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A 40 años de la guerra de las Malvinas… un poema de Borges

jueves 26 de mayo de 2022
Jorge Luis Borges
Acaso de inocencia habrá pecado Jorge Luis Borges, quien en sus inicios le prestó apoyo a los miembros de la junta militar que dieron el golpe de Estado el 24 de marzo de 1976.

Este texto forma parte de la antología publicada por Letralia el 20 de mayo de 2022 en su 26º aniversario

“Las Malvinas fue una guerra
entre dos calvos por un peine”.
Jorge Luis Borges

El 2 de abril de 2022 se cumplieron 40 años del momento en que la República Argentina, en una medida desesperada llevada a cabo por la junta militar que gobernaba el país, decidió tomar por la fuerza las islas Malvinas, para los ingleses Falkland, visto el “agotamiento” de su gobierno, sumido en la crisis económica y política.

Me pegó de cerca la guerra, primero en lo geográfico, vivía en ese entonces en Uruguay, mi país de origen, y escribí un artículo en el periódico de la universidad, el querido Primera Plana, titulado “Verdaderamente… tiempos sombríos”, porque la guerra es eso: sombría, tétrica, poca luz. No hay guerras justas, a pesar de que históricamente nos han querido, como dicen hoy los mercadólogos, “vender esa idea”, más de una vez en la vida, y aclaro que pienso que “las Malvinas son Argentinas”, pero esa no era ni será la vía para recuperarlas, hay que apelar a la diplomacia.

También me pegó en la edad: tenía la misma de la mayoría de esos jóvenes conscriptos, chicos bajo bandera o “colimbas” (corra, limpia y barra), como se les llamaba, que dejaron su vida en gran número en las frías latitudes del sur del continente. Me pegó en el apellido: tres de estos jóvenes apellidados Gorosito descansan eternamente en el fondo del Atlántico Sur, ya que formaban parte de la tripulación del crucero ARA General Belgrano, que fuera hundido por el submarino nuclear británico HMS Conqueror fuera de la zona de exclusión, transformándose en un crimen de guerra aún no juzgado.

Aunque, como dice una de las estrofas de la canción de León Gieco que se transformó en himno en ese momento, cantada a dúo con la popular Mercedes Sosa (la Negra), fallecida en 2009:

Sólo le pido a Dios
que la guerra no me sea indiferente
es un monstruo grande y pisa fuerte
toda la pobre inocencia de la gente.

Y acaso de inocencia habrá pecado Jorge Luis Borges, quien en sus inicios le prestó apoyo a los miembros de la junta militar que dieron el golpe de Estado el 24 de marzo de 1976 derrocando a Isabel Martínez de Perón.

Dos meses después, el miércoles 19 de mayo de 1976, la comisión directiva de la Sociedad Argentina de Escritores (Sade), entre cuyos miembros se encontraban Borges y Ernesto Sábato, compartió el pan y la sal en la Casa Rosada durante más de dos horas con el teniente general Rafael Videla y otros militares.

Antes de ingresar a almorzar, Borges interrogado por la prensa externó: “Yo simplemente contestaré lo que me pregunten. Soy tímido y ante tanta gente importante seguramente me sentiré abochornado”.

Días antes, al retornar de un viaje de más de cuatro meses por los Estados Unidos en el que se había sometido a una cirugía en los ojos, el escritor les dijo a los periodistas: “La felicidad con que en California escuché a Caillet-Bois (poeta argentino) la noticia de que ahora estábamos gobernados por caballeros, como son los militares, y no por el hampa”. Felicidad desbordante, a juzgar por la efusión: “Cuando Caillet-Bois me informó, nos abrazamos y lloramos”.

Al otro día de la reunión con Videla, el 20 de mayo, el diario La Prensa de Buenos Aires publicaba el punto de vista de Borges sobre el encuentro con Videla: “Le agradecí personalmente el golpe del 24 de marzo, que salvó al país de la ignominia, y le manifesté mi simpatía por haber enfrentado las responsabilidades del gobierno. Yo nunca he sabido gobernar mi vida, menos podría gobernar un país”.

Y llegó la “recuperación” de las islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur, la denominada “Operación Rosario”. Al llevarse a cabo ésta, las declaraciones de Jorge Luis Borges no se hicieron esperar y las mismas se generaron durante todo este proceso bélico y después de la derrota argentina.

