
Bestiario artificial. 28 años de LetraliaEste texto forma parte de la antología publicada por Letralia el 20 de mayo de 2024 en su 28º aniversario
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Dentro de esos mecanismos se metieron los Vivientes Cartilaginosos, los que llegaron al Planeta cuando ya se estaba enfriando un poco.
El Planeta en su origen era un horno de fuego con cráteres, millones de aberturas escupiendo enormidades de materia ígnea. Un globo lleno del fuego que sólo la naturaleza puede producir, porque su poder es absoluto. En su traslación y rotación comenzó a cabecear como un trompo que gira, y las llamaradas, de miles de kilómetros de extensión, bailaban con ella.
Qué espectáculo grandioso se produjo durante millones y millones de años, pero no hubo humano que lo mirara porque esta clase de vivientes comenzamos a existir hace tan sólo dos millones de años, y el Planeta ardía en su propio espacio desde hacía cuatro mil quinientos millones de años atrás, cuando su masa se separó de su Estrella Madre.
Mientras tanto, llegaron a las inmediaciones del Globo muchos cometas y asteroides; el espacio producido por la energía de la Estrella Madre era un caos espectacular, un verdadero poema celeste.
Muchos cometas, cuerpos celestes variados, y asteroides, chocaban entre sí y este Globo tuvo la suerte de recibir por lo menos a dos cometas de hielo, que estrellándose en él lo inundaron. Otra posibilidad señala que fueron asteroides los que le hicieron el favor al Globo llenándolo de agua, pero, de una forma u otra, el Astro se benefició, ahora era un planeta menos llameante y caluroso, que comenzó a tranquilizar su atmósfera.
Donde hoy se localizan los Montes Ursus, que en aquella época aún no existían, sólo la zona donde después se elevaría, fue a la que llegaron los Vivientes Cartilaginosos, unos seres cuyo origen se desconoce totalmente, pero que apareciendo sobre una parte del Continente Ideal, en su parte norteña, se establecieron y comenzaron a disfrutar del generoso Planeta.
Quizás esos individuos, por un hecho insólito, fueron producidos por generación espontánea, pero las leyes de la vida nos indican que esto es imposible. Por tales razonamientos, esos seres hasta ahora son un enigma.
Es imposible que un individuo no exista y de repente aparezca, sobre todo si es un ser vivo; cada ser vivo tiene un origen, una madre que lo produjo y un entorno que albergó a sus antepasados; esto es una ley innegable y absoluta, pero el origen de los Vivientes Cartilaginosos es desconocido; no hay entorno que les haya dado origen; no se han encontrado antepasados suyos, ni siquiera algún huesito fosilizado. De repente, hace tres mil millones de años, aparecieron, y aquí están, produciendo inquietudes, metiendo miedos y aconsejando a los humanos para que se comporten de manera diabólica.
Lo mejor de esos seres es que no son muchos, son quizás una docena, y aún cuando su maldad es gigantesca, no habían hecho muchos daños al Planeta. Son individuos que no mueren, su existencia quizás sea eterna, pero es imposible que no hayan nacido, esa es una de sus incógnitas.
Analizando su existencia, bien pudiera ser que, en los infiernos, ya el Diablo Mayor estuviera harto, tanto de mirar como de soportar a los Vivientes Cartilaginosos, y bien pudiera ser que los hubiera expulsado de tal dimensión, y así esos malvados hayan llegado a este Planeta Azul, cuando el calor era insoportable y las llamas lacerantes para cualquier vida menos la de ellos, porque en realidad quizá sean pingos, satanes o cualquier forma de maldad acostumbrada al calor sofocante de inmensas llamas. Bien podría suponerse que Lucifer los arrojó de ahí cuando comprendió que para nada le servían, ni siquiera para asear con sus lenguas las coladeras de los infiernos, y entonces, con toda la furia de su presencia, les ordenó salir y llevar sus horrores y malas artes al Planeta que por lo pronto no tenía vida, pero que la llegaría a tener: el Globo Azul.
Muchos miles de años después, ya tranquilizada la corteza del Globo, también la atmósfera se calmó, y por estas hazañas evolutivas la vida comenzó a vislumbrarse; primero en las profundidades de los océanos, junto al calor de los pisos de magma hirviente, ahí brotaron las primeras cadenas de ácidos que uniéndose formaron la vida primitiva.
Después brotó toda la vida comenzando por los hongos, los vegetales y por fin los animales, cuya corona es la humanidad, pues no hay ser más útil que el humano, ya sea mujer u hombre.
