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Lo que sostiene una amistad

• Jueves 3 de mayo de 2018
El escritor cubano Leonardo Padura firma ejemplares de El alma de las cosas en el Centro Dulce María Loynaz, en La Habana, Cuba, en noviembre de 2017.

Pibi y Emilio pertenecen a dos generaciones distintas. Acaso por ello insisten en una cercana y acalorada amistad. Pibi, que en realidad se llama Polibio, tiene casi treinta años. Aun cuando está enterado del linaje griego de su nombre, no está conforme. De ahí el apodo de Pibi, traído por los pelos aunque mejor que Polibio, piensa él. Emilio está por los veinte. Su nombre es, de igual forma, un reajuste entre amigos debido a su disgusto de estar inscrito en el registro civil como Emiliano. Cree que es una denominación para alguien mayor, aunque un militar y político romano se haya llamado Publio Cornelio Escipión Emiliano Africano, conocido también como Escipión el joven. Emilio sabe de la existencia del personaje histórico. En fin, para casi todo el mundo, son Pibi y Emilio. En otro tiempo eran como el aceite y el vinagre. Pero ahora son uña y carne, pues descubrieron un interés en común: los libros. No son coleccionistas ni revendedores, sino lectores.

A estos chicos cubanos los une el compromiso de leer y charlar sobre literatura.

Empezaron con el intercambio de clásicos, luego pasaron a las novedades editoriales (no tanto los best-sellers). Los libros eran devueltos y la conversación giraba en torno a deportes, música, cine y otros amores… hasta que un día Emilio, el estudiante notorio, opinó de un ejemplar cuando se lo devolvía a Pibi, el intelectual ya público y publicado. A partir de ese entonces la palabra impresa de otros —escritores reconocidos o no— comenzó a prolongarse cuando no a opacarse por cuenta de los espontáneos diálogos de los amigos. No obstante, establecieron algunas reglas como por ejemplo conversar cuando ambos ya se hubieran leído el libro, del género que fuera; rechazar poses y el té. Consideraron demasiada pedantería gustativa tomar este último. Con la tacita de café es suficiente, pero no muy llena, ya que Pibi padece de un frecuente insomnio. En cuanto a lo primero (el rechazo de poses), quedó en el intento.

El orden de los momentos literarios lo han venido pautando de la siguiente manera: devolución del libro a las cuatro de la tarde de los terceros viernes de cada mes, merienda y primera opinión de lo leído por quien devuelve. De todas maneras, eso no garantiza tener la definitiva y mejor palabra sobre el material escrito. Al fin y al cabo, es un asunto entre Pibi y Emilio y, claro, el libro y el autor traídos a colación. Pues sí, otra vez cercanos un Polibio y un Escipión Emiliano. Pero a diferencia de aquella amistad surgida al calor de la cacería entre el griego y el romano —como lo reconociera José Ortega y Gasset en su celebrado prólogo Veinte años de caza mayor, del Conde de Yebes—, a estos chicos cubanos los une el compromiso de leer y charlar sobre literatura. He aquí uno de esos momentos a propósito de El alma de las cosas (Editorial Acuario, 2017), de Leonardo Padura.

 
“El alma de las cosas”, de Leonardo Padura

En un mundo en el que el espectáculo, la frivolidad, la lectura fácil y amena se imponen como modelos, “el alma de las cosas” importa cada vez menos. Los mercados, por su lado, y los vigilantes de las sociedades (sean burócratas o autoridades religiosas, fundamentalistas políticos o ideológicos) por el suyo, prefieren su buen espectáculo, el que los enaltece a ellos… y que nadie esté hurgando en el alma de las cosas.
Leonardo Padura

Emilio: Discúlpame si parece que no he almorzado hoy, maestro. Es que la calidad de la merienda imponía la repetición. No se asombre usted.

Pibi: ¿Asombrarme? Siempre dices lo mismo cuando terminas. Va siendo hora ya, Emilio, de que no te reiteres. Y gracias por lo de maestro. No lo merezco. Además, como se ha vuelto común calificar de ese modo a casi todo el mundo, mejor dime aprendiz. ¡Siempre seré uno!

Emilio (ríe): Tu modestia, Pibi, es inspiradora. Aunque decírtelo es también un lugar común.

