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El salserismo

martes 7 de mayo de 2024
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El salserismo, por Juan Casillas Álvarez
El salserismo es la aventura del salsero, sus letras, su baile erótico, su leyenda, su sabiduría y su trágica muerte.

“Se hace tarde, mi esposa me está esperando, pero antes regalame el primer abrazo de un boricua de la isla del encanto”. Mateo siguió rumbo hacia el oeste de la ciudad, pasó por debajo del arco romano y se internó en el mercado de San Pedro construido por Gustave Eiffel hace más de cien años. No lo vi más y no lo volveré a ver.

El encuentro con Mateo fue en la Plaza de Armas del Cuzco; vendía infusiones de hierbas en un termo. Me encanta tomar su té a las diez de la noche. Los niños se divertían, aún se paseaban los novios. De su enano radio una quedita canción se escuchaba: “Devórame otra vez”, de Lalo Rodríguez. Mateo recordaba al salsero y le estaba obsequiando un homenaje en su reciente fallecimiento en la isla.

Aquí Lalo tiene su fama bien ganada desde el Callao, Medellín, Cali o en la mismísima Lima, la ciudad de los reyes. La admiración que se tiene aquí por los salseros boricuas cruza los Andes. Dicen que Puerto Rico le dio la vida a Héctor la Voz pero Cartagena le dio la gloria. Cuando murió Héctor, aún recuerdo la enorme pancarta que tiraron los estudiantes en frente del edificio principal de la Universidad de Cartagena que decía: “Mi gente, Héctor el salsero de América”.

“Soy un salserista y doy gracias a tu isla y mi último sueño, si Dios me lo permite, quiero visitar Puerto Rico. Conozco Bayamón, Santurce, Ponce, Mayagüez, La Perla, la 23 abajo”.

Mateo desconoce que mi país está en el mapa del Caribe. Pero la conoce y la recuerda bien como si fuera un pedazo de Lima.

Mateo desconoce que mi país está en el mapa del Caribe. Pero la conoce y la recuerda bien como si fuera un pedazo de Lima. Mateo sabe de Mayagüez, Ponce, Santurce, La Perla, Villa Palmera, Bayamón y la 23 abajo. Se conoce la geografía isleña por medio de las canciones que mencionan los lugares emblemáticos de la salsa. Me habló de ellos como si recordara un concierto de salsa en Arecibo.

El muy amable Mateo me hizo compañía para hacerme una enumeración de cantantes de salsa cuya lista era mejor y más extensa que la mía. Mateo no sólo enumeraba salseros de mucha o poca fama sino que agregaba con frecuencia una anécdota o una leyenda, que entretenía mi parada en un banco de la plaza.

La Sonora Ponceña, el Gran Combo, Héctor, Gilberto Santa Rosa, Willie Colón, Cheo Feliciano, el Cano Extremeña, la India, Tito Rojas, Frankie Ruiz, la lista fue abundante.

Un buen fanático de la salsa tiene conocimientos y eso se llama salserismo. Conocer los pueblos de la isla y sus cantantes es parte del salserismo. Salserismo es ser heredero de una tradición musical. El salsero y sus leales seguidores, ambos se apartan del mundo para descubrir la belleza de los de abajo. Son artistas del dolor pero no se quejan. El salsero reivindica la vida del caserío. Esa vida está sacralizada.

Con Mateo me entero por primera vez del término “salserismo”, que a mis oídos resonó como un movimiento filosófico innovador y fuera de la tradición filosófica europea. Me imagino el tremendo entusiasmo con que Niche analizaría el salserismo como una forma de pensar la vida donde el dolor es baile y el poeta es salsero.

Para Mateo el salsero es el último defensor del pueblo, atrás se quedaron los guerrilleros y las doctrinas académicas. El salserismo ha llegado a desplazar la religión y la política. Este reclamo lírico popular está muy dentro de la conciencia colectiva de las ciudades andinas. El salserismo es un reclamo estético, una aventura, es el vuelo alto y libre de la libertad y la sensualidad del Cóndor. Y sus riesgos son reales, es el desafío cotidiano entre la vida y la muerte. El salserismo es la aventura del salsero, sus letras, su baile erótico, su leyenda, su sabiduría y su trágica muerte. La muerte oscura de Lalo Rodríguez encarna los capítulos de vida del salserismo.

Las canciones del salsero son sinfónicas y luchan contra una causa perdida.

La lectura del presente aviva la inspiración poética del artista creyente del salserismo. Por sus orígenes apasionados, de amor y desamor, el salserismo camina por la fatalidad. Las canciones del salsero son sinfónicas y luchan contra una causa perdida. El salsero nos sorprende con sus canciones, nos golpea la vida sentimental, su poesía calienta la cabeza y se baja a los pies bailando la angustia de la fragilidad de nuestra condición humana.

En las ciudades de los Andes se canta y se baila salsa hasta el desmayo. Las canciones emocionales del salsero siempre son tenaces, son atrevidas y están fuera de la normalidad; su obra es cantata, baile; es muda y solidaria. Los pueblos de los Andes admiran mucho a Puerto Rico. Somos la Meca del salserismo y su peregrinaje a la isla es un sueño.

El encuentro con el salserismo se lo debo a Mateo. Creo que la mitad de su alma es pura salsa boricua. Entre el hombre de los Andes y la salsa anidan los lamentos y la alegría del pueblo de Puerto Rico.

Juan Casillas Álvarez
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