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Iván González
“Mi poesía intenta buscar belleza en mitad de un naufragio”

• Domingo 16 de febrero de 2020
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Iván González
Iván González obtuvo el I Premio Internacional ETC El Toro Celeste de Poesía 2019 con el poemario Algas de un mar aéreo, que saldrá en primavera en edición de tres mil ejemplares y será traducido al inglés y al chino.

—¿Qué significan las Algas de un mar aéreo?

—Son las palmeras que vi moverse en un cielo americano ya casi borrado cuando dejé a mi pareja y a mi hijo recién nacido al pie de un pequeño avión, para que huyesen de Florida a Nueva York horas antes del impacto del huracán Irma. No pude subirme a ese avión porque no había plaza. Era el capitán del barco. De regreso a Miami observé palmeras flanqueando la carretera que comenzaban a doblarse por los primeros vientos del monstruo que llegaba y, con las manos en el volante, comencé a escribir en la cabeza los primeros versos de este poemario.

—Su libro, Iván, está lleno de nostalgia.

—(Risas) Toda mi obra y mi manera de ser está llena de nostalgia. Creo que soy demasiado sensible al paso del tiempo. Siempre estoy viendo y escuchando las cosas del ayer en la memoria como cuando te pones una caracola en el oído para reencontrarte con el mar dejado atrás en el camino. El pasado siempre ha tenido un gran futuro para mí. Me gustan los coches viejos, las canciones viejas y la vieja arquitectura de las viejas calles europeas.

La poesía no siempre está en el poema, muchas veces sólo reside en gestos cotidianos de tu hijo.

—Añora la infancia.

—Vázquez Montalbán decía que la patria es la pared donde uno meó de niño.

—Entonces su patria es la infancia…

—Mi patria es España, más concretamente Castilla. Sólo tengo que bajarme del avión en Barajas para oler mi tierra seca, de pinos y olmos dispuestos por los montes en hileras como por la mano de un gigante. Casi puedo dibujar con los dedos el perfil azulado de la Sierra de Guadarrama. En cualquier lugar del mundo donde esté puedo saber si una sopa está cocida con los sabores de mi tierra. Aunque si le digo la verdad mi verdadera patria, la más auténtica y vibrante, está en el idioma español.

—Cierra el libro con un poema a Dante, ¿tanto le ha cambiado la vida al ser padre?

—Tanto que el siguiente poemario en el que trabajo es una voz girada hacia su huella. A veces se escriben poemas que se tiran porque no están cerca de la poesía, pero es difícil que detrás de la renuncia personal y del sacrificio de cuidar a un hijo no reverbere una luz poética. La poesía no siempre está en el poema, muchas veces sólo reside en gestos cotidianos de tu hijo.

—O sea que no sólo hay poesía en el lenguaje escrito.

—En las películas de Jean Vigo, Fellini o Antonioni, en algunos videopoemas o pinturas, etc., hay más poesía que en millones de poemarios tardoadolescentes que se publican hoy en día exacerbando egoicamente las emociones como si esa traca naif fuese verdadera poética.

—Creo que sé a qué poesía se refiere. Oiga, pero esa poesía se vende mucho y ahora hasta gana premios…

—La riqueza de la poesía es la polisemia, la multilateralidad, la diversidad, la libertad frente al globalismo unificador economicista en el que vivimos. Esa poesía que para mí no lo es para muchas otras personas puede que sí lo sea. Mi opinión sólo es mi opinión, no tiene más importancia que la suya. Yo trato de escribir la poesía que me gustaría leer, una que sólo sea acaso para una inmensa minoría.

—Defíname su poesía.

—(Nuevas risas) Philip Larkin decía que un poeta que explica su poesía es como quien cuenta cómo hace el amor con su mujer. Haré caso a Larkin. Si quiere que le defina mi poesía lo haré en palabras de otros. Dicen que es narrativa y confesional y en cierta medida un ejercicio sensorial y estético que usa el lenguaje para intentar algo de belleza en mitad de un naufragio.

—También dicen que es clásica…

—No creo que todo poeta deba caminar siempre hacia la vanguardia o la experimentación. No me interesa tampoco demasiado ese tipo de poesía con un lenguaje abstracto e ininteligible, cerebral y analítica, desconectada de la experiencia y de la capacidad de emocionar. Hay excelentes poetas y poemarios experimentales. Yo los leo con interés cuando son buenos pero no suelen llegarme a las entrañas ni me suscitan la escritura de un poema.

