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Alberto Boco:
“Hay cosas que sólo la poesía puede expresar”

domingo 3 de marzo de 2024
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Alberto Boco
Alberto Boco: “Creo que tal vez el intento poético es de los más profundos y serios compromisos de vida”.

Alberto Boco es argentino, es poeta y se declara porteño. Tiene una veintena de libros que reafirman su oficio con la palabra que va convirtiendo en poesía. No es un poeta precoz de esos que al preguntarle por su quehacer señalan que escriben desde la cuna.

No; por el contrario, hasta los treinta años la poesía no era su norte de lecturas, era algo marginal y tampoco le llamaba la atención escribir poemas como la mayoría de los muchachos. Lo que sí le llamaba la atención era sumergirse en libros de ciencia ficción, filosofía y política.

Pero un día tropezó con los versos de Rainer Maria Rilke y desde aquel momento quedó atrapado por la poesía.

Pero dejemos que esta charla con el poeta nos descubra su pensar, su sentir, su oficio.

 


 

¿Ha estado en Colombia?

No he tenido la suerte aún de estar en Colombia y conocer ese maravilloso país. Tengo un espíritu viajero que me ha llevado, siempre dependiendo de mis posibilidades económicas, por algunos lugares del mundo, infinitamente menos por supuesto que Maqroll el gaviero, personaje tan querible a quien admiro y de quien envidio su arrojo y su tan auténtico modo de ser, párrafo aparte: tremendos escritores y poetas ha dado la patria colombiana, por sólo nombrar a Álvaro Mutis y Gabo García Márquez. Pero, en fin, lamentablemente no he conocido vuestro bello país.

 

A los porteños nos han hecho mala fama, dentro y fuera de mi país, se dice que somos soberbios, narcisistas, un poco agrandados y charlatanes.

Quisiéramos conocerle un poco: como escritor, ¿quién es Alberto Boco?

Ja… Menuda pregunta, como si supiera quién soy. Mis datos biográficos primero (que son los más sencillos y también los menos comprometidos ya que no dependen de uno mismo). Soy un porteño —nacido y criado; porteño denominan en mi país a los nacidos en la ciudad de Buenos Aires, sigan o no sigan viviendo dentro de los límites de la ciudad, recostada sobre el ancho Río de la Plata que nos regala su pegajosa humedad durante todo el año, con calor o frío.

Nací, siempre viví y seguramente aquí en la ciudad de Buenos Aires me ha de hallar la que nunca falta a la cita. A los porteños nos han hecho mala fama, dentro y fuera de mi país, se dice que somos soberbios, narcisistas, un poco agrandados y charlatanes; sucede como con toda fama, se construye una generalidad con verdades a medias, lo cierto es que hay de todo como en todas partes y en lo personal no adhiero a ese tipo de generalizaciones que meten todo adentro de una misma bolsa; en fin, así son estas cosas.

Empecé a respirar un sábado 5 de noviembre de 1949; es decir, que llevo ya una prolongada estadía sobre el planeta. Soy el primogénito de Enrique (ya fallecido) y María, que lleva con buen pasar sus 98 años. Fueron un matrimonio humilde, residentes en un barrio de clase media en la zona oeste de la ciudad. Aprendí a leer alrededor de los cuatro años y podría decir sin exagerar que desde ese momento no paré más de hacerlo; tuve la suerte de que mis padres y algunas amigas de mi madre, una de ellas especialmente a quien recuerdo con gran cariño, Stella Maris (le decían La Negra), favorecieran mi actitud lectora regalándome libros y ayudando a formar muy tempranamente mi pequeña biblioteca.

Allí no faltaban Salgari, Moby Dick, esa nave insignia argentina que es el Martín Fierro y muchos otros. De una versión de la lucha entre Héctor y Aquiles a las puertas de Troya, de un libro de Miguel Ángel Asturias llamado Flor de leyendas, tomé mi afición al mundo griego, a los catorce años ya me había devorado la Ilíada y la Odisea y me juramenté conocer ese país, cosa que logre recién a los 45 años de edad.

