillo y posteriormente con Lucy y Mina,22 arrebatándoles su pureza y convirtiéndolas en seres malvados. “No era amor lo que sentí al verla, sino repugnancia por un ser diabólico que había tomado de Lucy sólo su aspecto” (Stoker, 2011, pág. 187). En el segundo caso se detalla que en el último episodio la Bestia se alimenta de la desesperanza de los niños, poniendo fin a su vida humana al convertirlos en árboles de Edelwood, para que el Leñador haga aceite y lo use en la linterna, manteniéndola encendida, no para preservar el alma de la amada hija del Leñador como la Bestia le hizo creer, sino su propia alma, siendo este el secreto de su inmortalidad, mantenida a costa de la manipulación psicológica del Leñador. “¡Alto! ¡Jamás volverás a ver a tu hija, Leñador! ¡¿Acaso estás listo para volver a esa casa vacía?!” (McHale, 2014, ep. 10, 08:38). Esto último demuestra que los estímulos del entorno del personajes son capaces de hacerlo revelar su verdadera personalidad, pues “(...) las personas reaccionan siguiendo a su verdadera naturaleza en los momentos más críticos” (Gil, 2014, pág. 100).

Un aspecto clave en estos dos villanos mencionados hasta el momento es que Drácula sólo aparece en 62 de 391 páginas; la Bestia, por su parte, sólo aparece aproximadamente entre 8 y 10 minutos en una serie con un total de 110 minutos, tiempo que si bien es breve, para un villano perfecto es más que suficiente para apoderarse de la escena, generando un ambiente de miedo y misterio. Incluso estando físicamente ausentes, su presencia se continúa manifestando en toda la obra, por medio de leyendas o historias contadas por otros personajes, pero sobre todo a través del miedo, como ocurre en el episodio 4, titulado “Canciones en la Linterna Oscura”, el cual se desarrolla en una taberna en la que el personaje de la Tabernera cuenta lo que se sabe de la Bestia a través de la canción “La Bestia está allá”: “(...) La Bestia está allá, uh, sean prudentes, no se fíen de él, si tu firmeza ve flaquear, en árbol te convertirá y en su linterna te consumirás” (McHale, 2014, ep. 4, 06:55). Por otra parte, en el capítulo 11 Drácula no se manifiesta de forma directa, pero sí manipula a los animales para que actúen en su lugar, controlando al lobo para que irrumpa en la habitación de Lucy: “Fuera seguía sonando aquel impertinente aleteo y también comenzó a oírse el aullido de un perro, pero más fiero (...); no conseguí ver nada, excepto aquel enorme murciélago que no paraba de golpear la ventana con sus alas” (Stoker, 2011, pág. 136), controlando el entorno desde un lugar invisible, marcando esa omnipresencia que genera el miedo a lo que no es posible ver ni comprender y, por lo tanto, a aquello de lo que no podemos o no sabemos cómo protegernos, dejándonos expuestos al peligro que amenaza con acecharnos constantemente.

 

La mujer vampiro, ¿liberación u opresión?

Según Julio Pérez, las opiniones respecto al rol femenino en la novela Drácula se encuentran generalmente divididas, pues “la caracterización de los personajes femeninos en el texto de Stoker (...) ha sido fruto de múltiples discusiones por sus lecturas desde un paradigma feminista o de género” (Pérez, 2024, pág. 21), oscilando entre la opresión y la liberación, ya que algunos consideran la transformación de la mujer en vampiro como una forma de emancipación y otros como un castigo o una forma de oprimir a las “nuevas mujeres” que abandonan el rol de “ángel del hogar” para participar activamente de su sociedad, “corrompiéndose”, considerándolas escandalosas o inmorales.

