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Dukardo Hinestrosa: entre el cielo y el mar, vagabundear

viernes 3 de noviembre de 2023
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Dukardo Hinestrosa
Dukardo Hinestrosa: “La literatura me ha rescatado de hacer otras cosas que no valían la pena”.

Creo que los versos de esta canción son los apropiados para definir a mi invitado de esta entrevista: Dukardo Hinestrosa.

La rosa de los vientos me ha de ayudar
Y desde ahora vais a verme vagabundear
Entre el cielo y el mar
Vagabundear

Nació trashumante y aún no detiene su vagar en la búsqueda de historias o poemas que señalan su norte de inquietudes.

Dukardo Hinestrosa es del llamado Viejo Caldas, en el Eje Cafetero, ahora Risaralda. Nació en Marsella, pero los caminos de Pereira, Circasia, Montenegro, Manizales y Bogotá le trazaban constantemente nuevos destinos. Finalmente, Cali detuvo por un tiempo su viajar y asegura: “Allí pasé mis mejores años de juventud”.

Sus primeros encuentros con la literatura fueron en las páginas literarias del periódico El Tiempo.

Fue en esa ciudad donde se hizo nadaísta y en la que publicó sus primeros poemas: Cali cantos. Pero esto no detuvo sus ansias andariegas y la brújula de su vida le señaló esta vez California. Era el año de 1962.

Sus primeros encuentros con la literatura fueron en las páginas literarias del periódico El Tiempo. En 1960 apareció en ese diario su primer cuento sobre la violencia: “Volvieron los zamuros”. Y en el periódico Occidente, de Cali, el cuento “Alguien debe morir a las 11”.

Dukardo también ofició como periodista para el diario Occidente. Realizó entrevistas a personajes que cruzaban por la ciudad. Una de ellas a un tenor italiano llamado Ferruccio Tagliavini que se presentó en el teatro al aire libre Los Cristales en la capital del Valle. Otra entrevista importante fue al muralista ecuatoriano Oswaldo Guayasamín.

Fue locutor de noticias en La Voz del Río Cauca, Radio Reloj, Radio Cultura y en la cadena de Tobón de la Roche, Todelar.

Sobre su género preferido Dukardo señala: “La novela es un género que respeto mucho. Fue precisamente en Cali, con Lito Villegas, donde apareció mi primera novela testimonial. Era sobre una guerrillera del Sumapaz, su nombre es Gaitanía Revueltas, rosario y fusil, que resultó ser muy controversial; pero el género de mi preferencia ha sido el ensayo histórico y político”.

En México, con la editorial Costa Amic, publicó La rebelión de los machetes de América Latina en 1966. “El mismo año en el que García Márquez buscaba editar Cien años de soledad”, rememora.

“En Pereira —dice— publiqué también otro ensayo, Excelso y amargo, un intento por descifrar el alma y la materia sobre el hombre colombiano en su cambiante geografía. En Manizales publiqué una novela gótica, A la sombra de la catedral, con algunos episodios biográficos sobre mi abuelo Jesús María Hinestrosa, veterano de la Guerra de los Mil Días, en las agonías del siglo XIX. Él actuaba como general de las huestes de Tomás Cipriano de Mosquera y sus contiendas bélicas por el Partido Liberal. También es un recuento histórico sobre las grandes catedrales góticas, incluyendo la de Manizales que se apresta a celebrar su centenario”.

 

Apóstata del amor libre

Sobre su militancia en el nadaísmo Dukardo recuerda que por haberse casado por los ritos de la Iglesia católica fue declarado como apóstata del amor libre, que era la bandera de los nadaístas. Sobre su paso por la agrupación recuerda:

—Fui un convencido de su causa y de los enunciados del “Terrible 13”, manifiesto que ya traía Gonzalo de Medellín bajo el brazo cuando llegó a Cali huyendo de un carcelazo, regalo de la Curia Metropolitana por mofarse e insultar los autos sacramentales, con el agravante de que él era un seminarista de último año para obtener su tonsura sacerdotal y se fugó del seminario sin terminar sus estudios. En lo que respecta a mí como nadaísta, como me casé por los ritos católicos y viajé a Estados Unidos, me hicieron un juicio como “reo ausente” y me declararon “apóstata del amor libre”. Como represalia, me impusieron una “cortina de silencio” y me excluyeron de sus antologías. El propio Gonzalo Arango, en sus cartas, me ratificó en su listado; un poco tarde porque yo ya me había matriculado con los beatniks en San Francisco en 1963.