Durante mi niñez y mis primeros años de adolescencia surge una frase de mi madre que ella todavía recuerda con una sonrisa: “A vos cuando lees se te puede venir el mundo abajo…”, decía y es bastante cierto; sí, leí siempre así y así continuo leyendo, agarro un libro de ficción por ejemplo y me atrapa, entonces el mundo a mi alrededor se suspende porque ya formo parte de ese otro mundo de la ficción que leo. Con otros géneros es diferente, la filosofía o los ensayos, otras cosas del territorio del pensar como la física o la matemática que siempre me fascinaron y me arrastraron a estudiar la carrera de ingeniería en la que avancé bastante pero nunca terminé (la militancia política universitaria era peligrosa por 1975 en Argentina y yo ya transitaba mi primer matrimonio y había nacido el mayor de mis dos hijos…, pero eso es otra larga historia, dejémoslo ahí)… Por mis tiempos juveniles solía escribir cada tanto algún relato pero nunca los compartí y al poco de escribirlos me deshacía de ellos. Con la poesía ocurrió algo diferente en todo sentido.

 

De joven y hasta casi mis treinta años la poesía era algo marginal en mis lecturas y no escribí ni un solo poema.

¿Cómo se decide por la poesía para expresar sus sentires? ¿Cómo la descubre, a qué edad y bajo qué circunstancias?

De joven y hasta casi mis treinta años la poesía era algo marginal en mis lecturas y no escribí ni un solo poema, era algo ajeno a mí. Entre mis quince y mis casi treinta fui un ávido lector de ciencia ficción, los grandes clásicos de ese género, Asimov, Clark, Stanislav Lem, la extraordinaria serie de ediciones de Minotauro. También devoraba libros políticos, y de filosofía, Nietzsche me partió la cabeza, y el existencialismo; también mucha narrativa argentina y rioplatense hasta que una crisis personal me abrió a otros espacios de sensibilidad.

En esos momentos cae a mis manos un libro de Rilke con gran parte de su obra poética. Recuerdo perfectamente el momento en que detengo mi auto bajo la sombra de un árbol en la calle lateral de un parque; era una tarde calurosa de verano y estaba verdaderamente perdido dentro de mí mismo. Y ahí me pongo a leer y releer las Elegías de Duino hasta casi el anochecer. Podría decir que no empecé por lo más accesible del gran poeta alemán pero ahí sucedió un clic interior.

Más que aparecer un mundo de otros significados, que eso también ocurrió, todo un otro espacio del sentir despertó dentro de mí. Tenía alrededor de treinta años y comencé a garrapatear algunos versos, pero era evidente mi falta de orientación y mi patética ignorancia del género. Compré algunos libros pero me di cuenta de que necesitaba ayuda.

Un amigo que algo había transitado en el género me orientó, aparecieron algunos autores, los más conocidos, Neruda, Vicente Alexandre, Huidobro, Vallejo, los españoles de la generación del 27 y muchos más. Como en todo camino desconocido uno va teniendo tropezones, caídas, días de luces y sombras, hasta que di con quien considero mi maestro, el poeta Mario Morales, muy buen poeta y maestro de poetas, hombre de vastísima cultura, que facilitó los caminos de mi lectura. Ahí el mundo de la poesía se abrió y sigue abriéndose sin final.

Con Mario Morales me sentí validado como alguien que escribe versos y busca acercarse a la poesía. En esto quiero ser muy claro: cualquiera que escribe versos rápidamente se hace llamar poeta y eso me parece una falta de respeto hacia el género. Pienso que poetas ha habido y hay no muchos, escritores de versos tal vez demasiados. Cuando me preguntan si soy poeta, a pesar de que lo único que escribo y tengo publicado, y sin publicar también, son libros de poemas, sigo sosteniendo que escribo, sí, que escribo versos y utilizo una metáfora matemática para graficar la situación, digo que lo que procuro es lograr lo que hace una curva asintótica respecto de la recta a la que se aproxima, infinitamente sin tocarla nunca, esa recta es la poesía y la curva son los poemas, por eso digo que la mayoría de los que escribimos poemas nos acercamos como la asíntota, podemos llegar más o menos cerca pero sólo poetas muy grandes tocan e intersectan la recta poética.

