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Gonzo, LSD y un cañón

jueves 13 de junio de 2019
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Hunter S. Thompson
El estilo de Hunter S. Thompson destaca por el alto grado de subjetividad, ya que el autor, además de aportar la opinión, se convierte en protagonista de los hechos.

Son las 19.00 del 20 de agosto de 2005. Varios autobuses se desplazan a Woody Creek, Colorado. Sus asientos están ocupados por tres o cuatro centenares de personas, entre los que se encuentran intelectuales, periodistas, cantantes y celebrities.

Conforme se acercan al rancho Owl Farm divisan una torre de 46 metros, encabezada por un puño rojo de dos pulgares que sostienen una piedra de peyote. Los invitados, reunidos frente a ella, hablan, beben y escuchan la música de Lyle Lovett y Jimmy Ibbotson. Tras más de una hora de espectáculos y emotivos discursos, a las 20.45, el maestro de ceremonias anuncia el cénit de la celebración.

Hasta muerto, Thompson daba muestras de su excentricidad, provocada por el consumo habitual de estupefacientes y alcohol.

Un grupo japonés de batucada sale al escenario y, al finalizar, se prenden los fuegos artificiales. Desde los altavoces suena Mr. Tambourine Man, de Bob Dylan, y de la torre emerge un cañón que es disparado al instante.

Las cenizas de Hunter S. Thompson rebozan a los amigos, familiares y conocidos del escritor. Su segunda esposa y, desde hace seis meses, viuda, se encargó de la organización del evento; su hijo, de la ceremonia, y el actor Johnny “Coronel” Depp, de financiar los tres millones de dólares que costó el cañón.

El escritor y periodista, más de lo primero que de lo segundo, planeó junto al ilustrador Ralph Steadman (a quien, por cierto, metió en la droga) su propio funeral a finales de los años 70. Hasta muerto, Thompson daba muestras de su excentricidad, provocada por el consumo habitual de estupefacientes y alcohol.

Sus dos mujeres lo describieron como un ser generoso y bueno, pero que también tenía un lado terriblemente cruel. Aunque si hubiese que quedarse con una definición sobre Hunter, sería la de Brian Williams en NBC Nightly News: “Un complejo monumento ambulante de mala conducta”.

Lo fue desde niño, cuando perdió a su padre y vivía al cuidado de su madre, una bibliotecaria alcohólica de clase baja. Aunque, sin duda, la vida empeoró su carácter. Mentiroso, violento, ex convicto, drogodependiente…

Uno de los acontecimientos más significativos ocurrió el 7 de agosto de 1965. El escritor Ken Kesey había organizado una fiesta entre su banda, Merry Pranksters, y los moteros Hell’s Angels, entre los que Thompson estaba infiltrado por un encargo de The Nation. Acudió a la fiesta con su esposa Sondi y su hijo recién nacido, quien estando en el útero materno sólo se alimentó de hígado de alce, leche y ensalada.

Dentro de la casa, mientras se dedicaba simplemente a observar, presenció cómo varios miembros de Hell’s Angels violaban a una mujer, la novia de Neal Cassady. La escena le atormentó. Corrió en busca de Kesey y le pidió LSD para soportarlo. Hasta ese momento, jamás había probado los ácidos porque temía que le volvieran agresivo y loco. Desde entonces, Hunter y el LSD forjaron una gran amistad que sólo la muerte acabaría por quebrar.

Desde la violación, Hunter se distanció de Hell’s Angels. La ruptura definitiva llegó con las peleas que tuvieron con los manifestantes concentrados contra la guerra de Vietnam, y con la paliza que le dieron a él cuatro o cinco miembros por instar a uno de ellos, Junkie George, a que dejase de pegar a su mujer y a su perro.

En 1966 la editorial Random House publicó el libro Hell’s Angels: a Strange and Terrible Saga, lo cual supondría un punto de inflexión en su carrera.

Previamente, había trabajado para algunos medios. El primero, la base de información de Eglin, Florida, para las Fuerzas Aéreas. Thompson entró en el ejército como condena por un delito de robo; el juez le ofreció la prisión o la armada. Obviamente, escogió la segunda. Al poco tiempo lo expulsaron por colaborar con otros periódicos, lo cual estaba prohibido.

Al año siguiente se mudó a Nueva York, donde le contrataron en Time como copista por 51 dólares a la semana, pero fue despedido de inmediato por emborracharse en la oficina e insultar a sus jefes. Entonces entró en Middletown Daily Record, pero también lo echaron por romper la máquina de dulces del restaurante que pertenecía a los patrocinadores del periódico.

Durante el cambio de década escribió The Rum Diary (aunque no se publicó hasta 1998) y pasó por varios medios como Ramparts, Cournier Jornal, National Observer y, por fin, el encargo de The Nation.

Tras Hell’s Angels, en 1970 escribió The Kentucky Derby is Decadent and Depraved. El periodista Jim Cardoso lo calificó como “puro gonzo”, acuñando así el nombre del estilo de Hunter Thompson: periodismo gonzo.

