
“Un xoloescuincle que tenía la facultad de hacerse invisible...”.
Porter
Nos encontramos en Mineral de Pozos, Guanajuato. Por alguna razón, cuando nuestras amistades nos visitan, el viaje a este destino es obligado. El año pasado también estuvimos aquí con Sofía y Jonathan. Después de varios días, Sofía me envió una fotografía. Es en blanco y negro, con una toma mía paseando a mi perro y, a la distancia, las ruinas de las haciendas mineras de Mineral de Pozos. En otra ocasión, un joven fotógrafo nos intercepta. Las preguntas no se hacen esperar, por parte de nuestro interlocutor. ¿Cómo se llama?, ¿es caro?, ¿no tiene pelo?, ¿lo puedo tocar?, ¿cuántos años tiene? Después de responder a sus preguntas, muchas de las cuales intentaré también responder, el artista toma su cámara fotográfica y lanza unos disparos. Días después, decidí seguir su cuenta de Instagram y, en ese momento, observé algunas de las imágenes tomadas en ese viaje.
El perro de origen prehispánico observa el paso de los visitantes en las ruinas. Su mirada es firme, imponente e intimidante. Pareciera seguirnos a todos con la mirada, en una especie de ritual de acecho o cacería. La fotografía y la imagen me hacen evocar que en ese momento uno de los paseantes intenta tocar a Tzilacatzin, así se llama mi perro de raza xoloescuincle, nombrado así por aquel guerrero referenciado por Portilla en el libro La visión de los vencidos, mismo que les hizo frente a los conquistadores en el sitio de Tlatelolco.
Muchos mitos se ciernen sobre esta raza de perros. Algunos de ellos son los siguientes:
- Se piensa que eran alimento en la época prehispánica.
- Se cree que su ausencia de pelo era originada porque se les rociaba con ciertas resinas.
- Muchas personas afirman que tienen poderes curativos de asma o de artritis reumatoide.
- Se tiene la referencia de que son perros relacionados con la cultura “azteca”.
La palabra xoloescuincle también tiene sus grandes disyuntivas en cuanto a su significado etimológico. La más cercana, a mi parecer, es la siguiente: xolo en náhuatl quiere decir monstruoso; escuincle proviene de itzcuintli, que significa niño. Lo que podría definirse como pequeño o niño monstruo. Muchos hacen de esta división de palabras la vinculación del xoloescuincle con la deidad Xólotl, representada por un perro, y hermano de Quetzalcóatl.
El ser dueño de un perro de esta raza implica varias aristas; una de ellas es el cuidado de la piel. La piel de los xoloescuincles es suave, lisa, pareciera piel de humano, y al tacto es caliente. La ausencia de pelo es provocada por la ausencia de un gen recesivo, que también le provoca una displasia de cadera y la falta de dientes. Es por eso que, cuando se observa a la distancia, se percibe la curvatura de su cuerpo; por ende, hay que tenerle un cuidado especial en su vejez.
Cuando alguna persona me hace referencia al xoloescuincle y ese mito de que eran alimento en la época prehispánica, siento recorrer un gran impulso, dado que me apasiona hablar del tema y me genera el intentar explicar lo que sé. Así, entonces, tenemos que ninguna referencia bibliográfica o documental señala que el xoloescuincle fuera un alimento en aquellas épocas. Esta referencia, o lo que más se acerca, viene en el libro Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, en donde Bernal del Castillo narra la forma en que los mexicas recibieron a Cortés con una comida. Señala que fueron recibidos con varias comidas, entre ellas una carne blanda, de color blanco, que parecía carne de niño. Si tomamos la referencia de que niño en náhuatl es itzcuintli, pienso que de esta mala referencia o traducción se ha ido alimentando ese mito, mismo que se ha acrecentado en la transmisión oral de esa información. Si bien muchos restos óseos de cánidos fueron encontrados en entierros o tumbas prehispánicas, como lo señala la revista Arqueología, pienso que esto tiene que ver más con su carácter de acompañantes en vida y en muerte.