Cuando digo esto algunos me dicen que eso excluye, que es demasiado exigente, y yo recuerdo las palabras de un viejo poeta que me dijo una vez que la poesía es un juego, sí, pero un juego en el nivel de lo más grave. Como solemos decir los porteños, hay cosas con las que no se puede boludear y sin duda la poesía es una de ellas. Así es como pienso.

 

Mi interés está centrado en la poesía y lo único que tengo publicado (y pendientes de publicación) son poemas.

¿Escribe solamente poesía o practica otras disciplinas literarias?

Mi interés está centrado en la poesía y lo único que tengo publicado (y pendientes de publicación) son poemas. Ocasionalmente escribo reseñas sobre libros, de poesía o narrativa, cuando me cruzo con libros que me interesan y me lo piden o lo propongo porque estoy frente a textos o escritores que me gustan.

Hace mucho tiempo escribí una novela pero me di cuenta de que había estropeado una buena idea. No le encontré la vuelta. La di a leer a un par de amigos pero uno se da cuenta cuando algo se mira sólo por cariño.

Se me ocurrió desenterrar el borrador durante el encierro por la pandemia pero no tuve voluntad. La escritura de esa novela coincidió con un período donde asistí a un taller de guion cinematográfico. En ese taller escribí el guión de un cortometraje, sobre la base de la adaptación de un cuento del italiano Dino Buzzati; también escribí la línea argumental para un largo basado en un relato que había escrito hacía mucho tiempo, un film lleno de perversidad con un final muy cruel.

Dos o tres relatos también datan de aquel momento pero nunca vieron la luz ni la verán. Lo mío es tratar de alcanzar la poesía, acercarme todo lo que pueda por la curva asintótica, como comenté antes. Lo vivo y lo siento como un desafío, siempre me gustaron los desafíos en todos los órdenes de la vida. Recuerdo la escena de una película donde le preguntan al personaje, tratando de ridiculizarlo, el hombre era un poco primario pero ningún tonto (el personaje lo interpretaba el genial actor francés Lino Ventura), bien, le preguntan cómo hacía para elegir una película y él responde: “Como elijo una mujer, con riesgo”. Me siento muy identificado con esa respuesta; los desafíos no lo son si carecen de riesgo.

 

¿Es difícil lograr un sitial de reconocimiento en el mundo de la poesía? Y si es así, ¿qué considera que es lo que hace tan difícil destacar como poeta?

Lo primero que se me ocurre es que posiblemente tenga que ver con que la poesía contemporánea se ha diferenciado de lo que significó socialmente el género a través de la historia, de los griegos al Renacimiento y más adelante aún, con los clásicos o el romanticismo. Tal vez la última manifestación masiva de la poesía como tal hayan sido las lecturas multitudinarias de los poetas beat por mediados del siglo XX. Es como si la poesía se hubiese voluntariamente encerrado en sí misma y los poetas, salvo raras excepciones, hayan dejado de ser personas admiradas por la sociedad.

Hoy un influencer que sube videos de mascotas o bloopers a las redes es más conocido que Juan Gelman, Borges, Álvaro Mutis, Arango o Arbeláez, ni que decir de Petrarca o el Dante. Hoy la poesía interesa casi exclusivamente a quienes están vinculados a ella porque la escriben y entonces la leen o son editores. No obstante el territorio se ha extendido enormemente, hay muchísima gente escribiendo poesía (o intentándolo al menos) y eso ha superpoblado un género que se nutre a sí mismo y que tiene un reducido espacio de venta de libros. Internet, las redes sociales y los blogs han extendido el fenómeno y su vastedad, y si bien eso difunde también dificulta, a mi modo de ver, en lugar de facilitar que muchos buenos poetas se destaquen de entre la multitud. En mi caso particular no me he preocupado por destacar, he publicado algunos libros, que se distribuyeron en Argentina, participado en lecturas públicas, he participado de algunos pocos concursos, obtenido un par de premios y menciones, todos dentro de Argentina, y si bien textos míos han sido publicados en varias revistas virtuales y algunas impresas en papel, dentro y fuera de mi país, mi propósito prioritario no ha sido la búsqueda de reconocimiento, ni mucho menos de fama o prestigio. No digo que no me halague ser reconocido, lo que sí digo es que no es ese mi propósito.

