
El narrador, ensayista y dramaturgo mexicano José Agustín, uno de los principales exponentes de la contracultura mexicana y un renovador de la narrativa de su país en los años 60 por el uso de un lenguaje moderno, coloquial y sin censura, falleció el martes 16 de enero a los 79 años en su hogar en Cuautla, Morelos, como consecuencia de diversos problemas de salud, según informó su hijo, el editor Andrés Ramírez.
José Agustín Ramírez Gómez había nacido el 19 de agosto de 1944 en Acapulco, Guerrero, y destacó por demostrar su talento desde muy temprana edad. A los veinte años publicó su primera novela, La tumba (1964), escrita a los dieciséis, y a los veintidós la segunda, De perfil (1966).
Estudió Letras Clásicas en la Facultad de Filosofía y Letras, y Dirección en el Centro de Estudios Cinematográficos de la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam), además de participar en el taller literario de Juan José Arreola.
Formó parte de una generación de escritores entre los que estaban Parménides García Saldaña, Gustavo Sáinz y René Avilés Fabila, que debían su influencia a Allen Ginsberg, William S. Burroughs y Hunter S. Thompson, y a los que Margo Glantz llamó, en el prólogo de una antología de 1971 de narradores entre veinte y 33 años, “Literatura de la Onda” —etiqueta que siempre rechazó—, y que Enrique Marroquín acuñó como “jipitecas”.
El también director y guionista cinematográfico escribió y dirigió en 1970 la película Ya sé quién eres (te he estado observando); adaptó para cine en 1976 El apando, de José Revueltas, con dirección de Felipe Cazals, y en 1979 La viuda de Montiel, de Gabriel García Márquez, con dirección de Miguel Littín. Colaboró en numerosos periódicos y en revistas culturales y políticas. Fue becario del Centro Mexicano de Escritores (1966) y de las fundaciones Guggenheim (1977-1978) y Fulbright (1977-1978).
Autor de novelas cuyos personajes suelen estar inmersos en el mundo de las drogas y los excesos, o viven o expresan temas relacionados con la vida desenfadada, la ecología, el esoterismo y la revolución sexual, José Agustín se distinguió asimismo como uno de los conocedores del rock —y de la cultura que se generó en torno a esa música— más importantes en México.
Entre sus obras destacan Inventando que sueño (1968), El rey se acerca a su templo (1976), Ciudades desiertas (1984), Cerca del fuego (1986), El rock de la cárcel (1986), La panza del Tepozteco (1993), La contracultura en México (1996), Vida con mi viuda (2004) y Armablanca (2006). Como traductor vertió al español El viejo y el mar, de Ernest Hemingway, así como textos de James Purdy, Peter T. Furst o Carlos Castaneda, entre otros.
Sus reconocimientos y distinciones incluyen los premios Juan Ruiz de Alarcón de la Asociación de Críticos de Teatro por Círculo vicioso, en 1974, el Latinoamericano de Narrativa Colima 1983 por Ciudades desiertas, el Premio Nacional de Ciencias y Artes en Lingüística y Literatura, en 2011, mismo año en el que le fue otorgada la Medalla Bellas Artes.
En 2009, tras una presentación en Puebla, los jóvenes lectores subieron al templete a pedirle autógrafos y fue tal la presión que José Agustín sufrió una caída de tres metros, producto de la cual se rompió el cráneo y dos costillas. Tras dos meses y medio salió del hospital, pero el accidente lo paralizó un año y fue determinante para sus últimos años de vida, sumiéndolo en un silencio creativo.
Fuentes: El Universal • La Jornada
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