En estos encuentros originados al pasear a nuestro acompañante canino, se da el intercambio con nuestros interlocutores sobre el origen del perro xoloescuincle. En muchas ocasiones, se escucha: “¡Mira el perro azteca!”. En este punto, he tratado de explicar que el xoloescuincle no proviene de la zona mexica, sino que proviene de la zona de occidente, y la zona del Balsas. Esto es referenciado por Bernal del Castillo: “Otros dicen que nacen sin pelo en los pueblos que se llaman Teutlixco y Toztlan”.
Los xoloescuincles han estado cerca de la extinción. En los años cincuenta, Norma P. Wright realizó un viaje a diferentes lugares de Guerrero y Michoacán para buscar ejemplares e iniciar un pie de cría. A partir de ese momento se inició en México un rescate de la raza.
Desde que nuestro xoloescuincle llegó a nuestra casa, desmitificamos algunos mitos acerca de estos animales. Con el paso del tiempo nos percatamos de que es un perro guardián y protector tanto de su espacio como de sus dueños. Es un perro muy apegado a su familia o manada; incluso puede enfermar o estresarse si es separado de nosotros. Son perros que necesitan de mucho amor y atención.
Logré comprobar durante su crecimiento que la caída de sus dientes es cierta, y puedo ser testigo de la ausencia de pelo en todo su cuerpo, menos en cabeza, cola y patas.
Si bien no he logrado comprobar a ciencia cierta sus poderes curativos, hace unos días compartía con unos amigos que, en el año 2021, cuando enfermé de Covid, el primero en olfatearme de la cabeza a los pies fue mi perro, y fue quien me hizo compañía acostado a mis pies durante toda mi convalecencia.
Se ha dicho mucho sobre su conexión de xoloescuincle con el inframundo. Hay textos de la época prehispánica que señalan que, después de morir, el alma de los difuntos viajaba hasta llegar a una montaña, en la cual se abría una puerta en una de sus cavernas, y ahí el alma tenía que iniciar un descenso hasta llegar al río Apanohualoyán, mismo que tenía que cruzar. Muchas leyendas dicen que ahí, en la antesala de esa vertiente de agua, un perro xoloescuincle esperaba al alma para cruzarla del otro lado. Actualmente se tiene la creencia de que, si uno es malo con los perros, éstos no lo ayudarán a cruzar el río; mientras tanto, si uno cuida, procura y alimenta de manera adecuada a sus perros, sucederá todo lo contrario.
En el reproductor de música suena la música de Porter, y Tzilacatzin en ocasiones se hace invisible durante la noche, por su piel oscura y su falta de algunos dientes. Otras veces, pareciera un rockstar que decide acaparar y robar la escena en diferentes lugares a donde lo llevamos de paseo.
Yo no puedo asegurar que el xoloescuincle será quien nos acompañe en el viaje post mortem; sin embargo, puedo afirmar que esta raza de perros tiene una conexión muy fuerte con el ser humano (como quizá todas las mascotas). Para mí este perro pelón, que me acompaña casi en todas mis actividades diarias, así como en la mayoría de mis viajes, es un compañero, testigo y pieza fundamental tanto de mi vida como la de mi compañera. Este perro de origen prehispánico es muy longevo. Se dice que suelen vivir casi quince años. No sé qué pueda suceder mientras el calendario vaya desprendiendo sus hojas y las manecillas del reloj avancen. Pero sí puedo afirmar que los perros, gatos, cuyos y otras mascotas que elegimos tener en casa, se convierten en nuestros acompañantes, cómplices, y son parte de nuestras vidas, y es muy probable que, en nuestro imaginario, en el mundo de los sueños y en el inframundo serán también nuestros acompañantes.
- Xoloescuincles, acompañantes en vida y en muerte - viernes 15 de noviembre de 2024