 

Hay cosas que sólo la poesía puede expresar y a la vez crear un mundo con eso que se expresa, un mundo que también es real.

¿Qué es para usted la poesía y que es lo más difícil al escribirla: la construcción o los temas?

La poesía para mí es un desafío de la percepción por medio del lenguaje, puede funcionar también como una herramienta que apunta a modos no sistemáticos de conocimiento que no se pueden obtener de otro modo que no sea por medio de la poesía, y que tiene a la mirada como uno de sus aliados vitales. Pero no cualquier mirada sino cierto modo del mirar lo que nos rodea con un grado de sensibilidad afectada por el estado subjetivo del poeta que percibe cierto sesgo, cierta distorsión que le permite acceder a las múltiples mundos interiores que coexisten con la llamada “realidad”.

Y no me refiero en absoluto a ningún fenómeno de los llamados paranormales, estoy hablando de una forma de ver sutilmente el mundo y volcarlo en lenguaje poético, aspectos habitualmente escondidos o escamoteados a la mirada poco atenta sobre “el mundo real”. Dichos aspectos aparecen bajo cierta mirada oblicua y cierto humor que se pueden expresar en la emergencia de la palabra poética, que generan la palabra poética. Por eso hay cosas que sólo la poesía puede expresar y a la vez crear un mundo con eso que se expresa, un mundo que también es real. Creo que no digo nada nuevo, me parece que esto es lo que han venido haciendo los poetas desde siempre. A lo mejor por eso Platón desconfiaba de ellos y no los quería en su república no tan republicana que digamos. Acaso porque la palabra poética es una forma de acceso a un conocimiento asistemático y peligroso, un conocimiento más profundo de las múltiples maneras en que la vida, la creación y la llamada realidad se expresan.

Mucha tinta ha corrido entre las cosas y la palabra que las nombra sin poder salvar la infinita distancia que las separa, más que una distancia me gusta decir una dislocación que acaso la palabra poética pueda aproximar, aunque sea un poco. Esto es lo que pienso y siento sobre la poesía, este es el desafío que me he propuesto sabiendo de antemano que, otra vez, el fenómeno es asintótico, pero ahora mucho más apartado del punto de contacto.

Respecto de los temas pueden ser tantos como el mundo le ofrece a la mirada y es ésta, en ese estado que acabo de describir, la que los encuentra y la vierte sobre la palabra poética, y ésta la que los vuelve poesía. Cuando ese encuentro sucede nos hace sentir (voy a citar a Rilke):

ese enternecimiento
que casi nos desconcierta
cuando vemos caer una cosa feliz

Como nos lo enseña Rilke en los tres últimos versos de la décima y última de las Elegías de Duino.

Por esto creo que tal vez el intento poético es de los más profundos y serios compromisos de vida.

En la poesía, como en cualquier creación, yo creo que para bien y para mal, todo es nuestra responsabilidad.

En cuanto al proceso de construcción, la escritura, el momento mismo de la escritura es el que considero el más importante, junto con la tarea de corrección o el retrabajo. Lo demás: la lectura pública (hecha por el propio autor o por otros), la publicación, con presentación incluida, panegírico a cargo de los amigos y los brindis de rigor con buenos vinos, eso está bien, son buenos y queribles momentos, pero nada se compara con el momento en que el poema se gesta, ese donde las imágenes aparecen y uno trata de sujetarlas para que no pierdan su potencia, para que las palabras sean justas y expresen la visión con la mayor plenitud posible; las imágenes tienen una energía en sí misma, una potencia, y mal trabajadas pueden llegar a dilapidar su fuerza, pueden llegar a desleírse en el texto; igual que con la palabra no se jode con las imágenes, hay que respetarlas, amarlas y hacerlas fluir escandidas en el texto del poema para que su efecto sea preciso y no una mera dilapidación verbal, o peor, la temible caída en el lugar común, que es como la imagen se desbarranca en un precipicio.