Durante el siglo XIX surgió el ideal feminista de la “mujer nueva”23 en Inglaterra. Según Andrzej Diniejko, este término fue acuñado por la escritora y oradora Sarah Grand en 1894, popularizándose a través de los libros y la prensa. El concepto de “mujer nueva” buscaba apartar a la mujer de su rol tradicional como “ángel del hogar”, representándolas como individuos inteligentes, emancipados y autónomos, que exigían participar en la sociedad en igualdad de condiciones que los hombres, siendo esto último algo ridiculizado con frecuencia por la prensa, sobre todo a través de ilustraciones que invertían los roles de género, parodiando a la mujer por “pretender comportarse como un hombre”. Esta ideología “(...) comenzó a desempeñar un papel significativo en los complejos cambios sociales que redefinieron los roles de género, consolidaron los derechos de las mujeres y desafiaron la supremacía masculina” (Andrzej Diniejko, 2025), lo cual contribuyó a que la población femenina exigiera reformas legales que garantizaran el pleno goce de su autonomía, entre ellas el derecho a la educación formal (1880), el derecho al trabajo en igualdad de condiciones que el hombre (1870),24 el derecho al voto femenino (1928) y el derecho al divorcio “sin culpa”25 (1969), entre otros.

El personaje de Mina Murray es un ejemplo de mujer nueva, pues “(...) a medida que avanza la narración, las mujeres van teniendo un mayor poder y presencia en el espacio público y la narración (llegando a construirla, en el caso de Mina) (...)” (Pérez, 2024, pág. 22), pues si bien cumple con su rol tradicional como prometida y más adelante esposa de Jonathan Harker, también cumple un rol como compañera, siendo un elemento indispensable en el equipo integrado por Jonathan Harker,26 el doctor John Seward,27 Arthur Holmwood (Lord Godalming),28 Quincey Morris29 y el doctor Abraham van Helsing,30 cuyo objetivo es dar caza al conde Drácula, vengando la muerte de su amiga Lucy Westenra, los sufrimientos que Jonathan padeció bajo su cautiverio y salvándose a sí misma de ser convertida en vampiro.

Mina contribuye como recopiladora de información: “El doctor puso el fonógrafo en marcha al tiempo que yo empecé a transcribir el relato oral (...). Viendo que el doctor Seward guardaba (...) periódicos, decidí echarles una ojeada por si acaso conseguía alguna nueva revelación” (Stoker, 2011, pág. 194) usando la mecanografía31 para transcribir el diario taquigrafiado32 de Jonathan, el suyo propio, el diario fonográfico33 del doctor Seward, cartas y recortes de periódicos y diarios, y ordenando la información cronológicamente. Este no es un detalle menor, pues estas eran las tecnologías de vanguardia de la época y el hecho de que Mina sepa utilizarlas le da un rol, no sólo activo, sino necesario para el equipo, evidenciando su habilidad e inteligencia, reconocida por sus compañeros. “¡Ah, esta maravillosa criatura! Posee el cerebro y la tenacidad de un hombre, y el corazón de una mujer” (Stoker, 2011, pág. 199), aunque sin dejar de lado la comparación con la inteligencia masculina, dando a entender que ésta es superior a la femenina y que la mujer se caracteriza principalmente por su sensibilidad, es como dar un paso adelante (reconocimiento) y otro hacia atrás (prejuicios de género).

Desde una segunda perspectiva, el rol femenino en la novela Drácula puede considerarse pasivo, debido a que si bien las mujeres estaban avanzando en su lucha por participar en la esfera pública, muchas de ellas seguían ligadas a la esfera privada, debido a las dificultades que atravesaban para ser reconocidas a causa de su género, evidenciando lo que Tania Diz denomina como “sesgo sexista”. Cabe aclarar que se entiende por género “(...) un imaginario que contempla la relación masculino y femenino” (Diz, 2000, pág. 90), la cual está sostenida en una organización social denominada patriarcado, basado en una jerarquía en la que los hombres ocupan un lugar de mayor poder. Desde el punto de vista simbólico la sociedad ha elaborado una imagen con base en lo que consideran que representan la mujer y el hombre, sobre lo cual se elabora un sistema de valores que “imitan” o sancionan socialmente los aspectos que contradicen o no están incluidos en dicho sistema de diferencias sexuales y formas de poder, que afectan positiva o negativamente al individuo.

