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Santiago Andrés Guillermo Lluvisaca:
“Los obstáculos son solamente un pretexto para fracasar en esta vida”

domingo 24 de enero de 2021
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Santiago Andrés Guillermo Lluvisaca
El artista ecuatoriano Santiago Andrés Guillermo Lluvisaca pinta desde los cinco años pese a que una artrogriposis atrofió sus manos.

Nada produce efectos más definitivos que la voluntad puesta al servicio de un propósito. Cuando hay energía que determina acciones, cualquier obstáculo deja de serlo.

Se llama Santiago Andrés Guillermo Lluvisaca y nació en Cuenca, Ecuador. A los cinco años empezó a pintar, pero no de manera normal; lo hizo utilizando sus pies, ya que sus manos estaban atrofiadas debido a una enfermedad llamada artrogriposis, que afecta a uno de cada tres mil niños nacidos. “Yo soy un afortunado de sacarme la lotería entre esos tres mil niños”, señala mientras sonríe.

La discapacidad ha bloqueado la movilidad en las extremidades superiores y parte de las inferiores y le impide alzar sus brazos, doblar el codo, mover los dedos. De igual manera sus rodillas no flexionan completamente y por eso camina con alguna dificultad. “Pero, gracias a Dios, he logrado caminar después de siete cirugías que me hicieron durante mi niñez”, cuenta sin amargura.

Todas esas pruebas que he debido atravesar han sido necesarias para formarme como persona, para que hoy tenga la voluntad de sobrellevar los problemas.

Es el último de los ocho hijos nacidos en una familia de escasos recursos económicos, cuyo padre, Felipe Guillermo, y su madre, Mariana de Jesús Lluvisaca, han sido motor y aliento para que Santiago alcance las metas que se ha propuesto. “Fueron ellos quienes me motivaron para que el arte se convirtiera en mi forma de vida”, cuenta Santiago.

Hoy es un maestro de la pintura hiperrealista en su país. Inicialmente fue un pasatiempo que luego convertiría en su propósito de vida y en su profesión.

Su infancia no fue fácil. “Me fue difícil en el ámbito educativo, no por el hecho del estudio mismo, sino por las limitaciones para socializar con los demás chicos ya que yo no podía realizar las mismas actividades que ellos: correr, jugar, lo que hace todo niño. Estuve excluido de tener una infancia normal y, sobre todo, los niños no miden sus palabras, sus actos, y puedo decir que sufrí en aquella época lo que hoy en día se conoce como bullying. Hubo chicos hirientes que imitaban mi manera de caminar, no me auxiliaban en lo que en aquel tiempo necesitaba, pero también hubo buenos compañeros, que eran mis ángeles, y me ayudaban en las cosas que yo no podía hacer: sacar los cuadernos, meterlos en la mochila, etc. Hoy pienso que quizá ninguno de mis hermanos hubiese desempeñado la función que algunos amigos de la infancia tuvieron conmigo”. Realizó sus estudios primarios y secundarios y tuvo planes para ingresar a la universidad, pero debido a su movilidad se le hizo complejo, pues debía tomar taxi en todos sus desplazamientos, “ya que el transporte público no es adecuado para personas con discapacidad motriz”.

“Pienso que todas esas pruebas que he debido atravesar han sido necesarias para formarme como persona, para que hoy tenga la voluntad de sobrellevar los problemas y las dificultades, para hacer de lado todo obstáculo que se me presenta. Hoy creo que los obstáculos son solamente un pretexto para fracasar en esta vida y puedo decir que no existe obstáculo alguno para mí, pues todos los he logrado vencer. Siempre con la ayuda de Dios he salido adelante”.

 

Santiago Andrés Guillermo Lluvisaca
Lluvisaca: “No tengo ningún tipo de apoyo a mi trabajo. Me conocen más fuera de mi país”.

La pintura me encontró a mí

“Pienso que Dios me envió a este mundo con algunas privacidades. Me quito la movilidad de mis brazos, me privó de algunas cosas pero, sin embargo, me envió con un don que yo llamo maravilloso ya que el arte se ha convertido en mi profesión, en mi sustento.

A la edad de cinco años estuvo en el centro de rehabilitación física San Juan de Jerusalén, que recibía fondos de Francia. “Ahí me impulsaron a pintar”, recuerda. “Un día me quitaron los zapatos y las medias me y embadurnaron la planta de los pies con pintura, y empecé a garabatear en el piso algunas cosas. Ese fue mi primer contacto con el arte”.

De ahí en adelante ha ido perfeccionado su forma de hacer arte. Desde aquellos días en que con tremenda dificultad tomaba el lápiz entre sus manos para escribir o hacer algunas rayas, remedo de dibujos de Mickey Mouse, Bugs Bunny y otros personajes, hasta que alcanzó la perfección porque, según sus palabras, “con la pintura busco la perfección que físicamente no tengo”.