Los militares que nos gobiernan son tan incompetentes, tan ignorantes… los militares nuestros son mucho más peligrosos para nuestros compatriotas que para el enemigo inglés.


Nadie conocía esas islas. Hizo falta que nuestros militares las desenterraran para hacer la guerra. Los militares argentinos debieron haber consultado un abogado antes de iniciar la guerra.

Sobre el hundimiento del Belgrano:

Estoy triste, mandaron a esos pobres muchachos de veinte años a morir al sur y pelear contra veteranos, expertos en el arte de la guerra. Solamente en el Belgrano murieron cientos. Claro que los militares dirán que al lado de los desaparecidos esa cifra no es nada, pero no creo que les convenga ese argumento.

Sobre Perón: “Galtieri quería parecerse a Perón; es imposible imaginarse una ambición más modesta”. O: “Galtieri salió al balcón, se embriagó de los gritos de la gente, extendía las manos, parecía Perón”.

Irónico: “Las islas habría que regalárselas a Bolivia para que tenga salida al mar”.

En 1985 el escritor argentino declaraba:

La decisión de invadir Malvinas fue una estupidez que debió ser tomada por una docena de militares borrachos.

Sobre el futuro:

Si hubieran ganado y reconquistado las islas, posiblemente, los militares se hubieran perpetuado en el poder y tendríamos régimen de aniversarios, de estatuas ecuestres, de falta de libertad total.

Hasta me inclinaría a pensar que los militares dudaron en hacer la guerra con Chile o con Inglaterra, pero como Inglaterra quedaba muy lejos no midieron que los ingleses aceptarían el desafío gustosos.

Y en ese mismo año Jorge Luis Borges publicará su último libro de poemas, Los conjurados, en el que incluirá el poema “Juan López y John Ward”, donde plasma un homenaje a los caídos en las batallas y una crítica a lo absurda que es la guerra.

Se dice que Borges había declinado de su apoyo a los militares y en sus declaraciones anteriores lo podemos constatar. Recordemos que en ese almuerzo también estuvo presente Ernesto Sábato, quien fue mejor tratado por la izquierda, ya que después de la caída del gobierno militar por la derrota en las islas Malvinas, y luego del regreso a la democracia, presidió la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep) que investigara las violaciones a los derechos humanos en el país entre 1976 y 1983 a manos del llamado Proceso de Reorganización Nacional.

El 20 de septiembre de 1984, Sábato entregó el informe “Nunca más” al presidente electo democráticamente Raúl Alfonsín. También conocido como “informe Sábato”, fue la principal prueba para iniciar los juicios a los militares argentinos.

Pero regresemos a Jorge Luis Borges, ese sí siempre muy castigado, incluso cuando escribió este poema caía sobre él la sombra de sectores nacionalistas y de izquierda de su país que lo definían como “un escritor británico que escribe en castellano”.

La primera vez que se publicó el poema fue en el suplemento Cultura y Nación el 26 de agosto de 1982 en el diario Clarín de Buenos Aires. La fecha de su publicación nos dice que Borges lo escribió apenas terminó la guerra, que fue el 14 de junio de ese año.

Juan López y John Ward

Les tocó en suerte una época extraña.

El planeta había sido parcelado en distintos países, cada uno provisto de lealtades, de queridas memorias, de un pasado sin duda heroico, de derechos, de agravios, de una mitología peculiar, de próceres de bronce, de aniversarios, de demagogos y de símbolos. Esa división, cara a los cartógrafos, auspiciaba las guerras.

López había nacido en la ciudad junto al río inmóvil; Ward, en las afueras de la ciudad por la que caminó Father Brown. Había estudiado castellano para leer el Quijote.

El otro profesaba el amor de Conrad, que le había sido revelado en una aula de la calle Viamonte.

Hubieran sido amigos, pero se vieron una sola vez cara a cara, en unas islas demasiado famosas, y cada uno de los dos fue Caín, y cada uno, Abel.

Los enterraron juntos. La nieve y la corrupción los conocen.

El hecho que refiero pasó en un tiempo que no podemos entender.

Washington Daniel Gorosito Pérez
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