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Hablemos, de Octavio Santana Surez

Viviana Cordero: “Mis Monstruos se ganaron el derecho de tener vida propia”

• Domingo 10 de marzo de 2019
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Viviana Cordero
Viviana Cordero: “La escritura demanda mucho estudio”.

Viviana Cordero es escritora, directora teatral y de cine. Ha publicado las novelas El paraíso de Ariana, Una pobre, tan ¿qué hace?, Voces y El teatro de los monstruos. Asumiendo riesgos y acoplándose a los nuevos tiempos, Cordero ha lanzado en formato digital El teatro de los monstruos y asegura que sus otras novelas también verán la luz en formato electrónico. A finales de 2018 me comuniqué con la autora para proponerle una entrevista. Este es el resultado.

Creo que hay países que aceptan y respetan mucho más el arte, sin que sea nada fácil surgir, pero mi profesión es complicada.

—La primera edición de El teatro de los monstruos data del año 2000. ¿Cómo nació la novela y cuánto tiempo trabajó en ella?

—Esta novela surgió al encontrarme encinta de mis mellizas y comprender que una época de mi vida había terminado para siempre. Yo tenía treinta años y me percaté de que mi intensa y alocada juventud había terminado. Siempre había querido inmortalizar a seres que me impactaron a una cierta edad, que me acompañaron a crecer y que quería mantenerlos siempre jóvenes, así que la comencé a escribir estando embarazada y se publicó cinco años después. Ese fue el proceso, aunque yo diría que la escritura comenzó con las vivencias, con los sueños, con ciertos escritos que comencé a garabatear en mis veintes. El proceso de escribir una novela es largo y no comienza solamente cuando uno se pone ya seriamente a escribir.

—En El teatro de los monstruos hay seres deformes tanto de físico como de alma, hay viajes placenteros y de los que ya no se retorna, viajes a las drogas y a la muerte, pero también hay momentos lumínicos y jocosos; las voces que se cruzan, las historias que se narran, las desventuras de los personajes, ¿en qué medida pertenecen al universo de la ficción y en qué medida a lo tangible de lo real?

“El teatro de los monstruos”, de Viviana Cordero—Cuando la releo, me pregunto: ¿qué sucedió y qué no? Hay tanto de ficción y tanto de realidad, pero la mente del escritor es un torbellino y siempre nos contamos las historias a nuestra manera. Alguna vez uno de los arquetipos de un personaje al leerla me dijo: “Pero nada de esto pasó, no entiendo a qué te refieres cuando sostienes haberte basado en nosotros”. Ese es el misterio de la escritura y eso es lo mágico, que las historias trascienden y adquieren vida propia. Yo visualicé e imaginé personajes como yo los quería. Por eso soy escritora, pero a la vez, ciertas vivencias, ciertas situaciones sirvieron de trampolín. Ya he dejado de preguntarme en mis escritos qué es cierto porque, como dice Mary Karr, nada es cierto, es tu visión de una verdad y eso ya la hace una mentira, una ficción. Creo que mis Monstruos se ganaron el derecho de tener vida propia y ya no importa qué fue o qué no.

—En la novela los personajes acuden al desarraigo en sus diferentes facetas, y en diferentes momentos todos emigran de Ecuador (país de mierda, al decir de Raúl) para explorar Europa o Estados Unidos, pero al final se ven abocados al retorno (la maldición del Pichincha, le llama un personaje). ¿Tiene algo que ver con su experiencia?

—La verdad es que sí. Yo viví mi juventud en París soñando con volver y cuando volví soñé con migrar pero ya la vida no me lo permitió. He amado mucho este país, con los años lo sigo amando, pero me he llenado de desencanto, porque como dice Milena, “el Ecuador no es un país para pájaros” y he visto muchos sueños truncos, muchas ambiciones cortarse. En mi caso he logrado mucho, de manera que no debería quejarme (películas, teatro, novelas), pero qué duro ha sido el camino. Creo que hay países que aceptan y respetan mucho más el arte, sin que sea nada fácil surgir, pero mi profesión es complicada. En cuanto a “la maldición del Pichincha” es algo que lo he ido constatando a lo largo de mi vida, no sólo conmigo sino con mucha gente que volvió pensando que lo hacía temporalmente y por una u otra razón nunca más pudo volver a salir. No es un pesimismo ni una actitud negativa, a cada uno le toca lo que le toca, por eso es más bien una constatación. Hay una energía muy fuerte aquí que le jala a uno.

A veces siento que me gustaría vivir cien años más sólo para poder seguir contando historias.

—“La vida no viene con manual” es la consigna de Raúl que se repite a lo largo del libro. ¿La literatura viene con manual?