 

Pintando con la boca

Hasta los quince años Santiago pintó con sus manos, pero notaba que no alcanzaba lo que quería, pues los trazos le parecían sin calidad, torpes. Dejó de pintar por tres años y se dedicó a terminar su bachillerato. Cuando concluyó, enfrentó el interrogante que todos nos hemos hecho. ¿Y ahora qué voy a hacer con mi vida?

“Un día mi padre me mostró un recorte de periódico en el que se veía a una persona que escribía con la boca. Mis padres me dijeron: intenta a ver qué sale, a ver si puedes dibujar mejor con la boca. Inicialmente fue algo difícil. Me ayudaron a poner un lienzo a la altura justa; en ese tiempo yo no pintaba en lienzo, porque cuando lo quise hacer y ponía la tela debajo de mis piernas para usar las manos, se hundía y dificultaba los trazos”.

Solo, he ido perfeccionado mi estilo que es el hiperrealismo. Soy un artista autodidacta.

“Cuando terminé el primer cuadro hecho con la boca, fue muchísimo mejor de lo que yo pintaba con las manos. Era un paisaje de unas montañas nevadas, un cielo azul y árboles en la parte frontal. Cuando algunos amigos lo observaron pensaron que mis padres habían comprado esa pintura, no imaginaban que era una obra pintada por mí. Descubrí entonces que utilizando mi boca tenía mejores resultados para elaborar mis obras”.

“Recuerdo que mi madre trabajaba para una señora muy reconocida en el mundo cultural de mi ciudad. Mi madre llevó el cuadro para mostrárselo a esa señora, María Eulalia Vintimilla de Crespo, y ella observó en el cuadro algo que yo aún no sabía: el potencial que yo tenía, pues ella sabía de mi discapacidad. Fue ella quien adquirió esa primera pintura”.

“Fue ella también quien me dio a conocer con Eudoxia Estrella, una talentosa y reconocida acuarelista, que tenía una academia de arte, quien me becó para estudiar pintura. Cada año se realizaban exposiciones de todos los trabajos de los estudiantes. Esas fueron mis primeras exposiciones. Mis obras destacaban, vino la prensa y fue la primera vez que Santiago Guillermo se dio a conocer mediante la pintura. Luego, solo, he ido perfeccionado mi estilo que es el hiperrealismo. Soy un artista autodidacta”.

A hoy, ya ha realizado varias exposiciones individuales tanto en su país como en el exterior. El Museo Pumapungo, en Cuenca, pero también en Quito, en México, en París, son algunas de las locaciones en las que ha expuesto el artista. “Pienso que en mi país la situación económica no ha permitido que mi obra se conozca más porque las personas, considero, no tienen la cultura de adquirir una obra como inversión, como ocurre en los países europeos, y además no tengo ningún tipo de apoyo a mi trabajo. Me conocen más fuera de mi país”.

—A propósito, ¿qué es para Santiago Guillermo el arte?

—Yo me siento perfecto, pero quiero mostrar en mis cuadros la imperfección física que los otros ven en mí, pero que yo no percibo.

Santiago Andrés Guillermo Lluvisaca
Lluvisaca ya ha realizado varias exposiciones individuales dentro y fuera de su país.

—¿Para qué sirve el arte en este mundo tan banalizado y en el que parecería que hay tan poco aprecio por las diferentes expresiones del arte?

—Creo que el arte sirve para humanizarnos, para hacernos sensibles, para tener una apreciación real de lo que es la humanidad. Para trasmitir lo que los seres humanos son capaces de hacer. En lo personal para tener un contacto íntimo con nuestro creador.

—¿Vive del arte?

—Vivo de él. No me dedico a otra cosa más y mi economía depende de él. Si no hubiese tenido una discapacidad jamás hubiera conocido de lo que soy capaz de hacer por medio de la pintura. Pienso que todo ser humano tiene un talento oculto que debe buscar y explotar.

—Su situación de artista con limitaciones no es única en el mundo. ¿Tiene contacto o pertenece a alguna asociación de artistas con limitaciones?

—Conozco algunas personas con algunas discapacidades que también pintan. Incluso aquí en mi ciudad hay una joven que tiene la misma discapacidad que la mía; pinta, pero no vive exclusivamente del arte. Yo soy miembro de una asociación de artistas que pintan con el pie y con la boca. Esta asociación tiene sede en Alemania; es una asociación europea, de la que soy becario.

—¿Recibe alguna ayuda para hacer sus cuadros?

—No, desde el boceto, el fondeado, hasta el último acabado, lo realizo yo. A veces necesito ayuda para subir o bajar la altura del caballete, abrir una pintura, etc., pero de resto el trabajo es totalmente hecho por mí.

—¿Qué le pone triste?

