“El amor fingido del comandante Antúnez”, de P. G. de la Cruz
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Celia Carrasco Gil:
“Quería convertir una experiencia dolorosa en algo estético”

viernes 5 de agosto de 2022
Celia Carrasco Gil
Celia Carrasco Gil: “Aunque uno no escriba del yo, siempre va a hacerlo desde el yo”.

La poeta española Celia Carrasco Gil (Tudela, 2000) se perfila como una de las promesas emergentes de la poesía con múltiples reconocimientos y menciones honoríficas. Con un sentido estético detallista y trabajado, Celia Carrasco Gil ha publicado su primera obra poética en 2020 bajo el título de Entre temporal y frente, despertando intereses, tanto en el círculo cultural de la Universidad de Zaragoza, de la que es parte, así como de colectivos de escritores locales. Su nuevo poemario, Selvación, ha visto la luz después de merecer en 2021 el XXII Premio Gloria Fuertes de Poesía en la categoría poesía joven. El periodista venezolano José del Prado conversó con ella.

 


 

Siguiendo la cronología de tus reconocimientos literarios, veo que has participado en ellos desde muy joven, y siéndolo todavía, llevas un currículum bastante amplio, ¿crees que el reconocimiento puede influir de alguna manera en tu actividad artística?

Sí, a los quince años empecé tanto a escribir como a participar en certámenes, y todo ha ido muy unido desde entonces porque para mí la actividad creadora siempre ha sido un espacio muy íntimo y muy secreto, y he tendido a usar las convocatorias de concursos como un calendario de mi propio taller de escritura creativa y una manera de dejar que mis textos fueran saliendo del cascarón. Me gustaba jugar con la palabra, anotarme fechas y escribir sobre temas especificados en las diferentes bases, sobre propuestas a las que creo que de otra manera no me hubiera aproximado por mi cuenta.

La creación no debe tratar de ser de una manera o de otra para amoldarse a un posible reconocimiento.

En realidad, considero que un reconocimiento del tipo que sea siempre es un aliciente porque a cualquiera le agrada que se aprecie lo que hace, y lo agradece muchísimo, pero también pienso que no hay que engañarse y que la actividad artística va por un camino totalmente distinto. Me parece que la creación no debe tratar de ser de una manera o de otra para amoldarse a un posible reconocimiento, porque eso quiebra todo el sentido, porque el principio esencial de toda obra debería ser la libertad. Y al fin y al cabo también hay que relativizar las cosas, porque un reconocimiento viene dado en realidad por un grupo determinado de personas a quienes, de un conjunto específico y limitado de obras, por algún motivo les llama la atención en un momento concreto una.

 

“Entre temporal y frente”, de Celia Carrasco Gil
Entre temporal y frente, de Celia Carrasco Gil (Olifante, 2020). Disponible en Amazon

En tu primer poemario, Entre temporal y frente, haces una referencia bastante notable a Safo, la poeta griega. ¿De qué manera ha intervenido ella en tu obra? ¿Cuánto te influye?

Sí, el primer poema viene dedicado a Safo porque pretende ser un guiño a la primera voz femenina (por lo menos reconocida) de la lírica griega. En mi obra sobre todo ha intervenido en este soneto que abre el libro y en el que la voz poética se encuentra en lo alto de un acantilado a punto de lanzarse a la creación, y yo diría que no hay más influencias directas suyas. Pero me fascinan su “Oda a Afrodita” y el fragmentarismo de su poesía.

 

Roland Barthes afirmó que debe existir una independencia total entre la obra y la vida del autor. Al menos en lo que al aspecto crítico se refiere, él dice que ambos elementos deben analizarse como cosas sin relación, ¿tú crees que tu obra está separada de tu vida o, por el contrario, está fielmente aunada?

Creo que una cosa es el análisis y otra es la creación. En realidad, la desvinculación total entre vida y obra pasaría por conseguir que el poema se despojara de cualquier detalle o dato anecdótico para ascender al otro lado de la propia vida y trascender hacia lo que verdaderamente importa. Y estoy de acuerdo en que la obra debería sustentarse por sí misma, con autonomía con respecto a la vida. Pero es un tema muy complejo porque, aunque creo que es cierto que “el poeta es un fingidor”, como dice Pessoa, y que la poesía a veces se acerca más a la ficción que al plano más puramente realista, inevitablemente, y aunque uno no escriba del yo, siempre va a hacerlo desde el yo, a partir de lo que conoce, en definitiva. Así que en la creación en cierto sentido está unido. Y esa sería mi posición: la de una relación poesía-vida ni absolutamente separada ni íntimamente aunada, sino a medio camino entre la realidad y el deseo, como diría Cernuda.

