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Miguel Velayos y los espejos en el tiempo poético

domingo 18 de septiembre de 2022
Miguel Velayos
Velayos ha publicado, entre otros títulos, Permanencia en el tránsito y Política sessions.

Acercarse a la semilla poética de un autor implica interiorizarse en sus afectos, dolores y concupiscencias. Significa taladrar la mente y el corazón ajeno. En esa tarea sin horarios ni reverencias, se descubre al hombre de carne y hueso, al remitente de deseos, al náufrago de ilusiones. Es una manera de redención mientras las campanas rememoran a las víctimas del pasado y la añoranza de lo vivido.

Desde tal dimensión lectora y con pleno reconocimiento de su faena lírica, repleto de imágenes y esplendor metafórico, emerge Miguel Velayos (España, 1978), a quien cabe destacar por su prolija propuesta divulgada en varias publicaciones, las mismas que rondan en la profusa reflexión del hombre, entre la luz y la sombra, entre la estación de hojas secas y la desolación nocturna, entre los silencios y la fría habitación de alquiler.

En uno de sus libros, Velayos invoca la Permanencia en el tránsito (Ediciones Vitruvio; Madrid, 2011) como un fiel testimonio del tiempo en donde reaparecen el vértigo de la infancia, las callecitas del barrio inicial, el retorno a la ciudad maldita y anhelada, la orfandad reflejada en la llaga permanente, el artificio del amor, la lluvia observada en el ventanal que nos sumerge a la soledad, el rumor impasible del viejo otoño, la piel revestida de pasión, la ausencia de atardeceres felices, la fatiga de luchas inconclusas, el viaje por carreteras desconocidas, la herejía de la carne deseada, las lecciones del abuelo con aliento sempiterno, la energía de los muertos, el color gris del luto, el fruto de la utopía: “Os hablo de esas tardes, en las que el mundo calla y / la voz de los hombres parece comprenderse, unirse, / redimirse, compartir sus secretos, y sus vidas. / Ocurre que la lluvia, el secreto rigor que la precede, / domina los contornos de la noche. / A veces, en los parques, al terminar un beso, / la vida nos convence como nunca. / Os hablo de esas noches, de esos momentos breves / que insisten en tratarnos de una forma distinta…”.

Permanencia en el tránsito está dividido por momentos, sentires y emociones determinadas, en donde confluyen el reloj de arena y la memoria, el reencuentro con los orígenes sanguíneos, la evolución histórica y el bullicio tecnológico, la relación íntima que pervierte la razón y la calma y cuyos besos y caricias humedecidas esgrimen lenguajes ocultos: “El amor es el límite del cuerpo, / más allá sólo hay sombras, apagadas presencias de la nada. / Te quiero con el cuerpo, con la carne hecha carne / de deseo, con las vísceras vivas de mi cuerpo. // El amor es frontera de la carne, / más allá sólo hay restos, / apagados disturbios de la nada…”.

Con la pedagogía que aviva la materia cotidiana, Velayos se somete a los designios de la poesía, a través de la sencillez y la autenticidad, fuera de mordazas o falsos susurros. Encarna el poema con soltura y, a la vez, con apremio. Como él lo dice: “Permanencia en el tránsito, / en todo cuanto vive a pesar de la carne, / permanencia en el sueño, / que ha crecido después / de la derrota…”. Al final quedan la nostalgia y el grito rebelde de la palabra, mientras el vacío deja de ser un simple espejismo.

 

Versos de sangre contra el olvido

Igualmente, Velayos escribe desde los infortunios y lágrimas efímeras. Desde la aflicción que evoca la patria acechada de buitres. Desde la ruptura que genera la geografía concebida con el fusil y las heridas. Es la poesía que se nutre del hambre y de la sed de los otros, que agita las entrañas de los oprimidos. Es el cúmulo de preguntas de “los nietos más urgentes” que ha parido el desconsuelo y la historia revelada “con las tizas / de sangre…”. Es la amalgama de la justicia y la libertad. Es la huella de una generación desilusionada por el frío lacerante y la carencia de certezas. Poemas tallados —con anáfora e ironía— tras el despojo del júbilo.

Su libro Política sessions (Vitruvio, Madrid, 2013) es un poemario de denuncia y penitencia social. Es un ejercicio de salvación a partir de inevitables vivencias derivadas de combates, hazañas y felonías. Es el cobijo ante la orfandad. Es el anuncio de guerras estériles que provocan desplazamientos migratorios. Es el miedo del paria. Es la sombra de las democracias frágiles. Es el reflejo de la crisis europea y la apatía del mundo. Es la promesa posiblemente incumplida al interior de la celda. Es el relicario de nuevas fronteras. Es el calor del sol y la música de los desterrados. El poeta se confiesa: “No sé parar las balas, o quitar de sus uñas / el rastro de la sangre… //…Siempre he sido feliz / limpiando la culata de un poema…”. Textos que reverdecen con el maíz y el manantial del futuro, que legislan en contra de la pobreza, que se despiden con el viento, que rinden culto a los habitantes de la tierra, a “la vieja humanidad que nos conmueve…”.

Hay un rasgo cosmopolita diseminado en Madrid, París, Berlín, Cracovia, Manhattan, La Habana, Manila, que converge en realidades coincidentes cuyas miserias y tragedias palpitan entre la ambición del libre mercado y el cinismo de los poderes omnímodos, aunque “(…) el Hombre se rebela porque quiere / cambiar de sombra y de destino, limpiar de mercenarios / la palabra Justicia”.

Es la flama poética (a ratos impregnada de albor prosístico) que esgrime la reivindicación ciudadana más allá de la resignación y el lamento, asumiendo en el sujeto social su condición política por naturaleza. En sus versos ondea la esperanza, abriga la calidez del mañana, suena el ruido de las piedras milenarias, emerge la paz luego de la tormenta, hablan los ángeles desaparecidos en las fauces de la ignominia, germina la humildad del mensaje versal con el horizonte por encima del despojo: “Al derribar los muros, quedarán los escombros. / Al quitar los escombros, quedará la corteza repleta de cenizas… / Al barrer la ceniza, con nuestras propias manos, / brillarán nuevamente las ideas…”.

Poesía incorruptible ante los actuales tiempos, en donde la liberación del hombre se concreta con la emoción de lo dicho y lo revelado. Se superan las dudas, con la finalidad de apreciar la claridad de los ciclos y el gesto del pan. Política sessions es una bofetada al descaro y a la insolencia de nuestros gobernantes que se pierden en el fragor de la muchedumbre inocente. Es la exclamación de dignidad en contra de la sordidez y la disidencia. Velayos derriba su propio muro con respiro metapoético: “No sirven los poemas para quitar el miedo, no detienen la guerra, / no hacen crecer el pan, no mitigan el frío, ni derriban los muros / ni compensan los mapas, ni aminoran la sed. //…No existen los poemas para cerrar las lágrimas. // Los poemas nos sirven para entender la luz”.

Aníbal Fernando Bonilla
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