Los Vivientes Cartilaginosos por fin pudieron vislumbrar una forma de vida no aburrida, porque antes ¡nada hacían! Sólo vivir y eso es muy aburrido, no podían disfrutar plenamente... Pero los humanos, con sus inteligencias supremas ¡inventaron las máquinas!, esos aparatos que facilitan cualquier forma de trabajo; primero fueron artefactos de madera o tela y no, esas artimañas no dejaron satisfechos a los Vivientes Cartilaginosos, pero muchos años después inventaron los artefactos metálicos, que dan tan buen servicio a los humanos. Por fin terminaba el tedio de aquellos seres diablescos, los que pasaron millones de años en la aburrición; su inacción fue, no secular, sino sufrida en decenas de épocas geológicas.
Los Vivientes Cartilaginosos comenzaron a disfrutar de un verdadero paraíso.
Son como bolas de carne lampiña, con piel hermosa, lisa, sonrosada, tersa; cada uno de esos seres contiene dos esferas, una le sirve de cabeza, y otra de tórax y cadera; de esta última les salen las patas, también sonrosadas y regordetas, como de humano recién nacido; estas extremidades las pueden contraer y ocultar en esa bola de abajo. En la esfera de arriba tienen un par de ojos, nariz y boca; de la parte de la unión con la otra bola les brotan los brazos con manos hábiles. No tienen ni cabellos ni pelos. Miden treinta centímetros de diámetro. Se alimentan de animales muertos y es por eso que colocan mantas bajo los árboles al principio de las noches, para así en los amaneceres recoger animalitos, sobre todo insectos muertos, y comerlos con agrado.
Pero ya ahora cambiarán su alimentación porque...
Llegó el Siglo Décimo Nono y con él la Revolución industrial; esta época tuvo una excelente reina, un hada que en ella se presentó; una mágica sílfide mecánica con miles, millones de hijas ruidosas; jerárquicamente una reina, una princesa y miles, quizá millones de infantas. Ningún hombre, sólo féminas negras, escandalosas y muy queridas, porque su elegancia es extrema, y porque su utilidad es asombrosa.
Comenzó a existir la Fémina Negra poco antes del año 1868, y ese nacimiento trajo el augurio de la evolución. Tanto la humanidad como los Vivientes Cartilaginosos apreciaron con beneplácito su llegada y casi adoraron sus formas, sus voces y su amena manera de mejorar la vida. Antes de su inicio, la vida no fue tan ordenada ni rápida, porque la lentitud de las manos humanas ya no tenía modo de evolucionar; fue por ello que se inventó el mecanismo perfecto que traería al mundo la excelsitud de todo documento bien pensado, organizado, y con ese mecanismo, mejor escrito.
Este invento fue a parar en las manos de un inventor de armas de muerte, de pistolas, revólveres o algo así. Pero el invento en cuestión no era para producir fallecimientos sino para hacer la vida menos complicada y muy amena. Hubo de venderse la idea de tal invento, no al mejor postor, sino al único que existía. El dinero se necesitaba para producirla en serie, para que hubiera muchas sílfides mecánicas, primero en una zona reducida que quizá sería ampliada en un futuro.
De eso se enteraron los Vivientes Cartilaginosos y se dieron a la dicha de planear cómo y cuándo meterse dentro de las sílfides Féminas Negras, para tener ahí mismo su grata existencia, aconsejando por verdaderas palabras en detalle, las formas de daños que los humanos podrían infringir a otros humanos. Los dueños de esas mecánicas hadas tendrían miedo de ellas, y en ciertos momentos tendrían terror.
Las claramente beneficiadas fueron las señoritas humanas, porque el costumbrismo las tenía viviendo sus días íntegros, en el interior de la casa paterna, sin oportunidad de salir ni siquiera a dar un paseo. Llegado el invento que definiremos como Fémina Negra, esas señoritas tuvieron oportunidad de salir de sus casas con el pretexto de ¡trabajar!, de llegar a industrias, fábricas y oficinas a ofrecer sus servicios de rapidez y limpieza.
Así se crearon muchas labores interesantes y dichosas, que relacionaron a las señoritas con los señoritos, los jóvenes y los adultos, y todos, aprovechando las circunstancias, comenzaron a gozar en el día lo que antes sólo la noche les ofrecía, y a ellas, a las señoritas, les “salieron alas” para ir de un lugar a otro, para conocer el mundo y no sólo sus maravillas, sino también las penas que ofrecía por engaños y traiciones, a las cuales no estaban acostumbradas, porque dentro de las paredes de la casa paterna todo se respetaba, no así en los rincones de las fábricas e industrias ni en los recovecos de las oficinas, donde cualquier situación puede ser convertida en engaño infame.