 

Siempre hay autores que nos influencian, pero también autores que no nos arrastran en ningún aspecto y que sin embargo disfrutamos leer. Están, igualmente, los que aborrecemos pese a reconocerles cierta virtud, así como los que sencillamente nos parecen muy malos. ¿Qué escritores se te vienen a la mente?

A nivel creativo yo creo que los autores del Siglo de Oro me han inculcado la fiebre del soneto y del endecasílabo, y ahí destacaría a Garcilaso y a fray Luis. Mi primer poeta de cabecera, por otra parte, fue Miguel Hernández, porque en él veía mucha fuerza verbal y mucha ternura al mismo tiempo, y eso a mí me encantaba. Por otro lado, una obra que me atrapó fue la de Huidobro, aunque no me reconociera ahí. Y tampoco hay ningún vínculo entre la poesía que yo he escrito y mis poetas de cabecera en este momento, pero me interesan mucho actualmente los vínculos entre poesía y pensamiento y entre palabra y silencio, con Roberto Juarroz y su Poesía vertical y con Valente y el poemario Mandorla y el ensayo La experiencia abisal a la cabeza.

 

Hace años escribí dos pseudonovelas y precisamente me sirvieron para darme cuenta de que ese no era mi lugar.

En cuanto a la narrativa, también has recibido reconocimientos; sin embargo, sólo has publicado poesía. ¿Llegará el momento de publicar novelas o cuentos, o ves en la poesía una licencia más libre?

Diría que no llegará ese momento, sobre todo en lo que concierne a la novela, porque hace años escribí dos pseudonovelas y precisamente me sirvieron para darme cuenta de que ese no era mi lugar. La última de ellas, que se titulaba Desierto covalente y que tenía unas 170 páginas, acabó convertida en un poema de Entre temporal y frente que se titula “Niño sedimentado”, que tiene en torno a sesenta versos. Entonces creo que con eso lo digo todo. De momento me encuentro más cómoda en el espacio de la imagen, y en esa imagen de “Niño sedimentado” conseguí centrar la emoción de lo esencial de 170 páginas.

 

¿Cómo ves la literatura española en la actualidad? La narrativa emergente, Andrea Abreu, Cristina Morales o Irene Vallejo; la consolidación de Arturo Pérez Reverte y Fernando Aramburu como autores del canon actual. ¿Recomendarías a algún narrador?

Creo que estos ejemplos de autores tanto emergentes como consolidados nos sirven para ver que la narrativa española en la actualidad goza de buena salud. Mi narrador de cabecera, aunque creo que ya ampliamente recomendado, ahora mismo es Roberto Bolaño.

 

Bolaño, que también era poeta, aunque la crítica general ha sido un poco dura con su poesía, se ha convertido en un clásico contemporáneo, a pesar de que clásico y contemporáneo sean dos palabras que no suelen ir juntas. ¿Cómo ves tú a Bolaño?

Diría que clásico y contemporáneo son dos términos que pasan a ir unidos sobre todo en el momento en el que la imagen pública de un escritor, por el motivo que sea, se va aproximando a una cierta sublimación mítica. Yo veo a Bolaño como un autor transatlántico que, pese a haber sido reconocido fundamentalmente como narrador, en sus novelas insiste en la figura de los poetas, y quizás por eso me fascine (o me inquiete bastante, no lo sé…).

 

El poeta canario Federico J. Silva declaró hace algunos años que la poesía española después de la Generación del 27 no es auténtica, salvo honrosas excepciones, calificándola de autorreferencial e irrelevante, y que, en cambio, la poesía que se hace en Hispanoamérica es viva, palpitante, con gran preocupación por el idioma. ¿Crees que la poesía española debe renovarse? Y, por otro lado, ¿tú percibes diferencias de alguna índole entre la poesía en español hecha en España y la que sale de la América hispana?

El otro día me preguntaba algo parecido leyendo La otra voz, de Octavio Paz. Allí Paz dice que preferimos las novedades digeribles y las fórmulas a las formas. Pero añade que cuando una forma se convierte en fórmula, cuando se desgasta, el poeta debe inventar otra o tomar una antigua y reinventarla. Creo que en estas palabras está la clave, no para la poesía española sino para cualquier poeta a nivel individual. Creo que la originalidad absoluta sin presencia de tradición no tiene ningún sentido, y lo mismo ocurre a la inversa, en la mera imitación de modelos sin aportar nada propio y sin correr ningún riesgo creativo.

Muchas veces no nos llega de Hispanoamérica todo lo que nos gustaría.