Por otra parte, estoy convencido de que nada de todo esto tiene que ver con la denominada inspiración, ese mito que dice que el texto sería como un dictado exterior, una suerte de otra voz. Como decía mi abuelo paterno, un hombre de campo, “a mí no me corran con sombras ni bultos que se menean”.

En la poesía, como en cualquier creación, yo creo que para bien y para mal, todo es nuestra responsabilidad. Aquello que poéticamente seamos capaces de crear o no, repito, para bien y para mal, es producto exclusivo de cada uno de los que hemos elegido este camino.

 

¿Cuáles son las principales motivaciones de su escritura poética?

Tal vez el intento de comprensión de la infinita complejidad de la existencia, las múltiples y también infinitas expresiones de la belleza, la exploración de las opacidades de la lengua, ese otro misterio, y de las opacidades de uno mismo, también de los misterios de la musicalidad y los efectos que nos produce. Y porque sin la poesía la vida perdería sutilezas, matices, belleza y valores que nada ni nadie podrían sustituir.

 

¿Cuántos libros escritos a hoy?

Algo más de una veintena de libros, todos de poesía. El primero, Arcas o pequeñas señales, fue publicado en 1986, y había sido escrito entre 1982 y 1984. Fue publicado por la editorial Libros de Tierra Firme, dirigida por el mítico, querido y recordado editor José Luis Mangieri. Allí es clara la influencia temática y expresiva de Mario Morales quien, como dije antes, fue mi maestro.

En 1989, bajo el sello de Último Reino, se publicó Galería de ecos, un conjunto de poemas donde se nota la brega por ir encontrando mi propia voz.

Ausentes con aviso, de 1997, nuevamente publicado por el sello Libros de Tierra Firme, marca probablemente mi identidad y va dando pistas de los distintos matices de mi escritura. Un poema extenso que da título al libro, dos poemas basados en dos obras de arte del mundo antiguo y dos poemas breves, uno que abre y otro que cierra, componen el volumen.

En 2008, bajo el sello Ediciones de la Quintana, se publicó Riachuelo, un libro de un único poema extenso que da título al libro.

Cartas para BEB, en 2007, fue una edición de autor que realicé con motivo del nacimiento de mi primer nieto. Lo mismo que Malena, edición de autor del año 2012 con motivo del nacimiento de mi primera nieta.

En 2008, bajo el sello Ediciones de la Quintana, se publicó Riachuelo, un libro de un único poema extenso que da título al libro. Riachuelo es el más extenso de los varios poemas extensos que he escrito y publicado. El Riachuelo es un curso de agua que marca el límite sur de la ciudad de Buenos Aires y desemboca en el Río de la Plata; se caracteriza tristemente por sus aguas polutas, con un olor muy desagradable producto del vertido sin control en el pasado, y hasta no hace muchos años, de los desechos de múltiples industrias instaladas a lo largo de su cuenca.

En 2014 se producen dos publicaciones: el sello Buenos Aires Poetry publica Estación de nosotros y la editorial El Jardín de las Delicias publica Visitas inoportunas.

Estación de nosotros es un poemario cuyo eje es el amor; no es un libro de amor; suelo decir que es mi libro “sobre” el amor y no “de” amor, un diálogo entre lo tierno, lo hondo y oscuro que tiene el amor y el entorno en que suele darse, la vida diaria con su realidad, sus miserias y sus espantos, las imposibilidades, los recuerdos y las brutalidades de la vida y de la historia.

Visitas inoportunas es donde se condensa la impresión de la mirada puesta sobre obras de arte, cosa que aparece suelta en varios trabajos míos. Se trata de cuatro poemas extensos basados en una pintura y tres esculturas. De algún modo fue resultado de los efectos que me produjo la lectura de Autorretrato en un espejo convexo, de John Ashbery, sumado a mi admiración por todo lo que una observación atenta, detenida y sensible sobre una obra de arte puede suscitar en la mirada, que en mi caso particular disparó múltiples reflexiones, imágenes, sentires y pensamientos. Los llamo visitas y son inoportunas porque un visitante que mira una obra de arte hasta querer arrancarle sus manifestaciones más escondidas, aunque sean producto de la imaginación del que mira, mínimamente es un sujeto poco oportuno, casi como una especie de usurpador.

