XXXVII Premio Internacional de Poesía FUNDACIÓN LOEWE 2024 Saltar al contenido

En recuerdo de Saúl Ibargoyen

lunes 14 de enero de 2019
¡Comparte esto en tus redes sociales!
Saúl Ibargoyen
Saúl Ibargoyen falleció en México el 9 de enero de 2019.

“En Ciudad de México falleció el poeta uruguayo Saúl Ibargoyen, que residía en el país desde 1976, y del que poseía la nacionalidad desde el año 2001”, informó el Instituto Nacional de Bellas Artes (Inba), el miércoles 9 de enero. Ibargoyen era un prolífico escritor con más de 75 libros publicados, con su obra traducida a trece idiomas, entre ellos el ruso, el inglés, el francés, el bielorruso, el portugués, el árabe y el esloveno.

El escriba había nacido en Montevideo, capital de la República Oriental del Uruguay, el 26 de marzo de 1930; cuatro meses después su país, sede del primer Campeonato Mundial de Fútbol, obtenía el título venciendo a Argentina en la final por un marcador de 4 a 2. Fue un hombre muy vinculado a la literatura y la cultura de México, país al que vendría a radicar en 1976 como exiliado político y al que consideraba su segunda patria.

En una entrevista, así se definió: “Soy Saúl Ibargoyen, parece que soy poeta, cuentista, novelista, y tengo muchos otros oficios”.

Desempeñó múltiples actividades como docente, periodista cultural, traductor, coordinador de talleres literarios y editor, entre otras. Al enterarse de su fallecimiento, el escritor mexicano Paco Ignacio Taibo II, “viejo amigo y compañero”, tuiteó: “Mexicano por derecho adquirido en sus letras, su presencia cultural, sus talleres literarios, su periodismo. Afortunadamente los viejos rojos, los viejos rockeros y los escritores nunca mueren”.

Entre múltiples galardones obtuvo en 1963 el Premio Nacional del Ministerio de Instrucción Pública de Uruguay, y en México, en el 2002, el Premio Nacional de Poesía Carlos Pellicer para Obra Publicada por su libro El escriba de pie. Fue miembro de la Academia Nacional de Letras del Uruguay. Le otorgaron doctorados honoris causa la Universidad Monseñor Oscar Arnulfo Romero, de El Salvador (2014), y la Universidad de Tijuana, Campus La Paz (Baja California Sur), de México.

De su abundante obra podemos destacar El poeta y yo, El torturador, El escriba de pie, Poeta en México City, Basura y más poemas, Llorar pa’delante, Poesía rebelde latinoamericana. En una entrevista, así se definió: “Soy Saúl Ibargoyen, parece que soy poeta, cuentista, novelista, y tengo muchos otros oficios, como diría Pablo Neruda, dentro y fuera de la ley, estoy no sé si feliz pero contento de seguir vivo en este mundo tan duro para millones de personas porque un hombre solo no es nada. Uso la computadora que tiene mejor memoria que yo, escucho a Gardel y el tango, veo el fútbol, recuerdo el mate y el asado… y sí uso el Facebook”.

Su amigo, el poeta Juan Gelman, que también se exiliara en México y recibiera en el 2007 el Premio Cervantes de Literatura, en una ocasión dijo: “Saúl Ibargoyen pertenece a la estirpe de los poetas verdaderos, una especie mucho menos abundante de lo que el número de libros de poesía en circulación y la crítica de ciertos críticos permitiría suponer. Es un poeta original y, en consecuencia, suele padecer el embate de silencio que le dedican quienes están afiliados a lo novedoso y no atienden lo sustancial”.

Era integrante de lo que el crítico uruguayo Ángel Rama bautizó “Generación de la Crisis”, integrada por escritores uruguayos entre las décadas de los 50 y 60 del siglo XX. Hace unos días el periódico Crónica, de la Ciudad de México, publicó la que sería su última entrevista; de la misma extraigo algunos conceptos que nos muestran el pensamiento del escritor unos días antes de su muerte.