Esto último tiene una fuerte relación con el concepto de “ángel del hogar”, pues “(...) responde al ideal de domesticidad de las mujeres, es decir, a la idea de que a las mujeres les corresponde ocupar el espacio doméstico como un destino biológico” (López, 2024). Este concepto de mujer ideal fue reforzado por textos como el poema narrativo del inglés Coventry Patmore “El ángel en la casa” (1854) o el libro El ángel del hogar (1857), de la española María del Pilar Sinués de Marco, ambos publicados con el fin de alentar a las mujeres a ser esposas dóciles y serviciales, madres afectuosas y pacientes y amas de casa cuidadosas en todo lo que respecta al cuidado de su hogar. Particularmente El ángel del hogar tiene el propósito de educar a las lectoras haciendo énfasis en aspectos como la maternidad, la esfera doméstica y la religión, y desacreditar toda actividad ajena a éstas, como ocurre en el capítulo 11, “De la literatura en la mujer”, en el que desacredita a las mujeres escritoras que tratan temas ajenos a su rol como madres y amas de casa, describiéndolas como mujeres descuidadas en dichos roles, carentes de bondad e incapaces de servir a otros que no sean ellas mismas: “(...) todo aquel que le manifiesta afición le parece poco para ella (...); no se quiere casar hasta que tenga treinta años, para dejar antes bien consolidado su nombre” (Sinués, 1881, pág. 203), condenando a la mujer que pospone el matrimonio para dedicarse a su carrera profesional.

En cuanto al personaje de Lucy, sus aspiraciones coinciden con las que María del Pilar Sinués de Marco aprueba en su libro, pues como le expresa a su amiga Mina en sus cartas, su mayor anhelo es encontrar a un buen partido y casarse; por otra parte, si bien Mina también desea casarse y está comprometida con Jonathan Harker, también se ocupa de aprender oficios útiles como la taquigrafía para trabajar con su marido en el futuro. Un claro ejemplo de que las únicas preocupaciones e intereses de Lucy giran en torno a lo sentimental se refleja en el capítulo 5, cuando ésta le cuenta a Mina de los tres caballeros que la pretenden y lo difícil que es elegir a su futuro marido: “¿Por qué no pueden dejar que una mujer se case con tres hombres, o con todos los que quiera, y así evitarse tantos problemas? Pero esto es una herejía y no debo decirla” (Stoker, 2011, pág. 74), además tanto en las descripciones de los otros personajes como en sus propios diálogos se observan sus valores conservadores en lo que se refiere a la religión, y cómo su comportamiento es el típico de cualquier mujer considerada respetable en la sociedad victoriana, sobre todo esto se confirma cuando Lucy, extasiada de felicidad, le comunica a Mina de la buena nueva: su compromiso con Arthur Holmwood. “Le amo. Me ruborizo mientras lo escribo (...)” (Stoker, 2011, pág. 71).

Si bien Lucy Westenra encarna la imagen del “ángel del hogar”, la Lucy convertida en vampiro por el conde Drácula representa todo lo contrario, pues la dama que anteriormente negaba su deseo de casarse con más de un hombre por ser un pecado, la que todos conocían por su bondad y ternura, ahora es un monstruo sediento de sangre que utiliza su belleza para atraer a los niños inocentes y beber su sangre, lo cual es mencionado el 25 de septiembre en un periódico que describe la misteriosa desaparición de niños que se encontraron con “la bella señora”, quien les pedía que la acompañaran a pasear: “(...) todos los niños que desaparecieron durante la noche sufrieron ligeras heridas en la garganta” (Stoker, 2011, pág. 160), dando a conocer capítulos más adelante que Lucy es la responsable de ello. Es el vampirismo el que corrompe a Lucy y la convierte en un monstruo, arrebatándole toda su ternura y docilidad.

Por otra parte, se puede interpretar esta transformación en vampiro como una forma de liberación, pues la dama antes confinada en su habitación por las noches ahora es dueña de la misma, libre de expresar sus deseos abiertamente y de llevarlos a cabo; no obstante Lucy nunca es libre por completo, pues ni como mortal ni como vampiro tiene autonomía, ya que en la primera obedece las normas patriarcales y lo que se espera de ella por su género, y en la segunda es convertida por el conde Drácula, quien puede utilizarla como le plazca; en ambos casos el poder lo tiene un hombre. “(...) Las funciones naturales de las mujeres (según las establecía la moral victoriana), continúan siendo las mismas (...) o la madre/virgen, ejemplo de pureza (...) o la mujer sexualizada que se convierte en metáfora de los males (...)” (Pérez, 2024, pág. 23), y esta situación seguirá manteniéndose hasta el final pues, a diferencia de Mina, quien lucha por su salvación y la de futuras víctimas, Lucy depende de los hombres tanto en su estado de convalecencia como en el momento en que es liberada “del mal” por sus amigos y su prometido, al clavarle una estaca en el corazón y cortarle la cabeza, devolviéndole su mortalidad y permitiendo a su alma descansar en paz, pues “Drácula es, por tanto, el relato de un grupo de hombres sobre la perdición o salvación de unas mujeres” (Pérez, 2024, pág. 23).

