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La tierra es redonda, como la vida no es plana, de Sofía Orozco

sábado 8 de abril de 2017
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Reseña de “La tierra es redonda, como la vida no es plana”, de Sofía Orozco, por Silvia Quezada CamberosLa tierra es redonda, como la vida no es plana
Sofía Orozco
Novela
Letra Uno Ediciones
Guadalajara, México, 2016
ISBN: 978-60-796295-1-9
215 páginas

Matamoros Tamaulipas es una ciudad mexicana con una peculiaridad que a muchos nos parece insólita: su población flotante es de un millón de habitantes, debido seguramente a que hace frontera con los Estados Unidos. Hasta Matamoros llegan todo tipo de individuos, en busca del sueño americano. Cruzar como turista y quedarse, traspasar como ilegal e intentar mejorar la propia economía es común. La gente de escasos recursos llega en autobús, la mayoría de las veces luego de horas y horas de trayecto. Esta es la temática central de la novela de Sofía Orozco: La tierra es redonda, como la vida no es plana. El libro es muestra de esos contingentes que suben a un camión de pasajeros con un bagaje de sueños por cumplir.

En el autobús foráneo se ha reunido un grupo heterogéneo. Hombres y mujeres complejos, quienes viajan hacia el norte en busca de un mejor futuro. Muchos de ellos son transgresores de las normas impuestas por la sociedad: pecadores, desobedientes, infractores, un delincuente, gente común que lleva consigo un cúmulo de culpas; pero al mismo tiempo, hay soñadores, idealistas, gente con talentos diversos. El chofer, por ejemplo, es un hombre que realiza su último viaje antes de jubilarse, antes de volver a casa, para disfrutar la vida con su buena mujer, quien lo espera con alegría. El escritor va en busca de un editor que valore su esfuerzo.

La pieza narrativa se ubica en el siglo XXI, en el trayecto terrestre entre Celaya, Guanajuato y las cercanías con Matamoros, Tamaulipas, unos 888 kilómetros, transitables en 9 horas de viaje. La bitácora permite identificar al chofer de la unidad y por lo menos a diecisiete pasajeros, de quienes conocemos su historia en primera persona, una vez que han sido interceptados por criminales en la carretera. Los viajeros son masacrados. Terminan en una fosa clandestina, descubierta semanas después de transcurrida la tragedia. Comentar el final no es vender la novela. La propia autora cuenta el desenlace en la página 27.

La novelista le da voz a una cantidad simbólica de pasajeros, de entre las crecientes cifras cuya muerte silenció.

El mayor acierto de la historia es su estructura. En el primer capítulo se narra la anécdota completa. Enseguida se van añadiendo, a modo de capítulos, los modos de vivir de los seres humanos que son asesinados poco antes de llegar a su destino, dieciocho personajes con una vida particular, intensa, argumentada en la circunstancia que a cada uno le correspondió experimentar. La autora ha elegido la técnica de la primera persona para que cada uno de los pasajeros cuente su historia. Coloca al lector adentro de un confesionario simbólico (una página oscura) al que habrá de confesar sus culpas, sus infortunios, sus sueños.

El entramado social muestra su tejido. Hay una huérfana que termina en prostituta, una niña violada en su propia casa; varios sacerdotes pederastas; un enfermo mental que deviene en asesino; una mujer ciega con dotes de premonición, una chica hija de cirqueros que se enamora de un escritor ambulante… el mosaico humano es colorido, cual lienzo tejido por muchas manos. El hilo conductor es que todos viajan a Matamoros, ciudad inalcanzable, salvo para la mujer invidente, quien decide bajar antes, debido a un extraño presentimiento.

La memoria colectiva permite reconocer de inmediato las marcas de la tragedia. Aunque las cifras oficiales de los camiones de pasajeros secuestrados en el noreste de México siempre han estado maquilladas, es un hecho que ocurre con demasiada frecuencia. Desde hace siete años por lo menos, los grupos han masacrado a miles de migrantes (72 migrantes, caso San Fernando, agosto de 2010). Las desapariciones y los secuestros son tema común, así como las noticias del levantamiento de cientos de cadáveres. “La vida no es plana”, afirma la novelista; es por ello que le da voz a una cantidad simbólica de pasajeros, de entre las crecientes cifras cuya muerte silenció.

