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Cien años del crítico uruguayo Emir Rodríguez Monegal

miércoles 28 de julio de 2021
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Emir Rodríguez Monegal
Rodríguez Monegal se enfocó en la búsqueda de la reflexión sobre los principios, procedimientos y objetivos de la función crítica.

Emir Rodríguez Monegal nace el 28 de julio de 1921 en la ciudad de Melo, capital del departamento de Cerro Largo, en la frontera de Uruguay con Brasil, y fallece el 14 de noviembre de 1985 en New Haven, Connecticut, Estados Unidos.

Fue docente en el Instituto de Profesores Artigas (IPA) de Uruguay y en el Departamento de Literatura de la Universidad de Yale (Estados Unidos). Recibió invitaciones como profesor visitante de las siguientes universidades: Colegio de México (1965), Universidad de Cambridge (1968), Universidad de Yale (1968), Universidad de Liverpool (1969), Universidad Federal de Río de Janeiro (1975), Universidad de San Pablo (1976), Pontificia Universidad Católica de San Pablo (1976) y Universidad de Pittsburgh, en Pensilvania (1982).

Sobre el crítico literario, ensayista y articulista, el escritor mexicano Fernando Zertuche Muñoz escribió: “Rodríguez Monegal representó el intelectual latinoamericano inteligente, erudito, que abandona contingencias de su país y posiciones vanguardistas, políticas y literarias, para entregar su cosecha en aulas del primer mundo. Su obra es valiosa, perspicaz y aleccionadora”.

Autor de múltiples ensayos sobre literatura iberoamericana. Una de sus intenciones fue la búsqueda de la reflexión sobre los principios, procedimientos y objetivos de la función crítica y formularla con la mayor claridad y exactitud. Su apasionamiento en el trabajo literario, la universalidad de su amena erudición, la independencia y precisión de sus criterios, el lúcido rigor de sus indagaciones y la ponderada ironía de sus juicios, contribuyeron en forma decisiva a definir y orientar el rumbo de los lectores literarios en Uruguay y en América.

Algunas de sus obras más destacadas: Acevedo Díaz y Florencio Sánchez: un ilustre desencuentro; América- Utopía: García Calderón, el discípulo favorito de Rodó; El caso Herrera y Reissig: reflexiones sobre la poesía modernista y la crítica; Esperando a Florencio (Florencio Sánchez); La generación del 900: la invención de Bioy Casares; Notas sobre el boom: los maestros de la nueva novela; Rodó y algunos coetáneos; Sexo y poesía en el 900 uruguayo; Los extraños destinos de Roberta y Delmira: ensayo, y La novela latinoamericana.

Entre los medios para los que escribió gran número de colaboraciones y en los que ocupó cargos de dirección, destacan: el semanario Marcha (Uruguay); la revista Sur (Argentina); Plural, Vuelta y la Revista de la Universidad de México (México); Eco (Colombia), Mundo Nuevo (Francia); diario El País y semanario Jaque (Uruguay); Revista de Occidente y Cuadernos Hispanoamericanos (España); Books Abroad y Revista Iberoamericana, Diacritics y Daedalus (Estados Unidos).

Fue el padre de la expresión “generación del 45”, un especial movimiento literario, aunque también hubo músicos y pintores, que surgieron entre los años 1945 y 1950. Quienes lo integraron fueron parte de un fenómeno social, político y cultural que marcará la identidad contemporánea uruguaya.

Emir Rodríguez Monegal argumentó que ese mismo año (1945) había finalizado la Segunda Guerra Mundial y se había iniciado la era atómica. En materia literaria la integraron Amanda Berenguer, Inés Silva Vila, Idea Vilariño, Ida Vitale, Juan Carlos Onetti, Felisberto Hernández, Mario Benedetti, Manuel Flores Mora, Mario Arregui, Líber Falco, Carlos Maggi y Carlos Real de Azúa.

La investigadora uruguaya Ana Inés Larre Borges lo describe como “el árbitro de la literatura uruguaya” de esa época.

John P. Dwyer, en el libro Emir Rodríguez Monegal, actor y antagonista, afirma: “En los diecisiete años que transcurrieron desde el año 1968 cuando llegó, hasta su muerte en 1985, él fue el autor, actor y antagonista más activo, productivo y eficaz en el proceso de descubrimiento y de la divulgación de la literatura latinoamericana en los Estados Unidos”.

