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Tras los pasos de la violencia
(sobre Pasos pesados, de Gunter Silva Passuni)

miércoles 25 de octubre de 2017
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“Pasos pesados”, de Gunter Silva Passuni

Pasos pesados (Fondo Editorial UCV, 2016) es el último libro de Gunter Silva Passuni, escritor peruano radicado en Londres. En esta segunda entrega, a diferencia de su primer libro, Crónicas de Londres (Atalaya, 2012), Silva retorna a su país. Con su primera publicación el autor trató de retratar al inmigrante, un sujeto que en medio de los cambios de espacios geográficos vive una crisis de identidad. En ese estado de incertidumbre hay una especie de doble ausencia, esa impresión de estar en medio de dos culturas, de dos mundos, y determinar a cuál de ellos pertenecer. En cambio, con Pasos pesados, el autor retorna al Perú y trata un tema que marcó significativamente a la sociedad peruana convulsionada por un terrorismo que cobró muchas vidas a fines de los años 80 e inicios de los 90.

Silva se acerca a una realidad bastante dura a causa de Sendero Luminoso, el grupo terrorista liderado por Abimael Guzmán. Y lo consigue gracias a la visión de su protagonista, Tiago E. Molina, un joven estudiante limeño, huérfano de padre, y que estudia letras a la vez que tiene que trabajar para subsistir. Se trata de un sujeto que se ve obligado a dejar la adolescencia para enfrentar la dureza de la adultez en una etapa complicada, una época en la que aprende a sobrevivir en medio de la corrupción y la convulsión de una sociedad que tenía que fortalecerse cada día para no caer al abismo. Tiago se convierte así en el hilo conductor de las historias que se irán tejiendo desde la muerte de su padre, luego la de su profesor y otras escenas que describen la realidad peruana de entonces. La orfandad de Tiago es narrada de pronto, sin dar detalles de la muerte de su progenitor. Esta es, quizás, una estrategia para que el narrador evite enunciar datos que conlleven a proyectar las acciones futuras del protagonista. Este ocultamiento, en gran medida, pone en compromiso al lector para que vaya descifrando más sobre el personaje y sus acciones.

Pasos pesados ha sido un ejercicio de memoria; no precisamente una memoria referencial, sino una memoria recreativa y creativa.

Tiago E. Molina y Ana Del Valle son los únicos personajes que tienen nombres y apellidos en la novela. Los demás sólo son nombrados a través de apelativos o referencias, pero nunca con sus nombres y apellidos completos. Este es un dato importante, ya que el nombre, de una forma u otra, les atribuye un lugar de privilegio dentro de la trama. No se trata sólo de la pertenencia para ser alguien, sino de permitirles el rol de una existencia más allá de un referente. Es muy probable que la elección del nombre evoque sentimientos o actitudes del personaje. Sin embargo, no se puede dejar de lado la idea de que muchos otros autores han utilizado protagonistas anónimos para comprometer al lector en esa tarea; ejemplo de ello tenemos a El club de la lucha, de Chuck Palahniuk; La máquina del tiempo, de H. G. Wells, o El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas, de Murakami.

Los demás personajes que acompañan a los protagonistas, además de ocultar sus nombres completos, esconden también sus orígenes. No se evidencian en la narración datos que permitan esclarecer la historia que ocurrió con cada uno de ellos antes de formar parte del universo del protagonista. Se trata de sujetos marginales en el sentido amplio del término. En gran medida, se trata del mismo Perú reflejado en esas acciones que, a veces, intentan desafiar al destino. De todos ellos, los más jóvenes son los principalmente utilizados en la novela para mostrar la manera en que esa generación tuvo que enfrentarse a la violencia del terrorismo, y no sólo ello, sino también a una clase política que no los respaldaba y que los hacía sentir más marginales de lo que ya podían sentirse. A todo esto, hay que sumarle esa visión escéptica de Lima y del país:

La ciudad era gris y polvorienta. Recordó a una profesora que había llegado de un viaje a la India; ella había dicho que Nueva Delhi era una ciudad que se ama o se odia. Pensó que Lima era una ciudad difícil de querer. Una niebla baja descendía sobre las calles y la radio emitía música de Los Shapis, cuyo cantante tenía una voz ronca y aguardientosa que se retorcía y amplificaba en el ambiente, lo que parecía agravar la contaminación, el tráfico y la fealdad de la ciudad (pág. 31).

Con todo ello se podría afirmar, incluso, que Pasos pesados ha sido un ejercicio de memoria; no precisamente una memoria referencial, sino una memoria recreativa y creativa. Aunque, debe aclararse, según manifiesta el mismo autor, que el inicio de la novela sí parte de un referente real. En la novela, el Gato es un docente universitario que, de pronto, es despedido “por tener muchos libros de tapas rojas”, insultado por sus propios colegas, quienes lo llaman “rojo de mierda”, y luego muere a causa de un disparo desde una camioneta con lunas polarizadas. Esta ausencia de El Gato, en la vida real, según cuenta el mismo autor, es la historia del profesor de un amigo suyo, quien fue asesinado en esa época por razones similares. Y en cierta forma, ese acontecimiento es la semilla del libro.

