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Jesús Antonio Pantoja:
“He sido testigo del peor invento del hombre: la guerra”

domingo 28 de mayo de 2023
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Jesús Antonio Pantoja
Jesús Antonio Pantoja, autor de Los más grandes farsantes de la historia: “Una persona que se decida por la literatura debe tener claro una regla básica: no se puede escribir como se habla”.

Si alguien sabe de farsantes, es Jesús Antonio Pantoja. Conoce los vericuetos, las historias y los desenlaces más asombrosos de las acciones de hombres y mujeres que jugaron descaradamente, pero de la manera más ingeniosa, con la credulidad de la gente. Jesús Antonio Pantoja Trujillo perdió hace mucho tiempo su nombre de pila y quedó rebautizado por la gente como “Chucho Pantoja”.

Así se nombra a este escritor que nació en la capital del Valle hace 63 años y quien tuvo una infancia como muchos de los chicos de su entorno: jugando fútbol en las calles, viendo las series de Tarzán en la televisión, pero con una inclinación nada común a los otros muchachos de su barrio: le gustaba armar y desarmar los juguetes que se pusieran a su alcance para descubrir cómo estaban construidos.

“Yo los volvía a armar pero no siempre con la suerte de que volvieran a funcionar pues algunas veces me sobraban piezas, tornillos, pedazos”, rememora mientras una sonrisa se dibuja en su cara. Lo cierto es que aquel ejercicio del desarme y arme de sus juguetes no tenía otra intención que la de averiguar cómo estaban hechas las cosas y el porqué de su funcionamiento.

A la par que Chucho armaba y desarmaba juguetes, relojes o radios, también se interesó por la lectura. “Me gustaba leer cómics, las revistas de Kaliman, Memín, etc. Más adelante fueron llegando algunos libros como A sangre fría de Truman Capote entre otros muchos que leí, pero nunca me llamó la atención la novela”.

Mi madre de alguna manera vio en mí el interés por los libros; me animaba a leer, me regalaba textos.

Lo de su afición a escribir nació por su madre. “Mi madre de alguna manera vio en mí el interés por los libros; me animaba a leer, me regalaba textos. Mi papá era todo lo contrario: él siempre quiso que sus hijos —cuatro hombres— fuéramos trabajadores al igual que lo era él desde que a los quince años salió de su casa a rebuscarse la vida. Es decir, el estudio y los libros no eran lo suyo”.

Por su parte, Chucho sentía gran pasión por los libros. Las lecturas y el colegio le invitaban a pensar que alguna vez intentaría escribir historias como las que leía.

“De alguna manera tuve mis primeros coqueteos con las letras en el colegio. Formamos un grupo con el que producíamos algunos volantes para los demás compañeros, pero a mí me seguía llamando la atención la imaginación de los escritores que leía y cómo acercarme a ese mundo que me parecía fascinante”, dice.

“Desde joven siempre fui tímido, sentía que tenía problemas para relacionarme con otras personas y siempre —hasta hoy— sólo he tenido cuatro o cinco amigos. Quizá eso influyó para volcar en letras lo que imaginaba, para que fuera compartido a otras personas. Tal vez, sin saberlo, era la manera de encontrar una vía de escape a esa dificultad para relacionarme con los demás”.

Lo primero que Chucho escribió fueron cuentos. A pesar de que en la escuela había escrito algunos textos, la autoevaluación de los mismos hizo que los condenara al cesto de la basura. Fue en la Universidad del Valle, mientras estudió Economía, donde empezó a leer en serio literatura; en especial ensayo, cuento y columnas de opinión que siempre le han atraído, en especial las de aquellos columnistas que hacen crítica con fundamentos valederos.

“Siempre quise aprender cómo es que se relacionan las ideas, pero sobre todo: cómo se soportan, qué es lo que hay detrás de una idea para armar un discurso coherente, bien fuera para una columna de opinión o para un cuento corto”.

Aquellos primeros cuentos —recuerda Chucho— fueron relatos de vivencias personales, narraciones anecdóticas, pero siempre con la preocupación de ponerles ese ingrediente de imaginación que le diera al cuento un atractivo especial, para que tuviera, en su elaboración, parte de los recursos literarios que por aquella época él conocía.

Pasó el tiempo y Pantoja, luego de terminar la universidad, se dio cuenta de que en su interior vivía un escritor con ganas de expresarse. “Comprendí que tenía el impulso para escribir, que las lecturas que había realizado me servían, y pensaba que había cultivado la imaginación para producir literatura. Entonces decidí estudiar por mi cuenta: leí manuales de cómo escribir y releí algunos de los libros que de muchacho había leído pero con otra intención: la de averiguar cómo habían sido escritos, cómo se escribe una novela, cómo surge un cuento y cómo estructurarlo de tal manera que llegue a agradar, pues pienso que la literatura, igual que el cine, debe agradar”.