En 2016, la editorial Ediciones en Danza publica Para un programa de disolución y otros textos, un libro compuesto por cinco poemas extensos, uno de cuyos ejes está dado por la influencia del azar en la existencia. Este es el último de mis nueve libros que han sido publicados.

Se mantienen inéditos los siguientes poemarios (diecisiete en total, dieciséis concluidos más uno en preparación), escritos en un período que abarca desde 1998 hasta la fecha: Perro, de Goya; Noticias del tiempo; Redes o ciudad en su siglo; Palomas en el cable de la luz; Árbol de oro; Paisaje fronterizo; Cosas que andan sueltas; Los perros cueteros (y otros abandonos); Evanescentes, impropios y pequeño; El desierto; Nombrar no hace la flor; Del instante congelado; De la mano (con ellos) por el pasillo angosto; Nombres; Enigmática gracia de las cosas, y El ángel contemporáneo (actualmente en proceso de escritura).

 

La inteligencia artificial está invadiendo todos los espacios y la poesía no ha escapado a esta intrusión de nuestra modernidad. ¿Deben sentir algún temor los poetas o no hay nada que temer por las creaciones poéticas que ella pueda producir?

Conozco un poco del mundo de la informática y la telemática, con el que estuve muchos años en contacto por razones de trabajo. Siempre me interesó por ser una fascinante maravilla de la evolución técnica del ser humano. Sus efectos, como todas las cosas que son determinantes en la vida, pueden ser a la vez maravillosos y horribles.

Hay una mirada ingenuamente optimista sobre la inteligencia artificial y otra sumamente crítica y pesimista.

Hay una mirada ingenuamente optimista sobre la inteligencia artificial y otra sumamente crítica y pesimista. Si bien nos encontramos ante los primeros niveles de prestación de este nuevo recurso, es de esperar una rápida evolución en una dirección difícil de prever. Por ahora, merced a la enorme potencia de la combinación de hardware y software que la soportan, se limita a acceder a enormes cantidades de datos, clasificarlos, ponderarlos y llegar en algunos casos a conclusiones y resultados que hace que parezca que tiene funciones de pensamiento autónomo. He hecho algunas pruebas con preguntas más o menos abstractas al Bing y noté que respondía generalidades pero que a cada respuesta me formulaba una pregunta, que por supuesto yo no respondía.

Eso le serviría al programa para recopilar mis modos de pensar y darme respuestas a la medida de mis expectativas. Esto es así porque está orientado como los dispositivos comerciales que buscan conocer “al cliente” para decirle lo que quiere escuchar. Las pruebas con poemas que he visto dan por resultado una mezcla de cosas típicas de un principiante más o menos informado al que le tenés que decir, por poner un ejemplo trivial, “escriba una composición tema la vaca”. Lo que sí es preocupante es la cantidad de cosas que puede hacer mejor que los humanos y que seguramente por una cuestión de costos hará que se pierda mucho trabajo humano. En cuanto a la poesía, no sé, habrá que ver, todavía tengo mis dudas. Eso sí, el día que alcance habilidades de escribir obras poéticas de verdadera originalidad y valor, tal vez la especie humana ya tendrá mucho más de que cuidarse de la inteligencia artificial que de evaluar si escribe buenos poemas. No pierdo de vista que antes de inventarse la bomba de cobalto para tratar tumores cancerígenos ya habían estallado algunas bombas atómicas. El problema, como siempre ha sido, somos los humanos.

 

Háblenos de sus proyectos literarios a mediano y corto plazo.