Al ser cuestionado sobre su universo tan propio dentro de la actual poesía latinoamericana, dijo: “Mi apuesta sigue siendo a lo subjetivo en el arte, aun en el marco de ciertas tradiciones y legados culturales. En otras ocasiones he reiterado la idea nada original de que cada poeta debe fundar su propio ismo, su propia tradición, su verdad no intercambiable, su modo de escarbar la médula de cada palabra, su sed del nombre secreto de los seres y las cosas, su arte poética irrenunciable e invendible”.

Sobre las temáticas de sus obras: “El poeta no debe dejar morir el niño que está en él, que no duerme, atento siempre. Si lo ve agonizar, debe aplicarle una buena respiración boca a boca, de ahí sale todo”.

Ante la pregunta de que, con más de tres décadas viviendo en México, su producción es muy vasta, ¿cómo la definiría en cuanto a un proceso que aún no acaba? “No es fácil una respuesta atinada, pues uno está como en medio de un camino por el que pasa mucha gente. Se hace camino a lo Machado, y pocas veces te detienes a mirar atrás, recordando la canción de Atahualpa Yupanqui. Debo suponer que de algún modo uno realiza un examen más o menos crítico del propio trabajo, pero desde el ejercicio de la escritura. Incluso desde esa protoescritura, desde esos versos que apenas se insinúan a partir de una imagen, de una representación, de una mínima angustia, de una injusticia social, soterrada o evidente”.

Saúl Ibargoyen cuando se refería al exilio solía decir: “El exilio produjo en mí un desgarramiento incurable”.

 “Pero sí podría mencionar instancias personales que se expresaron en la poesía: el exilio, sobre todo (ese exilio que en más de un sentido nunca termina). Y las numerosas circunstancias de la vida cotidiana, los viajes, los amores, las amistades, las resonancias de la multiplicidad cultural mexicana, la actividad laboral. Pero la poesía no fue suficiente para mí, por eso la apelación a continuar la forja de un discurso narrativo desarrollado en novelas y cuentos. Pienso que ambos discursos, el narrativo y el poético, constituyen el envés y el revés de un entramado único”

Saúl Ibargoyen cuando se refería al exilio solía decir: “El exilio produjo en mí un desgarramiento incurable”.

En un homenaje que le realizaran el Instituto Nacional de Bellas Artes (Inba) y el Consejo para la Cultura y las Artes (Conaculta) en el año 2010, dentro del ciclo “Protagonistas de la literatura mexicana”, el dramaturgo, ensayista, narrador y poeta Samuel Gordon lo definió con estas palabras: “Se ha dicho que es un poeta entre dos tierras (Uruguay y México) pero pertenece a un solo territorio que es la poesía”.

El año pasado escribí un poema dedicado a Saúl Ibargoyen, el que comparto con gran placer con ustedes:

Poeta charrúa en México City

Un gran bardo oriental en México Tenochtitlán,
murga, mate, Cielito lindo y Pericón Nacional,
pluma celeste, corazón de Ceibo.
Alas tienen tus versos
que buscaron la libertad
en un momento, de tu pueblo,
y hoy del hombre en general.
Sos ilustrado y valiente
como dijo el General.
Un escriba de pie
marcada su inspiración
por los destellos que emite
la lejana Cruz del Sur.
Tu patria es el idioma que supiste enriquecer
sin fronteras como el portuñol
que parte de tu obra engalanó.
Para ti, “los pájaros ladran”
para don Quijote los perros,
Saúl es también un Quijote
más allá de su semejanza en el porte
por sus luchas con las letras
buscando siempre en sus líneas
interpretar científicamente
la tan mentada realidad.
Como en sus inicios poéticos
“El pájaro en el pantano”
el exilio lo llevó a emigrar
a lejana tierra de pantanos
allí decidió volar
desde su Patria querida
el muy lejano Uruguay
un churrinche1
poeta charrúa en México City.

Washington Daniel Gorosito Pérez
Últimas entradas de Washington Daniel Gorosito Pérez (ver todo)

Notas

  1. Churrinche: es el pájaro nacional del Uruguay. El macho tiene copete rojo, carmesí brillante, antifaz negro, garganta roja, abdomen y pecho rojo, dorso gris, alas negras, cola negra y pico negro, su trinar es hermoso.
¡Comparte esto en tus redes sociales!
correcciondetextos.org: el mejor servicio de corrección de textos y corrección de estilo al mejor precio