Pibi: Como tu sarcasmo.

Emilio: No digas eso, estimulador de nuevos talentos. No conviene que reproches la independencia de la palabras.

Pibi: Para nada. Sólo llamo la atención sobre el tono cuando las pronuncias. Espero que seas más sencillo en tus exposiciones orales en la academia.

Emilio: La sencillez no me place. De hecho, me preocupa que se parezca a la inseguridad expresiva. No me gusta titubear, Pibi, aunque me equivoque.

Pibi: Admiro esa afirmación con ligero tono autocrítico porque de que te equivocas no te quepa la menor duda. Todos nos equivocamos y aprendemos. ¿No es así, Emilio?

Emilio: Sí, querido, sin dudas. Aunque quien se equivoca menos tiene la garantía de mayor atención y respeto.

Pibi: Pues claro. ¿Quién lo puede negar?

Emilio: Como no me puedes negar que Leonardo Padura, nuestro escritor vivo más internacional, goce de ser un indiscutible best-seller en la isla, escriba lo que escriba.

Pibi: No lo niego, pero eso de que escriba lo que escriba… No es una ironía, ¿verdad?

Emilio: No, no, no. Es una certeza. En el fondo, ¿qué escritor no quiere ser vendible, en el mejor sentido del término?

Pibi: Se te entiende. No te preocupes… ¿Y no te llamó la atención que yo escogiera un libro de periodismo de Padura?

Emilio: Para nada. Aunque hubiera preferido su novela Herejes, por ejemplo. Hubiéramos tenido más tela por donde cortar.

Pibi: ¿Subestimas los alcances del periodismo?

Padura es notable en muchos momentos de esta tercera entrega de sus textos compilados sobre todo por IPS.

Emilio: Nunca. Mientras sea un periodismo literario notable, bienvenido sea.

Pibi: ¿Y qué es un periodismo literario notable para ti?

Emilio: Ya con ser literario es un mérito. Ahora, para argumentarte más añado que…

Pibi (lo interrumpe riéndose): Ese tono tuyo siempre tan presumido más lo rebuscado de las palabras, vaya, eres un caso en estos tiempos.

Emilio: La forma y la inflexión pueden enaltecer el contenido. No critiques la actitud acertada.

Pibi: No tienes remedio… Continúa.

Emilio: Me alegra tu comprensión, pues un periodismo notable es aquel que informe mientras analiza lo cotidiano, al tiempo que despierta varias capas temporales.

Pibi: Uf… ¿Qué quieres decir con eso último?

Emilio: Pues despierta varias capas temporales aquello que no se limita al presente. Aquello capaz de ir atrás, al pasado, y vincularlo con la actualidad e incluso divise algo del porvenir, por qué no. Y en ese sentido, Padura es exponente de un buen periodismo literario.

Pibi: Por fin, ¿es bueno o notable? ¿No estás seguro, Emilio?

Emilio: Estás hoy tras la caza del detalle. Te pones muy belicoso.

Pibi: No tanto como me sueles poner con tus ráfagas intelectuales.

Emilio: Claro que estoy seguro, si me dejaras proseguir…

Pibi: Adelante.               

Emilio: Padura es notable en muchos momentos de esta tercera entrega de sus textos compilados sobre todo por IPS o, para que se entienda, Inter Press Service. ¿Excelente la pronunciación?

Pibi: Sí, no me cuesta reconocer que ha mejorado mucho tu inglés. Eh, los otros dos libros que le antecedieron a este son Entre dos siglos y… ¿cómo se llama el otro?

Emilio: La memoria y el olvido. Mira, hasta tiene que ver con lo que representamos tú y yo: la memoria y el olvido. Repara en el detalle.

Pibi: No podemos recordarlo todo. Además soy más viejo que tú. Te llevo diez años. Entonces, estoy justificado.

Emilio: Tienes respuesta para todo.

Pibi: No lo creo, sería muy aburrido si así fuera.

Emilio: Sabes, se me antoja preguntarte: ¿no habrás escogido El alma de las cosas porque Padura tiene un nombre ya en la narrativa?

Pibi: Bueno, él tiene un nombre también como periodista. No olvides que laboró en el Juventud Rebelde y antes en El Caimán Barbudo. El periodismo de Padura es significativo por años, por variedad temática y calidad estilística.

