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Mary Jeanne Sánchez
“Escribir me ha ayudado a sanar viejas heridas y saldar cuentas del pasado”

domingo 4 de octubre de 2020
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Mary Jeanne Sánchez
Mary Jeanne Sánchez: “La autorrealización es un proceso que nos puede tomar años”.

“La autorrealización es un proceso que nos puede tomar años. Cuando veo mi vida, descubro que todo empezó el día que decidí no darme más la espalda”.

Estas palabras de Mary Jeanne Sánchez, escritora ítalo-venezolana, nacida en un pueblito costero de Falcón y ahora residenciada en Ludwigsburg, Alemania, resonaron durante toda nuestra conversación. Ni la pandemia ni la geografía impidieron que conociéramos a una autora de singular dulzura y calidez. Viajamos de Trujillo a Ludwigsburg en una travesía digital cuyo único aprieto pudieron ser los bellos tropezones del lenguaje en una mujer que se construye en varios idiomas, italiano y alemán, sin el más mínimo interés de sepultar su lengua materna.

Hija menor de trece hermanos, TSU en Recursos Humanos, asistente de ancianos y autora de cuatro novelas, Mary Jeanne Sánchez nos habla sobre ser mujer, escritora y emigrante.

 


 

Tenemos derecho a vivir en un mundo más pacífico, estimulante y libre.

A veces, cuando tienes la oportunidad de leer varias obras de un mismo autor, si pones suficiente atención puedes llegar a rozar sus obsesiones, sus intereses, la esencia medular que motoriza esa intención literaria. Ahora recuerdo unas palabras de Marguerite Duras: “Digo que nada puedo contra este miedo, que no puedo evitarlo, que no puedo conocerlo”. Y ese miedo lo presentimos en toda su obra. En este sentido, he tenido la oportunidad de leer varias de tus novelas. ¿Cuál es el leitmotiv de Mary Jeanne? ¿Qué preocupaciones impulsan tu literatura?

Siento que la temática que moviliza mi intención literaria es la mujer. Realzar el valor que tiene para el mundo. Desde hace algún tiempo, se ha convertido en una necesidad, me preocupa que las mujeres no puedan evaluarse de forma positiva y que esto impida que avancen en cualquier área de la vida donde decidan desenvolverse. Lo puedes observar en mis personajes, por ejemplo en Caína Libertad, la indígena guerrera que gobierna un pueblo. En El rey y las siete rosas, que después de abandonar a sus hijas entiende que sin ellas no puede construir su reinado. Por otro lado, la novela Detrás del pétalo, protagonizada por una mujer que vence importantes dificultades. En mi última novela desarrollo la historia de una sobreviviente, una mujer atrapada en la violencia de género.

La mujer y sus conflictos interiores tocan mi médula. Creo que cada una de nosotras, desde el lugar en que nos encontremos, debe aportar ideas que rompan los paradigmas de dominación y violencia. Tenemos derecho a vivir en un mundo más pacífico, estimulante y libre.

 

Muchas personas le dan a la novela el valor de la memoria, y hay quienes escriben novelas para no olvidar, como si ella tuviera un compromiso adquirido con la historia. Puede que sea el género literario “más exitoso” en función de una “museografía humana” bastante compleja. Sin embargo, lejos de este compromiso cultural, ¿crees que la novela sea tan catártica para el individuo, para los escritores y lectores? ¿Podemos atrevernos a decir que al escribir una novela, o leerla, algo se va sanando en nosotros?

Si tengo que hablar desde mi propia experiencia, admito que escribir me ha ayudado a sanar viejas heridas y saldar cuentas del pasado. Ser escritora es un hecho que no preví cuando era niña. Soñaba ser actriz, quería estudiar arte escénico, pero no conté con el apoyo familiar y me orienté hacia rutas muy diferentes. Ahora, escribir me da esa posibilidad, porque construyo personajes y de alguna manera me convierto en ellos, profundizo en todas las caras del ser humano, sufro y me salvo, y armo todo como si fuera a mí misma. La escritura ha sido tan determinante que todavía conservo con mucho cariño el bolígrafo con el que escribí mi primer manuscrito.

 

La ficción me ha dado la posibilidad de reflexionar sobre la vida, ayudar a otras personas que andan en la misma búsqueda que yo.

La novela Caína Libertad es tu ópera prima. Ha sido publicada por la Editorial Planeta y ahora ve su segunda edición en Amazon y, muy pronto, en otras plataformas digitales. En ella percibimos una suerte de “asincronía histórica” tramada con temas universales como el amor, la muerte y una conciencia muy marcada de la experiencia de Dios. Cuéntanos qué te lleva a escribir esta novela y, además, cómo logras administrar un escenario geográfico y lingüístico tan específico, en un tiempo como el nuestro en el que las conquistas de los siglos XV y XVI parecen haber sido olvidadas. ¿Es Caína Libertad una revisita al pasado?