En este momento tengo en proceso de escritura un libro que se titula El ángel contemporáneo que, al igual que el libro Barbaroi, es una especie de alegoría sobre un personaje real. Como proyecto del corto plazo estoy comenzando la lectura de un libro de relatos históricos que voy a reseñar. Por supuesto también estoy atento a la posibilidad de publicar alguno de mis libros aún inéditos aunque la situación en Argentina en estos momentos es muy crítica, tanto para escritores como para editoriales, librerías y en general para toda la población, con una inflación que se ha desmadrado y un gobierno recién arribado al poder que, más allá de coincidencias o discrepancias políticas o ideológicas, se percibe que está llevando al país a un desastre de proporciones acaso de las peores de nuestra historia. Con respecto del actual gobierno, al final del reportaje quiero dejarles un breve comentario que me parece pertinente pero no quiero introducirlo ahora porque es ajeno a los contenidos de esta entrevista.

 

¿Qué opina del amor?

En mi ya larga existencia he tenido la fortuna de haberlo conocido de muchas formas (incluso de algunas que parecían amor pero no lo eran) y de vivirlo aún en su verdadero sentido en muchas de sus facetas; el amor de pareja (vivimos con mi actual mujer un bello romance desde hace 38 años), el amor filial de, y hacia, mis hijos y mis nietos y nietas, el amor fraternal y esa forma de la philia, como le llamaban los griegos, que es el afecto de la amistad, que considero uno de los amores más importantes entre las personas, con sus rasgos de compañerismo, solidaridad, lealtad y respeto por el otro. Me gustaría creer que el amor es una fuerza que ayuda a sostener este mundo que por momentos pareciera derrumbarse, pero la realidad creo que niega esta ilusión mía.

 

La única efímera inmortalidad que imagino es el tiempo que permaneceremos después de nuestra muerte en el recuerdo de quienes nos han conocido.

¿Qué es para usted la muerte?

Concibo la muerte como el absoluto final de la existencia. No tengo creencias religiosas, no creo en la vida después de la muerte ni en la reencarnación que pregonan las religiones orientales. La vida es el espacio y el tiempo de nuestra existencia entre la nada que somos antes de nuestro nacimiento y la nada que somos luego de la muerte. La única efímera inmortalidad que imagino es el tiempo que permaneceremos después de nuestra muerte en el recuerdo de quienes nos han conocido y nos han querido o han tenido hacia nosotros algún sentimiento, bueno o malo, que los haga recordarnos.

 

¿Un poeta que le guste y por qué?

Que pregunta difícil. Elegir uno entre los tantos poetas que admiro (cuando digo poetas me refiero a ambos géneros, y a todas las identidades de género de quienes son poetas), digo entonces que elegir uno me hace sentir que quedan fuera muchos poetas que admiro, argentinos y latinoamericanos, norteamericanos y europeos (Rusia y los países de la ex Unión Soviética que también son europeos)… En fin. De modo que para elegir voy a adoptar un criterio de elección que no sólo es estético: le debo a ese gran poeta que es Rilke haberme abierto la puerta de la poesía. Por eso lo elijo (mis respetos y disculpas a Cavafy, a Pound y a Eliot, a Dylan Thomas y los franceses malditos, mis queridos italianos Montale, Pavese, la generación del 27 española, los románticos alemanes, los queridos argentinos Juan Gelman, Joaquín Giannuzzi, Borges, Enrique Molina, Raúl Gustavo Aguirre, Alfonsina Storni y Alejandra Pizarnik, a los grandes de ese país de poetas que es Chile, Huidobro y Neruda y Gabriela Mistral y Gonzalo Rojas y Zurita, la gran uruguaya Idea Vilariño… Vallejo, a quien tanto adeudamos quienes escribimos en las tantas lenguas españolas de América… Y ustedes, los colombianos, con una cantidad muy importante de muy buenos poetas en sus diversos estilos y modos de expresión… Bueno, voy a detenerme aquí para no aburrir con una retahíla de celebridades que seguramente ustedes ya conocen.

 

¿La poesía con rima o libre?

Para mí el verso libre, cuidando el ritmo y la musicalidad, procurando evitar las disonancias que traban la fluidez del poema. Me gusta también la poesía rimada, especialmente ese monumento a la perfección estética que es el soneto, hasta visualmente bello. Me ocurre algo con los poemas con rima, se me queda pegada su música, tanto cuando leo como cuando algunas veces los he escrito, me cuesta después volver al poema sin rima, tengo que esperar a veces todo un día hasta que la tendencia a rimar me abandone, así me sucede con la rima y su sonoridad.

