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Portada
Epígrafe
La levedad del General
La virilidad del Coronel
La desnudez del General
Estratósfera y cáncer
El resplandor de la víctima
La espina en el riñón
El gorrión anuncia...
La ceguera de Asdrúbal
Espectro en San Telmo
Los cordones de Aramburu
Chateo con Evita
Datos del autor
Ilustrador: José Ángel Tovar
Editorial Letralia
La ceguera de Asdrúbal

En las primeras horas de la muerte de la compañera Evita, cuando el pueblo clamaba su pena en la Plaza de Mayo, el General pidió que lo dejaran solo con el cadáver.

En sus memorias, el servidor del General, Asdrúbal Pinzón, afirma haberlo espiado por una ranura que había en el marco de la puerta de su habitación. El Líder dio tres vueltas alrededor de la cama, donde el cuerpo de su compañera yacía cubierto por una sábana. A medida que Perón caminaba, se iba quitando ropas: la casaca, la camisa, el pantalón... El servidor observaba la escena, impresionado por lo que veía, hasta que en la tercera vuelta, Perón retiró de pronto la sábana que cubría el cuerpo. A pesar de que no debían escucharlo, Asdrúbal lanzó una exclamación: la belleza de Evita era perfecta. Una suave luz irisada corría a lo largo de su cuerpo. El resplandor fue creciendo hasta que se transformó en un viento imparable; el servidor, que estaba trepado en una pequeña escalera, cayó de allí rodando por el piso. El impacto lo dejó inconsciente.

Lo despertó una voz: "¡Asdrúbal! ¡Asdrúbal..!". Al abrir los ojos sintió miedo: junto a él, en el piso, había un ser de pocos centímetros. Advirtió que era el propio general Perón en una réplica diminuta que lo miraba severamente. Con un gesto interrumpió a Asdrúbal, que ya lanzaba un bramido de terror. "No temas, Asdrúbal, no te muevas...", advirtió el enano. "Lo que acabas de presenciar es la explosión luminosa de la muerte. Has visto algo prohibido; algo que el general Perón, que soy yo mismo, es capaz de soportar porque es un hombre elegido, pero tú, Asdrúbal, al no ser elegido, permanecerás ciego durante tres cabalísticos días. Te has asomado a la intimidad de la muerte de Eva Perón. Has visto la desnucez de su cadáver sin estar preparado, y eso constituye un atentado a la patria... No te preocupes. Sé que fuiste inconsciente de los alcances de tu conducta, y a cambio deberás escribirlo alguna vez. El pueblo conoce el maravilloso brillo que oculta la muerte, y en particular la colosal muerte de Eva Perón. Tú se lo contarás a todo el que pueda leerlo...". La pequeña réplica del General levantó su mano y la pasó delante de la vista del sirviente. En ese momento, Asdrúbal Pinzón dejó de ver, y como le había sido anunciado, su ceguera duró tres días, mientras el pueblo adoraba a la Sagrada Muerta, bajo la lluvia de aquel lejano Buenos Aires.

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