El título de la novela, como lo ha referido el autor, refiere a lo “pesado” que resultaba caminar en Lima en esos años de violencia política. En una entrevista al diario El Comercio de Perú, el autor ha señalado que “la ciudad era una olla a presión a punto de explotar. Había colas para comprar leche, atentados terroristas, bombas. Sentías temor de hablar con desconocidos. Era un andar pesado, difícil” (2016).

Partiendo de ello, está claro que el título de la novela no hace referencia a ningún tipo de “pesadez” en el estilo del autor. Por el contrario, la novela permite una lectura cómoda, agradable, y suficientemente próxima al lector. Incluso, tiene algunos momentos líricos y bastante intensos. En el lenguaje, Silva es fluido en la narración y con momentos cercanos a lo coloquial, aquel estilo que ya había presentado en su libro anterior. En esta novela, además, por momentos el discurso se torna irónico y hasta mordaz debido, precisamente, a las situaciones duras que el narrador tiene que mostrar. Hay momentos de mucha intensidad narrativa donde el discurso parece encontrar en ese escape un refugio para lanzar la voz de protesta. Las descripciones también son narradas de forma completa y con la destreza que Silva parece haber encontrado en esta segunda entrega.

Estructuralmente, se trata de una novela que se construye a manera de pequeños montajes, donde no hay una línea de tiempo clara, evidente, sino que se ponen de manifiesto muchos saltos de tiempo para ir enlazando las historias que conforman la novela, tal como lo hiciera Vargas Llosa en Conversación en La Catedral. De principio, se puede observar que la novela está conformada por diez partes que, por la manera como se presentan, pareciera que no entablarían relación con la trama principal: la angustia y el sinsabor de una generación que vive una realidad sumamente violenta. Aquí se puede notar que se construyen diferentes niveles de violencia: la política y la del terrorismo. Sobre todo, en el caso de esta última, se genera un estado de incertidumbre ante las acciones de Sendero Luminoso. Sin embargo, lo importante en el texto es que, a pesar de todos esos obstáculos, se asoma siempre una esperanza que se asienta en la solidaridad y en la lucha por la reforma de esa sociedad afectada.

El autor mantiene un compromiso con la realidad de su país. Con esta novela ha logrado profundizar y describir con destreza aquella convulsionada época que sacudió la sociedad peruana de los años 80 y 90.

Socialmente, se puede establecer una marcada diferenciación que el autor advierte sobre la conformación de clases. Silva ha sabido explorar esos rincones donde nacen las divisiones sociales que finalmente confluyen en un mismo espacio. Se trata de una especie de “mundo dividido”, en analogía a lo referido en términos literarios por el escritor peruano Miguel Gutiérrez. Por un lado, se encuentran los habitantes de la costa, frutos del centralismo y de los beneficios que esto trajo consigo en un país desigual. Por otro lado, se ubican en una escala más inferior los habitantes de los Andes, personas limitadas de la modernidad y con otros aspectos de marginación, tales como el lenguaje o el color de piel. En ese antagonismo se produce la discriminación y la violencia social. Hay un desprecio por lo extraño, por lo que no es de Lima, y eso implica asumir la posición de dominancia ejercida por una élite. Ese es un motivo importante para que el autor pueda establecer una crítica a estos patrones equivocados en la sociedad.

Se han escrito muchas novelas peruanas sobre la violencia política y el conflicto armado. Algunos críticos incluso han considerado que el tema se vuelve repetitivo y hasta tratado de manera incorrecta por muchos autores, pues se intenta un acercamiento a la realidad que resulta inverosímil y trillado. Sin embargo, este no es el caso de Pasos pesados. Esta no es una novela de autoficción de los años del terrorismo y la corrupción política en el Perú. En la novela hay una crítica social, una nueva mirada a lo que aconteció en aquella época de terror. Existe, sobre todo, una sensación de tristeza o desilusión de un Perú que se ve amenazado por la violencia feroz, y un ingrediente esperanzador al final de todo. Sin embargo, la intención del narrador no es informar sino hacer partícipe al lector de una imagen que si bien se inspira en hechos reales, los transforma, los rodea de símbolos y utiliza un criterio personal para recrear esa atmósfera.

A pesar de la distancia geográfica, pareciera que el autor mantiene un compromiso con la realidad de su país. Con esta novela ha logrado profundizar y describir con destreza aquella convulsionada época que sacudió la sociedad peruana de los años 80 y 90, y a la que quienes fueron víctimas de entonces no quieren regresar. Definitivamente, Pasos pesados es un trabajo valioso, relatado sin dramatismo, casi con un lenguaje imparcial, que va observando lo que pasa: tanto lo cotidiano como lo trágico y cruel. Revelándonos la cruda realidad sin la interpretación del narrador, que salta en el tiempo para mostrarnos la situación histórica del Perú de entonces.

 

Bibliografía

Luis Miguel Cangalaya
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