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¿Existe la poesía?

domingo 20 de septiembre de 2020
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¿Existe la poesía?, por Homero Carvalho Oliva
Cuando leemos un poema no nos debemos preguntar qué quiso decir el poeta, sino qué queremos decir nosotros, los lectores, a través de ese poema.
“La literatura es una posibilidad de la lengua, la poesía es una manera de despertar la palabra”.
Yves Bonnefoy

¿Qué es poesía?, ¿qué es un poema?, ¿qué es un poeta?, son algunas de las preguntas más frecuentes en mis talleres de escritura creativa, en entrevistas y, ahora, por la cuarentena, muchos estudiantes me escriben preguntando lo mismo. Sin duda alguna que muchos poetas y literatos han intentado responderlas y nunca se han puesto de acuerdo en las definiciones, como sucede con las de otros géneros como cuento, drama, ensayo y novela, en los que existe cierto consenso para definirlos. Intentaré aproximarme a lo inasible.

 

Poesía

Veamos algunas de esas definiciones. El Diccionario de la lengua española la define como “manifestación de la belleza o del sentimiento estético por medio de la palabra, en verso o en prosa”.

Ahora veamos lo que dicen los creadores de poesía:

  • “Poesía es la unión de dos palabras que uno nunca supuso que pudieran juntarse, y que forman algo así como un misterio”, Federico García Lorca.
  • “En el fondo, un poema no es algo que se ve, sino la luz que nos permite ver. Y lo que vemos es la vida”, Robert Penn Warren.
  • “La poesía es la palabra esencial en el tiempo”, Antonio Machado.
  • “La poesía es un arma cargada de futuro”, Gabriel Celaya.
  • “La poesía es una música que se hace con ideas y por lo mismo con palabras (…) de nada sirve el simple ritmo de las palabras sino contiene ideas”, Fernando Pessoa.
  • “La poesía es conocimiento, salvación, poder, abandono. Operación capaz de cambiar al mundo, la actividad poética es revolucionaria por naturaleza; ejercicio espiritual, es un método de liberación interior. La poesía revela este mundo; crea otro”, Octavio Paz.
  • “La poesía es el nacimiento intelectual de la humanidad”, Carla Gavioli.
  • Ninguna de esas definiciones es tan poética como la de Gustavo Adolfo Bécquer: “¿Qué es poesía?, dices mientras clavas / en mi pupila tu pupila azul. / ¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas? / Poesía… eres tú”.

La poesía es la mayor invención del ser humano, va más allá de toda construcción material, va más allá de la realidad. Por eso existen palabras que en sí mismas son poesía como madre, soledad, nostalgia, melancolía, alegría, amor…. La poesía es un lugar imaginario, con imágenes verdaderas; es algo que sucede cuando Dios y el Diablo se descuidan y nos dejan ser humanos, solitarios ante el cosmos. Para mí escribir poesía es hacerle el amor al lenguaje; la poesía seduce a los fantasmas de las palabras y los revela en una indiscreta epifanía. Cuando escribo poesía sucede que, si escribo río, me llueven peces. Antes de que los seres humanos fuéramos tales, ya la poesía era. Precediendo al fuego, ya incendiaba los cuerpos. Antes de la danza, se revelaba en el movimiento de las aves. Previa a la palabra, hablaba en el viento trayendo las voces de la Creación. Imaginando la música, la poesía habitaba en el silencio de las aguas marinas. Anoticiando la escritura, se aparecía en las huellas de tus pies impresas en el ámbar de las cosechas. La poesía es la verdadera conquista del ser humano y es también una forma de conocimiento y por eso mismo ningún tema le está vedado, porque los asume y los descubre todos.

Los temas son los mismos y siempre lo serán, lo que cambia es nuestra manera de abordarlos; en nuestro caso el futuro ya está aquí y eso es algo que ahora nos viene cuestionando. Así como ayer los poemas escritos hoy anticipan los del futuro. La poesía, como la filosofía, nos ayuda a hacer las preguntas pertinentes y a responder por intermedio de la palabra que, al ser una construcción intelectual, no siempre expresa lo que desde muy adentro queremos decir; alcanzar esa meta es la ilusión de la poesía. O como lo revela Borges: “La poesía es el encuentro del lector con el libro, el descubrimiento del libro”.

La poesía es música; sin embargo, no toda esa música interior puede ser trasladada al papel, sencillamente porque nuestro lenguaje aún es limitado para definir y expresar lo que realmente sentimos y queremos decir. La poesía no es hija del poeta, es su madre y hace nacer al poeta en el poema. Cuando escribes poesía no sólo debes pensar en las palabras como arte, sino sentirlas como arte. Por eso uno de mis consejos para los que están empezando a escribir es que no digan que son poetas, hagan poesía, el título vendrá otorgado por la sociedad.

