
La poética en constante rotación
Las palabras fluyen en el rocío del día o en la penumbra convirtiéndose en luz al final del túnel. Emanan como aguas del mar, en el turbio cosquilleo de las dudas. Se agitan como banderas en el fragor de la protesta; rebeldía desatada entre siglos. Son esquirlas que comunican las necesidades y necedades del hombre. Anhelos de hoy y de siempre. Liturgia de los despojados. Elementos rítmicos que sintetizan las sensaciones y pensamientos humanos.
Las palabras son huellas sempiternas cuando se aproximan a la belleza literaria, son códigos valiosos en el desciframiento de la huella creativa. Cuando los grafemas pactan con los astros y los soles cuadrados, se vuelven metáforas y símiles que reflejan los escondrijos de la cotidianidad. Entonces, aparece la poesía, tan sutil, tan delicada, tan determinante, o tan inútil en el mismísimo reflejo del poema. Estallido o soplo desesperado del juglar.
La poesía, esa doncella que seduce y conmueve, se parece a la mujer fatal que transita por los intersticios de la nocturnidad. Esta expresión de cuño antiguo danza con las sábanas de los amantes derruidos por la sombra de la pasión, amamanta al retoño ávido de vinagre y calor, dibuja las líneas impregnadas en el cielo imponente del celeste eterno, convoca a los duendecillos que protegen la energía telúrica de los tótems, respira el amor de los desprotegidos, aspira mejores días para la juventud indignada ante este mundo hostil.
La poesía es nostalgia, aroma verde de azucena o café en el espesor de la madrugada, carcajada inútil en el precipicio, descripción del caminante esquizofrénico ante los obstáculos del sendero, revelación de la montaña enamorada de aquel lago que aguarda en sus pies por milenios, lluvia de invierno más allá de cualquier predicción, selva adentro en los confines del universo, melodía interminable cuyo eco se antepone en la taberna clandestina, refugio de amor como detalle melancólico de sí mismo, cántico irreverente que estremece los salones de baile.
La poesía anuncia el alumbramiento de una criatura nueva, la existencia de un dios, el reposo del vencido, la vista extendida y efímera frente al amanecer. La poesía nos acerca a la amistad; acto fecundo de nobleza, a la desnudez del vientre como manantial de anunciación, a la fragilidad de la fe, al parnaso en su dimensión amplia devolviéndonos el aliento mitológico.
La celebración del verso en la ciudad jardín de Colombia
Septiembre, 2024. Cundinamarca, Colombia. Todo ese cúmulo escritural confluye en el XII Festival Iberoamericano de Poesía en Fusagasugá, lugar que acoge a vates nacionales y extranjeros y que este año se realizó del 6 al 28 de septiembre. La modalidad del evento es presencial y también virtual. Henry Jiménez, gestor cultural y coordinador del festival, asevera que esta programación “hace parte de Cosmolectores, un proyecto macro de animación a la lectura y escritura creativa dirigido a chicos de educación básica, media y profesional”. El objetivo principal a través de la Fundación Cantemos y Artbol es potenciar el trabajo realizado en el área de las letras para dar visibilidad a las nuevas voces de la localidad y de toda Colombia. A eso se suma la invitación a autores de otras naciones, estrechando fraternalmente vínculos entre los hacedores de los blancos poemas.
Junto con Jiménez se dinamiza un equipo de personas que le pone alma y pasión a tan loable actividad de difusión literaria. Tras doce años, esta fiesta de la palabra oral y escrita se ha observado fortalecida, contando para el efecto con iniciativas complementarias como charlas, conferencias, talleres de fomento lector, publicación de antologías, conciertos musicales, danza, performance. En su reciente edición, el festival se extendió hacia Envigado (Medellín).
En las diferentes mesas intervinieron compartiendo su acervo versal Néstor Mendoza (Venezuela), María Vilalta, Ernestina Elorriaga, Karina Lerman, Victoria Fabre, Blanca Godoy (Argentina), Édgar Córdova (México), Javier Villegas (Perú) y Aníbal Fernando Bonilla (Ecuador). Y, desde luego, del país anfitrión, Jorge Valbuena, Natalia Montejo, Ángela Briceño, John Henry Fonseca, Sebastián Barbosa, Johanna Marcela Rozo, Tathiana Pinto, Bertha Rojas, Arturo Hernández, Andrea Mojica, Rosaura Mestizo, Carlos Gil, entre muchos otros nombres de similar prestancia en el campo de la inventiva escrita.
Fusagasugá es un rincón de encanto paisajístico, floral y de producción bondadosa con la tierra, cuyos frutos son aventajados ante un agradable clima. En esta ciudad también se genera otro tipo de cosecha: el que atraviesa el hechizo del verbo y se funde en un encuentro anual con el abrazo, con el poema y con el sutil destello que nos dejan los instantes entrañables de la vida.
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