En EEUU sólo existían dos cosas: la contracultura y el sueño americano. Thompson pertenecía al primero, pero no sabía qué coño significaba lo segundo.

El estilo destaca por el alto grado de subjetividad, ya que el autor, además de aportar la opinión, se convierte en protagonista de los hechos. El propio Thompson explicó: “Me gusta meterme en medio de lo que escribo, implicarme personalmente lo máximo posible”.

El tema principal de las narraciones no es la acción en sí, sino todos los acontecimientos que la contextualizan. Un claro ejemplo es, precisamente, Kentucky Derby, en el que ni siquiera se comenta la carrera de caballos, simplemente se centra en la actitud del público en las gradas.

Además, hay una presencia constante del alcohol y las drogas, puesto que Hunter siempre escribía bajo los efectos de alguna sustancia, dejando que entrasen en el relato sus propias alucinaciones y otros efectos que le producían.

Con el cambio de década, Thompson echó la vista atrás y analizó lo que habían supuesto los 60. Llegó el LSD y, con él, el descontrol, los gusanos reptantes, la psicodelia, los excesos… los Beatles, Dylan, The Mamas & The Papas y Pink Floyd. Llegaron los hippies y su Verano del Amor, los cohetes a la Luna, los tanques a Vietnam, el mayo francés, la segunda ola y Stonewall. Luther King, los Kennedy y Hendrix; y los cadáveres de Hendrix, los Kennedy y Luther King. En EEUU sólo existían dos cosas: la contracultura y el sueño americano. Thompson pertenecía al primero, pero no sabía qué coño significaba lo segundo.

Por ello, se marcó como propósito descubrirlo. Escribió Miedo y asco en Las Vegas, que narra el viaje de Raoul Duke (álter ego caricaturizado de Hunter) y su abogado Dr. Gonzo alrededor de los clubs de Las Vegas, cargados de droga y sus consiguientes alucinaciones y problemas.

Poco después, cubrió para Rolling Stone las elecciones presidenciales de 1972. Apoyaba públicamente a McGovern desde su candidatura a las primarias demócratas, y criticaba con fervor a todos sus rivales. El caso más llamativo fue Edmund Muskie, quien se retiró de la campaña después de que Thompson dijera que consumía el alucinógeno ibogaína. Posteriormente explicó que lo publicó porque había oído rumores, aunque sí es cierto que esos rumores los creó él.

Antes de eso, Thompson ya se había dedicado a la política. En 1969 trabajó como director de campaña para Joe Edwards en las elecciones a la alcaldía de Aspen, Colorado. Al año siguiente se presentó, junto al partido Freak Powers, a la candidatura de sheriff del condado de Pitkin. No ganó ninguna de las dos elecciones, pero se llevó el aplauso del público y el juego del programa.

Pretendió ser sheriff y perdió; dirigió la campaña de Edwards y perdió. Hizo todo lo posible para que Nixon no fuese presidente, y ganó dos veces. Apoyó a McGovern, y perdió en 49 de los 50 estados. Lo echaron del ejército y de varios periódicos. Dos hijos se le murieron al poco tiempo de nacer y tres fueron abortados accidentalmente. Su vida era un auténtico fracaso. Sus únicos triunfos fueron la retirada de Muskie y no haber muerto de sobredosis. Eso, y el reconocimiento que estaba ganando como escritor. Obviamente, no iba a tardar en joderse.

En palabras de Jann Wenner, director de Rolling Stone, Thompson se había convertido en Raoul Duke, una caricatura de sí mismo.

Zaire, 1974. Todo el mundo estaba expectante ante Rumble in the Jungle, combate que enfrentó al campeón de los pesos pesados George Foreman contra Muhammad Ali. Foreman conservaba un récord de 40 victorias consecutivas, pero al octavo asalto, lo perdió. Ali recuperó el cinturón en una pelea que inmediatamente pasó a la historia del deporte.

Thompson, quien debía escribir la crónica, se había desplazado con Ralph Steadman a Zaire. En lugar de asistir al combate, se quedó en la piscina del hotel bebiendo y fumando.

Empezó el declive de uno de los escritores más importantes de su generación, que recientemente había adquirido el reconocimiento de “celebrity”. Su vida personal también se vio afectada por la vorágine de descontrol, fiestas e infidelidades en la que cayó. Sondi decidió divorciarse en 1980 tras ver cómo su marido mantenía relaciones con otras mujeres en su propia casa, con ella y su hijo de cuerpo presente.

Desde ese momento hasta su muerte, apenas escribió unos pocos artículos exitosos. En palabras de Jann Wenner, director de Rolling Stone, Thompson se había convertido en Raoul Duke, una caricatura de sí mismo.

Años después, Hunter acabó con su vida. Al fin y al cabo, llevaba diecisiete años más de los que necesitaba o quería. El 16 de febrero de 2005 escribió la carta de suicidio, titulada “Football Season is Over”, y dibujó un corazón sobre ella. Cuatro días después, a las 17.42, una mágnum 44 acabó con el fútbol.

Sergio Mira Revilla
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