Una aportación extraordinaria para la literatura mundial es el trabajo que hizo sobre su amigo, el escritor argentino Jorge Luis Borges, obras como Borges par lui-meme (1970), Borges hacia una lectura poética (1976), Borges por él mismo (1979), y la cumbre Jorge Luis Borges: A literary biography (1978).

El 22 de octubre de 1985, esto es parte de lo que comentaba Jorge Luis Borges sobre la biografía que le había dicho Emir que quería escribir de él:

En los Estados Unidos, no sé si en Yale o Columbia, Emir me dijo que él pensaba escribir una biografía, fantástica, mía, es decir, no una biografía de lo que había ocurrido sino de lo que pudo haber ocurrido.

Y yo le dije que él podría hacerlo, mejor que yo, ya que se había pasado buena parte de su vida estudiándome, no sé por qué, a mí me parece una perversión, una manera notoria de perder el tiempo, en todo caso. Bueno, en fin. Él, sin duda, conocía lo que se ha dado en llamar mi obra, yo lo digo entre comillas, porque yo no tengo obra, sólo unos cuantos borradores que se han publicado.

Él se ha pasado la vida estudiándolos, leyéndolos, releyéndolos, analizándolos, inventándoles méritos que ciertamente no existen y conoce todas las fechas de mi vida. Yo sólo conozco la fecha 1899 pero tampoco la recuerdo ya que nadie puede recordar el momento de su nacimiento, aunque según los psiquiatras, el recuerdo incluye también la vida prenatal, lo cual me parece excesivo.

Bueno, yo le dije que podría hacerlo muy bien, dicen que lo ha hecho admirablemente. Yo no leí ese libro porque es incómodo leer un libro sobre uno, del mismo modo que es incómodo oír hablar de uno. De modo que en esta casa no hay un solo libro mío, ni tampoco un libro sobre mí, salvo uno que es del todo inofensivo porque fue publicado en Japón y fue escrito en cayis en los ideogramas chinos.

De modo que yo no conozco ese libro y los que lo han leído afirman que es excelente, y tiene que ser excelente ya que se refiere no a mi, relativamente, pobre vida actual, sino a una vida imaginaria que tiene que ser mucho más rica; de modo que yo le agradezco a Emir ese libro, y, además, puedo hablar no sólo como estudioso y como escritor, sino como algo mucho más importante, como amigo. Yo creo que la amistad es realmente una de las pasiones de nuestros países.

En una de las múltiples entrevistas que le hiciera Emir a Borges para la realización del libro Borges, una biografía literaria, lo acompañó hasta la puerta de su apartamento en Buenos Aires, y le dijo que no quería dejar pasar una anécdota referida al Uruguay.

Le solicitó que no se olvidara de “aquel pequeño arroyo del Paso Molino”, en Montevideo. “Le prometí no olvidarlo y no lo olvidé”, escribió en el libro Emir Rodríguez Monegal. Quien esto escribe vivió unos años de su adolescencia en ese barrio montevideano de Paso Molino, calle Carlos de la Vega, y recuerda también con afecto el arroyo al que se refería Jorge Luis Borges.

El Ministerio de Educación y Cultura (MEC) de la República Oriental del Uruguay lanzó la campaña denominada “La pluma y la espada”, celebrando el centenario del nacimiento de Emir Rodríguez Monegal. Se realizarán una serie de eventos a nivel nacional e internacional.

Carlos Real de Azúa (Montevideo, 1916-1977), uno de los integrantes de la “generación del 45”, profesor de literatura, crítico literario, historiador y ensayista, considerado en esa época el más destacado iniciador de la ciencia política en Uruguay, escribió sobre Emir Rodríguez Monegal:

Los resentimientos e intolerancias de algunos intelectuales hostiles, la “saña de los mediocres”, más el golpe de Estado de 1973 y las persecuciones perpetradas por la dictadura militar de aquellos años, le impidieron regresar al Uruguay hasta 1985, cuando volvió para celebrar el restablecimiento de la democracia. Pese a la gravedad del mal que lo aquejaba, regresó a Montevideo; volvió a New Haven para morir en el hospital de Yale el 14 de noviembre de 1985: “De alegría de haber podido volver a Montevideo”, según dijera a un amigo pocos días antes.

Washington Daniel Gorosito Pérez
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