XXXVII Premio Internacional de Poesía FUNDACIÓN LOEWE 2024 Saltar al contenido

Todo era de Ramón Palomares

viernes 18 de marzo de 2016
¡Comparte esto en tus redes sociales!
Ramón Palomares y Ernesto Román Orozco
Ramón Palomares fue un hombre bueno más allá de su esencialidad poética. En la fotografía, el poeta acompañado por Ernesto Román Orozco. El Ojo Memorioso

Conocí a Ramón Palomares, primero, por la incesante lectura que hice de sus libros, de su particular poesía. Luego, a mediados de los ochenta, ya en funciones como promotor cultural del Ateneo del Táchira, el profesor universitario y buen amigo Gustavo Villamizar lo invitó a San Cristóbal con motivo de las elecciones de la Universidad de Los Andes, en las cuales se escogería las autoridades rectorales de entonces, y a cuya plancha estaba sumado el poeta. Nos trajo un ramo fresco de poemas. Más adelante, en 1999, nos vimos de nuevo en Mérida: Feria Internacional del Libro Universitario, a la cual asistí varias veces con el poeta Segundo Medina, entre golpes de amarillo, como diría el poeta Pepe Barroeta, por aquella alegría de estar en la hermana ciudad andina con tantos poetas amigos, y que Segundo traducía interpretando canciones de Charles Aznavour. Luego, no había un jolgorio nacional que celebrara al poeta Palomares al que no se me invitara y yo, inquebrantablemente, asistía; así fui a unas cuantas ediciones de la bienal literaria que lleva su nombre en Trujillo. En uno de esos viajes leí, con Armando Rojas Guardia, en Carache. Y hablé de esa experiencia con Ramón, cuyos ojos resplandecían al oírme hablar del pueblo de mi padre, de mis ancestros trujillanos.

Sabíamos que todo era de Ramón Palomares; los pájaros de Escuque, la neblina, las frutas, las aguas que oíamos bajar de las montañas.

14 de diciembre de 2005. Luis Hernández Contreras y yo lo invitamos a una lectura en el Ateneo del Táchira. Fue muy bello y nostálgico el rencuentro. Aún guardo los afiches que Freddy Ñáñez, hoy ministro de Cultura, nos diseñó para anunciar la buena nueva. Allí estuvimos todos: en su lectura; su voz ya oxidada de tiempo y desmemorias, supo deferir cada fulgor de sus imágenes. Sus poemas eran él develándose ante nosotros, pues Ramón fue un hombre bueno más allá de su esencialidad poética; jamás perdió su asombro puro de niño ante la belleza que en ráfagas de albores nos ofrenda la naturaleza. Descubrió grandeza e infinitud en el viaje de una hoja al desprenderse de la rama, sin importarle su destino. Confesó cómo una nube armaba pieza por pieza sus gotas para después bañar los campos de su poesía, con la lluvia serena y piadosa de la palabra neblinosa paramera. Ramón Palomares fue ese amigo que nunca escatimó un gesto afectuoso: sus manos ocupadas con esa alegría asombrosa que lo caracterizó ante un amigo.

En el año 2006, el poeta Antonio Trujillo gana el Premio Nacional de Poesía Ramón Palomares, pero el de Escuque, su pueblo natal, y junto a Luis Alberto Crespo nos fuimos a ese hermoso poblado tras las huellas de Ramón. Me daban en ese concurso la mención publicación de mi poemario Las casas líquidas. Pero el poeta Trujillo compartió el premio conmigo y me hizo también el ganador. Antonio y Luis Alberto fueron tras las huellas de Ramón hasta su casa, y la hallaron. Antonio puso su mano abierta en la puerta principal e hizo silencio, como buscando bautismo poético en el “pájaro de los siete colores”. Sabíamos que todo era de Ramón Palomares; los pájaros de Escuque, la neblina, las frutas, las aguas que oíamos bajar de las montañas; aquello era de Ramón; ese poeta y patrono de los árboles que tenían sus propios vientos para bailar y corregir sus verdes. Un buen día, mientras tomábamos unas cervezas, me comentó que estaba pensando regresarse a Trujillo. Que estaba arreglando la casa de Escuque. Yo, para no decirle que pensara bien esa decisión, le respondí: —Poeta, mientras tanto, cada mañana repita el título de uno de sus libros: “Adiós Escuque”, “Adiós Escuque”, “Adiós Escuque”. Él sonrió, chocó su vaso con el mío, y observó el horizonte cercano de un gato dormido sobre una silla vacía del restaurante del Hotel Trujillo.

Ernesto Román Orozco
Últimas entradas de Ernesto Román Orozco (ver todo)

¡Comparte esto en tus redes sociales!
correcciondetextos.org: el mejor servicio de corrección de textos y corrección de estilo al mejor precio