
Francheska I. Lebrón López (Humacao, Puerto Rico, 1991) es poeta y matemática. Realizó estudios de bachillerato y de maestría en Matemáticas Computacionales y Aplicadas en la Universidad de Puerto Rico, recintos de Humacao y Río Piedras. En 2021 fue reconocida por el PEN de Puerto Rico Internacional al obtener el Premio Nacional de Poesía por su poemario Lo que nos dejó el camino (2020). Ha sido parte del Círculo Literario Vértigo, de la Universidad de Puerto Rico en Humacao, del colectivo literario Poetas en Marcha y del grupo de teatro político Comando Teatral Alfonso Beal. Ella ha contestado todas nuestras preguntas. Todas sus respuestas son para ser compartidas con todos vosotros.
—En 2020 publicó usted Lo que nos dejó el camino. ¿De qué trata dicho poemario? ¿Cómo surgió la oportunidad de trabajarlo?
—Lo que nos dejó el camino nació de manera increíblemente orgánica. Al ser mi primer poemario, sentí la necesidad de plasmar la belleza de aquello que considero importante: el amor en todas sus vertientes, acompañado de una denuncia social. Fue escrito durante un período en el que participaba activamente en protestas y manifestaciones, en convergencia con mi embarazo y, posteriormente, con los cambios radicales provocados por el puerperio. En esta obra, perceptiblemente confesional, tuve la oportunidad de construir una voz poética que entreteje un continente de emociones que, de manera integral, cuentan una historia. Los primeros versos entretejen la complicidad de dos amantes y la búsqueda del placer, con todo lo que ello implica: convertir la patria del cuerpo en la revolución del amor. Sin embargo, el fulgor del principio se desvanece cuando los amantes se enfrentan a la realidad de la mentira, el desengaño y la traición. La voz lírica se desconcierta al percibir que su entorno social y el espacio donde reconoce el amor, son invadidos por acciones institucionales y gubernamentales agresivas. No hay agresión más cruel y errada que cerrarle los portones de una escuela a un niño. El depósito de cenizas tóxicas en la zona sureste de Puerto Rico, la despiadada deforestación criminal en la isla, la lucha de la mujer y el cierre nefasto de las escuelas, son algunos de los temas prominentes en el libro. Finalmente, la voz poética acoge la maternidad como una trinchera de lucha. Sin embargo, entiende que defender al país de la injusticia social es el mayor acto de amor que puede brindar a sus hijas. Defender nuestra tierra, es también defender a nuestros hijos.

—¿Qué relación tiene su trabajo creativo-investigativo previo a Lo que nos dejó el camino y su trabajo creativo-investigativo posterior? ¿Cómo lo hilvana con su experiencia de puertorriqueña y su memoria personal en Puerto Rico o fuera?
—En definitiva, hay un vínculo importante entre mi trabajo previo y posterior a Lo que nos dejó el camino: la búsqueda de la profundidad de la belleza en un contexto social y político. Por ejemplo, como poeta puertorriqueña, puedo socavar tantas metáforas sobre el mar como me sean posible: hablar sobre el algoritmo de las olas, hablar del mar con un animal de agua y sal, hablar de su belleza de espuma, su azul intacto, su horizonte como un árbol horizontal y armado. Sin embargo, de nada vale crearle poemas al mar, si quieren robarnos las playas para el beneficio de los ricos. ¿Cómo puede el poeta, en su oficio, escribir tranquilo sobre el mar si no le pertenece porque se lo han robado? Entonces, denunciar los problemas que nos aquejan a través de la poesía es igual de necesario que la metáfora marina, de lo contrario, sólo sería la belleza en su estado más simple y sin mayor profundidad. Ser puertorriqueña enriquece mi poesía, porque con ella reafirmo mi identidad y compromiso social.
—Si compara su crecimiento y madurez como persona, matemática y escritora con su época actual en Puerto Rico, ¿qué diferencias observa en su trabajo creativo-investigativo? ¿Cómo ha madurado su obra? ¿Cómo ha madurado usted?
—Escribir es también leer. Por tanto, a la medida que leo, no sólo literatura, sino cada vez que me sumerjo a leer teoremas, ecuaciones, ideales y caricias, mi sensibilidad como persona y escritora se va fortaleciendo, siendo más palpable, creando más matices, teniendo su propia respiración y latiendo a un ritmo distinto cada vez. La vida se nos divide en dos: antes de la poesía y después de ella. Y si extiendo una comparativa en cómo ha madurado mi obra, debo decir que siento cada día más sed sobre la búsqueda de la belleza. Esa sed que se calma con más sed. Antes escribía sobre la experiencia individual, ahora incorporo mi individualidad colectiva. Creo que eso es un paso de madurez significativo como escritora y como persona que vive en sociedad.