Quiero agregar algo que, como anticipé antes, no tiene que ver con este reportaje. Ha sucedido un hecho grave, algo bastante más serio que, como se suele decir, un hecho poco feliz; también es un hecho inédito entre países más que amigos, hermanos de la gran patria latinoamericana. Quien ahora gobierna la Argentina insultó públicamente al presidente Gustavo Petro. Este es un hecho inadmisible que como argentino me llena de vergüenza y me entristece por su nivel de barbarie, independientemente de coincidencias o discrepancias políticas e ideológicas. La conducta del ahora Presidente de los argentinos no me sorprende tratándose de alguien que cimentó su breve historia política en la violencia verbal, el insulto y la descalificación de quienes no piensan como él, a quienes no trata como oponentes políticos sino como enemigos a eliminar; esto es muy triste y también peligroso. Como simple ciudadano argentino quiero expresar mi repudio a la actitud de nuestro presidente y pedirle disculpas como argentino al mandatario colombiano y a todos sus ciudadanos.

 

Árbol de oro

Es fácil ver metal en la copa
brillo de oro con el sol inclinado
primero la mirada con el sol de través
y no hay otra cosa más que simple fresno
una mañana tibia de mayo por la calle del triunvirato
entre el asfalto y las paredes los vidrios
devuelven la escena que pasa
y detrás la mirada rumbo a lo que viene
a cada metro en un día que crece
la calle del triunvirato
donde un árbol que no es de oro
no es más que la mirada
la carga de nuestra ilusión
en un punto de lo azaroso
como ha sido siempre
cuando miramos
detenidamente
algo

(del libro inédito Árbol de oro; 2005-2006).

 

Ciudad en su siglo

mirado de cierto modo
cualquier alejandría que se hunde
tiene agonistas y mercaderes

verseadores putas y cronistas del tiempo
cabalgan en el azar
pasiones breves e incestos de época

bares pobres y nurseries por si las moscas
levantan artefactos y cosas
para después del derrumbe

(del libro inédito Redes o ciudad en su siglo; 2002-2003).

 

Los perros cueteros

“Mientras buscaba la estrella vespertina en una fría ventana
y silbaba cuando Arturo derramaba su luz,
oí reñir a los lobos, y dije: Entonces esto
es el hombre”.
1
Allen Tate

festejos tradicionales y ellos aparecen
un despertar cuando medra la noche y las explosiones comienzan
andar solos por ahí hasta el ritual de lo que se pudre
y disimular en el ruido y el olor de la pólvora barata
efectos de la temporada…

sucios de arenas el gesto distraído
pelo encrespado como en un enojo
se van amontonando en el andar cansino hasta que lo avivan
donde se junta la presa casi nadie mira
tal vez algún chico que adivina y alguna mirada
otra porque intuye
gesto veloz de repente contra el estampido
fuego en la boca y otra vez hacia allá
lejos

qué canta en el fuego y el humo en el chasquido
como rama reseca que se quiebra cada vez
qué canta en la sangre y en la carrera de súbito despierta
y vos que los mirás como se mira el amor
esa química orgánica con ropa de ternura
mirar que no se nubla en el farolero simular de la época
quién sabe qué piensa —decís
detenido ahora en el alto de la mañana
como sombra contra el moverse del mar
ahí las nubes coloreando como si vos y yo no supiéramos
que nada de todo eso es intención mientras ellos están ahí
con esa cosa que raspa como espera debajo de la sangre
cada estallido que apure la caída
del que no mira duerme y se divierte mientras
ellos con la traza del viejo mapa y el ojo que parece apagado
pero detrás de la mirada esa sombra
que apenas campea…………………….sabe y espera
desde lejos y a su modo
sabe y espera
siempre
desde bien allá

Para Pugnax2

(del libro inédito Los perros cueteros; 2011).

Manuel Tiberio Bermúdez

Notas

  1. Fragmento del poema “Los lobos”, versión española de César Aira.
  2. Nombre de un perro que integra la tripulación de un dirigible en la novela Contraluz, de Thomas Pynchon.
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