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Caminar en el horizonte, de Rossana Montoya Calvo

miércoles 19 de julio de 2017
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“Caminar en el horizonte”, de Rossana Montoya Calvo

La novela Caminar en el horizonte, de la escritora peruana Rossana Montoya Calvo, será presentada el lunes 24 de julio a las 7 de la noche en el auditorio Laura Riesco de la Feria Internacional del Libro de Lima, con palabras de Luis Fernando Chueca y Giancarla Di Laura.

Después de leer la novela escrita por la autora peruana Rossana Montoya Calvo, descubrí que el resumen que se hace en la solapa de la contraportada no hacía justicia a la obra porque ésta no es una narración más sobre el fenómeno y trauma de la inmigración. La cita es una pálida y escueta descripción comparada con la importancia social, filosófica y psicológica que encontramos en sus páginas. Ciertamente la historia gira alrededor de Flor y su vida como inmigrante en Estados Unidos, donde “tiene que luchar para adaptarse al medio y cumplir sus aspiraciones”, pero es mucho más que eso: es el mundo visto por un ser sensible que aspira a la plenitud como persona, como mujer y como artista, las experiencias narradas desde una perspectiva única, reflexiva, abierta y apasionada, el aprendizaje de la “disciplina” del amor y la “pérdida de identidad” en el acto sexual, el deseo carnal, la fidelidad obligada a la pareja, el sacrificio, la generosidad y ternura del amor filial, el descubrimiento y aceptación de una nueva cultura, la nostalgia por los amigos y lugares que se dejan atrás para abrirse paso en el horizonte y tratar de “recorrer esta línea perfecta que ofrece estabilidad, pero que es etérea y evasiva a la vez”.

El uso de un lenguaje exacto y cuidado facilita la lectura y genera en el lector el disfrute por la historia desde el comienzo hasta el epílogo. Son las palabras el hilo conductor a través de ese mundo que vamos descubriendo y donde radican los miedos, las fobias, las dudas, los deseos y anhelos tanto de Flor como de ese otro personaje intensamente dramático que es Sarita. También encontramos los conflictos de Alejandro Pons, el padre de Flor, que cree en sus propios instintos y sigue sus propios principios: “La ternura da la fuerza” o “Dejar que se complique, que en la complicación está la solución”.

Si bien la historia se desarrolla en Pembroke y Miami, los hechos podrían tomar lugar en cualquier otra ciudad de los Estados Unidos donde, como dice el narrador, “la discreción, o quizás el anonimato, es una característica del inmigrante”, y donde los personajes tendrían que lidiar con las mismas condiciones comunes a “los que están escondidos, los que escuchan detrás de la puerta, y los que quieren pasar desapercibidos”. Para la protagonista, una mujer de teatro, el lugar podría ser cualquier otro porque igualmente lo vería como un escenario. Así nos lo deja saber cuando nos cuenta sobre los diversos oficios y tareas que debe realizar para poder salir adelante: “Gradualmente, me incorporo a esta fábula extensa de ser varios personajes de la vida real”.

La novela cumple con su finalidad al proponer la “incertidumbre” como parte de la vida humana.

La ficción, de alguna manera, va de la mano de la autorreferencia. El escritor no puede escapar de dar sus propios puntos de vista y de construir a sus personajes con elementos de su propia personalidad, de su formación académica. Esta novela revela el conocimiento del tema que la autora recrea en relación con los personajes y cómo las alusiones filosóficas, adquiridas de sus estudios, se suman a la narración de manera natural. Los temas del amor, de la infidelidad y el sexo son tratados con escepticismo y racionalidad. Gracias a estos mecanismos sumados al uso de la tercera persona para narrarlos, la autora consigue adentrarse en la psicología de los personajes, apaciguar el efecto moral y marcar la distancia de sus personajes. Flor asegura que el amor es una disciplina y se vale de monólogos feministas absurdos para ocultar el arrebato sexual: “Pues, creo que el amor se puede aprender a sentir”, “Te regalo mi virginidad, mejor te la vendo, como se venden los monumentos a los turistas, o te la presto”. Y Sarita, llevada por los deseos de ser tocada de todas las maneras posibles por Jacques, un extraño que conoce en su viaje a París, se pregunta si se podía engañar a una pareja, serle infiel, y utiliza el “fantasma en psicoanálisis” para acallar ese deseo que siente por él, para desconectarse de sus culpas: “Le cambió el nombre varias veces y hasta el cuerpo, probando diferentes formas”.

En el capítulo titulado “El centro de Homestead” encontramos la carta que Alejando Pons le escribe a Flor antes de que los agentes de inmigración lo llevaran al centro de detención en Homestead. En ella descubrimos la conexión que existe entre padre e hija, los esfuerzos del padre por protegerla, para infundirle el amor al suelo nativo, para que creciera y pudiera mantenerse a flote en la vida. En este capítulo, a mi entender, se descubre la visión de mundo en la construcción de la ficción narrativa de la autora a través de la infancia de la protagonista y la idea de “la realidad” que el padre desea transmitirle. “Estoy lejos de ser esa india con la piel cuarteada”, “¿Por qué tengo que comer carne cocinada sobre tierra hirviente?”, “¿Cómo ingerir una papa caliente salida de las fauces de la tierra?”. Encontramos la generosidad paternal que traspasa la línea de los años: “Soy tu padre. Quiero ser tu padre. Pero ¿cómo serlo si ya estás crecida y dejaste de ser esa página de apuntes en blanco donde solía grabar recuerdos?”.

La novela cumple con su finalidad al proponer la “incertidumbre” como parte de la vida humana. Porque el tema no es el trauma de la inmigración sino la condición humana en relación con sus circunstancias, la inseguridad, los desafíos que encuentra a cada paso, la lucha para sobrevivir. Flor, la protagonista, lo enfatiza al decir: “Me fijé en el horizonte y me provocó caminar por encima de esa línea persistente. Imaginé que caminar sobre el horizonte sería como caminar sobre una cuerda floja”.

El final es inesperado e incierto. Flor se traslada a otro lugar, en otro continente, donde seguirá abriéndose paso en el horizonte, tratando de “recorrer esta línea perfecta que ofrece estabilidad, pero que es etérea y evasiva a la vez”.

Elssie Cano
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