Estimado señor Chelle :
Le agradezco su precisa y minuciosa observación en el estudio del "las coplas de Don Guido" (expresado el título en breve). Realmente es significativo su esfuerzo por aclarar detalles que pasan por alto a quien es desconocedor de contextos que, normalmente son captados por los españoles en sus significados connotativos. Quizás el pero ha sido Identificar a Don Guido como si fuera poseedor de la ciudad de Sevilla (aunque sospecho, que de tener una personificación oculta, todo sevillano de entonces pusiera en sus mentes la familia Ybarra (y,diría más, a día de hoy, todavía)). Más bien, irónicamente, y apelando la vision despectiva nacional de la imagen esteriotipada del señorito andaluz, concretamente, el sevillano (hedonista, dado al exhibisionismo social, la camaradería propia de los rituales del clientelismo, el humor socarrón, ambivalente y dado a la condescencia, la tendencia a preponderar con lo que es de su propiedad, etc etc). Ultimamente estoy en una situación temporal realizando una actividad en una casa solariega andaluza y, para apacigüar mi incomodidad recito para mis adentros (y canto en la adaptación de Serrat) este poema.
Para un hombre, tan preocupado por dar preponderância a la labor útil, racional, curiosa, amorosa con la tradición pero no usándola como máscara del conservadurismo, tal como le enseñó su padre, con la defensa del conocimiento que le inculcó la Institución de Libre Enseñanza y su abuelo, lo primordial era crear ese espíritu nuevo y renovador, no el autoengaño endógamico de las élites y su miopía egocéntrica por no ver más allá de un círculo cerrado de unos pocos apellidos que se entrecruzan.

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