No me gusta una sociedad donde a la cultura se la llama entertainment. Quieren convertir la cultura en un producto de mercado.

—¿Cree que la poesía tiene alguna función social?

—Creo que hay excelentes poetas del compromiso cuya temática principal es la política, la lucha de los desfavorecidos, las grandes causas. Yo no creo en la poesía como activismo social. Mi poesía es un acto íntimo y estético que no está dirigido a las grandes utopías ni es exclamativa sino más bien una voz en mitad de la noche susurrando cosas perdidas, añoradas, arañazos del tiempo.

—En Algas de un mar aéreo denota cierto escepticismo hacia el mundo moderno. ¿Es usted un reaccionario?

—Sí en cuanto que reacciono ante la sociedad de consumo creada a imagen de Estados Unidos en Europa tras la Segunda Guerra Mundial. No me gusta una sociedad donde a la cultura se la llama entertainment. Quieren convertir la cultura en un producto de mercado, no de reflexión y búsqueda. Ahora los autores, sobre todo los novelistas, si quieren publicar se ven obligados a escribir sólo sobre aquellas cosas que venden. Claro que soy reaccionario en cuanto que no creo en el advenimiento de esta sociedad, esta política —sea de izquierdas, derechas o centro—, esta industria que instrumentaliza la cultura y la vacía de profundidad y sentido. Estoy en franca rebeldía con el presente. Hay cosas que requieren tiempo y gratuidad. Ahora todo tiene un valor de mercado y va deprisa. Eso es contrario al cine, al arte, a la poesía. Ninguna de estas manifestaciones del espíritu humano debe ser homogeneizada en una feria de vanidades y dividendos e intereses económicos y políticos. Los autores debemos dejar de ser rehenes de esos renglones torcidos.

—Ha escrito también novela, ensayo, artículos periodísticos… ¿Se siente más cómodo en la poesía que en esos otros géneros?

—Todo lo que escribo no es más que un continuum de mi manera de entender la creación literaria. En todos esos géneros no he hecho en el fondo otra cosa que intentar buscar la poesía a través de la palabra, ese intento de rescatar belleza en mitad de un naufragio.

 

Iván González
www.ivangonzalezescritor.com

Escritor español nacido en Madrid en 1975. Es licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid. Ha publicado el libro Otras alas (Editorial Nostrum, 2005); la novela Música de un naufragio (Editorial Círculo Rojo, 2011), finalista del Premio Onuba de Novela 2010; el poemario Silencio del mundo roto (Editorial Renacimiento, 2014), con el que participó como firmante en la Feria del Libro de Madrid 2014, y que recibió críticas muy positivas de autores tan prestigiosos como Luis Alberto de Cuenca o Fernando Sánchez Dragó, y en formato digital la novela negra Abrazar un zapato vacío, que quedó finalista del Premio Ciudad de Barbastro de Novela Corta 2009. Ha publicado la novela Gigoló en Riad con la editorial Funambulista, escrita en coautoría bajo el seudónimo de Yago Capablanca, una obra inspirada en hechos reales que en 2019 fue presentada en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, en México.

Acaba de ganar el I Certamen Internacional de Poesía ETC El Toro Celeste con el poemario Algas de un mar aéreo, del que va a salir una tirada de tres mil ejemplares y que va a ser traducido al inglés y al chino.

Toda la obra literaria de Iván González, incluida la prosa, como ha sido remarcado por la crítica, se caracteriza por su carácter marcadamente poético.

En su oficio como periodista ha recorrido más de setenta países en cuatro continentes y ha entrevistado a diversas personalidades del mundo de la cultura como el premio Nobel de literatura José Saramago, José Luis de Villalonga o Manuel Vicent, entre otros. Su trabajo periodístico destaca por su mirada literaria hacia gentes y paisajes y sus agudas reflexiones sobre la actualidad como crítico de cine y de literatura o columnista de opinión.

Viajero incurable. Lleva años recopilando crónicas viajeras. Ha vivido en ciudades tan dispares como La Haya, Londres, Miami, Madrid, Ciudad de México o París.

Félix J. Palma
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