Emilio: Sí, la variedad temática es muy representativa en este material impreso. Son seis capítulos dedicados al trayecto de buena zona de la cultura cubana. Pero el estilo no ha variado mucho desde el principio.

Pibi: ¿Has leído todo su periodismo como para admitir eso?

Emilio: Contando con los dos libros ya mencionados, súmale también Los rostros de la salsa y hasta Lo real maravilloso: creación y realidad y Un camino de medio siglo: Alejo Carpentier y la narrativa de lo real maravilloso. Estos dos últimos son ensayos, lo sabemos, aunque están escritos con la destreza de un periodista.

Pibi: Chico, ese es un texto muy ensayístico, estupendo en la escritura y el análisis. Es un libro muy necesario para los estudios carpenterianos sobre lo real maravilloso. No creo que tenga mucho de estilo periodístico.

Emilio: Al decir yo que tiene la destreza de un periodista es un elogio, ¿evidente, no?, pues Padura refleja en las páginas de Un camino de medio siglo… la agilidad de los textos cortos que aparecen en El alma de las cosas.

Con El alma… se corrobora que estamos ante un observador y viajero especializado en la asociación cultural ya hable de la ciudad, un libro, un personaje, la política.

Pibi: Sí, puede ser. Pero supongo te hayas dado cuenta de la generosidad del autor para con muchos tipos de lectores, a diferencia de lo especializado de Un camino de medio siglo

Emilio: Es verdad. Aunque con El alma… se corrobora que estamos ante un observador y viajero especializado en la asociación cultural ya hable de la ciudad, un libro, un personaje, la política, en fin… porque se ha entrenado al mismo tiempo en la retórica del paseo.

Pibi: Explícame eso de la retórica del paseo.

Emilio: Pues según Julio Ramos es la puesta en escena del principio de narratividad en la crónica.1Julio Ramos: Desencuentros de la modernidad en América Latina, México, Fondo de Cultura Económica, 1989. Con el paseo el sujeto ordena el caos propio de lo citadino.

Pibi: ¿Es como una manera de asumir o, mejor, de componer un orden a partir de la fragmentación del presente en la ciudad?

Emilio: Pues así es.

Pibi: Me vuelves a dar la razón. Padura trabaja conscientemente la variedad estilística. En sus artículos y otros textos más de comentarios como los aparecidos en La Gaceta de Cuba es agradecidamente coloquial.

Emilio: ¿Quién dice lo contrario? Lo que dentro de su periodismo hay es una constancia en la manera de escribir que no ha variado desde sus anteriores libros.

Pibi: Bueno, bueno. El libro forma parte de una trilogía. Es parte de una secuela escritural. El sello Padura tiene que estar ahí.

Emilio: Perdón, no es una trilogía declarada. Dentro de unos años, puede haber otro y otro más e incluso puede querer escribirlo diferente. Seguro será así.

Pibi: ¿Es que tienes algún problema con la manera en que está escrito El alma de las cosas?

Emilio: No, Pibi, claro que no. Disfruto de la frescura y elegancia del lenguaje, del atrevimiento y las sugerencias de los análisis del Padura periodista, pero como todo, él se luce más en determinados temas como por ejemplo “Canto a La Habana”, “El alma de las cosas” y “Cubanos por el mundo”.

Pibi: ¿Y no será que son los temas que más te gustaron?

Emilio: Puede ser, pero que conste que yo me leí texto por texto. No soy de los que comentan un libro por un fragmento o lo que me dicen de él.

Pibi: Está bien. Por eso mismo te lo digo. Hasta donde yo sé “Cuba cotidiana: 1Q84”, “Cuba-USA: tan cerca, tan lejos” y “Buenas noches, buena suerte” son tan interesantes como los otros tres que mencionaste.

Emilio: No digo que no. Pero hay algo en el tono de los tres que prefiero, lo admito, que los hace superiores.

Pibi: Estás exagerando… ¿Eso quiere decir que de haber hecho tú la compilación, en vez de Lucía López Coll, no los hubieras incluido?

Emilio: Por supuesto, mi caro amigo, por supuesto que sí. Lo otro es importante. Pero a mi entender complementa lo mejor de El alma de las cosas. “Uno debe ser sincero consigo mismo, realista con sus posibilidades y capacidades”.