Tú lo has dicho, es inevitable tocar temas universales como el amor, la muerte, Dios. Escribí esa novela, en aquel momento, para decirle al mundo que, aunque pasen los años, el ser humano sigue allí, entrampado en la misma historia. Lo podemos ver hoy, en esta época moderna y de gran avance tecnológico: no hemos logrado disolver las consecuencias del odio, la maldad, la traición. La búsqueda del interés personal va en aumento y se mantiene, somos esclavos de eso.

En Caína Libertad intento demostrar que es definitivamente nuestra relación con Dios la que nos permite ver los errores que se cometen, como le sucedió a esa guerrera que logró la reconstrucción de su pueblo sólo cuando se reconcilió con Dios, con la naturaleza, son su esencia divina.

En este sentido, más bien digo que Caína es una revisita al presente, pero desde el pasado. Una forma de decir: “Mira como pasó el tiempo y aún se siguen repitiendo las mismas historias, nada ha cambiado, el ser humano sigue siendo el mismo”.

 

En algún momento de la lectura sentí que yo misma he llegado a ser mi propia Caína, con batallas muy distintas a la suya y sin embargo marcadas por el difícil camino de la autorrealización. ¿Cómo se reafirma Mary Jeanne en su vida? ¿Crees que la escritura tenga un papel importante en ese proceso?

La autorrealización es un proceso que nos puede tomar años. Cuando veo mi vida, descubro que todo empezó el día que decidí no darme más la espalda. Fui a encontrarme con mi propio ser, allí conseguí motivos para reafirmarme y de pronto apareció la escritura como medio de expresión de mis emociones, y entendí que la ficción podía ser el puente que me conecte a otros seres humanos. La ficción me ha dado la posibilidad de reflexionar sobre la vida, ayudar a otras personas que andan en la misma búsqueda que yo. Porque siempre, siempre, estaremos construyéndonos. Por eso considero que se trata de un proceso largo, muy largo, pero estoy segura de que voy en el camino correcto.

 

Tomando en cuenta tu experiencia como emigrante, me surgen varias inquietudes. ¿Qué significado tiene la venezolanidad para Mary Jeanne? ¿Qué impronta tiene en tu literatura la apertura hacia el mundo y cómo se reconfigura Europa en tu acontecer e identidad?

Nací en Churuguara, un pueblo de Falcón. Estudié en la Facultad de Farmacia en la Universidad de los Andes durante tres años. Luego abandoné la carrera y decidí estudiar Administración de Recursos Humanos en Barquisimeto. Emigré en 2006. Tengo casi quince años fuera de Venezuela, moviéndome entre Italia y Alemania con mi esposo y mis tres hijos. Por un tiempo viví dando clases de español, y luego en trabajos administrativos. En Alemania me preparé para el cuidado y asistencia de ancianos, es lo que hago ahora, aparte de escribir.

Mis libros pueden ser leídos por jóvenes, adultos, ancianos, mujeres, hombres. Trato de transmitir un mensaje que todos puedan recibir y compartir.

Mi significado de venezolanidad es más que un documento o el perfil plastificado de un pasaporte. Para mí tiene que ver con una actitud ante la vida. El optimismo, lo imbatibles que somos.

Todos deberíamos comprometernos a llevar el nombre de Venezuela en alto, con nuestro comportamiento, nuestra buena actitud ante ese reto que la vida te impone lejos de casa. Es demostrar que no sólo tenemos un país hermoso sino que también su gente lo está haciendo bien. Ese significado lo traduzco en mi literatura y en todo lo que hago.

Latinoamérica y Europa me hacen lo que soy ahora, se mezclan en mi acontecer diario, en mi identidad, en el respeto hacia la gente y la disciplina que me impongo en todas mis facetas.

 

¿A qué tipo de lectores se dirige tu obra?

A todo público. Mis libros pueden ser leídos por jóvenes, adultos, ancianos, mujeres, hombres. Trato de transmitir un mensaje que todos puedan recibir y compartir.

 

¿Te consideras propiamente novelista o hay algún otro género literario que pudiera llegar a seducirte?

Me llama la atención el lírico. Algún día me sumergiré en sus aguas.

 

¿Puedes darnos un adelanto de tu último proyecto literario?

Estoy escribiendo una novela en la que una joven retrata la violencia doméstica a la que es sometida. Ella quiere llegar a todas esas mujeres que sufren en silencio, llevando cruces pesadas y aniquiladoras.

La violencia de género es un flagelo que va en aumento en nuestra sociedad. Daniela, su protagonista, da un mensaje de aliento y esperanza. Creo que intenta despertar esa parte muerta de muchas mujeres que enfrentan situaciones de vejación. Necesita demostrar que puede que hayamos tomado decisiones incorrectas, pero siempre podemos cambiarlas cuando sea necesario.

Sol Linares
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