También Jesús ha realizado varios talleres para mejorar la escritura. Al respecto comenta: “En 2010 tomé un taller que dictó Julio César Londoño. Fue para mí muy interesante pues el enfoque que le daba Julio César era muy variado; se tocaba pluralidad de temas además del literario como eje central. Fue muy enriquecedor ese taller porque ante todo, y a pesar de la diversidad de personas y de sentires, predominaban las ganas de escribir, el deseo de expresar lo que uno tiene dentro y que considera puede servir para hacer literatura, y sobre todo, someterlas al juicio implacable de los compañeros y del profesor con el fin de pulir estilo e ideas con las que se elaboran los textos”.

“Luego, en 2015, hice parte del taller que en Cali imparte Alberto Rodríguez con el patrocinio del Banco de la República y el Ministerio de Cultura”, continúa. “En este taller se hizo mucho énfasis en la técnica y en lo que Alberto denomina las tres T: Talento —que debe ser parte de nuestro equipaje personal—, Técnica y Trabajo. Este taller fue para mí muy enriquecedor ya que todo lo que hay que conocer sobre la destreza para escribir cuentos lo enseña Alberto Rodríguez en su taller”.

Es necesaria esa crítica al trabajo que uno hace y es muy frecuente que en los talleres uno encuentre personas más avanzadas.

Respecto a qué tanto sirven estos talleres para la formación de un escritor, Chucho dice: “Pienso que la parte esencial es la técnica y los trabajos que se presentan y se someten a los criterios de los demás talleristas. Es necesaria esa crítica al trabajo que uno hace y es muy frecuente que en los talleres uno encuentre personas más avanzadas, que tienen más lecturas, más técnica, y eso es de gran ayuda. Se suman dos cosas importantes: las técnicas que te ofrece el taller y la obligación de escribir, y someter lo escrito al paredón de la crítica”.

—¿Cuáles son las motivaciones que le alientan a escribir?

—Me gusta darle rienda suelta a la imaginación. Pienso que ficcionar es muy interesante y lo que yo hago en los cuentos es eso. Me llama mucho la atención escribir ucronías, que no es otra cosa que reconstruir la historia usando datos hipotéticos. Es la pregunta que se hace mucha gente: “¿Qué hubiera pasado si…?”. Por ejemplo: ¿qué hubiera pasado si Hitler en vez de perder la guerra la hubiese ganado? Tengo la satisfacción de haber incursionado en ese género pero con una variante: yo no me pregunto al final de la historia qué hubiera pasado sino en medio; por ejemplo, un cuento mío es la historia de Osama Bin Laden. Yo no me pregunto qué hubiera pasado si Osama hubiera muerto, no; yo le doy otra interpretación al nudo de la historia. En mi cuento digo —recurriendo a la ficción— en la mitad de la historia: “No, a Osama Bin Laden no lo mataron. Lo que hubo fue un trato entre él y los norteamericanos y pasó a convertirse en un anónimo personaje que disfruta su vida en algún lugar de Estados Unidos”.

—¿Cuáles considera usted son las condiciones que hacen a un buen escritor?

—Sobre todo, escribir bien. Pienso que una persona que se decida por la literatura debe tener claro una regla básica: no se puede escribir como se habla. Infortunadamente uno encuentra mucho libro que desde las primeras páginas evidencia que fue escrito por una persona que quiere escribir porque le gusta, pero le faltan lecturas, oficio y conocer algunas técnicas, y sobre todo, la escritura pasa invariablemente por la reescritura pues escribir bien significa muchas reescrituras. Hay que revisarse uno mismo sin complacencias, con el látigo en la mano.

—¿Cuento o novela, y por qué?

—No. Novela no; no soy capaz y confieso que soy muy mal lector de novelas y no me decidiría a escribir una.

—¿Qué piensa que es lo más difícil de escribir?

—Escribir bien. Es decir, ser capaz de producir un texto digno de ser leído. Para mí no es fácil, y se lo digo yo que he ganado unos tres concursos de cuento.

—¿Qué considera usted que es lo que predomina en este mundo de los libros: el talento o el comercio?

—Sin duda alguna el comercio tiene una gran influencia y le hace mucho daño a la buena literatura. Acercarse a una librería es una muestra de lo que digo: se ve muy poca literatura que valga la pena ya que abunda lo mediático, la autoayuda, consejos para temas en específico, y se nota que son comerciales sin nada de fondo; me apena decirlo pero son preocupantes las ofertas que uno ve.

—¿Cómo define su trabajo y su propuesta?

—Yo soy un estudiante que sigue aprendiendo. Estoy en esa tarea de aprender a escribir pero sé de la responsabilidad que conlleva este oficio. No soy un escritor ya formado. Sigo aprendiendo y haciendo el intento de cada día ser mejor mediante la reescritura y la autocrítica.