Pibi: ¿Lo dices por mí?

Emilio: Son palabras de Padura, querido.

Pibi: Ya, te encanta citar, como siempre.

Emilio: Y a ti parafrasear de vez en cuando.

Pibi: En resumen, este libro resalta para ti por sus muchos temas y por las estrategias de exposición que según tú no varían en cuanto a estilo.

Emilio: Por ahí va mi criterio. Aunque lo puedo decir a mi forma. Pues yo aprecio un logro en el libro gracias a los diferentes tonos de los textos y a la persistencia temática.

Pibi: ¿Admites entonces un cuidado del lenguaje más allá de la excelente edición de Vivian Lechuga y cuanto reconoce Arturo Arango en el prólogo?

Emilio: No faltaba más para un cronista analítico y crítico de lo social, la historia y la cultura cubana en general.

Pibi: ¿De un periodista y narrador o viceversa?

Emilio: No, de un narrador que de vez en cuando aprovecha cuanto ha aprendido como experto de ficciones y lo traslada a sus artículos o comentarios periodísticos.

Preguntar por los libros de Padura es natural. No encontrarlos es común. Basta la salida de un nuevo título sin mucha promoción y los lectores se matan por tenerlo.

Pibi: Es casi lo mismo de lo que he dicho pero al revés. Lo importante es que vuelves a reparar en lo de su lenguaje. ¿Ya ves?

Emilio: Sí, sí… Por cierto, Pibi, en el texto “Periodismo literario cubano: un cadáver exquisito”, Padura se refiere al seminario de actualización que impartió el escritor mexicano Paco Ignacio Taibo II en los años noventa —y te leo este fragmento—, seminario de actualización “en el que le revelaría a los periodistas cubanos (incluidos los cultores del periodismo literario criollo de los años 1980), que el llamado Nuevo Periodismo norteamericano había asentado su renovación precisamente sobre una mezcla hecha a conciencia entre función periodística y recursos narrativos”.

Pibi: Bueno, ¿y qué fue lo que hizo José Martí en sus cartas/crónicas/ensayos además de ejercer la crítica?

Emilio: Justamente, narrar y sin dejar de cumplir con las funciones del buen periodista.

Pibi: Del gran periodista tú dirás.

Emilio: Por supuesto, ese es el Maestro. ¿Acaso hay que leerse De surtidor y forja: la escritura de José Martí como proceso cultural, de Marlene Vázquez Pérez, para darse cuenta de lo que ya hacía Martí antes del Nuevo Periodismo norteamericano?

Pibi: No para eso, Emilio. Pero es un libro que hay que leer también.

Emilio: Lo he hecho, por eso lo comento. Y por favor, Pibi, no nos desviemos de hurgar en El alma de las cosas.

Pibi: Está bien. Ahora te pregunto ¿consideras a Leonado Padura un escritor con fijador?

Emilio: ¿Si permanece o si se desvanece, como él mismo dice en el primer texto de El alma de las cosas? Pibi, preguntar por sus libros es natural. No encontrarlos es común. Basta la salida de un nuevo título sin mucha promoción y los lectores se matan por tenerlo. ¿Qué más se puede pedir?

Pibi: Sí, los sucesos en torno a Leonardo Padura son tan atractivos como sus libros.

Emilio: Ay, maestro, usted tan al tanto de lo extraliterario como de la obra y sus autores.

Pibi: No menos haces tú cuando no estás en tu casa… Bueno, ¿cuál es el próximo libro para comentar?

Emilio: Dame unos días para buscar. Dejemos que el texto aparezca y nos encuentre.

Pibi: ¡Muy romántica tu postura! No demores mucho porque tiempo perdido hasta los muertos lo lloran… Y mira a ver qué escoges para la próxima ocasión, por el amor de Dios.

Emilio: No te preocupes que, cuando me toca, hasta yo me asombro de lo que elijo por y para los dos.

Daniel Céspedes Góngora

Daniel Céspedes Góngora

Ensayista cubano (1983). Es crítico de arte. Ha colaborado con diversas publicaciones en su país.
Daniel Céspedes Góngora

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Notas   [ + ]

1.Julio Ramos: Desencuentros de la modernidad en América Latina, México, Fondo de Cultura Económica, 1989.