
Hace 61 años murió el poeta colombiano (Norte de Santander) Jorge Gaitán Durán. Muere el 21 de junio de 1962, en un accidente de aviación cuando regresa de un viaje a Oriente y se queda unos días en París, a conversar con Octavio Paz y a conocer a la poeta Alejandra Pizarnik, de quien había publicado unos textos en la revista Mito. Ese 21 de junio el avión de Air France, rumbo a Colombia, se estrella durante el aterrizaje en Point-á-Pitre, Guadalupe.
Fue uno de los intelectuales más reconocidos de la mitad del siglo XX, con Hernando Valencia Goelkel, Pedro Gómez Valderrama, Eduardo Cote Lamus y Álvaro Mutis. Funda en 1955 la revista Mito, tal vez la publicación colombiana más importante del siglo XX, pues sacudió el provincialismo que rodeaba el ámbito cultural y literario en Colombia; congregó a escritores y poetas, filósofos y críticos, que le dieron el contexto universal de las ideas. En esta publicación aparece El coronel no tiene quien le escriba, de Gabriel García Márquez, y un memorable dossier sobre Borges, así como los ensayos de Gaitán Durán sobre Sade e innumerables traducciones suyas que se han convertido en presencia constante entre los estudiosos de la literatura.
Tal vez lo más apropiado para definir a Gaitán Durán es su condición de “pensamiento alerta”. Poeta de la reflexión, habitante del entramado filosófico, nodal de caminos abismales como el erotismo, la libertad, la muerte y la felicidad humana. Cuando queremos poner un quiebre a la poesía colombiana del siglo XX pensamos en él y cuando queremos hacer un cruce en el pensamiento tendremos que hablar de su revista Mito, de la que fue fundador y director durante sus 42 números editados.
Su poesía es a veces tan altiva que reta con descaro y sin tapujos: “¡Vengan cumplidas moscas! Hoy te pago / el ansia con que viví cada momento”, le dice a la muerte que ha visto “enhebrar sus agujas con manos más ligeras que los días” (“Si mañana despierto”, 1961). Sus palabras poéticas, sacrílegas, retadoras, dichas desde su pecho con camisa abierta: “Dios ignorante, vivo en la intrincada / prisión que a viles cosas da mi mente”; “Los ojos cierro y ya no estás. Has muerto. / He muerto y aquí estoy como las cosas, / ciego en esplendor del mundo cierto” (del capítulo titulado así como el poema, “Luz de mis ojos”, 1961).
Por otro lado, dos poemas suyos, casi paralelos, repletos de sol, de un verano sediento, de amor en desnuda y alegre compañía, son rebosantes: “Sé que estoy vivo” y “Siesta”; en ambos poemas, la fugacidad de la vida y la cercanía de la muerte, en ese instante, que hace falta para terminar el día y comenzar la parca, los poemas muestran eso que algunos lectores ven como que “se constituyen un mismo fenómeno”, pero hoy lo resalto, con la certeza del poeta, que ambas... juntas (la vida y muerte), se le atraviesan, y él parece estar pleno, y en fiesta recibe la segunda, consciente y feliz de que ha vivido.
Otro aspecto pegado a la concepción instantánea de la vida y de la muerte es el erotismo. En “Se juntan desnudos” y en los dos poemas titulados “Amantes” se traspira erotismo. La construcción de un cosmos desbordante en donde desnudos los amantes y muy juntos, son solitarios: son “dos monstruos desconocidos que se enfrentan a tientas”, “dos ángeles equivocados”, “dos soles rojos en un bosque oscuro”, “dos dinastías que se disputan un reino”, se muerden, se aman, se hacen daño. Ningún otro poeta local ha sido tan universal, él aquí abandona la palabra escueta, grosera, el burdo deambular de un amor cualquiera, e irrumpe con fuego como símbolo, y arde el poema en las manos y en los ojos el deseo.
Su poesía intuye el encuentro con un propósito conceptual, poético, simbólico, y es muy claro que Gaitán Durán no alcanzó a desarrollarlo totalmente, pues su muerte a los 36 años se da como lo había dicho él varias veces en sus textos, le aparece en la cumbre, venía de regreso, estaba exultante en la palabra y en el amor.