—¿Qué es para usted la escritura?

—Una vía de escape, la manera en que uno puede dejar un legado, decir yo estuve aquí, pasé por esta vida y me tocó este tiempo y aporté en algo a entender el mundo que nos tocó y que ayudé a desentrañar tanta mentira que nos han dicho.

La guerra me entristece, me ofende, porque además de ser el peor invento, en últimas, no llevan sino a la destrucción.

—¿Qué le pone triste?

—Para bien o para mal esta época que nos ha tocado está llena de grandes adversidades. Desde que tengo uso de razón he vivido con noticias, de todas partes del mundo, que me muestran el lado malo de la raza humana. He sido testigo del peor invento del hombre: la guerra. Y la guerra me entristece, me ofende, porque además de ser el peor invento, en últimas, no llevan sino a la destrucción, al odio y a convencerme de que infortunadamente la raza humana no tiene remedio, pues además de acabarnos entre nosotros estamos acabando con el planeta.

—¿Y qué le da alegrías?

—La buena música. Me gustan la salsa, los boleros y la música romántica.

—¿Qué es el amor para usted?

—La fuerza que une al mundo. Y creo que hay dos amores: el racional y el irracional. Por ejemplo, desde que fui padre el amor por los hijos me parece irracional y, por eso mismo, indisoluble. El amor racional es un amor que uno puede cultivar, incluso desde el acecho para enamorar. Es decir, pertenezco, en ese aspecto, a la vieja guardia.

 

Los más grandes farsantes de la historia

Chucho Pantoja ha decidido publicar su primer libro, Los más grandes farsantes de la historia, y queremos que nos cuente sobre este suceso.

—Yo he escrito cuentos, es lo que me gusta, pero hasta el momento considero que no me alcanzan los que he escrito para un libro como el que quiero. Pero resulta que alguna vez, haciendo una averiguación debido a una jugada de fútbol, encontré un caso que me llamó muchísimo la atención y era la historia de un jugador que, a pesar de ser delantero y haber estado inscrito en muchos equipos, nunca jugó un partido completo y nunca marcó un gol. Esa historia despertó mi curiosidad y me pregunté por qué ese hombre había figurado como un gran futbolista y sin un gol en su cuenta profesional. Averigüé sobre el famoso futbolista que nunca jugó futbol y me enteré de una historia fascinante de sufrimiento, aventuras y humor. Pensé que esa historia valdría la pena contarse y de paso reflexioné: ¿cuántos más como este personaje habrá en el mundo que uno no conoce o peor que uno se ha tragado las historias sin que fueran verdad. Entonces, me di a la tarea de averiguar sobre más personajes que eran una farsa y que muchos no lo sabemos.

”El libro que yo acabo de publicar, Los más grandes farsantes de la historia, es el resultado de responder esas dos preguntas, y afortunadamente me encontré con muchas historias de numerosos personajes que son una gran farsa en la historia de la humanidad y eso es lo que estoy compartiendo en este libro: las historias de grandes farsantes.

”Lo que he hecho es realizar una investigación acerca de estos veinte personajes que más me llamaron la atención. Leí mucho sobre cada uno de ellos para armar esas historias y creo haber logrado, desde el punto de vista literario, una historia redonda de cada uno de los protagonistas.

Lo que me he propuesto en Los más grandes farsantes de la historia es mostrar definitivamente la otra cara de esos seres.

”Este libro nace, inicialmente, como unas lecturas para la emisora online Charlemos Radio de Manuel Tiberio Bermúdez. Allí se emitieron estas historias como capítulos leídos por mí en un programa que denominé Los más grandes farsantes de la historia y que luego darían nombre al libro. Lo que el lector va a encontrar en el libro es una versión corregida y aumentada con aspectos más literarios que le dan otra percepción a los lectores. Lo que me he propuesto en Los más grandes farsantes de la historia es mostrar definitivamente la otra cara de esos seres pues pareciera que sólo tienen una faceta pero que con sus actuaciones nos damos cuenta de que son camaleónicos”.

—¿Qué tiene en mente a futuro para escribir?

—Bueno, como lo señalé, completar los textos para un libro de cuentos. Y estoy pensando seriamente en escribir una segunda parte de Los más grandes farsantes…, ya que es un tema apasionante y entretenido.

Celebramos la decisión de Chucho Pantoja de publicar Los más grandes farsantes de la historia. Seguramente los lectores quedarán maravillados o asqueados ante cada historia que lean, pero lo que sí es cierto es que será tema para animadas conversaciones. Buen viaje a este libro que presenta al escrutinio de todos Chucho Pantoja.

Manuel Tiberio Bermúdez

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