—¿Cómo visualiza su trabajo creativo-investigativo con el de su núcleo generacional de docentes, investigadores y estudiantes con los que comparte o ha compartido en Puerto Rico y fuera? ¿Cómo ha integrado su trabajo creativo-investigativo a su quehacer de investigadora y su trabajo escrito de interés literario?
—Visualizo mi trabajo en sincronía y alineación complementaria con mi núcleo generacional. Existe una urgencia sobre enfocar la literatura, el arte y la educación en bienestar de nuestro pueblo y su idiosincrasia, promover la inclusión de grupos minoritarios y la importancia sobre la equidad de género. En definitiva, mi trabajo responde a esta urgencia compartida con mis pares desde la academia, desde la calle y desde la poesía. No tengo una ecuación que erradique la pobreza, ni un teorema que resuelva la desigualdad de género, pero sí como docente en matemáticas y ciencias de cómputos puedo apelar a la belleza para plantear soluciones posibles o inspirar a otros en esta dirección. Por ejemplo, puedo presentarles a mis estudiantes figuras femeninas de relevancia que sirvan de inspiración como figuras femeninas que lideran su campo, como el caso de Katie Bouman, quien desarrolló el algoritmo que permitió plasmar la primera imagen de un hoyo negro, o nuestra boricua Angélica Rosario Santos, quien se convirtió en la primera puertorriqueña en obtener un doctorado en Matemáticas en la UPR Río Piedras. Siempre también hago el intento de transmitir a mis estudiantes la belleza que hay en las matemáticas, porque los matemáticos debemos tener algo de poeta, la abstracción se concibe a través de la poesía. De lo contrario ¿cómo comprender el infinito?, ¿cómo asumir la teoría de Cantor y aceptar que existen infinitos más grandes que otros? Toda la realidad material a la que soy expuesta en la academia desde la docencia y la investigación nutre y transforma mi poesía y mi producción literaria.
—Ha logrado mantener una línea de creación-investigación enfocada en la poesía, las matemáticas y hasta el teatro en y desde Puerto Rico. ¿Cómo concibe la recepción a su trabajo creativo-investigativo dentro de Puerto Rico y fuera, y la de sus pares?
—El trabajo que he producido ha sido bien acogido no sólo por mis pares, sino por la comunidad humacaeña, y eso me llena de mucho orgullo. Mi poesía se ha convertido en una herramienta de denuncia social desde todos los frentes, pero sobre todo en mi entorno inmediato. Si hay depósito de cenizas tóxicas en el vertedero de Humacao, ahí está mi poesía alcanzando la metáfora para hacer la denuncia. Si alcaldes y administradores de mi pueblo no están haciendo el trabajo, ahí estará mi poesía para fiscalizar. Fui reconocida por mi labor literaria, mi compromiso con el quehacer cultural y mi entrega al pueblo humacaeño en el vigésimo primer Homenaje a Julia de Burgos orquestado por el Centro Cultural Dra. Antonia Sáez. El Comando Teatral Alfonso Beal ha teatralizado algunos de mis poemas. Mi obra se ha estudiado en la Universidad del Sagrado Corazón y en el Columbia Central University. El Departamento de Español de la UPR Humacao me dedicó la Fiesta de la Lengua y fui invitada a ser parte de las actividades concurrentes del Festival Internacional de Poesía de Puerto Rico. Recibí el Premio Nacional de Poesía 2020 del PEN Internacional de Puerto Rico. Todas estas acciones representan una recepción asertiva a mi trabajo poético por parte de mis pares, lo cual me hacen sentir honradísima y motivada para continuar la gesta literaria.
—Sé que usted es de Humacao, Puerto Rico. ¿Se considera una investigadora puertorriqueña o no? O, más bien, una investigadora, sea ésta puertorriqueña o no. ¿Por qué? José Luis González se sentía ser un universitario mexicano. ¿Cómo se siente usted?
—Puertorriqueñísima. Humacaeña hasta la médula. Siempre trataré de que mi investigación tanto científica como literaria se acerque lo más posible a mi comunidad, a mi país. A veces no se logra por distintas razones y en su mayoría, ajenas a la voluntad de una. No obstante, soy también latinoamericana y también caribeña, en mi yo colectivo, me identifico. Investigadora, docente, poeta, matemática, computista y boricua, siempre boricua.
—¿Cómo integra su identidad étnica y de género, y su ideología política, con o en su trabajo creativo-investigativo y su formación en Puerto Rico?
