“El amor fingido del comandante Antúnez”, de P. G. de la Cruz
Saltar al contenido

Recordando al José Emilio Pacheco admirador del haikú

viernes 15 de marzo de 2019

José Emilio Pacheco

El escritor mexicano José Emilio Pacheco, quien recibiera el Premio Cervantes de Literatura en el año 2009, ha sido descrito por algunos críticos como un poeta pesimista y vital. Me remito a sus palabras: “Escribir poesía es una forma de resistencia contra la barbarie”.

Fue conocido en círculos literarios, su gusto por la lectura y análisis del haikú, poesía japonesa que es marcada en su contenido profundamente por la naturaleza. En Japón, la adopción y posterior mezcla del budismo y confucionismo chino dio como resultado el sintoísmo japonés.

Al decir de José Emilio Pacheco, el haikú permite “buscar lo maravilloso en lo cotidiano, como buscar el alma y el sentido de las cosas”.

La característica principal del mismo es el profundo amor por la naturaleza o por todas las cosas que crecen, y fluyen y esa filosofía se ve profundamente reflejada en el haikú. Según Pacheco, esto “a diferencia de nuestra cultura, que está inspirada en el odio y la destrucción de la naturaleza”.

Obviamente que esa adoración de la belleza, no vista como algo extraordinario o milagroso sino simplemente como algo cotidiano, es la clave del fundamento para entender lo que significa el haikú. El escritor mexicano considera que el budismo zen “trata de meditar en la irrealidad del yo, el cual es causa del deseo, y como sabemos casi todos quedan insatisfechos”.

Así, meditar es destruir poco a poco el yo y las ilusiones que engendra, entonces el haikú se nos presenta como una forma activa y poética de meditación, por medio de la cual se alcanza la iluminación que nos lleva al Nirvana, experiencia mística de la que la poesía puede darnos un vislumbre.

Es importante tomar en cuenta que en el haikú no encontramos, como existe en el español, rima ni versificación acentuada. El origen del haikú comenzó como un pasatiempo de sociedad, que posteriormente el poeta Bashō reconvirtió en poesía popular.

La característica del haikú para su escritura es respetar la estructura de tres líneas de cinco, siete y cinco sílabas. Según Pacheco lo maravilloso “es que no son textos poéticos cerrados, pues el lector puede continuarlos y dar su propia versión”.

Uno de los temas que aparecen muy poco en el haikú tradicional es el amor; hoy la “occidentalización” de Japón ha hecho que el mismo aparezca con asiduidad. La profunda significación filosófica del haikú es el silencio. “El haikú viene del silencio y va al silencio”.

Aunque antes de caer en ese silencio, el haikú producirá alguna forma de iluminación y siempre, por más triste que sea el tema, un haikú va a ofrecer una sensación de alegría o asombro porque estamos vivos.

Al decir de José Emilio Pacheco, el haikú permite “buscar lo maravilloso en lo cotidiano, como buscar el alma y el sentido de las cosas”. Como humilde aportación y homenaje a este gran escritor mexicano quiero compartir una serie de haikús de mi autoría:

Entre la niebla
los majestuosos ceibos
fantasmas rojos.


Fina campana
el trino del zenzontle
por la mañana.


Azul en vuelo
las gaviotas hermanan
el mar al cielo.


La golondrina
presenta sus tijeras
es primavera.

Washington Daniel Gorosito Pérez
Últimas entradas de Washington Daniel Gorosito Pérez (ver todo)