 

Conclusión

El mito del vampiro surgió de la necesidad de llenar los vacíos del conocimiento médico y científico del siglo XVIII, evolucionando hasta convertirse en el icónico personaje del conde Drácula, siendo una referencia en la literatura y en la cultura pop hasta nuestros días; Bram Stoker no sólo encapsuló el miedo ancestral a lo desconocido, sino que proyectó una sociedad victoriana en transición.

Como se ha analizado, el secreto para crear al “villano perfecto” no reside en su presencia física constante, sino en su capacidad para colonizar el entorno y la psique de sus víctimas, recordándonos que el terror más profundo es aquel que habita en la ausencia. Poder que se manifiesta con mayor crudeza en el contraste de los roles femeninos, mostrando a Lucy Westenra como representación del ideal pasivo del “ángel del hogar” y a Mina Murray en el arquetipo de la “mujer nueva”, demostrando que si bien en su contexto histórico la mujer continuaba bajo el yugo masculino, ésta comenzaba a librarse de él y ganar autonomía, la cual, junto al trabajo en equipo, la salvó de convertirse en vampiro.

 

Bibliografía

Melanie Silveira
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Notas

  1. “El origen y evolución de los vampiros: monstruos de la fantasía” (2018). En: Acta Literaria, Nº 57.
  2. El sur de la antigua Mesopotamia, actual Irak.
  3. Relation d’un voyage du Levant (Vol. 1) (1718).
  4. Diccionario de la lengua española (2025).
  5. Generalmente por asfixia.
  6. Sentimiento de asombro y perturbación. Un choque de fuerza que busca manifestarse y que no es posible contener.
  7. “John Polidori y el nacimiento del mito del vampiro” (2023).
  8. The Diary of Dr. John William Polidori (1816).
  9. John Polidori, Percy Shelley, su futura esposa Mary Wollstonecraft y su hermanastra Claire Clairmont.
  10. Carmilla: delicada y aterradora” (2025).
  11. O por capricho, si bien la causa exacta se desconoce. F. L. Cardona señala la posibilidad de que fuera una forma de llamar la atención de su madre.
  12. Igual que su padre.
  13. No remunerado.
  14. Relacionado con la neurosífilis.
  15. Apellido de soltera.
  16. La prostitución.
  17. “Vlad Tepes el Empalador, el Drácula histórico” (2024).
  18. Porfiria eritropoyética.
  19. Similares a colmillos.
  20. Intolerancia a la luz.
  21. Cine, televisión, etc.
  22. Mina logra salvarse gracias a sus amigos y equipo formado con el fin de matar a Drácula, vengar a Lucy y salvar a Mina.
  23. The New Woman, en su idioma original.
  24. Antes todo el dinero que ganaban las mujeres pertenecía por derecho a sus maridos, pero esta reforma permite a las mujeres casadas ser dueñas de sus salarios.
  25. Esta causal apela a la voluntad del individuo como único requisito para el divorcio.
  26. Aporta el conocimiento directo sobre el castillo de Drácula, pues él le prestó sus servicios como abogado y se hospedó en su castillo.
  27. Psiquiatra, ayuda en el área científica.
  28. Prometido de Lucy, su título de noble y recursos financieros los ayudan a moverse sin trabas legales.
  29. Un tejano aventurero con conocimiento en armas.
  30. Líder del equipo, es científico pero también posee conocimientos sobre lo sobrenatural.
  31. Escribir a máquina utilizando todos los dedos sin mirar.
  32. Sistema de escritura rápida y concisa que utiliza trazos breves, abreviaturas y símbolos.
  33. El primer dispositivo capaz de grabar y reproducir sonido.
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