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En agosto nos vemos y los lectores novatos ante las obras completas de García Márquez

domingo 19 de mayo de 2024
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“En agosto nos vemos”, de Gabriel García Márquez
Los lectores novatos no ven que, entre Cien años de soledad y En agosto nos vemos, Úrsula ha tomado distancia del marido; no ven la maleabilidad de esta obra; sólo ven monumentos de piedra estupendos e inquebrantables y no obras de arena.

Con la publicación de En agosto nos vemos se reveló que críticos y comentaristas de García Márquez son lectores novatos. Entiendo por esto al lector que sufre ante la imposibilidad de revivir la aisthesis que le produjeron las obras anteriores de un autor. Frente a la publicación de Cien años de soledad, quisieron borrar la obra que le precedía; ante El otoño del patriarca, creyeron que el nobel colombiano derrotaba todos sus precedentes, y así fueron desechando las obras realizadas por la última obra presente. Cuando apareció Doce cuentos peregrinos, el sentimiento de que las obras pasadas eran insuperables los convirtió en lectores de unas obras y censuradores de otras. La cuestión se reforzó con Memoria de mis putas tristes y, ahora más, con En agosto nos vemos. La nostalgia de la aisthesis vivida hace que toda obra nueva les parezca un retroceso, una traición, una prueba del agotamiento. También le pasó a Cervantes con su novela final, El Persiles: para Borges es un libro “espantoso” y para Michael Nerlich la Divina comedia del barroco español. En medio de las dolencias de García Márquez, dichos lectores no vislumbraron al autor que se anunciaba más suelto con el erotismo, más transparente al señalar sus lecturas de Kawabata o de los autores citados en cada capítulo de En agosto nos vemos. El lector novato propone lecturas creyentes de que las ficciones del maestro son sólo pruebas de su caducidad intelectual. Lejos del Kafka que fascinó a Gabo cuando muchacho o de las proezas desarrolladas por Faulkner, ahora propone en sus últimas ficciones causalidades menos mágicas, llenas de descaro y sarcasmo. ¿No vieron los lectores de la reprobación que, aunque la rescritura de la historia era un caudal potente en El general y su laberinto, en Del amor y otros demonios, Sierva María de Todos los Ángeles también es una variación de un cuento de hadas como “Rapunzel”? ¿Que el erotismo es una corriente que atraviesa su obra; en fin, que la potencia de las ficciones de un autor, si se dividen entre mayores y menores, es porque las menores son hilos de las mayores?

Los lectores novatos son amantes de un viejo amor, ante el cual ningún amor presente les brinda placer e innovación. Permanecen obnubilados ante la obra maestra, ciegos ante las ficciones que una cabeza llena de invención sigue creando. Siervos de una ficción monumental, no encuentran en el conjunto de la obra un universo para ver desarrollos, discontinuidades, nuevos llamados.

De otro lado, los lectores novatos creen que todo debe ser novedoso, pero las obras literarias hacen parte de las corrientes ficcionales de la humanidad, todas son de alguna forma antiguas. Y Gabo es un autor que hace ficciones que tienen la virtud descarada de prolongar y prolongarse. Hay autores cuyas ficciones registran un grado cercano a cero para ser continuadas, propagadas; hay otras ficciones que conquistan la mente humana porque parten de las más profundas sobre la reconstrucción del mundo cuando el peso de los años nos maltrata, sobre el porvenir de nuestros afectos; ficciones indagadoras del amor, la compañía y la muerte cuando los años avanzan. La muerte de la madre de Ana Magdalena Bach es como el retoño existencial del deseo que habita aún en quienes sobrepasan una o tres decenas de años más allá del medio siglo. ¿Recuerdan El amor en los tiempos del cólera? En esto, el grado del cataquero es alto para prolongar su ficcionalidad, conjeturar sobre los años vividos y sobre el placer que aún pueden proveer los años que faltan. Las ficciones de los viejos se distinguen de las de los jóvenes en que son más ficcionales. En García Márquez la frase anterior parece menos que tentativa, celebrada.

“En agosto nos vemos”, de Gabriel García Márquez
En agosto nos vemos, de Gabriel García Márquez (Random House, 2024). Disponible en Amazon

La obra de Gabo exige que continúes con sus cuentos, porque son menos ficciones terminadas que aperturas ficcionales a tu disposición. ¡Qué duro fue esto para quienes escribían en los años setenta y ochenta! Costó mucho arrojar la ficcionalidad garciamarquiana. Recuerdo una charla de Humberto Moreno Durán en Cali, quizá en el año 1980, en la que, furioso, el autor de Femina suite señalaba los tics estilísticos de la escritura de Gabo, repetidos en muchos cuentos y novelas de aquellos años, como una forma de sentar postura porque deseaba escribir una literatura distinta.

Las obras garciamarquianas tienen algo provocador, vienen de un agujero o un planeta en el que las ficciones no se plagian, se continúan porque no parecen terminadas y piden la participación de otras manos. Muerto el autor, las manos ajenas pueden actuar; por ello lo extraordinario de que los herederos, sabedores de esta potencia de no ser una obra incólume, permitieron que el editor Cristóbal Pera hiciera la edición. Es que la obra de García Márquez siempre ha sido de Gabo, pero sus ficciones son de los lectores, incluso de los novicios. Los lectores novatos no ven que entre Cien años de soledad y En agosto nos vemos, Úrsula ha tomado distancia del marido; no ven la maleabilidad de esta obra; sólo ven monumentos de piedra estupendos e inquebrantables y no obras de arena, obras con la magia del “libro de arena” de Borges.

El título mismo de la obra es grato y anticipatorio. En agosto nos vemos es una frase que invita al futuro. Casi que el autor cita al lector a un encuentro en agosto con la protagonista, lo que resalta el juego literario de quien elabora ficciones: impulsar una cita del lector con la obra. El título es quizá la frase más calculada por Gabo para nombrar a uno de sus libros. Porque los encuentros amorosos cuando se producen son quizás los acontecimientos que más logran desficcionalizar y darle realidad a la ilusión de nuestras pasiones.

Cuando murió Camus en un accidente, algunos lamentaron que su obra había quedado incompleta. Sartre dijo que había que acostumbrarse a que las obras escritas por Camus ya eran su obra completa. Agradezco la obra completa de García Márquez, y este tejido, una nouvelle, hace parte del gran manto de sus obras completas. No desmerece ser una nouvelle, tampoco que les deba a los franceses, a Camus, Robbe-Grillet, Buñuel, Resnais y también a Stefan Zweig y Veinticuatro horas en la vida de una mujer (1927), a La casa de las bellas durmientes de Kawabata (1961), entre otros. Ya con el filme Umberto D., de Vittorio de Sica (1952), García Márquez tejió, según Jacques Girard, El coronel no tiene quien le escriba. No son nada extraños en el nobel colombiano los contrabandos entre cine y literatura.

La literatura siempre debe a las literaturas y siempre es bodega de las ficciones del porvenir. A un autor lo constituyen sus grandes hallazgos, sus nuevas búsquedas, así sus resultados a veces sean un tejido del gran mato. En agosto nos vemos le permite al lector aventurero adentrarse por fin en la obra completa ficcional de García Márquez.

Álvaro Bautista Cabrera
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