Silvia Quezada Camberos
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Comentarios (6)

La novela de Sofía Orozco, no es sólo un homenaje a todas aquellas voces que, perdidas en fosas clandestina, mueren en el anonimato, es también una novela con una narrativa ágil que nos lleva a todos los lugares del camión que transporta a estos pasajeros, una narrativa que los ve a todos de forma trasparente, sin ningún juicio, sin nada más que el afán por contarnos los anhelos y demonios de ellos mismos. La cosa más terrible de esta historia es leer a cada personaje, y conocer su fatídico final sin remedio.

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La tierra es redonda como la vida no es plana, te atrapa de principio a fin, me encanto esta novela, ademas de abrinos los ojos de lo que desafortunadamente vive el pais y no siempre es de nuestro conocimiento.

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Sofía Orozco, con una prosa clara,directa, fría nos introduce en un drama humano desgarrador.
Utiliza a los personajes como narradores de sus propias historias, narran en primera persona, desde su yo muy interno. Necesariamente, este recurso literario le quita lo frío y áspero de la historia. Nos envuelve en la intimidad de cada uno de ellos, quedando al descubierto la complejidad de la condición humana, siempre frágil, propensa a diluirse, pero sin renunciar a
la búsqueda.
La autora denuncia, señala y nos compromete, porque después de la lectura de LA TIERRA ES REDONDA COMO LA VIDA NO ES PLANA, nos obliga a cuestionarnos, desde nuestra pripia intimidad: ¿y yo qué hago? Una sentencia muy trillada es
que hemos perdido la capacidad de asombro, es necesario darnos cuenta que ademas de esta pérdida, hemos construido un muro de indolencia e indiferencia.

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La importancia de leer obras cómo esta, es que se crea conciencia. Es sensibilizar a la sociedad de que no todos los muertos que aparecen a diario en fosas clandestinas “andaban en malos pasos”, nadie merece morir así, nadie.
Sofía Orozco nos ofrece esa visión de la tragedia, nos adentra en vidas y sueños truncados por la violencia. Y quienes dejamos que esta voz nos hable más allá de la narrativa, descubrimos que también los asesinos son víctimas, no de sus acciones, pero sí de algún suceso en sus vidas que los llevó a perderle el amor y el respeto a la vida. La falta de igualdad, de educación, de oportunidades de trabajo, en fin, nada es un suceso aislado.
“La tierra es redonda, como la vida no es plana”, es la voz de denuncia de la que hace falta hagamos eco. Una obra literaria completa que debemos leer y después compartir con otros, para que el olvido no se instale, la tragedia no se nos haga hábito y la violencia deje de ganar terreno.

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Sofía Orozco tiene la valentía de mirar a los ojos esta terrible realidad por la que atraviesa México y su novela le da una voz simbólica a esas personas cuyas vidas han desaparecido.

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Me fascinó esta novela que es un grito por la justicia y la seguridad. Me fascinó la manera de escribir de Sofía Orozco y su manera de dar voz a las personas.

Pero creo que lo que más me llamó la atención de la novela es que a pesar de que todos conocimos el final fatal desde un principio, de saber que lo hecho, hecho está y que no hay marcha atrás en el tiempo; hay una línea divisora entre saber sobre alguien a no saber nada.

Quiero decir que en un principio no me molestó del todo saber que los pasajeros morían, para mí eran desconocidos, y me arrepiento de eso. Cuando leía cada capítulo de cada personaje mi visión cambió y entendí que cada uno tenía una vida que contar, una vida que les sería arrebatada. Fue ahí cuando comencé a sufrir, a sentir al leer, al conocer a unos desconocidos que a pesar de que cada uno cometía errores merecían vivir.

Así Sofía les da vida a algunas de las miles de personas asesinadas en México; y creo que conocer su historia si que les da color, nos hace ser empáticos, recordar. Conocer la vida de los personajes significa dejar de ser indiferentes y sentir algo cuando alguien muere, pues hemos cometido el error de acostumbrarnos a las atrocidades que pasan en el país. Así al escribir, la autora evita que olvidemos a todas esas personas que estuvieron en el lugar y en el momento exactos en donde la muerte llegaba de manera injusta y que les rindamos luto al leer sus posibles historias de vida.

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