—Sí y no. Los manuales son las grandes novelas que nos precedieron, los grandes escritos. Qué habría hecho yo sin los griegos, sin Manhattan Transfer de John Dos Passos, sin En el camino de Jack Kerouac, sin todo lo que he leído y que me ha enseñado, tantos escritores que me guiaron y que me formaron, son mis manuales, pero también creo en el experimentar, en el aventurarse, en el arriesgarse. Creo que hay un justo equilibrio en que sí debemos leer manuales, pero para luego cerrarlos. Uno no se hace escritor sin leer, sin aprender gramática, ortografía, sin asistir a talleres. La escritura demanda mucho estudio.

—¿Cómo ve el panorama actual de la literatura ecuatoriana?

—Yo no sirvo para juzgar, porque creo que al haber tantos soñadores como yo, lo que nos debemos es apoyo total. Pero creo que camina, que caminará siempre porque la literatura, es decir la pasión por escribir no tiene nacionalidad y hay un montón de locos que no escuchamos razones y que nos aventuramos. Siempre habrá literatura ecuatoriana y pues, como en todo, habrá mucho de bueno y de malo. Veo que algunos escritores han surgido en el exterior, eso es bueno. Veo que el país crece en voces, eso es bueno. Lo veo con buenos ojos y con mucho optimismo.

—¿Y en Latinoamérica?

—Latinoamérica siempre ha tenido gran literatura. Grandes escritores. Somos un continente de narradores, tal vez porque nos encanta el drama, la telenovela; nos encanta contar. En lo personal me apasiona ser parte de este continente, nos permite explorar mucho, experimentar. Uno encuentra historias en cada esquina. A veces siento que me gustaría vivir cien años más sólo para poder seguir contando historias. Me va a faltar el tiempo para hacerlo, porque una novela demora, al menos en mi caso, no soy rápida sacándolas, me toma por lo menos cuatro o cinco años. Pero este es el continente de los movimientos, el realismo mágico de García Márquez, del realismo de Vargas Llosa, del urbanismo de Fuguet, de la exuberancia de Jorge Amado, de la poesía de Borges. Creo que al Ecuador le falta explorar más todo ese campo, volar, no saltar a la globalización sino a lo que nos hace únicos. Nos siento a veces poco audaces.

Es mucho más barato, más ecológico y sí yo soy una compradora compulsiva en formato Kindle, lo mínimo que podía hacer era poner mis novelas en una opción asequible a todo el mundo.

—¿Qué escritoras y escritores siente que han influido en su literatura?

—Muchos; primero Colette, que me sirvió de base con La casa de Claudina para mi Paraíso de Ariana, luego Jack Kerouac y Lawrence Durrell que no me desampararon mientras escribía Monstruos. Ahora estoy encantada con una escritora canadiense llamada Rachel Cusk. Pero en su momento, porque esto cambia con la edad, no puedo dejar de agradecer a García Márquez, a Vargas Llosa; a Louisa May Alcott, quien con sus Mujercitas me hizo soñar con leer y con escribir en mi niñez; en su momento me fascinó y no podía soltar a Simone de Beauvoir; Edith Wharton me ha acompañado siempre. Coetzee y su personaje Elizabeth Costello me marcó enormemente, Tolstoi y Anna Karenina… Hay muchos que en este momento olvido. Sin mis escritores preferidos no habría nacido la escritura.

—¿A qué responde la decisión de publicar su libro en formato digital?

—A que yo amo leer en digital. Desde que descubrí el Kindle mi vida cambió. De pronto ya no me veía obligada a llevar una maleta llena de libros porque yo soy persona de leer varios libros al tiempo, sino que un aparato que cabía en mi cartera llevada mis cuatrocientos libros. No estoy para nada de acuerdo con aquellos que dicen que no pueden leer si no es en papel. Los lectores digitales tienen pantallas que no dañan la vista, en los que se puede subrayar y tomar notas, que se aclaran o se oscurecen de acuerdo a la luz. Es mucho más barato, más ecológico y sí yo soy una compradora compulsiva en formato Kindle, lo mínimo que podía hacer era poner mis novelas (ya vendrán las demás) en una opción asequible a todo el mundo. Que se la puede comprar sin problemas en cualquier país sin tener que ir a una librería. Creo que fue uno de los avances tecnológicos a los que más rápido me adapté.

Diego Maenza

Diego Maenza

Escritor ecuatoriano (1987). Durante 2015-2016 mantuvo un innovador proyecto de escritura en su espacio web. Fruto de esta labor creativa surge su libro Caricreaturas, obra que resultó primera finalista de los Fondos Concursables del Ministerio de Cultura de Ecuador 2018. Ha publicado el libro de relatos Teoría de la inspiración, el poemario Bestiario americano y la novela Estructura de la plegaria (Casa de la Cultura Ecuatoriana, 2018). Durante 2017 dirigió la revista digital de literatura latinoamericana Libro de Arena.
Diego Maenza

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