Y no calificaría a la poesía española de “autorreferencial e irrelevante”, pero sí que coincido en que hay muchísimas diferencias entre la poesía de España e Hispanoamérica, aunque muchas veces no nos llega de Hispanoamérica todo lo que nos gustaría. De allí destacaría, por lo que conozco, una gran heterogeneidad de voces comprometidas con el lenguaje y con una apuesta por el riesgo literario muy característica, que no permite que las formas se conviertan en fórmulas, sino que las renueva antes de que esto suceda.

 

¿Sientes alguna afinidad con la vanguardia literaria actual o crees que tus obras van en una dirección aparte? ¿Estamos en la era del arte posmoderno?

Diría que Entre temporal y frente es un poemario un poco más apartado, porque es un libro en el que lo que buscaba era vincular la palabra con la música, jugar con el lenguaje y los dobles sentidos, tratar de encontrar una voz propia y un espacio lírico. Y tiene una estructura que encuentra su vanguardia en la polisemia. Es un poco difícil medir el grado de vanguardia actual, pero diría que Selvación sí que tiene un ritmo que se acerca más, es un libro de imágenes más urbanas, más cotidiano, más narrativo, menos hermético quizás. Son dos obras bastante diferentes, porque realmente, si los de Selvación no hubieran sido poemas distintos, habrían acabado dentro de Entre temporal y frente, porque por cronología coinciden. Pero sí que hay un punto de unión entre ambas obras que se aleja de la vanguardia y hace un guiño a la tradición de la que procede el endecasílabo. Entre temporal y frente se abre con un soneto y en Selvación encontramos tres, uno por cada parte del libro.

Y sí, estamos en la era del arte posmoderno y de la heterogeneidad, la apertura, el fragmentarismo, la autoficción y la ruptura de la linealidad y de todo tipo de límites.

 

“Selvación”, de Celia Carrasco Gil
Selvación, de Celia Carrasco Gil (Torremozas, 2021). Disponible en Amazon

Justamente Selvación te hizo merecer el Premio Gloria Fuertes de Poesía, y es la obra que te dio cierta visibilidad a nivel mediático; sin embargo, acaba de publicarse, así que no sabemos nada de ella. ¿Se podría decir que este poemario es más que una escisión de Entre temporal y frente? Por otro lado, ¿qué puede haber detrás de la palabra Selvación?

Bueno, creo que yo no diría escisión sino cambio. Considero que la escritura tiene mucho que ver con un aprendizaje continuo y que eso pasa por estadios de cierta elasticidad, de lanzarse hacia adelante y probar nuevos registros y nuevos modos y, si no nos convencen, tener siempre la posibilidad de regresar al origen. Retomando los términos de Borges que comentaba hace un momento, creo que la creación poética también está relacionada con no permitir que las propias formas pasen a convertirse en fórmulas que se apliquen de manera sistemática y pierdan su sentido. Por eso hay un cambio de dirección en ambos libros, porque si no, si hubiera unidad en todos los poemas, a día de hoy seguramente no estaríamos hablando de dos poemarios, sino que muy probablemente estaría todo fusionado en uno único.

En lo que concierne al título, no me gustaría que mi posible explicación constriñera la libertad del futuro lector, pero puedo decir que es un poemario que en su trasfondo tiene imágenes de dos contextos trágicos bastante actuales, que son los incendios del Amazonas y la pandemia. El libro habla de muchísimas cosas más, pero Selvación trasluce un juego de palabras entre “selva” y “salvación”, de tal manera que esa “selva sagrada” de Rubén Darío en este caso tiene otro cariz y da paso a una suerte de menosprecio de la ciudad congestionada y alabanza de la libertad de un espacio silvestre idílico, que tiene mucho que ver con la apertura que permite la propia poesía.

 

Tomar la palabra ya es tomar partido al decidir quebrar el silencio.

¿Crees que un escritor siempre debe tomar partido? ¿Qué opinas del uso de la literatura como medio de difusión ideológica, sea política o de otra índole?

Creo que cada cual debe decidir personalmente lo que desea hacer con su palabra, con su libertad, con su escritura. Tomar la palabra ya es tomar partido al decidir quebrar el silencio. Pero a nivel ideológico yo personalmente en este momento de mi escritura no contemplo el extremo más meramente político ni el sentido propagandístico, pero porque no es lo que busco. Sin embargo, es algo que respeto totalmente. De hecho, el primer poeta al que admiré fue Miguel Hernández, y en Viento del pueblo hay un trasfondo político importantísimo.

 

¿Tú por qué decidiste romper ese silencio?

Cada vez que escribo decido romperlo por un motivo diferente, pero es cierto que sólo lo hago cuando pienso que tengo algo que decir. Y creo que esta ruptura del silencio tiene mucho que ver con el compromiso con la verbalización de una imagen concreta, sea del tipo que sea. Diría que en mi primer poema rompí el silencio porque quería intentar convertir una experiencia dolorosa en algo que resultara más estético.

José del Prado