Leyendo una entrevista con el escritor Ives Bonnefoy me encontré con esta afirmación: “La sociedad sucumbirá si la poesía se extingue” y estoy plenamente de acuerdo porque la poesía delata lo humanos que hemos llegado a ser, en todos los campos de la actividad humana: en el arte en todas sus expresiones, en el deporte, en la vida misma y por supuesto en el poema.

En lo personal debo confesar que escribo poesía para orientarme en esta realidad que, cada día, nos confunde más; la poesía es mi brújula para encontrarme en mi locura. Y ahora más que nunca debemos volver a la poesía para enfrentar el dolor, porque poesía también es resiliencia.

 

El poema

Según el diccionario de la RAE, poema es una “obra poética normalmente en verso” y había y hay fórmulas para escribir sonetos, por ejemplo; sin embargo, en las últimas décadas se impuso el verso libre, que busca el ritmo interior del poema antes que la rima.

Para mí el poema es la revelación de los silencios. El poema es una sensible fibra de las raíces de la humanidad que se revela en la página. Según Dylan Thomas “un buen poema ayuda a cambiar la forma y el significado del universo, ayuda a extender el conocimiento de sí mismo y del mundo que le rodea”. Un poema debe ser un árbol para que en el otoño sus hojas renueven la tierra. Las palabras son las aves del poema. A veces, hay que quemar las palabras para que sus cenizas, como el ave Fénix, resuciten en poemas. El poema es el íntimo arrebato de la depuración. Cada vez que se escribe un poema, nos liberamos del tiempo y el universo se expande.

El poeta checo Jan Skacel afirmó: “Los poetas no inventaron los poemas / El poema está en alguna parte ahí atrás / Desde hace mucho mucho tiempo está ahí / El poeta no hace otra cosa que descubrirlo”, y me trajo el recuerdo de aquella niña que le preguntó a un escultor que cómo sabía él que había una figura dentro de la roca.

Fernando Pessoa, transmutado en Ricardo Reis, afirmaba: “Debe haber, en el más pequeño poema de un poeta, algo por lo que se note que ha existido Homero”; por eso cuando escribimos un poema revivimos al aeda griego. En la siguiente frase de Octavio Paz se aclara lo de la definición de poesía y también de poema: “La lectura de un solo poema nos revelará, con mayor certeza que cualquier investigación histórica o filológica, qué es la poesía (…). El poema es vía de acceso al tiempo puro, inmersión en las aguas originales de la existencia. La poesía no es nada sino tiempo, ritmo perpetuamente creador”.

Cuando leemos un poema no nos debemos preguntar qué quiso decir el poeta, sino qué queremos decir nosotros, los lectores, a través de ese poema. El buen poema se explica en tu interior. Por eso mismo escribir un poema es como empeñar la palabra: el lector tiene que comprobar que el poeta cumplió con el compromiso. El poeta Nuno Júdice lo establece: “Si el poema no me dice nada, si no produce una revelación, es que no está completo: el poema ha de ofrecer una sorpresa”.

Después de leer un buen poema, el silencio cobra sentido. En mi caso hay días en los que los poemas me escriben a mí.

 

El poeta

Según el diccionario de la RAE, poeta es una “persona que escribe poesía”. El femenino tradicional y más usado es poetisa; sin embargo, se puede usar poeta para ambos géneros.

Baudelaire comparaba a los poetas con el albatros, que en la tierra apenas puede moverse, pero que en el cielo es majestuoso, y Steven afirmaba: “El poeta hace vestidos de seda con gusanos”. Y mi maestro, Fernando Pessoa, define al poeta en un poema: “El poeta es un fingidor que finge constantemente, que hasta finge que es dolor, el dolor que en verdad siente. / Y, en el dolor que han leído, a leer sus lectores vienen, / no los dos que él ha tenido, sino sólo el que no tiene. / Y así en la vida se mete, distrayendo a la razón, / y gira, el tren de juguete que se llama el corazón”.

“Los poetas son hombres que han conservado sus ojos de niño”, dice León Daudet y esta definición la podemos emparentar como otra de la poeta María Negroni: “La poesía es la continuación de la infancia por otros medios”. Y yo les creo a ambos.

Hay noches en las que tengo fiestas nostálgicas, vienen a visitarme algunos de mis poetas favoritos y con ellos traen sus lunas, sus cielos, sus montañas, sus ríos, sus nenúfares, sus amores y desamores, sus saudades, sus encuentros y sus desencuentros, y así volvemos a construir la mañana, con cantos de aves y murmullos de hojas.