Pero ese es otro asunto, ese será tratado en otro escrito novelesco, ahora sólo relataremos la vida de las hadas-sílfides Féminas Negras, y de cómo se metieron dentro de ellas los Vivientes Cartilaginosos, para hacer muchos daños.
Pequeña parte histórica
El muy ingenioso señor Christopher Latham Sholes1 no era muy admirado por su forma de vestir; tampoco llamaba la atención por su manera de desplazarse en sociedad; su realidad era el sentirse muy a gusto porque la gente no reparara en su existencia; no le importaba pasar desapercibido y tampoco le importaba el hecho de que alguien lo conociera. La realidad del señor Latham no era el brillo o no brillo de él en sociedad, eso nunca le importaba y ser un obediente o un mandatario también era para él igual, lo único que él deseaba era crear un mecanismo que fuera muy servicial, que fuera usado por todos, que facilitara las cosas de la vida diaria.
El señor Latham era un inventor que se abstraía en su labor... y era eso mismo lo que lo hacía dichoso, lo que lo llenaba de plena satisfacción. Inventar era su manera de agradecer la existencia y es por eso que, vendiendo su descubrimiento, pudo producir muchas Féminas Negras, para que las Señoritas Humanas tuvieran la forma de adquirir libertad y ser admiradas por sus trabajos nítidos.
De los Montes Ursus comenzaron a desprenderse aquellos seres que quizá fueran infernales. Ellos bien sabían qué acontecimientos ocurrían en la Tierra, y ésta fue la primera novedad que les agradó sobremanera. Ahora planeaban repartir la maldad y las Féminas Negras eran el vehículo que los favorecía.
Ahora era el día tan esperado, el primero en el cual sacarían sus negras intenciones a la luz, planeaciones tan oscuras como las máquinas en las cuales vivirían.
Ellos eran doce y deberían apoderarse de doce máquinas, pero no en la misma ciudad; deberían escoger los poblados en donde estuvieran funcionando esas negruras tan elegantes y útiles, tanto para la humanidad como para ellos.
La primera zona en la que hubo de ponerse a laborar esa máquina fue La Ciudad Blanca; ahí había mucho trabajo, estaba llena de fábricas e industrias. No sólo tendrían una máquina, tendrían decenas; los Vivientes Cartilaginosos llegaron a mirar y a analizar... Todas las máquinas eran iguales, no había forma de distinguirlas; habían sido producidas en serie. Al día siguiente de su arribo fueron colocadas encima de escritorios y una persona ya entrenada, una persona que ya sabía cómo manejarlas bien, comenzó a darles instrucciones a algunas señoritas para que fueran ellas las que trabajaran sobre las bellas negruras.
Los Vivientes Cartilaginosos estaban contemplando sin dejarse mirar, permanecían escondidos en los recovecos de las vigas de los techos, haciendo confundir sus cuerpos con el barniz del artesonado. Desde ahí contemplaban el funcionamiento de tales elegancias negras y ruidosas, que estaban adornadas con algunos caracteres dorados que se miraban del todo relucientes.
Las señoritas en cuestión tenían prohibido mirar sus manos y menos los botones en donde las posaban... Sumían un botón de aquel artefacto, luego otro y así, comenzaban a salir las palabras, con el fondo cantarino de los tintineos que producían cuando esas manos los accionaban. Las señoritas sólo podrían mirar la hoja de papel que de cada negrura se elevaba y al final desprendía; cada vez que se completaba una zona, aquella negrura accionaba una campanita, avisando a la señorita para que cambiara a la zona siguiente de trabajo sobre el papel.
Ocho días duró aquel entrenamiento, y al final las señoritas fueron felicitadas y contratadas para que trabajaran.
Por primera vez, el mundo le daba libertad a la juventud, y la juventud femenina ahora la aprovechaba. ¿Para disfrutarla? La libertad fue tomada casi por sorpresa, los padres de familia no pudieron oponerse porque sus hijas traerían dinero a casa... Las maneras de vivir cambiaban, ahora ya no era mal visto que las señoritas salieran de casa, fueran a las industrias donde laboraban y regresaran con unos cuantos pesos que bien ayudaban a los gastos familiares, sobre todo a esos costos de los hijos varones que cursarían estudios superiores y profesionales.