—Mi identidad étnica como puertorriqueña, mi género y mis valores políticos se entrelazan profundamente con mi trabajo creativo e investigativo. Ser puertorriqueña significa estar en constante diálogo con una historia de resistencia, creatividad y lucha. Pertenezco a una iniciativa llamada Divas (Diversificadas y Valientes), liderada por la doctora Josee Vedrine, profesora de Física en la UPR Humacao. Este proyecto busca mejorar la autoeficacia en matemáticas y la persistencia de las estudiantes universitarias en programas STEM, incrementando sus tasas de retención y graduación. Desde allí, impacto a estudiantes de la UPR Humacao promoviendo la inclusión y equidad en las ciencias de cómputos y las matemáticas, rompiendo tabúes. Actualmente, desarrollo junto a colegas del Programa de Ciencias de Cómputos de la UPR Río Piedras una aplicación destinada a apoyar a los maestros de Educación Especial del Departamento de Educación de Puerto Rico, el cual entiendo que es una aportación significativa a la educación del país. Además, desde la literatura, pertenezco al colectivo Poetas en Marcha, que endosa la poesía como herramienta de lucha y denuncia social. Todo esto es mi forma de conectar con mi identidad étnica, de género y política a través de la trinchera de las ciencias y la literatura.
—¿Cómo se integra su trabajo creativo-investigativo a su experiencia de vida tras su paso por la Universidad de Puerto Rico? ¿Cómo integra esas experiencias de vida en su propio quehacer de investigadora y escritora en Puerto Rico hoy?
—La Universidad de Puerto Rico me ha abrazado en distintas ópticas: como estudiante y como profesora. Ambas etapas distintas, pero igual de enriquecedoras. Como estudiante, la universidad fue un choque sobrenatural, por primera vez entendí la importancia de estar en ese espacio, en luchar por ser una figura femenina en mi campo, aprendí algo importante: está bien equivocarse. Lo que estaba mal era no enmendar los errores, no brindarse a uno mismo la fe de erratas y seguir trabajando. Como profesora he aprendido que nunca se debe parar de aprender, así es como la sociedad evoluciona. Aprender no solamente de otros docentes, sino de los mismos estudiantes. Así es en la poesía. Hay que equivocarse. Hay que borrar y volver, aprender otros caminos y algoritmos para llegar al mismo verso, que a pesar de que es el mismo, será distinto. Aprender de los errores, sin dejar de ser auténtico. Aprender que a veces serás maestro y a veces aprendiz.
—¿Qué diferencia observa, al transcurrir del tiempo, con la recepción del público a su trabajo creativo-investigativo y a la temática del mismo? ¿Cómo ha variado?
—A lo largo del tiempo, he notado cómo la recepción hacia mi trabajo creativo ha evolucionado, junto con el perfil del público que lo escucha y lo lee. Al principio, mis proyectos tenían un alcance limitado, llegando principalmente a universitarios, amigos cercanos y participantes de espacios locales como las noches de bohemia en La Taskita de Humacao o eventos de poesía urbana. En esos círculos, mi trabajo era bien recibido, pero el público era reducido. Con el tiempo, mis versos, marcados por temáticas de lucha, identidad patriótica y resiliencia, han trascendido esos espacios y se han abierto camino en manifestaciones sociales, huelgas, festivales culturales, universidades, eventos internacionales y micrófonos abiertos. Este cambio no sólo amplió la diversidad de mi público, sino que también generó una recepción más profunda y positiva hacia mi trabajo, pues las personas parecen conectar con la autenticidad y la fuerza de mis temas. En mi opinión, esta evolución muestra que los proyectos creativos tienen el potencial de crecer y resonar en contextos inesperados cuando se abordan desde una perspectiva genuina y comprometida. La clave ha sido no sólo adaptarme a nuevos escenarios, sino mantener la esencia de mi voz y mis convicciones.
—¿Qué otros proyectos creativos-investigativos tiene usted pendientes y recientes?
—Tengo varios proyectos creativos en proceso. Entre ellos se encuentra Mujer Pájaro, un poemario existencial y metapoético en el que la poesía reflexiona sobre sí misma; este proyecto estará bajo la Editorial Isla Negra. También estoy trabajando en Poesía Molotov, un cuadernillo que aborda la justicia de género con irreverencia y cuestionamiento religioso, publicado bajo el sello de Indómita Editores. En colaboración con las poetas Lynette Mabel y Karina Gómez, publicaremos el libro híbrido Alter Ego, en el cual exploramos las voces marginadas y el manejo de la salud mental en mujeres en Puerto Rico. Además, formaré parte de la antología literaria de Jayei (Junte de Artistas y Escritores Internacionales). Finalmente, ya tengo sobre la mesa invitaciones a ferias de libros tanto nacionales como internacionales, lo que amplía las posibilidades de difundir mi trabajo y conectar con nuevos públicos.
- Francheska I. Lebrón López:
“Escribir es también leer” - domingo 7 de junio de 2026 - Javier Ávila:
“Han variado los métodos, pero no lo esencial del lector” - domingo 31 de mayo de 2026 - Luis Alejandro Polanco:
“La literatura es paciencia y pasión” - domingo 24 de mayo de 2026


