Hola Fernando,

Leí “Safiya” (nombre que encuentro por primera vez, al parecer árabe, traducible como “pura”).

Mi primera reacción de ex-científico y de habitante del Gran Norte Blanco fue pensar que los picaflores por supuesto que sí migran… pero mi experiencia con ellos era solo en Canadá, donde todo bicho que puede migra hacia el Sur durante el invierno… Consulté entonces “Aves del Uruguay” (https://www.avesdeuruguay.com/lospicaflores.html), y allí me enteré que por lo menos dos de las siete u ocho especies de picaflores orientales realmente no migran. La isla del magnate se sitúa en el norte de Brasil, y no me costó pensar que en regiones aún más cálidas los colibríes pudieran migrar aún menos.

Al terminar mi lectura ello me resultó clave, porque si realmente los colibríes no emigran de la isla, el dueño de ella, del jardín y de Safiya miente cuando dice “Los muy malditos se habían acostumbrado tanto a verla, que cuando se marchó se alejaron”. Quizás lo hace por estar acostumbrado a ocultar sus sentimientos, dada su deformación profesional como exitoso magnate industrial, o por pudor en admitir sus sentimientos por una máquina. De ahí también su persistencia en desacreditar sus dicho como poco inteligentes. Pero la inteligencia artificial de la réplica de Safiya ya había detectado lo que el magnate no quería admitir —a terceros o quizás a sí mismo— lo que al final del cuento me hizo compartir con ella la tan natural sonrisa de la artificial Safiya.

Un precioso relato que mi interpretación de lector ve como un cuento de amor que trasciende la artificialidad de esa Safiya. Cuando tanto se discute si la IA podrá o no tener consciencia, encontrar una capaz de enamorarse (quizás esa fue la “virtud que justificase el deseo de aquel hombre”), ello es todo un alegato. Además, si la IA logra rescatar el amor que los humanos experimentamos cada vez menos, bienvenida sea como alternativa evolutiva sobre la Tierra.

Un honor compartir páginas contigo, y más aún como autor uruguayo, algo que me place especialmente pero que siento que no me corresponde, por lo menor no del todo, habiendo ya pasado casi medio siglo a más de nueve mil kilómetros del Uruguay geográfico.

Felicitaciones y saludos desde Ottawa, Ontario,

José.

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