No era lo mismo una carrera corta para una señorita que luego sería mantenida por el esposo, que una profesión universitaria para el hijo que mantendría económicamente a una familia. Fue por esas “razones” que a las señoritas se les envió a estudiar mecanografía y a los jóvenes los estudios más avanzados, que las mujeres “no requerían”.
Llegadas las jóvenes a su lugar de trabajo, eran puestas inmediatamente frente a la belleza de una sílfide Fémina Negra, ruidosa y rápida, que se adornaba sólo en pequeñas partes con caracteres dorados.
Todas esas máquinas eran iguales, como ya se explicó, pero en algunos lugares tenían jerarquías: no era lo mismo la máquina de escribir del gerente, misma que era accionada con dos dedos, una de cada mano de tal funcionario, que la que manejaba la auxiliar de su secretaria, en ésta se usaban las dos manos, muy veloces y, por ser mucho más usada, sonaba más, mucho más que la de aquel jefe de oficina.
Siguió transcurriendo el tiempo y llegados los años 10 del Siglo Vigésimo, los Vivientes Cartilaginosos ya tenían un plan perfectamente concebido para que la humanidad se destrozara ella misma, con sus propias garras.
Llegar y ver a aquellas Féminas Negras, esas máquinas de escribir Remington 12, fue el paraíso para los Vivientes Cartilaginosos; bien sabían que instalándose dentro de tales “casas” llenas de teclas, y con esa cinta métrica entintada con sus dos colores, ellos podrían muy bien encauzar hacia el mal a todo aquel que por ahí rondara, y no sólo a las mecanógrafas.
Los Vivientes Cartilaginosos siguieron su plan: cada uno iría a meterse a la máquina de su preferencia y se filtraría en todo engrane, tecla, rondana o armella; en tal máquina el Viviente se vería como el engrasado y el pulido que todo artefacto debe tener para su buen funcionamiento. Ninguna máquina logra funcionar si no se le aceita.
El Viviente Cartilaginoso Primo se metió en el engranaje de la primera máquina de la Ciudad Blanca y los demás comenzaron a viajar; deberían llegar a sus respectivas ciudades en el menor tiempo posible, ya que la guerra diabólica había comenzado; ellos serían los dictadores, los agentes de las palabras que el mundo debería conocer, con esas máquinas y esas manos accionándolas, los Vivientes Cartilaginosos podrían llevar sus planes al máximo, revolviendo las palabras, cambiándolas por las de ellos mismos, para así provocar guerra tras guerra, en donde morirían las personas inocentes dando paso a que unos cuantos desalmados se enriquecieran de verdad.
El Viviente Cartilaginoso Segundo llegó a la Ciudad Roja e hizo lo mismo, buscó aquella máquina que estuviera en manos del primer mandatario y ahí se quedó organizando los lenguajes con los cuales las guerras serían provocadas.
El Viviente Cartilaginoso Tercial llegó a su Ciudad Naranjina e hizo lo propio. Cuando los mandatarios de las doce ciudades más importantes del Mundo tuvieron a sus Cartilaginosos viviendo en sus máquinas, fue cuando comenzó la vida a llenarse de deseos de guerra.
Esos lenguajes escritos eran tomados a mal... Las interpretaciones de cada palabra se leían como ofensas; ya no hubo oportunidad de usar lenguajes floridos, y menos retóricos, porque cada palabra era considerada en su forma textual, pero tergiversada, y hasta esos mismos textos se confundían, se interpretaban al revés, para dar origen a malos sentimientos y odios gratuitos.
La gramática era inútil, lo mismo que la sintaxis, y cuando de ellas se pasaba a la transcripción hacia otro idioma era el caos absoluto.
Loa Vivientes Cartilaginosos estaban haciendo muy bien sus trabajos. Si el Diablo Mayor mirase aquellos entornos que poco a poco se convertirían en desolación, quizá pudiera perdonar a sus secuaces y dejarlos regresar a los infiernos.
El Viviente Cartilaginoso llamado Nonolio, metido en la máquina de escribir de una Alianza Universal, inspiró a la señorita que manejaba una Fémina Negra a escribir un documento en el que se analizaban los beneficios de que un país fuera el subyugador de otros países, y ese documento fue a dar a un lugar no muy remoto en el que imperaba una Potencia; la Potencia contestó que no era muy importante tener oprimidos a algunos otros países, que lo que realmente importaba era saberse el país más elevado del mundo, tanto por su economía como por su costumbrismo y sus tradiciones.