Pero la estadía en Cali le dejó buenos recuerdos de la capital del Valle.

Los libros publicados por Hinestrosa hasta hoy son catorce, pero tiene varios sin editar.

—En cuanto a mi errancia en el Cali Viejo, recuerdo la explosión de los diez camiones cargados de dinamita cerca de la estación del ferrocarril, los discursos de Barberena, la belleza de “la muñeca Arango”, los duelos futbolísticos del Cali y el América, las corridas de toros, los charcos del río Cali, las charlas en la Tertulia, las presentaciones del TEC con Enrique Buenaventura, el Kumis Kasimiro, la avena y el pandebono de la Sultana, las vendedoras de chontaduro, las crónicas de José Gers, las minifaldas de las sardinas y la brisa de las cinco de la tarde por el paseo Bolívar.

Los libros publicados por Hinestrosa hasta hoy son catorce, pero tiene varios sin editar, entre ellos una novela con episodios de sus vivencias que llamará De Cali a California, y que ha ido postergando por varias circunstancias.

—Mi último libro publicado en Estados Unidos es un ensayo político e histórico sobre ese país. Aciertos y desaciertos de su política exterior: Esquema de una sociedad imperfecta.

Sobre las razones para irse a Estados Unidos el escritor señala:

—Una de las razones más importantes fueron los motivos económicos y el deseo de continuar mis estudios superiores, lo que al fin logré en la Universidad de California con una maestría en Literatura. Las primeras etapas fueron difíciles, había que hacer lo que a uno no le gusta pues los dólares se obtienen con muchísimos dolores. Hay que reconocer que sí hay buenas oportunidades, pero no para todos. También el racismo existe para los latinos. Como la mayor parte trabajé con mi comunidad colombiana, obtuve varios reconocimientos, especialmente en los medios de comunicación. En ocasiones añoraba volver pero también había motivos para pensarlo dos veces: mi nueva familia, motivos económicos, salud, y el pensar que la política, la violencia y la inseguridad siguen igual; problemas que hay que enfrentar en el caso de un retorno.

—¿Con Dios o sin Él?

—Toda mi vida he sido un creyente de la existencia de un Ser supremo; hay cosas tan extraordinarias que nadie se atrevería a pensar que se hicieron solas.

—¿Escritor o qué otro oficio?

—Yo pienso que desde que me enfoqué en escribir, en mi niñez, fue un gran acierto, aunque nunca pensé en el factor económico; más bien como un entretenimiento. La literatura me ha rescatado de hacer otras cosas que no valían la pena.

—¿Tinto o Coca-Cola?

—Sin pensarlo dos veces, me quedo con una buena taza de café. Aunque de niño, cuando empecé a manejar bicicleta, me volví adicto a la Coca-Cola.

—¿Qué poesía le gusta y recuerda?

—La de León de Greiff, especialmente un poema que dice: “todo no vale nada / si el resto vale menos”. Me gusta la poesía con un mensaje filosófico que deje un interrogante. En literatura me gustan todos los géneros y he tratado de incursionar en ellos: periodismo, cuento, novela, ensayo e investigación folclórica.

Dukardo, con su periódico El Colombiano USA, fue durante años el único medio colombiano que circulaba en las calles y los restaurantes de Los Ángeles.

Hoy Dukardo Hinestrosa vive en Los Ángeles, California. Recientemente, fue homenajeado por su labor cultural y por ser un referente para las letras colombianas desde hace cuatro décadas en el sur de California.

Dukardo, con su periódico El Colombiano USA, fue durante años el único medio colombiano que circulaba en las calles y los restaurantes de Los Ángeles. Desde sus páginas Dukardo hacía colombianismo; destacaba los sucesos culturales con sabor a la patria dejada en hasta luego y promovía, promocionaba y difundía el quehacer de sus compatriotas que se iban abriendo paso en los distintos espacios que iban conquistando.

Fue el creador y realizador durante treinta años del Festival Paisa Colombiano, con el que logró que las costumbres, la gastronomía y la cultura de Colombia se dieran a conocer entre quienes habitaban esa parte de Estados Unidos.

Ya lo dijo Serrat sin conocer a Hinestrosa:

No me siento extranjero en ningún lugar
Donde haya lumbre y vino tengo mi hogar
Y para no olvidarme de lo que fui
Mi patria y mi guitarra las llevo en mí…

Manuel Tiberio Bermúdez

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