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Portada
Epígrafe
La levedad del General
La virilidad del Coronel
La desnudez del General
Estratósfera y cáncer
El resplandor de la víctima
La espina en el riñón
El gorrión anuncia...
La ceguera de Asdrúbal
Espectro en San Telmo
Los cordones de Aramburu
Chateo con Evita
Datos del autor
Ilustrador: José Ángel Tovar
Editorial Letralia
La levedad del General, José Ángel Tovar (1998)

La levedad del General

Aquella mañana de julio de 1948, el General Juan Domingo Perón convocó a los miembros de la producción en el salón principal de la Unión Industrial Argentina. Los mozos de la confitería "El Molino" sirvieron un delicioso refrigerio con canapés agridulces; el Jefe de Estado insistió en acompañarlos con mate en vez del clásico champaña que sugiriera la Comisión de Protocolo Presidencial. Los representantes de la industria escucharon con atención su charla amena y tranquila, mientras el sol de invierno entraba por el ventanal que daba al sur de la ciudad. Desde el rincón norte del cuarto, el equipo de "Sucesos Argentinos" filmaba la histórica reunión utilizando spots a queroseno. El Líder explicó a los presentes el trato que merecían los obreros: los patrones debían frecuentar las modestas viviendas de sus empleados, acariciar y besar a sus hijos y visitar castamente a sus esposas, durante las ausencias diarias de los trabajadores. En fechas claves como el 1º de Mayo o el 17 de Octubre, los agasajarían con ricos asados, y con palmadas en la espalda, aprovechando para frotar con disimulo los puntos de sumisión que estableciera un viejo médico chino radicado en Buenos Aires. Asimismo, los industriales, de tanto en tanto, besarían con unción las mejillas de sus obreros, noblemente traspiradas por el trabajo honesto.

De pronto, el General, sin dejar sus palabras despreocupadas y su sonrisa plácida, flotó a pocos centímetros de su silla y siguió elevándose. El director de cámaras de "Sucesos Argentinos" dio órdenes febriles al operador para que continúe rodando las escenas. En tanto, el Presidente seguía explicando la importancia de mantener las mejores relaciones con los asalariados; desarrollaba la teoría por la cual los gremios eran la columna vertebral del peronismo y los obreros la médula. Ya en el aire, por encima de la mesa, cruzó una pierna sobre la otra. Después del primer momento de estupor, los representantes de la industria del vidrio y de la madera lo tomaron de los tobillos e intentaron tirar hacia abajo, pero era tal la fuerza con que el líder ascendía que los arrastró consigo. A su vez, los representantes de las industrias químicas y metalúrgicas tomaron a sus colegas, pero fueron levantados por la fuerza de Perón que seguía hablando con voz pausada, mientras, de tanto en tanto, acariciaba las cabezas de quienes estaban cerca suyo. Algunos técnicos de "Sucesos Argentinos" intentaron ayudar, pero fueron severamente amonestados por su director que procuraba una perfecta filmación de lo que ocurría.

En tanto, al ver aquello, el amanuense se comunicó a la quinta de Olivos y llamo a la compañera Evita, quien no tardó en llegar al salón llevada por el veloz automóvil presidencial. En tanto, el General había llegado al techo y rebotaba contra el cielo raso como un globo de helio. Las cámaras de "Sucesos Argentinos" se volvieron hacia la Abanderada de los Humildes y tomaron un primer plano de su hermoso rostro; ella, al ver a su águila flotando, pasó del asombro al fastidio y a la furia. Su voz resonó en medio de los industriales. "¡Juan! ¿Qué carajo estás haciendo ahí arriba con esos señores? ¡Hacéme el favor de bajar!". El General Perón al escuchar la voz de su compañera, se interrumpió y su cuerpo bajó varios centímetros. "¡Te digo que bajes de una vez...!". Obedeciendo la voz firme de su amada, el presidente cayó de golpe sobre la mesa, y quienes seguían abrazados a sus tobillos sufrieron lesiones importantes en sus cabezas y en sus miembros. La compañera Eva llamó a su cuerpo de enfermería privado y cantando con su voz dulce los curó uno por uno. Después se volvió hacia Perón y dijo sus memorables palabras: "Recuerda bien este momento, Juan. Recuerda que cuando un hombre vuela demasiado, la mujer siempre lo hace bajar, ya sea suave o súbitamente. El águila siempre necesita un ancla, si no su afán de elevarse puede llevarla a perderse entre las nubes. Y recuerda también que 'mejor que decir es hacer y mejor que prometer es realizar'. El vuelo te lleva a decir y prometer; es necesario estar en el llano, en la tierra para ejercitar la escultura del hacer y del realizar".

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