Ambos comenzaron a pelear e iniciaron su guerra con el asesinato de un archiduque, para que no tuvieran razón alguna para rechazar las armas.
Nonolio estaba sumamente poseído por el triunfo, porque al término de aquella guerra desgraciada los muertos habían sido mucho más de catorce millones.
¿Quién, cuál ser Viviente Cartilaginoso podría superar a Nonolio? Nadie... Nonolio sería por siempre el triunfador de los aberrantes Vivientes Cartilaginosos.
Pero el resto de los bellacos no quiso aceptar tal realidad y comenzaron a idear las formas de guiar a los humanos para que se desatara un mal mucho más cruento. Estaban tan desesperados que comenzaron a salir de las máquinas para apoderarse de los sueños de la humanidad.
Los Cartilaginosos se confabularon para provocar que la humanidad se destruyera, que ella sola fuera la causante de su desaparición, que fuera la provocadora de su exterminio; lo primero que hicieron fue acudir con los sabios y llenarles las cabezas con fórmulas matemáticas para lograr la autoveneración. Los sabios, al término de sus cálculos en sus pizarrones, llevaban las soluciones acertadas a los documentos que producirían las máquinas de escribir; una vez mecanografiado el acierto o aciertos, enviaban sus descubrimientos a los mandatarios de aquellos países del mundo, para congraciarse con ellos, pero los mandatarios bien podrían utilizar tales elementos para guerrear, hasta destruir al contrario o aniquilarse a sí mismos.
Unos sabios desarrollaron sus descubrimientos con la visión de maldad, pero hubo unos cuantos que al mirar sus cálculos se horrorizaron de sí mismos, porque comprendieron plenamente el alcance mortífero de tales elementos.
A una zona muy extensa del Planeta habían llegado personas que no tenían patria; humanos orgullosos de su genealogía pero que no tenían una particular zona de vivencia, sino que a veces rondaban, otras caminaban y las más se establecían sin ser bien recibidos por los habitantes que ya tenían ahí muchas generaciones de vivencia.
Tomando la palabra una persona con mando, un intelectual de por ahí, les pidió en multitud de ocasiones que salieran, que se fueran a comerciar en otro lugar porque esos no bienvenidos siempre se establecían con comercios y fábricas en donde contrataban a personas lugareñas para su explotación: les pagaban miserias, los hacían trabajar muchas horas sin descanso, no les proporcionaban acceso a los baños, los hacían vestir inadecuadamente, y no les pagaban lo suficiente ni para su propia comida, menos para la de sus hijos y familiares. No tenían con qué pagarse sus médicos y medicamentos y los patrones, esos extranjeros sin patria alguna, los hacían trabajar cuando estaban real y verdaderamente enfermos.
Esos seres sin patria se enriquecían, se llenaban de verdaderas comodidades, mientras los lugareños, no adaptados para el robo, eran empobrecidos y explotados.
No sólo la vida se complicó, también la guerra, y aquellos hombres apoderados del mando de los países más ricos del Globo Azul, comprendiendo los horrores que provocarían al convertir en armas a aquellos descubrimientos científicos que los sabios les hacían llegar, no se decidían a usar o no tales armas destructoras.
Pero comenzó la guerra, esa forma de crueldad que hace que las armas se usen contra seres inocentes, con el pretexto de auxiliar a otros inocentes.
Fueron tres países aliados, contra otros más también unidos; se desató la injusticia, la agresión y la muerte. Personas que nunca habían sido malvadas ahora lo eran, porque al mirar la maldad de los congéneres ellos mismos se convirtieron en almas manchadas por los deseos de hacer sufrir a los humanos, a sus hermanos, porque la humanidad es toda igual, nacida de la misma madre.
Los primeros acaudalados traidores fueron llevados a prisiones horribles, en donde unos morían por no comer y otros eran metidos en hornos, para que ahí acabaran sus días.
Todos pensaban ser la mejor raza del Globo Azul, sin analizar las acciones que verdaderamente tenían importancia.
