Se me llena el alma de alegría, con tan desenfada y excelsa poesia. Me recuerda que casi vuelvo a ser niño nuevamente. Me hace evocar el día en que nunca volví a tener de regreso mi papagayo (volantín) en mis manos, cuando quiso alcanzar el murmullo del eco. Sencillamente, nos devuelve las ganas de soñar y de volver amar la soledad. Es lo que de momento se me ocurre comentar. Muchas gracias.

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