—Me pone triste que el arte esté tan desvalorizado hoy, que a cualquier cosa la llaman arte. Por ejemplo, vi que una banana pegada en una pared con una cinta alcanzó valores extravagantes de miles de dólares, y una obra que se ha tardado meses en realizarla, que ha requerido esfuerzo, no es valorada como es debido. Eso me produce tristeza. Cómo han tratado de quitarle la esencia a la pintura. Ahora todo mundo puede llamarse artista haciendo cualquier cosa. Le pongo un ejemplo: en nuestra ciudad hay un museo de arte moderno y en una bienal se pudo observar de todo, menos arte. Yo cuando entré al museo observé una montaña de tierra en una sala. Cuando vi esto pensé que estaban realizando alguna remodelación en el museo, pero jamás pensé que esa montaña de tierra era una obra de arte. Eso me da mucha pena, que el verdadero arte no sea valorado. Si realmente hubiese sido una obra tanto el artista como el museo hubieran tratado con más cuidado la obra. Al final del evento la tierra pasó a ser relleno de patio para el museo.

—¿Qué le pone alegre?

—Me pone alegre cada amanecer. Cada que abro los ojos y veo que es una nueva oportunidad para realizar lo que tal vez ayer no pude hacer. Poder escuchar a mi hijo decir: “Buenos días, papá”; poder amanecer al lado de mi esposa, esto me pone muy alegre cada día y es mi motor para seguir adelante.

Lo que me anima a ser mejor artista es mi propia vida. El hecho de levantarme cada mañana es para mí una gran oportunidad para mejorar.

—¿Qué sueña a futuro como artista?

—Sueño con que mis obras sigan recorriendo el mundo. Sueño poder disfrutar lo que tal vez muchos artistas no han podido disfrutar en vida. Sueño poder disfrutar de mi trabajo en vida. Poder ver el fruto de mi trabajo y sueño con que surjan personas que me apoyen y me saquen de esta situación en la que muchos artistas se encuentran: aislados, no se pueden dar a conocer. Esos son mis grandes sueños.

—¿Qué piensa de Dios?

—Es mi motor. Yo soy una persona muy creyente. Para mí, Dios es todo.

Santiago Andrés Guillermo Lluvisaca
Lluvisaca: “Tengo esposa, se llama Julia Morán. Cuando era adolescente jamás pensé que iba a poder tener una familia”.

—¿Y del amor qué opina?

—Muchas personas mal interpretan lo que es el amor. Algunos piensan que el amor es sentir mariposas en el estómago, muchos creen que el amor es perfecto, pero el amor es algo que tal vez no vuelva a repetirse. Pero el amor es diferente, no es como el amor de fantasía. El amor es contar con la otra persona, es levantarse cada día y no solamente con palabras sino con una mirada, un gesto, demostrarlo.

—¿Tiene esposa?

—Sí, tengo esposa, se llama Julia Morán. Por cierto, cuando era adolescente jamás pensé que iba a poder tener una familia. Yo pensaba: “Tú que tienes una discapacidad, ¿quién se va a fijar en ti?”. Pero Dios había preparado ya una persona que iba a ver en mí algo más que mi físico, y tengo la fortuna de tenerla y es la persona que me hace mejor cada día, pero como en toda relación hay ocasiones en que hay inconvenientes, aunque hemos sabido afrontarlos y salir adelante. Dios también me ha dado la gran bendición de tener un hijo que se llama Tiago (en portugués Santiago) Andrés, es mi mayor alegría; ya cumplió tres años y es nuestro motor y el complemento que nuestra relación necesitaba.

—¿Qué le anima cada día a ser mejor artista?

—Lo que me anima a ser mejor artista es mi propia vida. El hecho de levantarme cada mañana es para mí una gran oportunidad para mejorar. Lo que me hace ser mejor es tal vez ver a colegas que se esfuerzan cada día y he podido observar que obras con gran calidad son vendidas a precios muy por debajo de lo que se merecen, y eso me impulsa a ser mejor artista para poder de alguna manera motivarlos para que no se den por vencidos, que sigan luchando y que logren sus sueños por medio del arte.

—¿Qué desea con intensidad poder pintar?

—Actualmente yo trabajo bajo pedido ya que mi economía no me permite crear mi propia obra. Me encantan los desafíos y siento que mi mayor desafío es el cristal y el agua; mi mayor deseo es pintar una colección sólo de cristales y sólo de agua. Ese es mi mayor deseo por ahora.

—¿Siente que ha cumplido su misión como pintor?

—Aún no. Siento que Santiago Guillermo puede dar más. Santiago Guillermo no tiene límites, no tiene obstáculos y siempre tiene algo más para dar. Me gustaría poderme dedicar a producir mi propia colección.

—¿Una frase que sea guía para su vida?

—No hay obstáculos. No hay discapacidad que pueda impedir que tus sueños se cumplan. Los obstáculos son sólo un pretexto para fracasar en esta vida.

Manuel Tiberio Bermúdez