Cada quien diverso siente
Cada quien vive distinto
cada quien diverso siente
cada quien tiene en su mente
un sentido y un instinto
es la mente un laberinto
que sólo el dueño de ella
puede adivinar la huella
que al mundo le dejará
pensamiento volará
es el rayo de una estrella.Vivir tan sólo es frustrarse,
vivir en pleno ¡es vivir!
es trazar el porvenir
es de todo enamorarse
y de los males fugarse,
es soñar con la hermosura
y realizar la frescura
de la vivencia que sueña
de la mente que es la dueña
de emociones con blancura.Pensar que raza cobriza
es la mejor de este mundo
no es pensamiento profundo
quizá es sólo sonrisa
pero no se analiza
las razas no predominan
aunque hay unas que dominan
pues ninguna raza es
la mejor ¡así lo ves!
las razas ya no fascinan.La raza aria ha tenido
muchos valores, es cierto
pero también insurrecto
su tiempo ha sido temido
y se portó cual bandido
raza aria no destaca
es una fantasma flaca
que se apoderó del yo
así fue que destacó
pero no más, ya no ataca.La raza amarilla tiene
meditación a futuro
esto es valor seguro
finalidades contiene
su inteligencia mantiene
porque su mente sapiente
medita perfectamente
destaca en meditación
así pone corazón
mas no es perfecta su mente.Y la raza de piel negra
tan hermosa y tan alegra
la perfección no alcanza
ella alegría proyecta
se requiere mucho más
toda raza es audaz
pero no hay raza en la cumbre
nadie está en la techumbre
lo que se quiere es paz.Todos estamos parejos
pleiteando, es algo malvado
no vivamos en enfado
vivamos tiempos reflejos
de amor y no disparejos
tiempo locura anegado
con enojo disparado
debemos tener amor
y a todos dar loor
es el amor lo anhelado.
¡Nunca ha sido así! El amor nunca brilló; desde los tiempos de la prehistoria los averiguadores, las personas que se interesan vivamente en el pasado, se han metido en las evidencias, y han encontrado que la guerra ha sido la madre de todos los tiempos.
Así los Vivientes Cartilaginosos triunfaban, porque en las máquinas de escribir falseaban opiniones, críticas, y hasta las palabras en clave que escribían los gobiernos para que sus enemigos no lograran saber sus intenciones.
La Segunda Guerra que Globo Azul sufrió fue la más sangrienta, porque se usaron armas increíblemente lejanas, lanzadas desde el aire sobre las ciudades, sin respetar a los civiles, ya fueran jóvenes, viejos o niños, mujeres u hombres, todos murieron con tal arma destructora, y los que no fallecieron sufrieron el resto de sus días por las heridas que en sus cuerpos infligieron tales armas recomiéndoles carne y huesos.
La Segunda Guerra del Globo Azul dejó al menos sesenta millones de muertos.
Algunos años después, en el País Azuloso, a cargo del Viviente Cartilaginoso llamado Sextilio, se produjo una confusión de lenguajes muy atractiva, que hizo reír muchísimo a los Vivientes:
El Gran Mandatario se llamaba Jonf y tenía un físico espléndido; no tenía ninguna Máquina Negra cerca de él, pero sus secretarios y auxiliares sí poseían algunas, unas en el trabajo y otras en sus propias casas.
En el mismo país vivía una señorita verdaderamente bella, rubia, con formas esplendentes y cara sumamente atractiva.
El destino la fijó en las pantallas más elocuentes del Globo Azul; todo mundo la contemplaba y miraba con atención su sexualidad pecaminosa.
Ahí fue cuando actuó Sextilio, que no sólo se metió en una máquina de escribir, sino en decenas, de las cuales salieron los argumentos para que la Bella actuara en películas y otras exhibiciones... Fue por eso que Jonf, el mandatario de ese país, se fijó en ella y tanto y tanto revolvió Sextilio las palabras que casi se provocó un tercer enfrentamiento mundial, porque las economías se basaron en el mal comportamiento de Jonf y muchos países tuvieron bajas en sus bolsas de valores pues la conducta “dudosa” del mandatario hacía insostenible la moneda.
Poco tiempo después la Bella apareció muerta en su propio domicilio, y hasta la fecha la historia no aclara si fue ese político el que la mandó asesinar o fue ella la que, no controlando las drogas que consumía, provocó su muerte.
Tanto Sextilio como todos los Vivientes Cartilaginosos están en el Globo Azul... El Diablo Mayor no los ha llamado porque desde esos lugares envían mucha gente a los infiernos.
Ahora ya no viven en máquinas de escribir, sino en todo artefacto que produzca palabras, ya sean escritas, habladas o gritadas, transmitidas por todos los Medios de Comunicación.
Es así como en la confusión se producen las catástrofes que llevan a las muertes masivas.
- Bellezas negras - sábado 25 de mayo de 2024
Notas
- Fue el inventor de la máquina de escribir Remington 12 y de su teclado QWERTY; estos avances tecnológicos fueron los que dieron vida a la modernidad oficinesca organizada.


