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Juan Larrea y su interpretación poética de Hispanoamérica

martes 3 de agosto de 2021
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Juan Larrea
Juan Larrea (1895-1980) fundó en París, junto a César Vallejo, la revista Favorables París Poema (1926).

Es probable que, para muchos lectores de hoy en día, el nombre de Juan Larrea (1895-1980) signifique poca cosa. En el mejor de los casos, los más perspicaces lo asociarán a los comienzos del ultraísmo, es decir, a la poesía de vanguardia, pero sin poder precisar muchos más datos.1 No obstante, la obra de Juan Larrea excede ese período y, como veremos enseguida, también el género que por excelencia lo encarnaba.

Larrea fundó en París, junto a César Vallejo, la revista Favorables París Poema (1926). Algún tiempo después, tras el estallido de la Guerra Civil, viajó a México y creó allí dos importantísimos órganos de difusión para las voces españolas del exilio: España Peregrina, de corta duración, y Cuadernos Americanos, que continuó varios años y, de hecho, conservó siempre la estructura que Larrea le había dado en los primeros números. Obtuvo posteriormente la beca Guggenheim, que le fue renovada en siete ocasiones; su tema de investigación fue el mito de Santiago. También publicó en Nueva York un libro en inglés sobre el Guernica, de Picasso, que, según tengo entendido, aún no cuenta con una edición en español.

Sin embargo, el período más original de la obra de Juan Larrea comienza con el libro Rendición de espíritu (1943), obra que no dudaría en calificar de trascendental por el contenido profundamente renovador de su tesis: el fin de la cultura europea y su traslado a Hispanoamérica. En efecto, este libro expone por primera vez la teoría de que las tres ciudades claves de la cultura occidental son Jerusalén, Roma y Santiago de Compostela, que afectan a “las tres dimensiones temporales de pasado, presente y futuro”.2 Como es de suponer, Larrea elige cada una de estas ciudades como símbolos; por consiguiente, para él, Jerusalén representaría “dentro del lenguaje teológico-cultural”3 al Padre; Roma, al Hijo, y Santiago de Compostela, al Espíritu.4 Larrea cree ver un anticipo de estos hechos en la Divina comedia, pues Dante sitúa el Paraíso “en la cima de la montaña situada en los antípodas de Jerusalén”, que, para Larrea, no eran otros que los Andes suramericanos. Dicho de otro modo, para nuestro autor, la “rendición de espíritu” de la cultura europea sólo podía llevarse a cabo en el Nuevo Mundo.

A partir de sus estudios, Larrea tuvo la convicción “del valor que el destino de América encerraba para la humanidad futura”.

Si bien estos asuntos se repiten de alguna manera en el libro El surrealismo entre el Viejo y Nuevo Mundo,5 publicado un año más tarde, recién con la aparición de Teleología de la cultura (1965) Larrea logra establecer una síntesis definitiva del conjunto de sus teorías. Este libro, de marcado sesgo autobiográfico, narra también su ingreso en la Universidad de Córdoba, donde, entre otras cosas, dictó una conferencia sobre César Vallejo, que luego derivó en un seminario que durante muchos años reunió a profesores y críticos para estudiar minuciosamente la vida y la obra del influyente poeta peruano. Los varios números de la revista Aula Vallejo resultaron ser una grata consecuencia de dicha experiencia.

Existe otro libro que puede ayudarnos a comprender el complejo pensamiento de Larrea, pensamiento que, naturalmente, aquí sólo bosquejamos. Me refiero a Corona incaica, fruto de sus estudios de arqueología prehispánica en el Perú. En el prólogo de dicho libro afirma que, a partir de esos estudios, tuvo la convicción “del valor que el destino de América encerraba para la humanidad futura”.6

En suma, para Larrea, la historia del hombre es un proceso en marcha hacia un punto “predeterminado en realidad estricta no del tiempo ni del espacio, sino del ser”.7 Ese punto no es otro que el Nuevo Mundo, territorio conjetural y profético que es explicado por Larrea en esta serie de libros ensayísticos, libros en los que se mezclan la poesía y la razón, aquellos “entes de imaginación”, según las también conjeturales y proféticas palabras de este extraordinario hombre de letras.

Flavio Crescenzi
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Notas

  1. En puridad, deberíamos decir que Larrea era más bien creacionista. De hecho, se sabe que conoció el creacionismo antes que Gerardo Diego, de quien se dice fue su mentor. La poesía de Larrea, de la que no nos ocuparemos en este artículo, está reunida en los libros Oscuro dominio (1934) y Versión celeste (1970).
  2. Juan Larrea. Rendición de espíritu, México, Cuadernos Americanos, 1943.
  3. Juan Larrea. Óp. cit.
  4. Las peregrinaciones a Santiago bien pudieron haber prefigurado el impulso hacia América; de hecho, después del descubrimiento, las peregrinaciones compostelanas desaparecen.
  5. En Leer al surrealismo (Buenos Aires, Editorial Quadrata, 2014) menciono este libro para establecer la vinculación espiritual entre Larrea y el surrealismo, algo de lo que ya había hablado Vittorio Bodini en Los poetas surrealistas españoles.
  6. Juan Larrea. Corona incaica, Córdoba, Universidad de Córdoba, 1960.
  7. Juan Larrea. Óp. cit.