 

Conclusión

Ahora bien, ¿cómo definiríamos la relación entre poesía, poema y poeta?, yo lo haría de la manera más simple: como la posibilidad estética de acercarnos a nuestra humanidad, al otro, a la naturaleza y a Dios, si lo quieren; es una forma de reconocernos como habitantes del universo y de expresarlo de tal manera que esas revelaciones se intuyan en cada palabra, en cada verso; estas características las evidencia la escritora Márcia Batista Ramos en los breves ensayos que escribe analizando la obra de poetas; en sus textos visibiliza estas relaciones y sus particularidades entre el poeta y el cosmos, que puede ser exterior como interior.

Voy a intentar definir los géneros: la novela es un caballo desbocado cabalgando hacia el vacío; el cuento es un salto mortal sin saber la distancia del vacío, y la poesía —¡ah, la poesía!— es el par de alas que sobrevuelan al vacío.

Por último, como lo afirmó Octavio Paz: “El poema no es una forma literaria sino el lugar de encuentro entre la poesía y el hombre”, ahora diríamos ser humano para evitar problemas de género. Tal vez todo se resume en un poema de Juan Gelman: “Amarte es esto: / una palabra que está por decir / un arbolito sin hojas / que da sombra”, ese arbolito también es la poesía.

 

¿Por qué me gustan algunos poetas?

Otra de las preguntas que me hacen en muchas entrevistas es: ¿cuáles son sus poetas favoritos y por qué?

Mis poetas preferidos son muchos, los voy descubriendo cada día, ya sean poetas de la antigüedad que recién leo o que he vuelto a leer; en la relectura se revelan como epifanías cosas que antes nunca pudiste ver, quizá porque el tiempo —que es otro de los nombres de Dios— así lo quiso; cada día descubro un poeta favorito contemporáneo, ya sea nacional o extranjero; a propósito, en Bolivia tenemos muy buenos poetas.

Entre mis poetas favoritos tengo mis canónicos, que son los que siempre releo, ahí están por ejemplo Pessoa, porque nos enseñó que el poeta es uno y es otro al mismo tiempo, que cuando escribe la humanidad escribe con él; Pizarnik, porque nos enseñó que el dolor y la soledad son poesía esperando ser escrita; Kavafis, porque con un poema nos enseñó que debemos vivir en plenitud y sabiduría, para así llegar al final del camino espléndidos de cuanto hemos aprendido; Neruda, porque nos enseñó que se puede poetizar cualquier cosa, pero que el poeta siempre escribirá del amor; Borges, porque nos mostró que la sabiduría también es poesía; Jorge Suárez, porque escribía poemas con ritmos musicales; Gigia Talarico cuya poesía es la depuración misma del lenguaje y la metáfora, y Yolanda Bedregal, porque evidenció que la ternura sólo necesita ser evidenciada como poesía. Entre los poetas contemporáneos tengo muchos favoritos, me gustan especialmente los poemas de mis amigos, quizá por eso son mis amigos, porque son poetas: Silvia Rózsa, Sandra Concepción Velasco, Álvaro Díez Astete, Iván Castro Aruzamen, María Claudia Ardaya, Lucía Carvalho, Alejandra Barbery, Nicole Vera, Nelly Vázquez y otros, muchos otros que poetizan los milagros cotidianos.

Para los quieren escribir poesía, aquí les dejo un poema de mi libro Reconstrucción del vuelo que bien puede ser una lección:

pALAbra

¿Quieres escribir un poema?
No esperes que una musa te embarace,
piénsalo, suéñalo, concíbelo;
siéntelo crecer en tu vientre,
y, cuando sus torpes movimientos
te cojan de sorpresa
en el micro
o mientras lees tus mensajes,
acarícialo, reconócelo,
que sepa que estás ahí para él.
Hazlo tuyo antes de que nazca,
adivina su nombre en el viento,
entre los ruidos de la calle,
imagina los versos yendo
al encuentro de Calíope.
Al llegar las contracciones
de tu aún extraña creación,
alúmbralo en la soledad,
sé tú mismo la partera;
cuídalo como una madre,
dale de beber de tu sangre,
enséñale la Rosa de los vientos,
el lenguaje de las estrellas.
Con el “Adagio” de Albinoni,
de fondo musical,
léele a Adela Zamudio,
la poeta heresiarca;
recítale “Ítaca” de Kavafis
y algún verso de la Dickinson.
Que escuche los noticieros,
no olvides leerle cuentos,
háblale de los filósofos,
así como de tus antepasados;
debe saber que la vida
es la metáfora de la muerte.
Cuando el poema esté listo,
tu cuerpo entero lo sabrá,
las yemas de tus dedos lo sabrán,
los versos querrán irse,
entonces, sólo entonces, escríbelo,
déjalo volar en cada pALAbra

Homero Carvalho Oliva
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