El libro de poemas Si mañana despierto fue publicado por primera vez en una separata de Ediciones Mito en 1961, pocos meses antes de su muerte en ese vuelo de Air France de regreso a casa. Ha sido impreso posteriormente varias veces; ediciones nacionales y mexicanas se cruzan con diversos prólogos y transcripciones diferentes que se hacen de sus poemas.
Si mañana despierto es sin duda el libro de su madurez poética. Los dos textos con epígrafes de Quevedo y Novalis sirven de antesala a ese juego maravilloso de lucidez, de clarividencia, de jugueteo poético con la imagen y la palabra escogida con cuidado, de conciencia de la instantánea brillantez del sol y la inmediatez de la muerte; la felicidad minúscula de una siesta entre los árboles y el saber que “voy a morir. Termina el día”.
Por ello los lectores de hoy deberán, para permitirse el placer de la lectura del poeta Jorge Gaitán Durán, también contar con un instante que les permita vislumbrar la profundidad de su pensamiento.
Para terminar recojo un breve segmento de la novela Alejandra, la poeta que murió de su vestido azul (del autor de este recordatorio), en la cual se recrea no únicamente el momento de la noticia de su muerte, sino además un capítulo de sus discusiones sobre Sade con la Pizarnik.
Y lloré al saber de la felicidad del libertino esquivo que se levantaba muy tarde al día siguiente y abría las cortinas y caminaba entre los destrozos, fumando siempre, sin mirarme, pues estaba lejos, y se marcharía todavía más lejos para que no lo encontrara nunca más. Una pequeña nota de Le Monde anunciaba la caída dramática de ese vuelo de Air France en Point-á-Pitre en la Guadalupe, ese jueves 21 de junio de 1962, donde él viajaba.
Me encontré raspando los adoquines de París lluvioso. Un tartamudo frío infame me sorprendió al amanecer. Una niebla densa, tardía, moribunda, me aplastó sobre la superficie del Sena. Un verso brotó al recordarlo, y mis manos heridas dejaron huella en el viento. “Los trabajos y las noches”... ese debe ser el lugar para él: “Un arpa de silencio en donde anida el miedo. Un ataúd para la hora, otro ataúd para la luz”.
Y me fui vacía a través de los días y me fui sin sombra, sin palabras, sin aire, sin la posibilidad secreta de escribir. Para qué escribo estas cosas si siempre he sido así: “vacía, sin sombra, sólo silencio, miedo, pájaro, lila que cae”.
De Alejandra, la poeta que murió de su vestido azul, pág. 101. Editorial Sílaba, Medellín, 2019.
Amantes
Somos como son los que se aman.
Al desnudarnos descubrimos dos monstruosos
Desconocidos que se estrechan a tientas,
Cicatrices con que el rencoroso deseo
Señala a los que sin descanso se aman:
El tedio, la sospecha que invencible nos ata
En su red, como en la falta dos dioses adúlteros.
Enamorados como dos locos,
Dos astros sanguinarios, dos dinastías
Que hambrientas se disputan un reino,
Queremos ser justicia, nos acechamos feroces,
Nos engañamos, nos inferimos las viles injurias
Con que el cielo afrenta a los que se aman.
Sólo para que mil veces nos incendie
El abrazo que en el mundo son los que se aman
Mil veces morimos cada día.Jorge Gaitán Durán
Bibliografía
- Gaitán Durán, Jorge: Obra literaria. Recopilación y prologo de Pedro Gómez Valderrama. Biblioteca Básica Colombiana. Instituto Colombiano de Cultura, Bogotá, 1975.
- Jurado Valencia, Fabio (selección y prólogo): Mito 50 años después (1955-2005), una selección de ensayos. Universidad Nacional de Colombia, Lumen, Bogotá, 2005.
- Textos sobre Jorge Gaitán Durán. Ediciones Casa de Poesía Silva, Bogotá, 1990.
- Torres, Carlos Luis: Alejandra, la poeta que murió de su vestido azul. Sílaba Editores, Medellín, 2019.
- El vientre de todas las guerras, de Armando Romero - sábado 22 de noviembre de 2025
- El urbano placer de leer de nuevo a Luis Fayad
(sobre su novela Testamento de un hombre de negocios) - miércoles 2 de julio de 2025 - contra la maldad - sábado 31 de mayo de 2025


